jueves, octubre 02, 2008

Por qué detesto a los Beatles

En defensa del mal gusto

Tal vez el título de este post – el primero que hago en exclusiva para mi blog – sea un poco exagerado y arbitrario. No es que deteste a los fab four de una manera fundamentalista. Simplemente mi acercamiento a ellos no ha sido igual de agradable que la que he tenido con otros grupos de rock. Por ejemplo, Rolling Stones, para no ir muy lejos en el tiempo y de barrio. Pero quizás lo peor de mi experiencia con los Beatles no sean ellos, sino sus fans.

Me explico. Mi primer contacto con los Beatles fue a través de mis padres. Ellos, con todo el cariño del mundo, intentaron inculcarme algunos valores y gustos que ellos consideraban los correctos. Mi afición a la música criolla[1], la pasión por la lectura y mi amor por cierta escuadra porteña que pasa por un transitorio mal momento derivan casi directamente de ellos. Pero algunas labores de propaganda dentro del hogar no funcionaron del todo bien. Mis padres, que crecieron en medio de la efervescencia por los Beatles, me repitieron como un mantra que John, Paul, Ringo y el otro que no me acuerdo eran los mejores músicos de todos los tiempos, que el rock llegó a su punto más sublime cuando ellos tocaron juntos, y que todo lo demás era repetición de ellos, y toda repetición es ofensa.

Por una extraña razón, este axioma musical, que lo he escuchado a lo largo de toda mi vida en boca de las más disímiles personas con aire de perdonavidas, no me ha llegado a convencer. Mis razones, si es que la tengo, son sólo subjetivas, personales, infantiles si se quiere. No es que Love me do me parezca un asco ante un tema de Scorpions o Enrique Iglesias – primo de Jair, creo – por mencionar artistas que no me gustan. Pero me siento abrumado ante tanta gente repitiendo lo mismo. Más que abrumado, acosado.

Me cuesta explicar qué tiene de malo la música de estos cuatro liverpuleños como para que no me entusiasme. Un fan suyo, que nunca falta, me dirá que no hay nada de malo en sus canciones, que el malo es mi oído. Sí, pues, de seguro. Tengo mal gusto. Pero qué a gusto me siento con mi gusto, déjenme decirles. ¿Conformista? Pues no lo creo. Me gusta buscar, rebuscar, bucear entre recomendaciones, pistear, hasta dar con los grupos que me agraden. Pero nunca han sido los Beatles[2].

Yo recuerdo cuando, hace miles de años, empecé a coleccionar cintas mal grabadas y uno que otro disco. Otros adolescentes como yo se iniciaban también con los mismos menesteres. Por azares del destino, los otros imberbes proyectos de coleccionistas que se especializaron en Beatles y que tenía la desdicha de cruzármelos hablaban con tal soberbia sobre música que resucitaron con poco esfuerzo mis traumas infantiles, esa especie de pataleta melómana destinada a mis padres.

En esa época no me importaba si el álbum blanco era el súmmum de lo ya no ya rockero, yo prefería escuchar a Julio Montero desgañitarse cantando “seis cuatro, sesenticuatro, muertos en Ayacucho, bingo, bingo” con Delirios Krónicos. Y aún ahora, cuando escucho mis viejos casets de grupos subtes (¿dónde estás, Salón Dada, que no te encuentro?), no echo de menos las virtuosas composiciones de Lennon y mancha. Es más, oírlos a los cuatro de Liverpool es como oír la lluvia para mí. Lo considero cercano al ruido de fondo, que no mueve ninguna fibra interna, no genera una emoción fuerte que me haga saltar. Lo único que me genera es temor. Sí, temor. Temor a que un sabelotodo se acerque y me diga “eso que suena es lo mejor que se ha hecho en toda la historia del rock y de la música en general”. Cuando llegan esos fan barra brava del oído refinado, dan ganas de decirle “sí, claro que sé que son el mejor grupo de rock. Yo también leo wikipedia”. Debe haber algo satánico en los temas del Abbey Road que numerosos fans de estos ingleses se sienten tan arrogantes como si fueran sus mismos ídolos. Así no son todos los beatlemaniacos, supongo. Pero bien que lo disimulan.

