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jueves, marzo 07, 2013

Santiago Roncagliolo: "Los escritores pretendemos ser mejores que Dios"


Oscar, un guionista de telenovelas, tiene problemas para escribir guiones desde que se separa de su mujer. Esa es, en líneas generales, la trama de Oscar y las mujeres, nueva novela de Santiago Roncagliolo, con quien conversamos a su paso por Lima.

En su libro reflexiona sobre el oficio de escribir.
- Sí. Oscar - el protagonista - pudo ser un escritor de novelas literarias. Un hombre encerrado en sus libros, pero Miami, la telenovela, esta industria, era un escenario muy divertido como para hacer un drama. Lo que le sucede a él, también me pasa a mí y a muchos que conozco, que de escribir ficciones nos cuesta volver a la realidad.
Es curioso cómo la irrupción de "realidad" completa los textos de Oscar. ¿Le sucede también así?
- Sí, claro. Siempre estoy sacando ideas de lo que veo. Los narradores tenemos la pretensión absurda de corregir la realidad. La realidad no tiene sentido, ocurren de manera errática. Pero hacemos historias que tienen un inicio, nudo y desenlace. Lo que nos permite pensar que todo tiene un sentido. La pretensión de ser Dios, ser mejor que Dios.
Lo que comenta recuerda a las películas de Woody Allen - cineasta del que toma un epígrafe para este libro - como Crímenes y pecados en los que no hay castigo por los actos de uno.
- Woody Allen tiene varias así. Eso también ocurre en Match Point, por ejemplo. Películas en los que no, no te persigue tu conciencia. "Puedes ser malo y no te pasa nada, la gente hace cosas horrorosas, tienen buen final y no se siente mal". En la narrativa de siempre se castiga al malo o él se tortura. Pero la vida no es así, bienvenido al planeta Tierra.
¿Cómo elige los temas de sus novelas?
- Yo parto de mi vida, siempre. Esta habla sobre la época en que era guionista de telenovelas, Tan cerca de la vida de la época que era un tipo solo en un hotel, Abril rojo de cuando fui empleado público. Para que un libro me funcione, debe hablar de algo personal. Cuando escribí Tan cerca de la vida quería estar fuera de este planeta, quería estar lejos de mi propia experiencia. Pero Oscar y las mujeres fue mi reconciliación con el mundo real. Siempre escribo de mis emociones en un momento dado.
¿Esta reconciliación se debe a su nueva condición de padre?
- Claro. Estaba viajando mucho y no veía a mis hijos. En un momento me di cuenta que debía hacer cosas que todos los padres habían hecho antes pero que yo, por mis libros, mi éxito, mi vida, no había hecho como llevar una contabilidad, estar con mis hijos, aprender a manejar. Las cosas que todos saben hacer y son parte de tu adultez. Yo pasé de ser un muerto de hambre a que todo vaya muy bien. No había hecho el aprendizaje normal de mucha gente. Yo debía volverme adulto, igual que lo hace el personaje de la novela.

(Versión extendida de la entrevista publicada hoy en el diario El Peruano)

Otros enlaces:
Sendero personal (Entrevista)
Chicharrones en pie de lucha (Crítica)
Un asesino suelto en los andes (Crítica)

viernes, noviembre 18, 2011

En busca del camino

Hace veinte años se publicó La violencia del tiempo, la que para muchos es la mejor novela peruana de la década de 1990. Esa edición no estuvo exenta de problemas. Su autor, Miguel Gutiérrez, acaba de publicar Una pasión latina, entrega cuyo lanzamiento oficial se demoró un par de semanas más de lo planeado por algunos imprevistos. Conversamos con el narrador.



Curioso que tanto La violencia del tiempo, como este libro hayan tenido dificultades al salir.

- Fueron de otro tipo. Como yo no pude supervisar la edición por la situación que se vivía en el país en 1991, el editor se tomó algunas libertades. Lo interesante de la última edición es que se ha restablecido la versión original. Por ejemplo, la distribución de los capítulos. Menos mal que tenía los originales, que los guardaba el historiador Carlos Araníbar.


¿Cómo surge esta nueva novela que transita entre Estados Unidos y el Perú?

- La novela parte de un hecho real. Ese asesinato sucedió. El asunto era cómo escribir esa historia, que se vuelva turbulenta, atroz, desagradable. Había varias posibilidades. Cuando uno escribe una novela uno se pregunta cómo se va a escribir. A uno se le presentan varios caminos, pero sabe que sólo hay un camino definitivo. Por ejemplo, hay una novela muy buena del punto de vista formal que es Sostiene Pereira de Antonio Tabucci. Esa novela, sin esa frase que se repite como leit motiv, se cae. Yo no me imagino esa novela escrita de otra forma. En el caso mío era encontrar la forma de contar esta historia muy violenta y truculenta.


¿Cuánto se demoró para encontrar la forma de contar esta historia?
- Yo me enteré de este caso hace diez años. Desde entonces, está dando vueltas. Me imaginaba dos o tres maneras de hacerlo, pero ninguna me satisfacía. Pero hasta que el año pasado, mientras escribía otra novela, se me ocurrió. Siempre busco que cada libro sea una aventura de composición, de formas de tratar, de técnicas y de lenguaje. De cierta forma, La violencia del tiempo es una novela suma. Hay varias novelas dentro de ella. Pero esa novela responde a la tradición realista, de Balzac, Tolstoi, todos ellos. En cambio, Babel en el paraíso, responde a otra tradición, otra poética y estética. A la de la novela fantástica, la novela utópica. El lenguaje está determinado por esa forma.


