miércoles, enero 27, 2010

Templo fortificado de Chankillo


Una de las preguntas que anima el debate de las ciencias sociales es sobre el origen de la guerra. El cuándo y por qué surge son aspectos que han dado pie a más de una teoría. Contribuyendo a este debate, los últimos estudios sobre la llamada Fortaleza de Chankillo dan luces sobre el inicio de los conflictos bélicos en el antiguo Perú.
Iván Ghezzi, arqueólogo encargado de los trabajos en el lugar, explica que este recinto es un ejemplo de las primeras manifestaciones de edificaciones con fines bélicos. Pero no sólo eso. El especialista propone que esta estructura tenía dos fines principales. Por un lado, repeler un ataque, y por el otro, tal vez más importante, brindar espacio para las prácticas religiosas.
Un templo en el desierto
La Fortaleza de Chankillo se ubica a pocos minutos al sur de Casma, Ancash, y es vecina de las famosas Trece Torres de Chankillo, el observatorio astronómico más antiguo del que se tenga noticia de América. La estructura de la Fortaleza es de dos murallas perimétricas de piedra y barro que rodean otras edificaciones.
Como es obvio, los altos muros buscaban proteger el interior. De acuerdo a los trabajos de Ghezzi, en él se encontraba un templo, principal motivación de los guardianes de Chankillo. El arqueólogo apoya su teoría en algunos hallazgos. Por ejemplo, durante los trabajos en el sitio en una pared de la parte central un mural en bajo relieve de un ser antropomorfo, probablemente femenino, y con algunos atributos de insecto.
Otro indicio que le hace sospechar que la fortaleza, o, como él lo llama, templo fortificado, cumplía primero un rol religioso antes que bélico es la ubicación. Indica que, a pesar de estar la edificación asentada en la parte alta de una colina, no se extiende hasta la cumbre, el lugar desde el cuál es más fácil repeler ataques. El motivo sería, de acuerdo a Ghezzi, la necesidad de alinear la construcción con sus vecinas torres.
Fin de Chankillo
La teoría que baraja el arqueólogo es que a este lugar acudían los pobladores del valle vecino. Para ingresar utilizaban las cinco entradas, repartidas en puntos estratégicos del perímetro, que facilitaban el ingreso pero que obligaban a seguir cierta ruta.
Ghezzi sugiere que esta disposición se hacía para que, en tiempos de guerra, los invasores siguieran un curso y tuvieran que enfrentarse con los defensores del templo cuerpo a cuerpo, tal como era la usanza andina. El arqueólogo resalta que estos combates eran necesariamente rituales, sino que hay evidencia que fueron reales. Para comprobarlo basta con forzar un poco la vista y ver hacia el descampado aledaño a Chankillo. Se podrá distinguir miles de puntos negros en medio de la arena. Al acercarse a ellos se descubre que son piedras de río utilizadas como proyectiles. Los estudios sugerirían que la última batalla de esta fortaleza terminó con la derrota de esta. La destrucción de símbolos divinos y el abandono de la fortaleza hacen sospechar que el combate tuvo su raíz en motivos religiosos.
Un dato más que nos proporciona Ghezzi es que hasta la construcción de Chankillo, el valle de Casma fue rico en construcciones monumentales. Sin embargo, luego del periodo correspondiente a este tempo fortaleza, las edificaciones fueron más ralas o casi inexistentes. Una hipótesis que desliza el arqueólogo es que la derrota de Chankillo marcó el declive político del valle.

Algo más
El sitio arqueológico data, según los fechados radiocarbónicos, entre el año 400 y 0 de nuestra era.

Dato
Las paredes del templo fortificado estaban pintadas de diferentes colores.

Cifra
4 kilómetros cuadrados se expande el complejo arqueológico.
Foto del Servicio Aerofotográfico Nacional.

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