Hace poco, un viejo amigo sintió lástima de mi gusto musical por confesar mi poco aprecio por los Beatles. Otro amigo me citó a Borges para convencerme de la pérdida de tiempo que significaba oír al Grupo 5 en detrimento de bandas de rock como R.E.M. Pues la verdad que les agradezco sus recomendaciones de todo corazón. Como buen melómano, escucho los consejos con cariño. Por allí que hay un dato que me interesa seguirle la pista. Pero si quieren levantar la aguja de mi tornamesa y ponerme un vinilo que no he escogido y desechar el que he puesto, les digo “un momentito”. Las dos únicas personas que están autorizadas a alterarme mi espacio sonoro vital son mi hija y mi sobrina (bienvenida Hanna Montana, fuera Beatles). Si tengo mal gusto, tengo mal gusto, y punto. Es mi defecto. Posiblemente lo pueda superar con terapia. Pero en este momento de mi vida, la verdad como que no me apetece.

[1] Una curiosidad. A mi padre le encantan los valses y demás ritmos criollos. Pero nunca le agradó ni la voz ni las canciones de Chabuca Granda. Cuando me interesé por este tipo de música pasó que a mí tampoco me enamoró esta artista. ¿Serán los genes? ¿El medio ambiente?

[2] Quizás sea poco consecuente admitirlo, pero algunos “clones” de ellos me agradan. Dave Clark Five, Oasis, gente así. La vida es así, no la he inventado yo.

6 comentarios:

ÉGONA dijo...

yo soy una beatlerosa màs que una betalemanìaca, en el sentido de que me excita su mùsica pero no voy gritando por ahì, joder es lo mejor del rock and roll

o tal vez sì, pero lo que quiero aclarar es que NO EXISTE eso del buen o mal gusto, nada es mejor o peor que lo otro, sino que cada uno flipa con lo que mejor le parezca

Tanque de Casma dijo...

Totalmente de acuerdo, Egona. Un abrazo.

Miguel Angel Vallejo S. dijo...

Una cosa es el gusto y otra el análisis. No me gusta la Monalisa, como supongo que a la mayoría. Nadie cuelga una copia de ese cuadro emocionado, ni usa polos de ella, pero es conocida por muchas razones (arte clásico, gusto y luego muletilla de academias de arte, pretensiones del mercado y un infinito etcétera). Ver por qué ha durado tanto esa imagen me parece más divertido que verle la cara de sonsa, o buscar interpretaciones que de vez en cuando nos dan risa como que es un hombre y demás.

Tampoco soy beatlemaniaco, de hecho, me caen un poco mal. Sin embargo, habría que preguntarse por qué siguen tan vigentes, y si es solo por su música. Por qué son un producto cultural que ha sido utilizado para casi todo en la vida, películas, otros grupos, mercancías, y no así otros grupos legendarios.

Pero esa es otra cosa, es un análisis que va más allá del gusto o incluso el análisis musical y que la mayoría de gente, con mucha astucia, sabrá descartar antes de perder el tiempo en hacerlo. Sin embargo, nunca falta que uno se siente tentado por una pregunta como "¿Por qué son tan vigentes los Beatles?", y decida desperdiciar algo de su vida en ello. Digo esto oyendo Janes Addiction, grupo que creo le debe poco a los pelucones del Liverpool.

Gabriel Rimachi Sialer dijo...

pucha... yo te hacía fan de los beatles, y resultaste el Manolito del grupo. Ni modo. Nadie es perfecto. Estupendo texto (es verdad).

Tanque de Casma dijo...

Pasa en las mejores familias, Gabriel. Un abrazo.

frank dijo...

A mi tampoco me gusta The Beatles, pero tampoco me parece horrible. Pero sinceramente prefiero Los Ronisch de Bolivia, y no poro eso tengo mal gusto. No sigo un rebaño, tengo mi propio gusto. Y tampoco me gusta mucho la musica criolla. Y soy mas peruano que muchos!