Otros enlaces:
Sendero personal (Entrevista)
Chicharrones en pie de lucha (Crítica)
Un asesino suelto en los andes (Crítica)
Simón Weiss es un reconocido detective de la policía de métodos poco ortodoxos y que es de origen judío. Se le encomienda resolver dos asesinatos en medio de la ciudad de Lima afectada por el terremoto de 1970, uno es la muerte de un japonés y otro el ahorcamiento de un personaje relacionado a los campos de concentración nazis. Tiene de ayudante a Katón Kanashiro.
El escritor y periodista Enrique Planas acaba de publicar la novela Otros lugares de interés (Alfaguara). Conversamos con él sobre este libro.
Daniel, un relativamente joven coleccionista de libros, está internado en un manicomio por el asesinato de su esposa. Su amigo, Gustavo, después de tiempo y a insistencia del paciente, lo vuelve a frecuentar. La sombra de la sospecha de otro crimen vuelve a cubrirlo, y necesitará de la ayuda de su antiguo compañero de lecturas para sortearlas. Entre capítulo y capítulo se incluyen textos delirantes de Daniel que complementan la historia.
No obstante los aciertos de esta novela, también hay algunos reparos que hacerle. Ciertos episodios avanzan repitiendo información, haciendo lenta la lectura. Por ejemplo, la presentación de la hermana de Daniel y su gusto por singulares representaciones teatrales. Otro reparo mayor es el desenlace. Varias páginas antes del final, por los datos proporcionados, es muy sencillo responder el misterio que intriga a Gustavo, por lo que se prolonga innecesariamente. Detalles que no descalifican a El anticuario como un interesante debut en ficción.
Un coleccionista de libros está en un manicomio acusado de matar a su esposa. Un amigo suyo investiga el caso. Esa es, a gruesos trazos, la trama de El anticuario, primera novela del crítico chalaco Gustavo Faverón.
Hace poco el paraguayo Juan Ramírez Biedermann publicó El fondo de nadie con la editorial peruana Altazor. En ella cuenta una singular historia de amor entre un preso por delitos financieros y una prostituta. El autor nos da más pistas sobre su libro.
El escritor y crítico Leonardo Aguirre vuelve a la carga con Karaoke, su cuarto libro. En esta novela se cuenta la historia de Wilson Dormani, un escritor atípico, mientras se lanzan indirectas (y directas) al mundo cultural local.Las peleas menudas del mundo literario peruano son el telón de su novela. ¿No tenía temor que fuera de un pequeño ámbito lo pudieran entender?
- Sí, pero está bien asumido. O sea, es un libro que tiene su público y no espero que me lea el resto de
En el libro, en medio de las referencias al ambiente cultural, hay una historia de un romance que se escapa de ese marco. ¿No le provocaba ir por esa vertiente más que lo literario anecdótico?
- Probablemente en el futuro me vaya más por ese lado que en el terreno que estoy ahora. Estos fueron ensayos que debían ser artículos para una revista que nunca salió. Entonces los incluí para hacer el contraste. Para ejemplificar lo que el protagonista no suele escribir ni le interesa. Nada personal ni realista. A mí sí me provoca. De repente este libro marque el fin de ese filón.
En Karaoke reflexionas sobre los libros que no llegan a hacerse conocidos.
- Sí. Me interesaba la idea del escritor raro, el escritor caleta. El secreto mejor guardado y todo ese tipo de cosas. Algunos ya no son tan guardados, como Carlos Calderón Fajardo que ahora tiene bastante prensa, para bien supongo. Me interesaba ese tipo de autor, que escribe cosas que normalmente no tendrían buena acogida. Relatos antirrealistas, sin ubicación geográfica, que no apelen a enganchar con ningún lector.
¿Cree que muchas veces los escritores se preocupan más por aparecer en prensa que por escribir?
- Sí. Lo que pasa es que el medio nos empuja a eso. Al menos medio el peruano te empuja a buscar aparecer lo más posible en prensa porque el mercado es chiquitito y los espacios para la difusión son mínimos. Eso motiva a los escritores a pelearse con uñas y dientes por aparecer en prensa. Pero eso no tiene nada que ver con la calidad de lo que escriben.