¿Cómo plantea sus libros? ¿Anda a la caza de una historia? ¿De la forma?
- Una de mis preocupaciones ensayísticas es el tema del acto creativo novelesco. Surge de diversas maneras. De un personaje, de una historia, a veces de una imagen, que desencadena todo el imaginario que tiene un escritor. Cuando me cuentan una historia, puedo ver que son novelables, pero no me interesan. Pero otras sí, como esta historia de un hombre que descuartiza a su mujer luego de cuatro décadas juntos. Me conmovió porque vi que podía encajar con un tema que está en toda mi obra, que es la cuestión mestiza. Ahora bien, el otro asunto es cómo escribirla. Soy un autor que se demora mucho para empezar una novela, pero una vez que la inicio soy rápido.

Una pasión norteamericana

Noto, por el epígrafe de Don DeLillo y la charla previa a la entrevista, que es un atento lector de lo que se produce actualmente fuera de las fronteras.
- Siempre he sido un lector de la novela norteamericana. Desde los clásicos del siglo XX, la generación de Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, hasta los de la segunda post guerra como Philip Roth, Saul Bellow, Truman Capote, o los más recientes como Bret Easton Ellis. La novela norteamericana ha dejado una huella en mí. Por ejemplo, John Dos Passos es un autor casi olvidado, pero para mi generación es importantísimo.

¿Qué es lo que le atrae de esa tradición?
- La vitalidad de la novela norteamericana, aunque esto se ha ido perdiendo últimamente. Pero por lo menos, la novela de esa época tiene una gran vitalidad. Aún obras de autores que no son los mejores como El camino del tabaco de Erskine Caldwell o Viñas de ira de John Steinbeck. Una vitalidad que no encontrábamos en la novela europea, que se había vuelto muy intelectual. Sin embargo, para mí la gran novela del siglo XX es En busca del tiempo perdido. No obstante, la novela norteamericana era muy audaz experimentalmente, y también un lenguaje muy ligado a la vida. Hasta ahora la sigo leyendo.


La novela pendiente
La forma de escribir Una pasión latina se le presentó a Gutiérrez mientras escribía otra novela. Ese libro, que ya había sido pospuesto antes por Confesiones de Tamara Fiol, tiene el título temporal de Se busca a Kymper. El autor confiesa que piensa cambiar el nombre para no confundir con hechos noticiosos que no tiene relación. Dice ya tenerla avanzada y que en ella cuenta la historia de un sujeto, en 1992, perseguido por tres fuerzas: Sendero Luminoso, un grupo paramilitar y su mujer. “Esta última es la más letal”, bromea.

jueves, agosto 25, 2011

The Brooklyn Follies de Paul Auster: De vuelta al barrio

(Publicado en agosto de 2006 en el suplemento Variedades)
El autor de Leviatán y Tombuctú describe en su última entrega al Estados Unidos de la era Bush. Para ello escoge el mejor escenario posible: la ciudad de Nueva York meses antes del once de setiembre.

Nathan Glass, un jubilado vendedor de seguros, después de varios años regresa a esperar la muerte a la ciudad donde creció. Sufre de cáncer, está peleado con su única hija y no tiene buenas relaciones con su ex esposa. Sin embargo, lo que comienza como una pesadilla parece convertirse de a pocos en un cuento de hadas con un final incierto.

El mundo que descubre Glass en la vuelta a su Brooklyn natal pareciera más acogedor que lo esperable. Él, que ha perdido a la familia, va construyendo una nueva con otros solitarios similares. Caminando por el barrio se topa con a una variada gama de personajes que lo acogen como uno más.

Entre los nuevos vecinos encuentra a un ex convicto homosexual vendedor de libros de viejo, su sobrino perdido que ha abandonado una promisoria vida académica para hacer taxi en la Gran Manzana, una despampanante joven madre, una mesera latina y su antisocial marido, entre otros. El protagonista, jubilado y enfermo, gasta sus mejores esfuerzos por hacer de su pequeño universo un lugar ideal para vivir o morir.

A la vuelta de la esquina
Auster recrea en Brooklyn Follies el ambiente que se vivía en Estados Unidos en las postrimerías del gobierno de Bill Clinton y los inicios del de George W. Bush. La variopinta vitrina de personajes sirve para mostrarnos a un grupo de gente atrapados en pequeñas grandes tragedias personales.

Un engañoso manto de normalidad cubre la vida de Nathan y compañía. Sin embargo, la violencia y la intolerancia irrumpen en la trama a la menor oportunidad. La confianza de los personajes en una sociedad ideal - la de su país - se va resquebrajando de a pocos a pesar de los intentos por ocultarlo.

Pero además de una metáfora política, Brooklyn Follies - literalmente "Tontos de Brooklyn" - es un canto a Nueva York como crisol de culturas. Italianos, judíos, irlandeses, latinos, afroamericanos, desfilan en sus páginas en engañosa armonía. Da cuenta, en suma, de una ciudad que no aguarda la tragedia que protagonizará dentro de poco.

En esta novela todos tienen planes inconclusos, proyectos que van dejando de lado o retoman a destiempo. El protagonista empieza a escribir a avanzada edad, su sobrino no se decide a redactar su tesis de doctorado, la hermana de éste nunca encamina su vocación por el arte, y así con los demás personajes.

