lunes, octubre 05, 2009

Mechita de mis ensueños

En un sórdido bar de Piura, cuatro vagos se dedican a timbear y tomar. Pero entre lanzada de dados recuerdan o fantasean sobre la noche en que Mechita (Stephanie Orúe), novia del alcahuete y miembro del grupo Josefino (Oscar López Arias), pasó la noche empeñada con La Chunga (Mónica Sánchez), la taimada dueña de la cantina.

Cada uno de los compinches tiene una idea distinta de lo que sucedió esa noche, imprimiendo a sus especulaciones sus propios estereotipos de mujer. Por ejemplo, uno idealiza tanto a Mechita que es incapaz de tocarla mientras que otro sólo se complace en imaginar los ajetreos de las dos féminas. Pero pareciera que a ninguno le preocupa en realidad las dos mujeres en carne y hueso.

La puesta en escena es, como es habitual en Giovanni Ciccia, impecable. La distribución del escenario, con varios desniveles, que recuerda vagamente al que utilizó Luis Peirano en Al pie del Támesis, otra obra de Vargas Llosa, es acertada porque permite sacar el máximo provecho al espacio. Sobre todo, al tener el dormitorio de La Chunga en alto, hace juego con la idea de que el mundo femenino está en otro plano.

Las interpretaciones son, salvo un par de caracterizaciones sólo cumplidoras, también un punto a favor. Se aprecia a Mónica Sánchez, para nuestro gusto, realiza su mejor actuación de los últimos tiempos. Compone un personaje endurecido por la vida y que, a diferencia de otros papeles suyos, no suena sentencioso. Otro que tiene una participación destacada es López Arias, cuyo patán personaje se suma a las buenas performances que se le ha visto. Mención aparte es la apropiada música que se ha escogido.

Ficha técnica

La Chunga de Mario Vargas Llosa

Dirige Giovanni Ciccia

Actúan Mónica Sánchez, Stephanie Orúe, Oscar López Arias, Emilram Cossio, Alberick García y Carlos Solano.

En el Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional (avenida De la Poesía 160 - San Borja).

De jueves a domingo. Entrada general a 30 nuevos soles.

