lunes, abril 06, 2026

Los 125 de Serafín Delmar: el vanguardista oculto

El 6 de abril de 1901, hace 125 años, nació Reynaldo Bolaños Díaz, conocido en el mundo de las letras como Serafín Delmar

Natural de Huancayo - aunque algunas fuentes sugieren que nació en Huancavelica - fue uno
de nuestros primeros autores vanguardistas y también pionero de lo que algunos llaman literatura social.

Sus hermanos Federico y Óscar - este último usaba el seudónimo de Julián Petrovick - también tuvieron vocación por la literatura.

Tuvo como pareja a la conocida poeta Magda Portal, y al igual que ella, militó en el Partido Aprista Peruano. 

Estuvo cerca de diez años preso, acusado de haber participado en una intentona por matar al tirano Luis Sánchez Cerro. 

Es poco lo que se ha estudiado sobre su obra. Es un olvido injusto.

Su faceta más conocida es la de poeta, habiendo dado a imprenta su primer libro en 1926, Los espejos envenenados. 

De este título diría años más tarde Luis Alberto Sánchez que en sus páginas se filtraba el dadaísmo, en boga en esos años en Europa.

Cuando dejó la cárcel, migró y publicó el grueso de sus textos conocidos en unos pocos años. Luego de ello, un silencio editorial que mantendría hasta su muerte en Santiago de Chile en 1980.

De ese desembalse literario es su poemario Tiempos de odio (Santiago de Chile, 1946), tal vez lo último que publicó en vida.

De ese libro, en particular, me gusta ese par de versos que dicen 

"No diré, no, sino cuando saquen de mis ojos
la lágrima conque Dios me creó."

Serafín Delmar no solo escribió poesía. También incursionó en el cuento y novela.

Pero es difícil encasillar en un género su libro Sol: Están destruyendo a tus hijos.

Algunos lo consideran novela, otros cuentos. Yo recomendaría olvidarse de categorías y dejarse atrapar por su pluma.

Sánchez, en el prólogo, escribió que en esa obra surgía el "poeta sin escuela, el poeta sin bandería literaria", y tiene toda la razón.

Este libro, que debería ser por su calidad considerado dentro de nuestros clásicos, ha tenido poca fortuna editorial.


Su primera edición fue en Buenos Aires en 1941. La segunda es de 1967, encargada a una imprenta de Lima por la Municipalidad de Huancayo. En ese entonces, el alcalde era el doctor Félix Ortega Arce* del Partido Aprista Peruano.

 Luego, la misma municipalidad lo reeditaría en 2017, siendo alcalde Alcides Chamorro, sin vínculo con el partido.

Es una lástima la circulación casi clandestina de esta obra. Tengo la sospecha que el silencio hacia Serafín Delmar y a su producción literaria se debe a su militancia aprista. 

En este libro inclasificable se combina el cuento, la novela, la prosa poética, la autobiografía y más. 

Esta joya está dividida en tres partes, que el autor bautiza como estancias.

La primera está dedicada a la Revolución de Trujillo. Son breves cuentos que capturan el sentir de los apristas de ese tiempo. 

Son pequeñas pinceladas que hablan de la madre que espera a su hijo mientras los soplones le queman su casa por tener un cuadro de Víctor Raúl, de prisioneros que levantan orgullosos el brazo izquierdo ante el pelotón de fusilamiento, de cadáveres que se consuelan entre sí.

Luego, la segunda, es la dedicada a los años de prisión. Los "presos sociales" - eufemismo que usaba la dictadura para no decir "presos políticos" - conviviendo con los presos comunes. 

Es una mirada al infierno del confinamiento y la decadencia. Al igual que en la primera estancia, son textos cortos, que se confunden con cuentos. 

Pero en esa miseria, encuentra poesía. Esos pasajes en que describe la relación de los presos con animales, unos cautivos de otros cautivos, son muy bellos y crudos. El sadismo de los carceleros y la pérdida progresiva de la cordura también tiene ese atractivo.

Pero es en la tercera estancia en el que el genio de Serafín Delmar se desata y rompe los barrotes de cualquier esquema.

Pudo publicar esa estancia sola y sería una joya por sí misma. Pero aparejada de las dos estancias previas la llena de mayor significado.