Algunos de los problemas que aquejan a la nueva familia de Nathan Glass se van superando, otros empeoran y desaparecen. A pesar de todo, el atentado del once de setiembre contra las Torres Gemelas es una constante sombra que se vislumbra en comentarios sueltos de los personajes y en el avanzar del calendario hacia esa fecha fatídica.

Es imposible leer este libro sin tener en mente el contexto internacional actual. Resulta irónico, por ejemplo, la aparición de David Minor, un peculiar personaje secundario que busca regenerar al mundo a la fuerza a través del fundamentalismo religioso.

miércoles, mayo 11, 2011

Cuando los relatos se independizan

Acaba de llegar a las librerías Un sueño fugaz de Iván Thays. Esta entrega, aunque es un nuevo título, contiene material que para los lectores del narrador peruano le resultará familiar. Son, salvo por dos, un conjunto de cuentos que ya aparecía dentro de la novela La disciplina de la vanidad.
Thays explica que siempre tuvo la intención de publicar esta colección de relatos de forma independiente. Sin embargo, en el año 2000 le pareció interesante incluirlos con los demás textos de La disciplina de la vanidad como los ensayos y crónicas.
El narrador comenta que después se dio cuenta que muchos lectores pasaban por alto los cuentos. “Así que quise editarlos solos, como era originalmente. Le añadí un par de cuentos más y el título cambiado y salió el libro”, añade.
Menciona que el parecido en la estructura a su primera entrega, Las fotografías de Frances Farmer – un conjunto de cuentos autónomos unidos por un hilo conductor – no es casual. “Desde esa época me quedé con ganas de hacer una novela en cuentos más obvia que en ese libro, que es más sutil”, precisa.
Añade que no tiene decidido si publicará otros materiales incluidos en La disciplina de la vanidad en una edición aparte. Thays comenta que “eso no lo sé pero me gustaría publicar los fragmentos de reflexión y crítica de manera independiente de la novela”.
Por otro lado, el escritor nacional explicó que se encuentra escribiendo una nueva novela. Este próximo libro todavía no tiene título, sin embargo pudo adelantar que se ambienta en Madrid.

Dato
Desde 1992 en que se publicó Las fotografías de Frances Farmer Iván Thay no daba a imprenta un libro de cuentos.

jueves, marzo 24, 2011

Balas a ritmo de vals

Simón Weiss es un reconocido detective de la policía de métodos poco ortodoxos y que es de origen judío. Se le encomienda resolver dos asesinatos en medio de la ciudad de Lima afectada por el terremoto de 1970, uno es la muerte de un japonés y otro el ahorcamiento de un personaje relacionado a los campos de concentración nazis. Tiene de ayudante a Katón Kanashiro.

Estamos ante un argumento propio de la novela negra, con antihéroes que se mueven con sus propias reglas. Cocainómano e impulsivo, el protagonista no es exactamente un modelo a seguir. Los demás personajes se mueven con similares reglas éticas, asumiendo como normal los ajustes de cuentas y la impunidad. Héroes y villanos se comportan igual de violentos y arbitrarios, siendo la raya que los divide muy tenue.

Pero hay un añadido que la hace distinta a las típicas novelas de detectives, un sabor distinto. Y no porque la acción suceda en una Lima aún criolla, sino por cierto tono exagerado con el que se van presentando los hechos. Por ejemplo, Weiss no es sólo un hábil sabueso y eventual mujeriego, sino que también tiene talento para la música y anima jaranas cada cierto tramo. Letras de boleros y valses se incluyen en la narración. O, para seguir con el protagonista, su don profético que le permite presagiar el resultado de partidos de fútbol.

Es una novela desbordada no ajena a la reflexión sobre la identidad y la pertenencia. No por nada Weiss y su segundo son peruanos de primera generación. Significativo el momento en que el detective observa a la derruida ciudad y la encuentra familiar, mientras que, páginas más adelante, constate que la Lima señorial está dando paso a algo desconocido. Recomendable novela a pesar de tener algunos baches en el que la narración se torna forzada. Esperemos que la dupla tenga más aventuras en el futuro.

Ficha técnica
Acuérdate del escorpión. Isaac Goldemberg (Fondo editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega)

domingo, noviembre 28, 2010

Postales de viaje

El escritor y periodista Enrique Planas acaba de publicar la novela Otros lugares de interés (Alfaguara). Conversamos con él sobre este libro.
¿Cómo surgió la idea de jugar en este libro con el concepto de guía de viajes?
- Siento que esta novela es una suma de procesos fallidos. Cuando tenía 25 años viajé con un amigo en bus a Argentina. Cinco días escuchando los mismos caset y videos. Yo dije: “alguna vez tendré que escribir sobre esto”. Pero también alguna vez quise escribir muchas cosas. Sobre la muñeca de Hans Bellmer, un viaje a Buenos Aires con mi pareja, etc. Todos esos “También quise” que no articularon nunca en una novela, pero sí sumados pueden dar una especie de paisaje, fue lo que me empujó este libro.
En su novela muestra que lo más interesante de un viaje no es siempre el sitio que se promociona.
- Claro. Lo más interesante es lo que llevamos adentro. El destino es siempre una decepción. Por más producido que sea y construido que pueda mostrarse. Nunca alcanza lo que imaginamos de él.
¿Cómo llegó a la muñeca de Bellmer?
- La primera vez que tuve contacto con su obra fue gracias a una invitación a París, vi en el Museo Pompidou la muñeca en la sala de arte surrealista. Me fascinó. Me gasté dos rollos de película de esa época, tomándole a los detalles. Con las fotos reveladas me armé un gran rompecabezas. Y de allí la muñeca se volvió en un “algún día escribiré…”. Pero descubrí que no había casi nada de bibliografía sobre Bellmer aquí. Pensando en eso, me llegó otra invitación para París, justo cuando se realizaba una retrospectiva de él. Un montón de coincidencias. Al final uno siente que toda la realidad estuvo para ayudarte.
¿Cómo es su relación entre su oficio de periodista y la vocación por escribir?
- Son trabajos muy distintos. Desde el momento en que la invención define a uno, y el rigor informativo al otro. Tampoco puedo decir que uno es el refugio del otro, porque aparte que suena huachafísimo, es imposible. Después de escribir en un diario llegas muy cansado para evadirte escribiendo en la noche. Más bien es una permanente pelea de robarle tiempo a la escritura. Te aliena mucho la prensa. Lo que te ayuda mucho es que el periodismo te hace vivir otras vidas. La prensa nos llena de titulares que para un escritor no son más que finales de historias.