En su libro aparece su foto en la portada y
- Puede parecer una payasada, pero en realidad tienen que ver con los temas del libro como la identidad del escritor, la figura pública del autor, la autoría de los textos, qué tanto hay de la persona en lo que escribe. Son gestos consecuentes con el libro.
Hoy se realizará la presentación en el Jazz Zone de Miraflores a las 18.30 horas. Comentarios a cargo de Rodolfo Hinostroza, Francisco Ángeles y Víctor Ruiz Velazco.
Dato
El nombre del protagonista lo toma de los apellidos maternos de su padre y abuelo.
Foto de Rubén Grandez - Andina
Un extraño festival, realizado en un pueblito de Colorado, Estados Unidos, en el que se pasea una cabeza congelada de un cadáver, es el marco de la nueva novela de Luis Hernán Castañeda. Dos estudiantes peruanos van a curiosear al evento, descubriendo algo más de su identidad de lo que podrían esperar. ¿Su novela se puede interpretar como un homenaje a Arguedas?
- Claro que sí, es totalmente deliberado. La presencia de Arguedas es muy importante en la novela por el asunto del forasterismo. Un tema clásico en él, el no sentirse bien en ningún lugar. Inclusive en la propia patria. En el caso de esta novela es una historia de amor, de dos peruanos que están en Estados Unidos pero no se hallan bien. No sólo se sienten ajenos, sino que no se pueden relacionar con lo que ocurre. Perciben todo como espectáculo, pero no sólo por lo que ven sino por sus lecturas.
Curioso que esta incapacidad de relacionarse también la tienen con la cultura andina, que ven como espectáculo.
- Sí. Son personajes que no se identifican con el lugar donde están, ni con el lugar de donde vienen. No tienen raíces ni en el Perú ni en Estados Unidos. La cultura andina también la ven como un espectáculo en el que no se pueden involucrar. Son turistas en todas partes, incluso en su propio país. Asumen la cultura andina de una forma lúdica, a veces de una forma cínica y perversa, con una distancia cómica que se vuelve contra ellos mismos. Es la incapacidad de los personajes de arraigarse. Lo que les impide hacerlo es una concepción errada de la ironía.
¿Estos personajes representan a una clase social?
- Yo creo que sí. Si los pudiéramos situar socialmente serían parte de una clase media alta extranjerizante, que tiene una actitud cínica y distanciada hacia su país. Es una forma de autodesprecio. Son peruanos, pero no se identifican como tales. Es algo que he notado. Últimamente eso está cambiando por una revalorización de lo peruano. Pero no creo que lo sociológico sea el motor de la novela, aunque sí está presente.
Madison, un pueblo típico de Estados Unidos, se ve sacudido por una seguidilla de muertes violentas. La mala racha parece cebarse en los más populares de la secundaria local: porristas y jugadores de fútbol americano. Accidentes de tránsito, suicidios y asesinatos producto de la frustración, rompen con la rutina local. Contada de forma coral, esta novela de Paz Soldán nos muestra el otro lado del sueño americano. La trama gira alrededor de personajes que no se hallan satisfechos con su vida, como la porrista que desea trascender por su intelecto y estudiar una carrera; los gemelos Tim y Jem quienes juegan a ser el otro; el periodista atrapado en un pueblo chico o Webb, un fracasado expulsado del ejército. No importa que su frustración se maquille con Ipod, consumismo, algo de droga y sexo; les falta algo más para sentirse realizados.
El estilo ágil y claro del narrador boliviano no se resiente en esta su primera excursión de ficción en Norteamérica. Logra crear un cuadro verosímil e inquietante, el reverso de la medalla dorada que nos muestran tantas series y películas. Pero también aborda uno de sus temas recurrentes, las relaciones personales, en un contexto nuevo.
Como curiosidad, dos de los que logran sortear el temporal son los más cercanos a
Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán (Alfaguara)

(Quito) En el 2008 vino al Perú
Varias de sus obras son de ciencia ficción, género no habitual en la literatura de su país. ¿Cómo se interesó en él?
- Por las lecturas. Algo que considero que es una ventaja es que en el Ecuador no hay ese peso de las figuras fuertísimas, como en el Perú con Vargas Llosa o Ribeyro, o en Colombia con García Márquez y compañía, eso da la posibilidad de abrirte a otras tradiciones con mucha más facilidad. A mí siempre desde pequeña me interesó la ciencia ficción. Uno de mis artistas favoritos era H.G. Wells. Me volvió loca descubrir que escribiera una noveleta situada en Ecuador. A partir de allí me comenzó a gustar más. Descubrí a Philp K. Dick, Octavia Butler, y muchos más.