miércoles, septiembre 23, 2009

El regreso de La Chunga

Después de dos décadas se vuelve a montar en Lima La Chunga de Mario Vargas Llosa. Hablamos con Giovanni Ciccia responsable de esta puesta en escena.
¿Cómo surgió el proyecto de de estrenar La Chunga en Lima después de tanto tiempo?
- Pensamos que era importante montar una obra de Mario Vargas Llosa en el local que lleva su nombre, el teatro de la Biblioteca Nacional, casi como un requisito. Para mí fue un proceso largo que empezó en la búsqueda de una obra de Vargas Llosa y terminó en un enamoramiento personal con su obra La Chunga de parte mía. Es mi proyecto y va más allá del nombre del teatro. Es un interés profundo por una obra maravillosa. Más allá de hacer obras de un autor particular, nuestro interés es montar obras que nos gusten. Y en lo posible, hacer teatro peruano que se hace poco a veces.
¿Qué es lo que te llamó la atención de esta obra?
- Vargas Llosa dice que no es un drama ni una comedia, es una obra algo erótica. Es correcta esa idea. Pero hay una profundidad humana en la obra que me cautivó desde el primer momento. Sucede en Piura, región del Perú en la que tengo raíces familiares, en un ambiente muy pobre, muy machista. Para mí es la historia de varios personajes y sus deseos personales, en especial de dos mujeres y su enfrentamiento con un mundo hostil y machista. Me parece una pieza muy pertinente porque hablan de un montón de temas que aún son relevantes para nuestra sociedad. Lo que más me gusta es que es sumamente humana y emotiva. Tiene mucho humor, es muy criolla, llena de valses, boleros, cervezas, pero tiene una profundidad muy linda.
¿Cómo ideaste este montaje? ¿Revisaste material de anteriores montajes?
- Mi punto de partida es cero. Por lo general trato de no mirar versiones previas. Yo creo que cada momento y generación tiene su expresión propia. Lo bonito del teatro es que se mantiene vivo y se debe hacer siempre. Las obras no son para hacerlas una sola vez. Creo que es importante que veinticinco años después nuevas generaciones puedan ver la obra y una nueva propuesta. Yo no tengo idea de cómo fue la anterior puesta. Cuando leí la obra me imaginé a una mujer de cuarenta años muy endurecida y muy guapa y sensual, y una chiquilla de veinte, dieciocho años, muy linda. Mi primera imagen fue Mónica Sánchez y Stephanie Orúe. Mónica es una gran actriz y es una mujer madura y recontra atractiva y sensual. He tenido que afearla con maquillaje y una peluca para que no se le vea tan guapa. Y Stephanie es de las nuevas actrices de las mejores. Mi propuesta es una mujer inteligente, roble, muy fuerte y seca y rebelde respecto al machismo. He visto en los afiches que se han hecho ponen a una mujer vieja. En el Perú lo hizo Delfina Paredes, que no era tan mayor, pero era bastante más grande que Mónica. Cuando leí la obra me pareció una obra muy sensual. No quisiera que pareciera una relación maternal, sino apasionada. Mi montaje pretende ser muy erótico y muy emotivo.
¿Con Vargas Llosa se cumple el dicho que el mejor dramaturgo es el muerto porque no interfiere con la obra?
- En mi caso yo he descubierto una persona increíblemente generosa en Vargas Llosa. Yo no tenía la oportunidad de conocerlo hasta la inauguración del teatro. Me acerqué para decirle que tenía interés en montar su obra, y desde ese momento no ha dejado de tener contacto conmigo. Incluso se ha mostrado triste por no poder venir a los ensayos. Ha sido muy generoso porque me ha permitido ver sus archivos de prensa sobre La Chunga. Hemos conversado mucho sobre la obra. La verdad que el mejor autor es el autor que no se aferra a sus ideas. Vargas Llosa me dijo que si se justificaba en el montaje, podía hacer lo que quisiera. Él estaba muy interesado en el elenco. Cuando le mencioné que la protagonista sería Mónica Sánchez me escribió una carta que le reenvié a Mónica. Quedó muy contento y agradecido que sea ella.


Algo más
Se estrena en el teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional el jueves primero de octubre.

lunes, septiembre 21, 2009

La vida entre apagones


La segunda película de Fabrizio Aguilar vuelve al tema de la época de la violencia política, pero ahora vista desde una familia de clase media y su entorno. La acción transcurre en el año 1992. Daniel (Miguel Iza) y Claudia (Gisela Valcárcel) hacen malabares para llegar a fin de mes, pero a su alrededor todo va haciendo agua.


A todos los miembros del hogar el clima de terror los afecta de algún modo. Por ejemplo, la madre y la empleada ven como normal llevarse a casa lo que queda de un atentado. El hijo, por su parte, vive obsesionado con los coches bomba, mientras que su hermana planea huir de la ciudad. Pero quien lleva la peor parte es el padre, totalmente enajenado de la realidad, buscando señales en las pintas senderistas.


El papel de Iza es una inteligente metáfora de esa clase media que no entendía qué pasaba a su alrededor. Cosa curiosa, el personaje de la hija, necesario puesto que es la única que quiere escapar de una situación asfixiante, no es el más sugerente pero igual no desentona.


En esta cinta veremos detallista representación de época. Los vidrios con cintas adhesivas, los peinados a la moda y los vetustos automóviles forman parte de la puesta en escena. Pero Aguilar va más allá del ejercicio de memoria, superando a la ya buena Paloma de papel, su primera película.


Por otro lado, las actuaciones están muy logradas, con Miguel Iza totalmente entregado a su rol y Gisela Valcárcel que no desentona en su debut. Hay que agregar que a la diva televisiva le tocan las líneas más chocantes de la historia, en la que se exhiben los complejos clasistas de cierta burguesía peruana.


Ficha técnica
Tarata de Fabrizio Aguilar
Actúan Gisela Valcarcel, Miguel Iza, Ricardo Ota, Silvana Cañote, Lorena Caravedo, Liliana Trujillo, Attilia Boschetti y Alexander Carvajal.

jueves, septiembre 10, 2009

Doña Caro, la abuela negada de la China Tudela




Un breve repaso por la obra más representativa de Fausto Gastañeta

Desde hace algunas décadas un personaje creado por Rafo León, Lorena “la China” Tudela, ha ironizado sobre las costumbres actuales desde las páginas de diversos medios como el semanario Caretas, el desaparecido diario Página Libre o la revista de humor Monos y monadas.