“Nadie inventa nada. Uno va sumando, dejando que la sopa vaya cociendo todas las historias que lleva dentro. No se nota, porque ha pasado mucho tiempo de dejarlas asentar para que formen parte de lo mismo. Como es en la vida”


(Foto: Kike Planas en Quito)

miércoles, noviembre 24, 2010

Canto subterráneo

En la década de 1990, mientras las radios locales transmitían pop, salsa o technocumbia, un puñado de personas se resistía a los gustos masivos y seguía fiel a un género surgido una década atrás: el rock subterráneo. Sobre este colectivo trata Incendiar la ciudad, novela de Julio Durán que se editó artesanalmente en el 2002 y que cuya versión más formal acaba de llegar a librerías junto con la selección de relatos La forma del mal.

El artista, cantante y guitarrista de Los Lanzallamas, cuenta que le atraía retratar esa movida de la que formó parte. Menciona que algo que le atrajo de la escena rockera subterránea era la percepción de ser parte de un grupo humano sin jerarquías. “”Me atraía la fuerza de la mancha, a pesar de no estar en los medios y ser pequeña”, agrega.


Guitarras callejeras
En los años en los que ambienta sus ficciones nacía la tercera hornada de bandas de rock subterráneo. El espíritu, aunque contestatario, ya no era igual al de la década anterior. Por eso Julio Durán persiguió en sus textos atrapar ese hálito rebelde que se estaba acabando. “Trato de dar un testimonio de esa época, en los primeros años de los 90”. Pero puntualiza que no trata de calcar la realidad ni ser exacto con los hechos que le inspiran.


Indica que la movida subterránea que conoció era un espacio donde no sólo se hacían conciertos. También se discutían de libros, se gozaba apreciando murales y otras manifestaciones artísticas y en la que los temas sociales eran recurrentemente abordados. Gracias a estas variopintas inquietudes es que Durán leyó a autores que, confiesa, fueron decisivos para que se animara a escribir. Uno de ellos, recalca, fue Jean Paul Sarte y su novela La nausea.


El artista adelanta que no quiere encasillarse. Planea para sus próximas entregas escribir textos sobre temas que atañen a la adultez, como la paternidad, el abandono y las relaciones de pareja.
Foto en las puertas del Averno, Quilca. Tomada de aquí

lunes, noviembre 22, 2010

Nostalgias inéditas

La chilena Claudia Apablaza nos presenta una obra singular. Un libro en el que parece no contarse grandes hechos, o al menos vistosas anécdotas. Pero sin embargo, las pistas que nos va dando página a página sirven para irnos armando un retrato de la protagonista: una chica que aspira con ser escritora, que circula entre Chile post Pinochet y Barcelona, buscando un amor elusivo.

No es casual el subtítulo, la tristeza de la no historia, pues en él se alude a una de las claves del libro: la falta de una trama convencional. La historia avanza y retrocede, y vuelve a narrarse con ligeros cambios, creando en cada vuelta de tuerca una obra más rica.

Eme/a se divide en cuatro partes, y parece empezar de nuevo en cada sección para contar lo mismo pero de forma diferente. Una lectura apresurada puede hacer pensar que es sólo un cúmulo de artificios sin fondo, pero esta idea es errada, una ilusión. Hay una fuerte carga reflexiva y emotiva en sus líneas que requieren de un lector atento para descubrirla.

A pesar del tono melancólico, una de las claves para entender el libro es lo lúdico. La prosa juguetona, de frases cortas y giros ingeniosos, sirve del medio ideal para que la autora aborde temas complejos. El reto de la maternidad enlazado con el miedo a publicar, debates sobre la literatura y la creación, el amor y la soledad, son tocados de forma sugerente.

Respecto a la creación, es imperdible el capítulo dedicado a la búsqueda de un padre, figura que oscila entre Roberto Bolaño ó Nicanor Parra, dos patriarcas extremos en la literatura de su país. Un libro recomendable.
Ficha técnica
Eme/a La tristeza de la no historia
Claudia Apablaza (Altazor)

jueves, noviembre 18, 2010

Una biblioteca en llamas

Daniel, un relativamente joven coleccionista de libros, está internado en un manicomio por el asesinato de su esposa. Su amigo, Gustavo, después de tiempo y a insistencia del paciente, lo vuelve a frecuentar. La sombra de la sospecha de otro crimen vuelve a cubrirlo, y necesitará de la ayuda de su antiguo compañero de lecturas para sortearlas. Entre capítulo y capítulo se incluyen textos delirantes de Daniel que complementan la historia.