El arranque tranquilamente pudo ser el de un poemario o una obra de teatro. Un esclavo que habla con sus cadenas, y ellas le responden. En ese diálogo fluye de forma natural la doctrina aprista, esa que llama a luchar contra el mal y que promete la ansiada redención. 

Porque Serafín Delmar escribe con la mano izquierda con la que los compañeros saludamos al cantar la Marsellesa. Y lo hace tan bien que convierte ese sentimiento en universal.

Luego siguen pasajes que evaden el realismo y se vuelve un sueño o pesadilla. En ella recuerda a su hija, a su madre, a su pareja, al partido. Reflexiones varias.

Y termina tal como empezó: un diálogo entre el preso, la rosa, la mañana. Pura poesía. 

Serafín Delmar, quien sufriera destierros y prisión por su militancia partidaria, merece ser leído por los que amamos la literatura. Su legado trasciende la camiseta política. Rompamos la mezquindad con la que se ha ocultado su obra. 

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*Mártir aprista asesinado por Sendero Luminoso en 1987.


lunes, septiembre 15, 2025

El espejo empañado del caviar


Eduardo Dargent, con quien compartí aulas en la Pontificia Universidad Católica, plaza fuerte de aquello que llaman “caviar”, acaba de publicar un libro sobre ese inasible sujeto político al que se le ha puesto ese nombre.

 “Caviar: del pituco de izquierda al multiverso progre”, el título completo de su obra, es una versión de parte, como lo reconoce Dargent. Parafraseando el léxico que se usa en estos días, en el libro se habla de cómo se autoperciben los caviares, o al menos mi antiguo vecino de carpeta.

Y en ese planteamiento válido, quienes estamos en otra orilla también tenemos cosas qué decir. 

Honestos y “honestos”

Con todo el aprecio que le puedo tener a Eduardo, aceptar como realidad que una característica clave de lo caviar la “lucha contra la corrupción”, definición que aparece desde la primera página del primer capítulo y que repite cada tanto, como que no cuela.

En todas las corrientes políticas o ideológicas sospecho se suscribiría esa afirmación. Otro asunto es que, desde cierto pedestal, se quiera usar la “lucha contra la corrupción” para descalificar a los oponentes.

Solo basta mirar algunos hechos recientes alejándose de la narrativa dominante y machacado hasta el cansancio.

Ya son seis, casi siete, los años que han pasado de la muerte de Alan García y no se ha mostrado una sola prueba de los delitos por los que le querían dar prisión preventiva. Yo soy aprista, me cuestionarán que defienda al c. Presidente, pero no me rebatirán.

Sin embargo, vayamos a otros ejemplos. ¿Cómo manejamos el tema Susana Villarán y los aportes que confesó haber recibido mientras era funcionaria, nada menos alcaldesa de Lima? El propio Dargent la nombra como un ejemplo de caviar, pero no ahonda en su gestión.

El autor, coetáneo mío en la PUCP, señala que una de las debilidades caviares su poco peso electoral. ¿Cómo no hablar de su máximo logro en este siglo del caviarismo, la alcaldía de Lima, y cómo la manejaron?

El silencio que ha caído sobre la muerte de José Miguel Castro, gerente de la Municipalidad durante esa gestión y también sindicado como cómplice en la recepción de dineros de constructoras brasileñas, es un tema que también echa sombras sobre esa “lucha contra la corrupción”. 

Pero dejemos esa idealización que tienen de si mismos los caviares como adalides de la legalidad, que no es exclusiva del libro de Eduardo. La autosuficiencia con la que hablan algunos de sus voceros es, para los que no comulgamos políticamente con este grupo, es suficiente prueba de su problema para criticarse.

Sudar Channell

Hay una definición de caviar o de sus variantes – el antiguo “cívico” o el más reciente “cojudigno” – que se repite con constancia tergiversando el sentido que se le daba al apodo.

De acuerdo a Dargent y otros, que se identifican o simpatizan con esta corriente, hacen referencia a una expresión tomada de Francia donde en plan de burla se le decía izquierda caviar a las personas acomodadas que no vivían acorde con su ideología progresista o similar. 