Asumiendo la voz de una “pituca” o mujer presumida de clase alta, se hace burla en su columna de humor, de los hechos de la coyuntura mezclándolos con ficciones, sobre todo lo que se considera de mal gusto o huachafo.


Pero este tipo de creación no es nueva en el Perú. En este ensayo quiero referirme a un antecedente de principios de siglo que tiene mucha relación con la obra de León. Se trata de Vida y milagros de doña Caro, cuyo autor es de Fausto Gastañeta.


Nace la huachafería


Situémonos. A comienzos del siglo XX surge en el Perú un tema recurrente en su producción cultural: el de la huachafa. Es difícil entender el significado y las múltiples connotaciones de palabras como huachafa, huachafería, lo huachafo, sin ser peruano o haber vivido en el Perú. Mario Vargas Llosa, el más representativo escritor del país, ironiza al respecto afirmando que es parte de nuestra identidad nacional. Es tal la importancia que se le da que hay hasta teorías acerca de quién es el padre del popular término. La más popular de las hipótesis apuntan hacia Jorge Miota, periodista de esos años, pero hay otras más.


El modelo de conducta de la huachafa – una mujer, usualmente costurera, que intenta aparentar ser de una clase más prestigiosa de la que realmente es - sirvió de materia prima para una gran cantidad de creaciones culturales. Los huachafos sirvieron de inspiración para canciones, libros y caricaturas de las más variadas calidades. Una de estas obras es la serie costumbrista de doña Caro, obra del periodista Fausto Gastañeta (Lima, 1872 – Lima, 1945).


Sin embargo, hay más, mucho más. Las novelas “Las Cojinovas” de Cloamón, “Bajo las lilas” de Manuel Beingolea y “Las Urrutia” de José Diez Canseco, y las series de humor de Clemente Palma o de Eudocio Carrera Vergara, “Apuleyo Corrales” y ”el doctor Copaiba” respectivamente, son sólo parte de la vigencia que tuvo el estereotipo en esos años. Hay que señalar que el estereotipo nació antes del término, pues en la obra de Cloamón, que data de 1905, ya se usan todos los elementos característicos de este tipo de personaje pero sin ser llamado como “huachafa”.


Antes de la psicóloga estaba la costurera


Quienes se han acercado al tema de la huachafa, huachafería y demás derivados desde el ángulo del estudio literario – entre los que destaca Luis Alberto Sánchez – indican a la serie de Fausto Gastañeta como su paradigma. Publicada irregularmente en varios medios de prensa de la época, no se conoce ninguna edición recopilatoria de Doña Caro, vida y milagros. Hasta donde hemos podido rastrear, la primera aparición de la columna se dio el 27 de junio de 1909 en el diario El Comercio. También ha aparecido, que se tenga noticias, en las revistas Mundial y Variedades hasta fines de la década de 1920.


La principal razón por la que Doña Caro se convirtió en sinónimo de huachafa es que en el universo ficcional de Fausto Gastañeta se sintetizaba varios de los elementos usuales del tópico. A la costura y la poca fortuna por imitar a las clases más afortunadas, se debe sumar el hecho de mostrar una familia con un solo progenitor. Doña Caro, viuda según asegura en alguna entrega, vive con sus hijas Zoraida y Etelvina. Eventualmente también aparece el menor de su prole, el holgazán Gregorio.


Pero, ¿qué tiene en común la China Tudela de Rafo León, una sicóloga con consultorio en El Golf y casa de playa en el sur, con este personaje de comienzos del siglo XX que hacía malabares para vestirse con telas de cortina para aparentar algo que no era? Pues mucho, más allá de ser las dos del género femenino.



Por ejemplo, tanto León y como Gastañeta recurren constantemente a una estrategia similar para generar hilaridad: mezclar la coyuntura noticiosa con sus personajes de ficción.


