viernes, octubre 13, 2006

“Todos necesitamos de disfraces para ser queridos”

Hay unas cuantas preguntas que odia Rosa Montero: ¿Prefiere la ficción o el periodismo? ¿Existe la literatura de mujeres? Pero ni porque lo ha escrito numerosas veces y pone cara de fastidio cada vez que se las repiten, esas interrogantes dejan de perseguirla en cada encuentro con la prensa.
Como para llevar la contra, su última novela, Historia del rey transparente, narra la historia de una muchacha en la Edad Media que decide vestirse de varón para rescatar a su novio.

¿Para evitar que se le asocie con literatura feminista, ahora traviste a la protagonista de su novela en hombre?
- Lo que sucede es que tiene un problema de identidad personal y sexual que lo tenemos todos. Es un problema general y muy del siglo XXI. En eso los hombres están perdidísimos también con qué significa ser hombre y qué no. Yo no he escrito una novela de una tía, sino de una persona. Que ella se disfrace de caballero, y ande a ratos vestida de hombre, a ratos de mujer, es sólo parte de la novela. Todos nos disfrazamos para ser queridos, hombres y mujeres. Madurar tal vez consiste en quitarse algunos disfraces.

Su novela, ambientada en la Edad Media, parece mostrar que siempre se necesitó disfrazarse para conseguir algo.
- Claro, eso sigue siendo así. Para mí es una novela de aventuras en el siglo XII. Yo no la escogí. Tú no eliges las historias, ellas te escogen a ti. Cuando se me ocurrió Historia del rey transparente estaba leyendo mucho sobre la época medieval. Por eso ambiento la trama en ese tiempo. Yo no decidí hacer una novela histórica, simplemente salió así. A mí no me interesa reconstruir dicho período, sino contar una fábula sobre lo esencial de la vida.

¿Por eso toca temas comunes de actualidad?
- Sí, actuales y de ese entonces. Por ejemplo, la conciencia de la individualidad surge en esos años. Con seguridad también tenían el problema de saber quiénes eran.

En un capítulo describe a los hombres de armas de la época como terribles gusanos en capullo de hierro. ¿Se podría leer como una frase pacifista?
- Esa frase es preciosa. Forma parte de un canto juglar de verdad del siglo XII. Decir que es pacifista es imponer ideas contemporáneas en una época que no era así. Los juglares hablaban del dolor que sufrían los caballeros a pesar de su armadura.

¿Qué obsesiones literarias ha tenido perdurable?
- De repente me gustó descubrir a un escritor español que desconocía que se llama Alfonso Mateo Sagasta. Pero él tiene sólo tres libros, por lo que lo acabé corriendo. Otra pasión que me durará años fue la del medioevo. Además, se me dio por leer sobre la cultura grecorromana, pero de allí no salió ninguna novela. El grupo Bloomsbury de Virginia Woolf y John Maynard Keynes me ocupó también otra temporada. A Nabokov me lo leí absolutamente todo.

¿Se necesita ser apasionado por la lectura para ser escritor o periodista?
- Todos los novelistas que conozco somos en primer lugar apasionados por la lectura. Yo creo que somos en primer lugar lectores. Lo digo en La loca de la casa. Le he preguntado a varios colegas qué preferirían, dejar de leer o de escribir. El 98 por ciento me dice que escogen conservar la lectura. Sobre todo entre los novelistas, porque periodistas hay muchos que no leen ni un carajo.

¿Cada vez se lee menos?
- La lectura siempre ha sido una cuestión de minorías. Hoy esa minoría es más grande que nunca, y creciendo. Nunca se ha leído tanto como ahora.

¿Qué entrevista más le gustó hacer?
- Me gustó entrevistar a Paul McCartney, porque desde los trece años soy una fan de los Beatles. Después lo vi ya mayor, hecho un asco y tal, pero es encantador. Es muy majo, muy vivo y muy normal.

¿Cuál fue la que le desagradó más?
- Hay una que fue la peor, la de Arafat. Creía que era una persona fascinante que había sobrevivido tantas cosas. Todas las entrevistas que había leído de él me parecían malas y lo ponían a parir. Yo creía que era porque no se la habían sabido hacer. Sin embargo, cuando se la hice tuve la sensación que estaba ante un monstruo. Trataba a su gente como un dictador.

Dato
Rosa Montero tiene lazos familiares con el Perú. El hermano de su madre, también artista, emigró a estas tierras. Por este motivo, sus primas han nacido en Lima. Actualmente, la viuda de su tío sigue residiendo en la capital peruana.
Perfil
Rosa Montero Gallo / Madrid, 3 de enero de 1951
La escritora se crió en un hogar de clase media baja en el madrileño barrio de Cuatro Caminos. Cuatro años de su niñez los pasó en cama debido a la tuberculosis. A los 17 años, antes que fuera periodista o escritora, formó parte de grupos teatrales de vanguardia. Ha ganado numerosos premios, no sólo por sus entrevistas y reportajes, sino también por sus relatos de ficción. Algunas de sus obras más conocidas son La hija del caníbal y La loca de la casa.

2 comentarios:

el trabajo libera dijo...

la historia como fue.

eltrabajolibera.blogspot.com

Tanque de Casma dijo...

Estás delirando.