Existen dos temas importantes sobre los que gira esta trama en apariencia convencional: lo libresco y la violencia. Decimos libresco no sólo por la afición coleccionista de uno de los protagonistas, sino también porque las referencias literarias que abundan. Algunas en forma de citas textuales, otras moldeando episodios. Es difícil no ver a Daniel leyendo sus textos a los demás pacientes un reflejo de “El evangelio según san Marcos” de Borges, por ejemplo.

Los dos amigos son de un estrato social acomodado y poseen un perfil intelectual, características que no les salvan de darse de bruces con una realidad agresiva. Aunque hay un intento por referirse a hechos sangrientos más allá de nuestras fronteras, la que domina la acción es la violencia política que padecimos. Los rezagos de ésta van condicionando el comportamiento de Gustavo y Daniel y el de las personas que los rodean – la esposa, la paciente, el amigo marino, etc.

Hay que advertir que no se trata de un libro en clave realista. No hay una coincidencia milimétrica con los hechos de la guerra interna, por ejemplo, sin que eso impida describir la época de locura que sufrimos. La densidad sicológica de los personajes no es tampoco necesidad de esta ficción, sintiéndose cierta ambigüedad entre Daniel y Gustavo. Dicho sea de paso, se subraya esta ambigüedad teniendo un personaje tocayo del autor.

No obstante los aciertos de esta novela, también hay algunos reparos que hacerle. Ciertos episodios avanzan repitiendo información, haciendo lenta la lectura. Por ejemplo, la presentación de la hermana de Daniel y su gusto por singulares representaciones teatrales. Otro reparo mayor es el desenlace. Varias páginas antes del final, por los datos proporcionados, es muy sencillo responder el misterio que intriga a Gustavo, por lo que se prolonga innecesariamente. Detalles que no descalifican a El anticuario como un interesante debut en ficción.
Ficha técnica
El anticuario. Gustavo Faverón Patriau (Peisa).
Otros enlaces:

martes, noviembre 09, 2010

En el corazón de la codicia

El nuevo libro de nuestro Nobel es una obra curiosa. La trayectoria de su protagonista – Roger Casement – hace parecer que el Vargas Llosa novelista duda de algunas de las ideas que el Vargas Llosa ensayista y opinante defiende. Por un lado, se exalta una gesta nacionalista – la de Irlanda – y por otro, se hace un retrato crítico del impacto de Occidente en la Amazonía y el Congo.

El sueño del Celta describe los últimos días de Casement, un retirado diplomático de Gran Bretaña condenado por complotar con los nacionalistas irlandeses, esperando la horca. En los capítulos pares se hace un recuento de sus andanzas documentando los abusos de las caucherías africanas y sudamericanas y su actividad política por la independencia de su tierra natal.

Entre el sueño y la pesadilla
Como varios de los personajes de Vargas Llosa, Casement es un idealista. Parte muy joven al África con la ilusión – de acuerdo a la pluma de nuestro novelista – de participar de una cruzada por la mejora de ese continente. Pero lo que encuentra es todo lo contrario.

A diferencia de las tres “C” por las que se embarca lejos de Irlanda – civilización, cristianismo y comercio – descubre que el motor a la mayoría de europeos es otra “C”, la codicia. Palabra clave que se repetirá constantemente no sólo en las páginas dedicadas al Congo sino también a la selva peruana.

Al protagonista lo van afectando el ser testigo de las atrocidades a las que llega el ser humano por ambición. En un logrado pasaje, Vargas Llosa describe cómo Casement, aventurero de vocación, termina magullado al nadar en un caudaloso río africano, obvio símbolo de que no puede quedar indemne quien se sumerge en las aguas de la maldad.

Otro atractivo de este libro para los lectores del arequipeño es ver cómo vuelve a visitar un escenario de alguna de sus mejores historias: la Amazonía. Recordemos que ya en La Casa Verde abordó las pillerías de los caucheros.

Mientras que Pantaleón y las visitadoras y El hablador describen este territorio en una época posterior. Ahora el punto de vista es el del extranjero horrorizado por la explotación de los débiles. Pero también, sorprendido por el compromiso de quienes buscan cambiar la situación.

A pesar de los aciertos, no es una novela redonda. Resiente su lectura un comienzo un poco farragoso en el que se hace una repetitiva descripción de la vida familiar del niño y joven Roger Casement. La última parte, consagrada a sus andanzas nacionalistas, también adolece de ser reiterativa, aunque por lo dramático de la situación – sus últimos días – no estorba tanto al conjunto. Lo mejor son las páginas dedicadas a los informes del Congo y la Amazonía peruana, así como la humana relación que establece un condenado Casement con su carcelero.