Como dijimos sobre sus creaciones hace unos años en el suplemento identidades del diario El Peruano “Las quejas y puyas a los jefes de los medios donde publican, los personajes públicos que intervienen en la ficción y la referencia a hechos y lugares conocidos es moneda corriente en las dos creaciones. Comparando ambas obras, se puede decir que Doña Caro, vida y milagros era una suerte de China Tudela al revés de la República Aristocrática, una especie de abuela pobre de la pituca más conocida del periodismo nacional”.


La similitud resalta más si recordamos que ambas columnas de humor critican modelos de conducta social de su tiempo. El tema predilecto de León y Gastañeta no deja de ser interesante: el mal gusto. En un caso, se hace escarnio de los usos y costumbres de quienes se cruzan con el personaje de ficción, la china Tudela; en el otro la criticada es la misma protagonista, doña Caro, blanco de todas las burlas en medio de personajes entre ficticios y reales.


Pero en las series de la china Tudela y doña Caro los juegos entre la ficción y la realidad no se quedan en usar personajes públicos conocidos. Existen un par de entrevistas a la China Tudela, en una de ellas incluso llega a asegurar que Rafo León es creación suya.


Doña Caro no se queda atrás. Los medios donde trabaja publicaban cada cierto tiempo misivas surgidas del universo ficcional de Gastañeta. Incluso en el colmo de la esquizofrenia creativa aparecen cartas aclaratorias y otras negando la veracidad de las anteriores. Además, esta heroína del mal gusto ha protagonizado algún escándalo en las páginas de policiales. No he averiguado si a esta costurera la llegaron a entrevistar como a la China Tudela, pero en compensación el personaje escapó de la pluma de Fausto Gastañeta para ser retratado también por Clemente Palma y Eudocio Carrera Vergara.


Son muchos los rasgos en común entre ambas columnas de humor que quisiéramos abordar. Por ejemplo, la relación de los textos y las ilustraciones que los acompañan, el tema racial, o cierto recelo a la movilidad social. Esperemos explayarnos más en una próxima entrega.



Ensayo publicado en el número de setiembre del boletín de la Casa Museo Mariátegui y que edita el historiador Osmar Gonzales.

lunes, septiembre 07, 2009

Una mirada personal



La próxima semana se estrena Tarata, segundo largometraje de Fabrizio Aguilar luego de Paloma de papel. Conversamos con su director sobre el filme.
En su primera película también abordó el tema de la violencia política. ¿Por qué continúa con éste?
- Sentía que tenía que sacar más cosas dentro de mí. Paloma de papel fue una visión hacia los andes desde mi posición de capitalino. Ya con Tarata la mirada es vinculante a mí. Es verdad que yo no he sufrido en carne propia la violencia, gracias a Dios. Pero he crecido con este contexto violento. Yo recuerdo las primeras imágenes de los ochenta las primeras imágenes de los perros colgados. Mil y un noticias sobre la violencia. Crecer entre apagones y bombas que escuchabas a lo lejos. Un poco esa cotidianidad que ya nos habíamos acostumbrados. Eso va marcando. Por eso cuento Tarata. La historia de una familia y como se articula en esta violencia.
¿Le es más cercano el atentado de Tarata?
- Evidentemente más cercano. Como cualquier ciudadano capitalino que sintió o Tarata o la muerte de María Elena Moyano, o los policías que cada tiempo aparecía asesinados con un balazo en la cabeza. No sé. Yo estaba en el colegio y de repente había simulacro de bomba. Mi generación ha vivido alrededor de esta violencia.
¿La familia que protagoniza Tarata está un poco enajenada por la violencia?
- Sí, como muchas familias en esa época en Lima. Es una visión. No es la realidad. Tarata es parte de este contexto de violencia.
¿El escoger a Gisella Valcárcel como actriz responde en parte al marketing y también a su talento como actriz?
- Yo estaba buscando a alguien que sea distinto a una mamá de cuarentaipicos de años. Y no se me ocurría quién podría ser. Dentro del casting apareció su nombre. Hablé con ella. Evidentemente, cuando hablé con ella no había vuelto a la televisión. Estaba en ese proceso de no aparecer. Eso fue un año de filmar, y pocos meses después vuelve con el Show de los sueños y a ser la reina de la televisión. Cuando le hice la prueba me di cuenta que tenía un talento innato para interpretar el personaje. Y si eso ayuda a que la gente vea el público vea la película, en buena hora.
Se están filmando varias películas sobre el tema de la violencia. ¿Qué le parece esta corriente?
- Bien. Es el momento que esto suceda. En todo país, siempre que ha habido una época dura, de violencia, necesita un tiempo de descanso inicial, para que las ideas empiecen a madurar y los recuerdos florezcan. Estamos en ese momento. Hay películas que hablan del pasado, de la segunda Guerra Mundial, del Holocausto o de la dictadura argentina.




