miércoles, noviembre 09, 2011

Antonio Cisneros: Un poeta no profesional

Foto: Soledad Cisneros.
El poeta Antonio Cisneros acaba de ganar el premio Southern. Uno más en una larga lista de reconocimientos. Él, con su usual ironía, nos comenta que para un escritor estas distinciones son igual de gratificantes que para un trabajador cualquiera ser felicitado. “Además, si viene acompañado de un dinero, a todo el mundo le gusta, además de la gloria, la prosperidad”.

¿Se piensa en los premios a la hora de escribir?
- Por supuesto que no. Uno de los oficios más gratuitos que conozco es la poesía. Se hace por amor al arte. No hay siquiera la promesa de tráfico y comercio de las novelas. Es conmovedor si piensas en personas que se han dedicado cincuenta años a escribir poesía como yo. Por un lado, tiene algo de ridículo, pobres señores que escriben poesía todo el tiempo. Pero por el otro, es conmovedor tener fe en la palabra. Da gusto cuando de vez en cuando los reconocen.

¿Cómo nacen sus libros?
- Tiene mucho que ver con la inspiración. Un término muy del siglo XIX, que cae en desprestigio en el siglo XX por el populismo católico y marxista que es hacerle creer a la gente que todo se logra con esfuerzo. No. En el caso de la poesía es muy claro, si no naces poeta, así tengas constancia, trabajo y vayas a cien talleres literarios, no vas a ser poeta. Claro que tienes que cultivar y desarrollar tu talento, pero a lo que voy es que tiene que ver con la inspiración. No puedes imponerte un horario de empleado bancario, como los novelistas o Mario Vargas, para escribir poesía porque no tiene ningún sentido.

¿Cómo son esos momentos de inspiración?
- Hay ciertos días en tu vida en que estás particularmente lúcido, con una capacidad de asociar palabras, de ver cosas. Al fin y al cabo la poesía es un acto de gran introspección. Hay momentos especiales que estás en estado de gracia, y eso se ilumina. Tanto que pasado el tiempo hay algunas cosas que relees y dices “carajo, qué inteligente estuve”. Esos estados de gracia duran unos días y sirve para hacer series de poemas. Y como viene sin avisar, se va yendo y vuelves a ser el mismo cojudo de siempre.

Sus libros son cada vez más espaciados.
- Yo no tengo muchos libros en realidad. Eso es normal. Los jóvenes publican más seguido. Es normal en todos los escritores. Hay cada vez más un elemento autocrítico muy poderoso. Sonará absurdo lo que te voy a decir, pero no soy un poeta profesional pero la vida pareciera decir lo contrario. No me muero por la poesía, ni por nada en general, salvo mis nietos.

¿Qué libro suyo lo recuerda con más cariño?
- No hay ningún libro. Hay poemas en todos que son más interesantes, que resisten el tiempo y resisten mi propia lectura. Hay mucha gente joven – o había, no sé – que siempre le gustó Comentarios reales. Y a mí, a los dos años de publicado me dejó de gustar. Pasé años de contradicción entre mi público que le gustaba ese libro y a mí me parecía muy pedante. Meter toda la historia del Perú en 70 páginas, muy ingenuo. Tan ingenua como la ironía de la película Las malas intenciones, en que la directora parece que no ha salido aún del colegio San Silvestre. Hay libros que le tengo cariño, porque me da pena el sufrimiento de este muchacho de Como higuera en un campo de golf. Felizmente yo ya no soy él. Por otro lado, Canto ceremonial contra un oso hormiguero es el libro que me lanza a la fama, por decirlo de algún modo. Sin embargo, el libro que está mejor escrito es El libro de Dios y de los húngaros. Pero ninguno de mis libros me entusiasma con toda franqueza. Como en general la poesía no me entusiasma mucho. Si hay un sentimiento poesía que es muy importante, pero no es un género literario.

Dice que su obra no le emociona. ¿Qué libro lo emociona actualmente?

- Difícil. Por momentos, algunos párrafos. Por ejemplo, esa novela, Hombre lento de Coetzee, el premio Nobel sudafricano, estupendo libro realmente. No es que me emocione, pero qué estupendo libro. Otra cosa que tampoco me había dado cuenta lo bueno que era hasta que compré su poesía completa es Wislawa Szymborska, la poeta polaca que ganó el premio Nobel también. Es notable. De vez en cuando encuentras cosas notables. Pero que te dejen conmovido todo el tiempo, en estado de contemplación, ninguna. Pero en su momento, chispazos emotivos. Que al final de cuentas es lo que vale. Al final, tú de un libro no guardas una historia sino una sensación.

Inspiración familiar
¿En qué proyecto está actualmente?
Madre del poeta.
- He escrito un poema, un tríptico muy extraño. Yo soy un señor que va a cumplir en un mes 69 años, y tengo una mamá de ochentaitantos. Y yo no sé de donde he escrito este tríptico casi monstruoso en realidad. Es un recuerdo casi prenatal. Yo en la cuna viendo la cabeza inmensa de mi madre adorándome y yo aterrado. Me da vergüenza y no se lo he leído a mi mamá. A estas alturas, yo que no he escrito poemas a la madre. No tengo cosas maravillosas como el poema Madre de Oquendo de Amat, ni cosas huachafas como el 99 por ciento de los que tocan el tema. Es un recuerdo que tengo de antes del año de edad.

¿Será parte de un proyecto más largo?
- Vamos a ver si escribo más. Por momentos me animo. El último libro de mi vida, me digo. Me dan vueltas más ideas, como el recuerdo de mi madre niño por la bajadita de los baños de Miraflores. Quisiera hacer unos ocho o diez poemas más, para que sea un librito. No me hagas mucho caso. Sólo porque me lo preguntas te lo contesto. No es que de verdad piense hacer el librito, pero puede que sí lo haga.

Lo emocionan los nietos, escribe sobre su madre. ¿La familia lo está marcando en esta etapa?
- Raro, ¿no? Porque yo nunca he sido una persona atacada por el mal de la mamitis. Nunca he hecho un poema sobre mi mamá o sobre mi papá. Nunca ha sido un tema poético para mí. Más que la infancia, debe ser la vejez.

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