jueves, mayo 19, 2011

Nocturno eterno

En noviembre de 1981, Carmen Ollé dio a imprenta un libro de culto: Noches de adrenalina. A tres décadas de esta publicación, dicho título no pierde vigencia y sigue tan vital como el día en que fue escrito.
¿Cómo nació este proyecto?
- Pensé en el libro después de haber escrito dos de poesía, diversos. Bebía de autores como Alejandra Pizarnik, entre otros. Fui encontrando mi propio estilo cuando estaba en Menorca, con mi ex marido Enrique Verástegui y mi hija. Fueron más de dos años en Mahón que nos dedicábamos a leer. Invertimos esa experiencia en un laboratorio literario. Fue allí que cumplí 30 años. Mi madre me escribió diciéndome que entraba a la edad de la seriedad, que debía vestir falda y parecer una señora, cosas así. Y junto a mis lecturas, empecé a reflexionar qué significaba mi experiencia de vida. En esa época, España vivía una época primaveral, con la reciente muerte de Franco.
Uno de los temas importantes en el libro es la reflexión sobre el cuerpo.
- Debo haberme nutrido en esa época de varias lecturas interesantes sobre el cuerpo. Incluso el filósofo francés Georges Bataille, que lo cito en el libro, habla mucho del cuerpo. Tiene libros de relatos como El pequeño, que así en francés se refieren al recto. Influida también por la literatura. En ese entonces estaba muy en boga una literatura liberal. En ese entonces se daban a conocer en España varias voces de mujeres gracias al feminismo. Una manera de ver la poesía para expresar las inquietudes más íntimas, conectadas con lo político y cultural. No me interesaba ver el cuerpo como un territorio privado, sino cruzado por lo cultural.
¿Cómo fue creativamente esa convivencia con otro poeta, su ex esposo Enrique Verástegui, mientras usted escribía Noches de adrenalina?
- La pasábamos solos en ese tiempo en la isla de Mahón. Gráficamente puedo explicar esa respuesta. Recuerdo que había una mesa redonda. En el centro de la mesa altos de libros. Él escribía para un lado, yo para el otro, separados por una muralla de libros. A veces venía la niña que se le colgaba a él o a mí. En las noches comentábamos un poco, pero cada uno en lo suyo.
¿Cómo ve su libro tres décadas después?
- Yo he cambiado algunas cosas. En las nuevas ediciones he incluido fragmentos que se quedaron fuera y que me parece que encajan perfectamente por ser de la época. Y he sacado algunos versos que me parecen muy escandalosos y grotescos. Cambié algunas grafías que ahora ya no me parecen interesantes. He cambiado el texto para que esté más limpio, más de acuerdo al lector de ahora.
¿Se ha vuelto más conservadora respecto a su libro?
- No. Me he vuelto más objetiva. Supongo que en algún momento me entró una veleidad vanguardista por poner de otra forma los textos como la poesía concreta, dándole forma. Opino que el resto del poemario no va con eso. Es un detalle que ya lo saqué. El resto es más natural en ese sentido.
Coméntenos sobre cómo vive su relación entre la poesía y la narrativa.
- En el primer poemario ya tenía un pie en la dinámica de la narrativa. Es todo un texto. No son islas. No es un poema tras otro poema unidos por un tema. Es un texto que se escribió de corrido y que tiene varios momentos narrativos. Incluso se pierde el ritmo poético tradicional para dar un ritmo más de la narrativa. Ya estaba en ese camino. La prosa ha permitido ampliar mi campo de interés a la creación de personajes, a crear atmósferas.


Yapa
Acabada la entrevista y conversando antes de despedirnos, la poeta contó esta anécdota que, los que han leído Noches de adrenalina entenderán y que con su autorización gloso:
"Muchos estudiantes, hombres y mujeres, se acercan aún hoy a comentarme sobre Noches de adrenalina. Incluso una me dijo que si lo hubiera leído antes no se operaba la nariz."

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