Sumilla

"Creo que es bueno recordar una época dura. Un país como el Perú pluricultural, pluriracial, necesita de verse un poco la cara para que estas cosas no vuelvan a repetirse. Tarata es la historia de una familia, como cualquier familia peruana. Y de cómo cada miembro de la familia tiene una vinculación con la violencia”

Datos
Estaba en su casa de Magdalena cuando sucedió el atentado de Tarata.
El filme es protagonizado por Miguel Iza y Gisella Valcárcel.

Algo más
Película se estrena el jueves 17 de setiembre.
Foto: Maru Panta

jueves, septiembre 03, 2009

Cuando calienta el sol


La cinta narra los percances de Santiago (Jason Day), un muchacho de 21 años cuyo padre acaba de suicidarse. Mientras está tratando de recuperarse de la impresión, recibe la visita de su hermanastra Ximena (Elsa Pataky) y su esposo Iñigo (Enrique Murciano).

Con la excusa de buscar relajarse, parten los tres rumbo a Máncora. En el camino van conociendo a un variopinto grupo de personas. Allí está el filosófico tablista brasileño Batú (Haagensen), una mesera mexicana (Gallardo) o una pobre niña rica (de Cárdenas). Todos atrapados en la vorágine de las fiestas y la diversión sin pausa del balneario piurano. En medio del desenfreno, Santiago va buscando un rumbo.

Esta película lo mejor que tiene es la fotografía. En especial destaca en el retrato de paisajes, pero se pierde un poco en interiores. Son bellas las tomas de la carretera Panamericana, en medio del desierto. Así como algunas imágenes de Lima y de las playas por las que transcurre la historia.
En segundo lugar, también es interesante la relación que establecen los dos protagonistas. Los dos son unos hermanastros que, desde los primeros momentos que los vemos juntos, sabemos que tienen una química que va más allá del cariño filial. Las libérrimas relaciones de pareja y demás que van surgiendo en el camino abonan para que su relación vaya perdiendo inocencia.

Sin embargo, en lo que adolece el filme es en el manejo de la historia y los caracteres. Si el trío de diferentes nacionalidades que domina la mayor parte de la trama tiene cierta justificación, el resto de casos no es así. Son personajes estereotipados y gratuitos. Batú, por ejemplo, juega a ser una especie de guía espiritual del grupo soltando lugares comunes con aire de profundidad en medio de aspiraciones de marihuana. O más patente el caso de la Mexicana, un papel creado tal vez pensando en la audiencia de ese país y que tiene una significación mínima en la trama.

Por otra parte, no siempre están claras las motivaciones de los hechos. Por ejemplo, la sesión de ayahuasca en el desierto entre Iñigo y Santiago, con revelaciones en teoría impactantes, no logra conmover ni ser entendida. Luego, queda para la polémica si el uso del más famoso poema de César Vallejo en la entrada y final de la cinta estaba justificado o no.

Ficha técnica
Máncora
Dirigida por Ricardo de Montreuil
Actúan Jason Day, Elsa Pataky, Anahí de Cárdenas, y otros

lunes, agosto 31, 2009

“No eres un Kennedy”