Notas relacionadas:
El toque de Midas
Mario vuelve a la selva
Adiós al club de Borges

miércoles, octubre 20, 2010

Entre manicomios y bibliotecas

Un coleccionista de libros está en un manicomio acusado de matar a su esposa. Un amigo suyo investiga el caso. Esa es, a gruesos trazos, la trama de El anticuario, primera novela del crítico chalaco Gustavo Faverón.
La relación entre Gustavo y Daniel me hizo recordar la de Humbert de Lolita con su rival siempre con referencias que sólo podían entender ellos. ¿Iba por allí lo que querías hacer?
- No. De hecho, creo que Daniel y Gustavo manejan códigos parecidos y referencias de cierto tipo, pero no manejan nunca una especie de lenguaje privado o mundo de referencias privadas, como ocurre con los personajes de Nabokov. Lo que hay con ellos es una antigua complicidad que se ha roto y que ninguno de los dos sabe cómo reparar.
Un referente que hace recordar el personaje de Daniel leyéndoles a los pacientes del manicomio es el cuento de Borges El evangelio según san Marcos.
- Borges es siempre una referencia. Y aunque no lo haya pensado al hacerlo, es posible. De hecho, estaba dando un curso entero sobre Borges cuando escribí parte de la novela. Daniel leyéndoles a los otros es como el protagonista de El evangelio según san Marcos leyendo la Biblia a la familia de gauchos irlandeses. También es un poco como las escenas de refundación de la sociedad en El señor de las moscas. Sólo que no es un texto sagrado sino un texto de historia delirante, por decirlo así, lo que él lee. Es una memoria personal y una memoria colectiva. Y partes de él están hechos con textos del Informe final de la CVR.
¿Se puede interpretar a Daniel como una metáfora de la clase alta peruana, ensimismada en si misma, que se entera de la guerra interna por las ficciones?
- Daniel no se entera de la guerra por las ficciones: se entera cuando Juliana (Adela) le cuenta las historias de su infancia y de su adolescencia. Es un contacto directo con una víctima. Aunque el texto de la novela puede leerse metafóricamente, no es un texto alegórico, no es esa mi intención. No quiero que los personajes "representen" clases sociales ni nada de eso, quiero que sean personas en sí mismas, aunque escritas en una clave metafórica.
¿El trabajo de investigación que hiciste para Toda la sangre te habrá servido como insumo para parte de este?
- No, a decir verdad, la novela estaba escrita en sus tres cuartas partes cuando hice el trabajo de Toda la sangre. Hay un episodio en la novela en que Juliana (Adela) le cuenta su infancia a Daniel, como te decía. Hasta ese punto, la novela fue escrita en el 2005. Lo restante lo escribí en el 2008. Pero, claro, algunos de los textos de Toda la sangre los conocía ya cuando empecé la novela. Aunque entiendo que se pueda leer la novela en diálogo con ellos, la verdad es que no la escribí conscientemente como una respuesta o una réplica o un complemento a ninguno de ellos.
Tu descripción de Lima es bien generosa, ese trazado en espiral de las calles que describes es más ordenad de lo que es en la realidad.
- Nunca quise describir a Lima. Al contrario, quise evocar la sensación de la ciudad pero construir otra diferente, con un valor simbólico. Un escenario que enrareciera la narración. La novela, eso creo que está claro, no está hecha en clave realista. De hecho, si te pusieras a reconstruir la cronología de la guerra usando las pocas referencias que hay en la novela, encontrarías que no corresponden a la historia real de la guerra interna, en casi nada. Por eso no usé nunca nombres de lugares reales ni nada similar. Sólo hay un par de referencias al quechua, en la palabra única que dice la chica del manicomio. "Huk", que es "uno" en quechua. Nada más. Pero la intención de contar las historias sobre campos de concentración o sobre el terror en ciudades alemanas, por ejemplo, corresponde a la idea de no hacer una novela únicamente peruana. Por ejemplo, la otra palabra quechua, es el nombre del personaje llamado Yanaúma, que significa "cabeza negra". "Cabecita Negra" es también su apodo. Yanaúma significa "cabeza negra". Él cuenta la historia de un nazi llamado Schwarzkopf. y "Schwartzkopf" también significa "cabeza negra". Que es como llamaban a los infantes de marina en partes de la sierra, y a los terroristas en otras partes de la sierra, pero también es como llamaban a los de la SS en zonas de Europa.
¿Habrá sido largo reunir esos datos?
- No, fue interesante, pero no son datos que busqué, sino datos que encontré por azar.
Después de haber hecho critica tantos años, ¿cómo se vive el estar al otro lado?
- No veo otro lado. Siempre que uno siempre escribe está sujeto a las opiniones de los demás. Entiendo, claro, que una novela puede ser vista como algo particularmente personal, pero yo en lo particular veo en términos muy personales todo lo que escribo.
¿Por qué esperaste tanto para publicar una novela?
- Aunque es verdad que podría haberlo hecho antes, me siento contento de hacerlo ahora. He escrito toda mi vida, tengo otras cosas acabadas y muchas sin acabar. Soy autocrítico, si no no me sentiría cómodo siendo crítico con los demás. Con El anticuario siento que estoy dándole a los lectores algo que vale la pena leer. En principio creo que esa debería ser la norma para todos los que escriben. Sólo me entristece que algunas personas a las que quise mucho no vayan a poder leer la novela jamás.

