martes, noviembre 09, 2010

En el corazón de la codicia

El nuevo libro de nuestro Nobel es una obra curiosa. La trayectoria de su protagonista – Roger Casement – hace parecer que el Vargas Llosa novelista duda de algunas de las ideas que el Vargas Llosa ensayista y opinante defiende. Por un lado, se exalta una gesta nacionalista – la de Irlanda – y por otro, se hace un retrato crítico del impacto de Occidente en la Amazonía y el Congo.

El sueño del Celta describe los últimos días de Casement, un retirado diplomático de Gran Bretaña condenado por complotar con los nacionalistas irlandeses, esperando la horca. En los capítulos pares se hace un recuento de sus andanzas documentando los abusos de las caucherías africanas y sudamericanas y su actividad política por la independencia de su tierra natal.

Entre el sueño y la pesadilla
Como varios de los personajes de Vargas Llosa, Casement es un idealista. Parte muy joven al África con la ilusión – de acuerdo a la pluma de nuestro novelista – de participar de una cruzada por la mejora de ese continente. Pero lo que encuentra es todo lo contrario.

A diferencia de las tres “C” por las que se embarca lejos de Irlanda – civilización, cristianismo y comercio – descubre que el motor a la mayoría de europeos es otra “C”, la codicia. Palabra clave que se repetirá constantemente no sólo en las páginas dedicadas al Congo sino también a la selva peruana.

Al protagonista lo van afectando el ser testigo de las atrocidades a las que llega el ser humano por ambición. En un logrado pasaje, Vargas Llosa describe cómo Casement, aventurero de vocación, termina magullado al nadar en un caudaloso río africano, obvio símbolo de que no puede quedar indemne quien se sumerge en las aguas de la maldad.

Otro atractivo de este libro para los lectores del arequipeño es ver cómo vuelve a visitar un escenario de alguna de sus mejores historias: la Amazonía. Recordemos que ya en La Casa Verde abordó las pillerías de los caucheros.

Mientras que Pantaleón y las visitadoras y El hablador describen este territorio en una época posterior. Ahora el punto de vista es el del extranjero horrorizado por la explotación de los débiles. Pero también, sorprendido por el compromiso de quienes buscan cambiar la situación.

A pesar de los aciertos, no es una novela redonda. Resiente su lectura un comienzo un poco farragoso en el que se hace una repetitiva descripción de la vida familiar del niño y joven Roger Casement. La última parte, consagrada a sus andanzas nacionalistas, también adolece de ser reiterativa, aunque por lo dramático de la situación – sus últimos días – no estorba tanto al conjunto. Lo mejor son las páginas dedicadas a los informes del Congo y la Amazonía peruana, así como la humana relación que establece un condenado Casement con su carcelero.


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