Esa explicación viene con trampa. Es decir, con otras palabras, que una persona con privilegios se preocupe por los menos afortunados.

En el primer ciclo de universidad, un profesor que dictaba un curso de introducción a las ciencias sociales, Oswaldo Medina si no me falla la memoria, describió el concepto antes que llegara el apodo. Para los cachimbos pelones que éramos, nos daba con bastante humor unas clases llenas de anécdotas y observaciones agudas. 

En una de ellas, tal vez escapándole el chisme, contó de algún colega de las ciencias sociales que era congresista por Izquierda Unida o su escisión posterior. Relató que lo estaba visitando en su oficina parlamentaria cuando llegó una delegación de mineros o agricultores. Su colega la atendió afable. Pero una vez que se fue el grupo, pidió a sus asistentes que echaran colonia para que se vaya el olor.

Lo de caviar no va por gente que tenga gustos exclusivos – Dargent bromea conque le gusta el café de grano seleccionado – sino con lo utilitario que resulta para personas con privilegios en épocas de elecciones o para ascender en el mundo académico hablar de las necesidades de personas que no las ven como iguales. 

En otras palabras, con personas con las que no comparten más que una relación vertical. En palabras de Hernán Garrido Lecca, "comunistas a tiempo parcial".

Cada cierto tiempo se habla de poner más requisitos – en especial, académicos – para acceder al Congreso. Y esa corriente de opinión viene de la derecha y de la llamada izquierda caviar. Un retroceso a derechos conseguidos poco a poco hasta lograr el voto para los analfabetos. Quedaríamos en la posición de ciudadanos que pueden elegir pero no ser elegidos. 

Mártires de la democracia

Otro punto es el de los derechos humanos y del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. No aceptar críticas a su “narrativa” los pone en la misma situación que cuando hablan de su exclusividad en el tema de la “lucha contra la corrupción”. En los 90, cuando compartí aulas con Eduardo, era constante en las clases de la PUCP repetir que la izquierda no aprista había sido la más perjudicada con el accionar de Sendero Luminoso y MRTA. 

Sin embargo, cuando se hizo el recuento de víctimas, era el Apra el partido más golpeado. Pero ese dato ya no se destacó en el Informe Final. Es más, víctimas apristas fueron dejadas de lado. En una reciente visita en Tarapoto, encontré a la familia de Julio Santa María cuyo patriarca, un militante puro y sincero del Partido del Pueblo, el Apra, falleció ejerciendo de subprefecto en Tocache en 1990, pero nadie de la CVR se contactó con ellos. Y como él, cuántos más habrá.

Claro que los familiares, compañeros, amigos de las víctimas de los terroristas quieren la verdad. Muchos casos se han archivado y nunca se llegó a saber quiénes fueron los responsables materiales e intelectuales. Solo rumores. Pero los autoproclamados defensores de los derechos humanos dejan estos casos de lado. 

Seguro Dargent objetará con algún argumento a esto último, pero para eso uno escribe, para debatir.

domingo, agosto 24, 2025

Hernán Garrido Lecca: Un candidato de unidad para el Apra


El Apra se presenta a las elecciones de este 2026 con un deber imperioso: salvar al Perú de tanto improvisado que ha frenado el crecimiento del país desde el 2011. 

El Partido del Pueblo, desde mi punto de vista de militante, debe evitar mostrar fricciones en su interna.

Hay un abanico de precandidatos a la presidencia de la República, lo que habla muy bien de la vida partidaria. ¿Qué otro partido, si no es el Partido Aprista Peruano, realiza una elección interna para elegir a su representante?

Todos son buenos cuadros, pero debemos elegir a uno. Basado en los datos que vienen circulando, el más indicado es el c. Hernán Garrido Lecca.

En primer lugar, de acuerdo a las encuestas que muchos compañeros han compartido y otras que se han publicado en medios, es uno de los rostros más conocidos del Apra. Esto se demuestra en las concurridas visitas a las bases que ha realizado por todo el Perú.

Otro fuerte de Hernán Garrido Lecca es el no haber estado involucrado en algunas discusiones administrativas internas que han generado complicadas asperezas cuando debería primar la fraternidad.

Es exitoso en el sector privado pero también mostró destreza cuando le tocó dirigir dos ministerios exigentes como son el de Vivienda y el de Salud.