¿Cómo conjugar ciencia ficción con la realidad de nuestros países?
- Me parece que la ciencia ficción es una forma de entender a América Latina, porque en espacios cortos de tiempo hay unos cambios de siglos. Tú estás en Quito, una ciudad en las que puede haber edificios inteligentes, pero a una hora y media en Mindo ya no hay carreteras. Si tú miras lo que está pasando con la ciencia ficción del primer mundo, las descripciones que hacen del futuro es el presente de América Latina. Octavia Butler se imagina ciudades cercadas para mantener afuera lo bárbaro, y lo bárbaro es lo presente.
Rodrigo Fresán describió a H.G. Wells como el único escritor de ciencia ficción del siglo XIX vigente, porque ninguna de sus previsiones se ha cumplido. ¿Comparte esa afirmación?
- No podría del todo, porque ese libro que te mencioné, El país de los ciegos, es la mejor descripción que conozco de Ecuador: un país que tiene todo pero no puede ver más allá de sus narices. No me lo he pensado como lo ha hecho Fresán, pero sí es un autor muy actual. ¿Cuántas veces se han hecho representaciones de La guerra de los mundos? Allí está la imaginación del mundo metiendo sus peores temores en la figura de un marciano.
¿Salir de la corriente principal de la literatura ecuatoriana dificultó la difusión de su obra?
- No creo que el género lo que lo haga difícil, sino cómo funciona la distribución de libros en Ecuador. No creo que sea muy distinto que la que se da en Perú o Colombia, pero de forma más pequeña. Pero falta muchísimo. El gran paso que falta ahora es el de editores.
En el libro que presentará en Lima, Álbum de familia, abandona la ciencia ficción para hacer cuentos de humor inspirados en hechos reales. ¿Qué le motivó a este cambio?
- Primero, que me encanta escribir cuentos y me hacía falta hacerlo. Ya tenía escritas dos novelas, y me ganó la idea del álbum de fotos. Últimamente he estado recogiendo las fotos de la familia, porque ya nadie las guarda. En esas imágenes había personas de las que nadie quería hablar. De pronto te enterabas que era alguien que se fugo y etcétera. Surgió la necesidad de hablar de las familias, pero no de la mía en especial, sino en el país. Es una forma de acercamiento al tema de

Hace poco el escritor peruano Julio Ortega presentó en España Los Rivero de Jorge Luis Borges. El texto - que se mantenía inédito y desconocido hasta este año - ha causado expectativa en la crítica por ser tal vez la única referencia a un proyecto de novela emprendido por el autor de El Aleph.
Consultado el intelectual peruano, señala que el manuscrito lo halló en la Universidad de Austin de Texas. Indica que conoce bien las bibliotecas y archivos de dicha casa de estudios en donde él fue profesor, y en la que se han ido reviniendo carpetas con material de Borges. Para lástima de los seguidores del autor argentino, entre ese legado el único texto inédito es Los Rivero.
Ortega también destaca que no existen muchos manuscritos de Jorge Luis Borges. Recuerda por ejemplo que
Los Rivero, que se presentó a mediados de mayo en Madrid, es un manuscrito de tres páginas y un párrafo que constituye un fragmento de un relato que Borges abandonó. La tesis de Ortega es que lo abandonó porque "amenazaba" convertirse en una novela, género del que el argentino descreía. "Le parecía que si una historia requiere 300 paginas es porque está mal contada, ya que una buena historia solo requiere unas cuantas paginas". El fragmento rescatado cuenta la historia de los descendientes de un coronel argentino de las luchas emancipadoras. Ortega considera que Borges se hubiera visto obligado a desarrollar la suerte de cada uno de esos hermanos, "y eso requería una novela".
El intelectual y escritor peruano especula que tal vez no le gustaban las novelas a Borges por la misma razón que le parecían "abominables" los espejos y la cópula: multiplican el número de los hombres. "Las novelas, es verdad, pueden ser abominables cuando multiplican las palabras y los lectores. Salvo que sean muy buenas, y en ese caso pierden lectores y no derrochan palabras", concluye Ortega.