Enlace
Anterior entrevista por su antología Toda la sangre.

lunes, octubre 18, 2010

Letras guaraníes

Hace poco el paraguayo Juan Ramírez Biedermann publicó El fondo de nadie con la editorial peruana Altazor. En ella cuenta una singular historia de amor entre un preso por delitos financieros y una prostituta. El autor nos da más pistas sobre su libro.
Los personajes principales – Ezequiel y Mariela – parecen descubrir un paraíso en la cárcel. ¿Cómo nació esta idea?
- En realidad no considero que la cárcel descrita en la novela sea paradisíaca. A pesar de tener las comodidades que obviamente jamás tendrían presos comunes, es un presidio, al fin, un lugar en donde está vedada la libertad física. Entiendo que el personaje antes de encontrar un lugar placentero, ha encontrado un espacio en donde la resignación y la indolencia se han instalado. Creo que en ese contexto vive Ezequiel Collado, el personaje de la obra.
¿Qué perseguía al presentar un romance entre un estafador y una prostituta?
- Existe una historia de amores desencontrados que había que tensionarla al máximo. Acaso este argumento podría haber sido desarrollado en cualquier otro contexto. Mas mi intención fue llevarlo al extremo tal de ubicar a los personajes en situaciones límites: estar presos, dedicarse a la prostitución, etc. Es una manera de ver la reacción del ser humano en el marco de los eventos del libro. Honestamente no tuvo como referente ningún libro en mente. Acaso referencias de películas, sí: Expreso de Medianoche, Papillón.
¿Qué fue lo más difícil de describir? ¿Los ambientes de clase alta, la cárcel dorada, el mundo de las prostitutas?
- La cárcel, evidentemente la cárcel. Ocurre que aquel que no estuvo en presidio nunca siempre tendrá el pudor de narrar algo sumamente sensible y a la vez terrible para aquél que sí padeció de ese mal trance.
Usted participó en una gira en el Perú presentando su novela. ¿Qué significó esta experiencia?
- Fue magnífica. Conocí un país maravilloso, de gente notable. Como persona me ha dejado una marca indeleble. Como escritor, creo que ha marcado un antes y un después en mi carrera, definitivamente.

Otra mirada a Paraguay El fondo de nadie narra la historia de Ezequiel Collado en una prisión especial de Paraguay. En ella, los detenidos con cierta capacidad económica viven con cierta independencia y comodidades. Pero también cuenta su vida pasada en el barrio de Las Mercedes de Asunción. Un lugar tradicional de la capital paraguaya en que conserva sus facciones intactas y en las que residieron personajes tan disímiles como Juan Domingo Perón y Joseph Mengele.

miércoles, septiembre 08, 2010

Letras para la tribu

El escritor y crítico Leonardo Aguirre vuelve a la carga con Karaoke, su cuarto libro. En esta novela se cuenta la historia de Wilson Dormani, un escritor atípico, mientras se lanzan indirectas (y directas) al mundo cultural local.

Las peleas menudas del mundo literario peruano son el telón de su novela. ¿No tenía temor que fuera de un pequeño ámbito lo pudieran entender?



- Sí, pero está bien asumido. O sea, es un libro que tiene su público y no espero que me lea el resto de la humanidad. De hecho mucha gente no va a entender muchas cosas allí. Pero qué vamos a hacer.



En el libro, en medio de las referencias al ambiente cultural, hay una historia de un romance que se escapa de ese marco. ¿No le provocaba ir por esa vertiente más que lo literario anecdótico?



- Probablemente en el futuro me vaya más por ese lado que en el terreno que estoy ahora. Estos fueron ensayos que debían ser artículos para una revista que nunca salió. Entonces los incluí para hacer el contraste. Para ejemplificar lo que el protagonista no suele escribir ni le interesa. Nada personal ni realista. A mí sí me provoca. De repente este libro marque el fin de ese filón.



En Karaoke reflexionas sobre los libros que no llegan a hacerse conocidos.



- Sí. Me interesaba la idea del escritor raro, el escritor caleta. El secreto mejor guardado y todo ese tipo de cosas. Algunos ya no son tan guardados, como Carlos Calderón Fajardo que ahora tiene bastante prensa, para bien supongo. Me interesaba ese tipo de autor, que escribe cosas que normalmente no tendrían buena acogida. Relatos antirrealistas, sin ubicación geográfica, que no apelen a enganchar con ningún lector.



¿Cree que muchas veces los escritores se preocupan más por aparecer en prensa que por escribir?



- Sí. Lo que pasa es que el medio nos empuja a eso. Al menos medio el peruano te empuja a buscar aparecer lo más posible en prensa porque el mercado es chiquitito y los espacios para la difusión son mínimos. Eso motiva a los escritores a pelearse con uñas y dientes por aparecer en prensa. Pero eso no tiene nada que ver con la calidad de lo que escriben.



En su libro aparece su foto en la portada y la solapa. Además, en la contratapa aparecen varias puyas contra usted. ¿Tanta exposición no distraerá de la novela?



- Puede parecer una payasada, pero en realidad tienen que ver con los temas del libro como la identidad del escritor, la figura pública del autor, la autoría de los textos, qué tanto hay de la persona en lo que escribe. Son gestos consecuentes con el libro.

Algo más

Hoy se realizará la presentación en el Jazz Zone de Miraflores a las 18.30 horas. Comentarios a cargo de Rodolfo Hinostroza, Francisco Ángeles y Víctor Ruiz Velazco.



Dato

El nombre del protagonista lo toma de los apellidos maternos de su padre y abuelo.

Foto de Rubén Grandez - Andina

miércoles, agosto 04, 2010

Forasteros del mundo

Un extraño festival, realizado en un pueblito de Colorado, Estados Unidos, en el que se pasea una cabeza congelada de un cadáver, es el marco de la nueva novela de Luis Hernán Castañeda. Dos estudiantes peruanos van a curiosear al evento, descubriendo algo más de su identidad de lo que podrían esperar.

