miércoles, junio 27, 2007

Conrad sin pasaporte


En Polonia plantearon eliminar a clásicos como Kafka y Goethe del plan de lecturas escolares por considerarlos extranjeros. Entre los posibles purgados también estaba Joseph Conrad, polaco de nacimiento.
Para los que amamos la literatura las obras de Franz Kafka son de lectura obligada. Otros nombres como Fiódor Dostoiesvski y Johann Wolfgang Goethe también figuran entre los imperdibles de cualquier biblioteca que se precie. Sin embargo, para Roman Giertych, ministro de educación de Polonia, estos nombres no le decían mucho y planteaba eliminarlos del currículo escolar de su país. ¿La razón? Prefería reemplazarlos por libros de “escritores católicos y nacionalistas polacos”, según reza un cable de EFE.
Con todo lo debatible de esta iniciativa, había algo que aún resultaba más polémico. Entre los autores que el ministro proponía purgar de los colegios polacos por extranjeros se encontraba Joseph Conrad, autor de la aplaudida El corazón de las tinieblas. Como es sabido, este narrador fue criado en la Polonia ocupada por la Rusia de los zares. A pesar de tener al polaco como lengua materna; y de dominar el francés, el idioma culto de su época; escogió desarrollar su carrera literaria en inglés. Es de suponer que esto bastó para que Giertych le negara la nacionalidad literaria.
Pero Conrad no es el único que planteaba desaparecer de las escuelas este polémico ministro de educación. Sus connacionales Stanislaw Witkiewicz y Witold Gombrowicz también estaban en la lista negra para eliminar de las aulas. Felizmente, prevaleció la cordura y el primer ministro de ese país, Jaroslaw Kaczynski, dio marcha atrás a tamaño despropósito.
Esta anécdota nos hace reflexionar sobre qué criterios se siguen para escoger las lecturas de los programas escolares. Nadie discute que determinados libros son preferibles leerlos a determinada edad. Por poner un par de ejemplos, El decamerón de Bocaccio puede no ser un texto apropiado para niños de cinco años que recién empiezan a leer, pero en cambio El lobo estepario de Hermann Hesse es ideal para adolescentes.
Pero decir esto no significa aceptar que la literatura tenga que transmitirnos obligatoriamente determinados valores. Si se inculca el hábito de lectura no es para que las personas se aprendan un discurso de paporreta. El leer, se supone, despierta la capacidad de análisis y de sacar conclusiones por uno mismo. Propuestas como la del ministro polaco reflejan la inseguridad de posturas dogmáticas, las que dudan de la voluntad de aquellos a quienes dicen proteger.
Esta propuesta de censura me hizo recordar a Línea de sombra, una novela del cuestionado Joseph Conrad. En ella, un joven capitán tiene que hacerse cargo de la conducción de un barco en pleno temporal. El marino debe tomar por primera vez en su carrera decisiones que podrían significar la vida o la muerte. Pienso que escoger qué deben o no leer los escolares sólo por el grado de compromiso de los autores con un proyecto nacional, es considerar a los ciudadanos como incapaces de pensar por sí mismos y que, llegado el momento, no podrán tomar el timón cuando arrecie el temporal.


(publicado en la página de opinión del diario El Peruano)

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