Una de las preocupaciones de Oliver Stone ha sido la política. Allí están sus cintas dedicadas a Vietnam o a mandatarios para demostrarlo. En esta ocasión le toca el turno a George W. Bush (Josh Brolin). Pero contrario a lo que se podría creer, ésta película no es una ácida crítica al anterior presidente estadounidense, sino que se convierte – tal vez sin buscarlo - en un humano acercamiento al hasta hace poco hombre más poderoso del mundo. Para ello la narración se centra en dos momentos: los entretelones de la guerra de Irak y el proceso de juerguero a converso religioso de Bush.
No es una cinta regular, y en ocasiones depende demasiado del conocimiento que se pueda tener de la administración Bush para apreciar las referencias. Sin embargo, tiene momentos de lo más inspirados. Como ese en que el gabinete de asesores se pierde siguiendo al presidente en campo abierto o esas secuencias oníricas en las que Bush es aclamado presidente en un estadio de baseball vacío.
La polémica que ha rodeado a la figura de este presidente hacía temer que el filme lo caricaturizara. Sin embargo, la mayor parte de las veces este riesgo es conjurado con una dosis de ironía. Esa secuencia en que firma una ley para permitir técnicas de interrogación como el ahogamiento controlado pero haciendo la salvedad que no avala la tortura es una de ellas. Al final, queda la impresión de un hombre atrapado por las circunstancias, en la soledad del poder y con los problemas familiares que cualquiera pudiera tener. Muy recomendable cinta. Imperdible el momento en que George Bush padre (James Cromwell ) le dice al hijo díscolo que no puede ser mujeriego ni borracho porque no es “un Kennedy”.
Ficha técnica
W.
Dirige Oliver Stone
Josh Brolin, Elizabeth Banks, James Cromwell, Ellen Burstyn, Richard Dreyfuss y otros.

domingo, agosto 30, 2009

“El cine latinoamericano lo siento cercano”


Javier Fesser, cineasta ganador de varios premios Goya por su película Camino, estuvo en el Perú como miembro del jurado del Festival de Lima. En su premiada cinta cuenta la historia real de una adolescente perteneciente a una familia del Opus Dei a la que se busca canonizar. Hablamos con él sobre este filme y su experiencia con el cine latinoamericano.
¿Cómo le surgió el interés por tratar en Camino una historia de la vida real?
- Los hechos los conocía hacía tiempo, 23 o 24 años. Antes de hacer mi primera película ya tenía en mente una historia que me apetecía mucho profundizar, pero no era el momento idóneo ni tenía la madurez necesaria para hacerlo. Desde entonces la historia no me ha abandonado. Hace cuatro años llegué al convencimiento que había cómo contar la historia. Tuve un proceso de investigación en torno a todo lo que habla la película. Una es la parte espiritual, religiosa, que tiene que ver mucho con el Opus Dei, protagonista de la película, y otra es la parte quirúrgica, que me provocaba tocar. También el mundo del amor adolescente, que es lo que más me interesa.
La familia no estuvo de acuerdo con la cinta. ¿Cómo manejó el tema?
- Estamos hablando que no es una descripción de la realidad, sino que se inspira en una aventura emocional de una niña real, y de algunos otros casos que no son sólo Alexia González-Barros. Esto arma una ficción que no tiene nada de inventado, pero no en lo que refiere a datos concretos sino a actitudes ante la vida y la muerte.
¿Considera que la comedia le dio el entrenamiento suficiente para abordar el drama?
- Más que la comedia hecha anteriormente, es la madurez personal. Esto de hacer películas es un proceso permanente. Las anteriores películas las historias las busqué más en mi imaginación. En Camino la realidad que me rodea me resultaba más atractiva.
¿Va a volver a la comedia?
- Lo que me ocurre es que después de un proyecto emocionalmente tan intenso como Camino, el cuerpo me pide como terapia abordar algo en un lenguaje muy diferente y reírme de mí mismo y sobrevivir con una sonrisa.
¿Qué le ha parecido la calidad de las películas del Festival de Lima?
- La calidad excelente, la variedad muy sugerente y me parece una suerte poder estar aquí sumergido durante una semana en este océano de películas. El cine latinoamericano me interesa muchísimo, porque, aunque es muy distinto al que yo hago y estoy acostumbrado a ver, tiene mucho que ver conmigo. No sólo compartimos la lengua sino una forma de ver la vida. Lo veo muy cercano.
¿Qué significan los premios para el cine?
- En el caso de Camino el Goya provocó un segundo estreno. En los últimos seis meses he recorrido medio mundo con esto. El éxito de una película no tiene que ver con premios y entradas.


“Soy agnóstico. No creo en Dios y se lo he dicho a él personalmente”