No estamos, pues, ante un improvisado como los que, en otras tiendas políticas se están lanzando al ruedo.

Hernán Garrido Lecca es un hombre de partido, pero también de muchas facetas.

Los futboleros lo recordarán por ser uno de los artífices del último regreso de Deportivo Municipal a Primera División. Incluso el cuadro basurero jugó copas internacionales.

Asimismo, ha incursionado en áreas tan diversas como la literatura, el cine o la domesticación y cultivo de algas.

Su quehacer como inventor es otro plus que nos confirma que estamos ante una mente creativa.

Los demás precandidatos, desde mi percepción, se están desgastando por los problemas administrativos que hablamos líneas antes o no han tenido suerte de lograr mayor exposición y reconocimiento fuera del partido.


El c. Hernán Garrido Lecca, además, maneja un discurso de propuestas concretas y una visión geopolítica que, por las peleas coyunturales, otros no han logrado articular.

De todas formas, los apristas tenemos el deber que en estas elecciones internas debemos escoger al candidato que pueda conseguir los votos tanto de apristas como de no apristas. 

Vistas las cartas con las que contamos y han expresado su intención de postular, y sin desmerecer a nadie, me animo a pensar que Hernán Garrido Lecca es la opción que mejor tenemos.

lunes, junio 30, 2025

Plomo o votos_La muerte en la política

Este domingo 29 se informó del fallecimiento de José Miguel Castro, pieza clave en el caso de corrupción admitida por la ex alcaldesa Susana Villarán.

La semana pasada tuvo, según se informó, una enésima reunión con el equipo fiscal que ve el caso. El resultado: aparentemente, nada.

No lo aceptaban ni como colaborador eficaz o cualquiera de las figuras legales que manejan. Y así, ya estaba años.

Este deceso, que algunos se apuran a decir que es suicidio a pesar de que lo que se sabe es que Castro murió de un corte en el cuello de 14 centímetros hecho con un cuchillo para el pan, crea una oscura sospecha sobre cómo la violencia puede inmiscuirse en la política peruana, sino se ha colado ya.

Se han mencionado, como antecedentes a esta rara muerte, los casos de una trabajadora del Congreso y el de un proveedor del Estado.

Pero el de Castro, apodado Budian por los corruptos de Odebrecht, es particular por el clima de violencia que se está viviendo en el país.

Lastimosamente se ha normalizado el asesinato de choferes de buses por extorsionadores, y ya no le dan tanto espacio en las noticias.

Para empeorar, en la coyuntura regional tenemos ejemplos de homicidios o intentos de ello a políticos en carrera electoral.

El candidato a presidente electoral ecuatoriano Fernando Villavicencio murió a tiros el 9 de agosto de 2023. Más cerca en el tiempo, Miguel Uribe Turbay, precandidato presidencial de Colombia, se debate entre la vida y la muerte desde hace unas semanas por una bala en la cabeza.

De comprobarse que lo sucedido con Castro ha sido un asesinato, cuando estamos ya formalmente en campaña electoral, sería echar sal a la herida de la ineficiencia gubernamental respecto a la seguridad ciudadana.

Lo concreto, lo palpable, es que un caso como el de Susana Villarán se ha dilatado un lapso de tiempo exagerado.

Se dieron todas las ventajas posibles a las empresas involucradas para retirarse del país o seguir en él bajo otros nombres.

La Fiscalía no tomó las previsiones para un caso de éste perfil. No se aseguraron de ponerle en algún régimen de colaboración, como sí lo han hecho en otros casos.

El criterio que ha seguido el Ministerio Público, al menos el que percibimos muchos ciudadanos, es que ha manejado de forma politizada los beneficios penitenciarios.

Estamos ya calentando motores para elegir a las principales autoridades políticas del país y no se aprecia un plan para reducir la violencia ni para que los órganos del sistema de justicia actúen fuera del sesgo de grupo.

En las décadas de 1980 y 1990 muchos fueron los alcaldes, regidores y demás autoridades de representación popular que sufrieron atentados y asesinatos por parte de los cobardes terroristas de Sendero Luminoso y MRTA.

No queremos que otra vez, el plomo intente imponerse a los votos.