¿Su novela se puede interpretar como un homenaje a Arguedas?


- Claro que sí, es totalmente deliberado. La presencia de Arguedas es muy importante en la novela por el asunto del forasterismo. Un tema clásico en él, el no sentirse bien en ningún lugar. Inclusive en la propia patria. En el caso de esta novela es una historia de amor, de dos peruanos que están en Estados Unidos pero no se hallan bien. No sólo se sienten ajenos, sino que no se pueden relacionar con lo que ocurre. Perciben todo como espectáculo, pero no sólo por lo que ven sino por sus lecturas.


Curioso que esta incapacidad de relacionarse también la tienen con la cultura andina, que ven como espectáculo.


- Sí. Son personajes que no se identifican con el lugar donde están, ni con el lugar de donde vienen. No tienen raíces ni en el Perú ni en Estados Unidos. La cultura andina también la ven como un espectáculo en el que no se pueden involucrar. Son turistas en todas partes, incluso en su propio país. Asumen la cultura andina de una forma lúdica, a veces de una forma cínica y perversa, con una distancia cómica que se vuelve contra ellos mismos. Es la incapacidad de los personajes de arraigarse. Lo que les impide hacerlo es una concepción errada de la ironía.


¿Estos personajes representan a una clase social?


- Yo creo que sí. Si los pudiéramos situar socialmente serían parte de una clase media alta extranjerizante, que tiene una actitud cínica y distanciada hacia su país. Es una forma de autodesprecio. Son peruanos, pero no se identifican como tales. Es algo que he notado. Últimamente eso está cambiando por una revalorización de lo peruano. Pero no creo que lo sociológico sea el motor de la novela, aunque sí está presente.

lunes, agosto 02, 2010

Corriendo detrás de monstruos

Madison, un pueblo típico de Estados Unidos, se ve sacudido por una seguidilla de muertes violentas. La mala racha parece cebarse en los más populares de la secundaria local: porristas y jugadores de fútbol americano. Accidentes de tránsito, suicidios y asesinatos producto de la frustración, rompen con la rutina local. Contada de forma coral, esta novela de Paz Soldán nos muestra el otro lado del sueño americano.

La trama gira alrededor de personajes que no se hallan satisfechos con su vida, como la porrista que desea trascender por su intelecto y estudiar una carrera; los gemelos Tim y Jem quienes juegan a ser el otro; el periodista atrapado en un pueblo chico o Webb, un fracasado expulsado del ejército. No importa que su frustración se maquille con Ipod, consumismo, algo de droga y sexo; les falta algo más para sentirse realizados.


El estilo ágil y claro del narrador boliviano no se resiente en esta su primera excursión de ficción en Norteamérica. Logra crear un cuadro verosímil e inquietante, el reverso de la medalla dorada que nos muestran tantas series y películas. Pero también aborda uno de sus temas recurrentes, las relaciones personales, en un contexto nuevo.


Como curiosidad, dos de los que logran sortear el temporal son los más cercanos a la escritura. Una observación menor es que tal vez el personaje del Enterrador, a pesar de no desentonar, tiene una transformación algo precipitada para lo que provoca en las últimas páginas del libro. En suma, es un buen inicio para los libros ambientados en Estados Unidos que ha prometido este autor.


Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán (Alfaguara)

jueves, julio 01, 2010

El futuro ya está aquí



(Quito) En el 2008 vino al Perú la ecuatoriana Gabriela Alemán para participar en la feria del Libro de Lima. Ella será parte de la delegación de su país, invitado de honor de la feria del Libro que se inicia el 22 de julio. Previo a su viaje, conversamos con la escritora en la bohemia plaza Foch de Quito.


Varias de sus obras son de ciencia ficción, género no habitual en la literatura de su país. ¿Cómo se interesó en él?


- Por las lecturas. Algo que considero que es una ventaja es que en el Ecuador no hay ese peso de las figuras fuertísimas, como en el Perú con Vargas Llosa o Ribeyro, o en Colombia con García Márquez y compañía, eso da la posibilidad de abrirte a otras tradiciones con mucha más facilidad. A mí siempre desde pequeña me interesó la ciencia ficción. Uno de mis artistas favoritos era H.G. Wells. Me volvió loca descubrir que escribiera una noveleta situada en Ecuador. A partir de allí me comenzó a gustar más. Descubrí a Philp K. Dick, Octavia Butler, y muchos más.


¿Cómo conjugar ciencia ficción con la realidad de nuestros países?


- Me parece que la ciencia ficción es una forma de entender a América Latina, porque en espacios cortos de tiempo hay unos cambios de siglos. Tú estás en Quito, una ciudad en las que puede haber edificios inteligentes, pero a una hora y media en Mindo ya no hay carreteras. Si tú miras lo que está pasando con la ciencia ficción del primer mundo, las descripciones que hacen del futuro es el presente de América Latina. Octavia Butler se imagina ciudades cercadas para mantener afuera lo bárbaro, y lo bárbaro es lo presente.


Rodrigo Fresán describió a H.G. Wells como el único escritor de ciencia ficción del siglo XIX vigente, porque ninguna de sus previsiones se ha cumplido. ¿Comparte esa afirmación?


- No podría del todo, porque ese libro que te mencioné, El país de los ciegos, es la mejor descripción que conozco de Ecuador: un país que tiene todo pero no puede ver más allá de sus narices. No me lo he pensado como lo ha hecho Fresán, pero sí es un autor muy actual. ¿Cuántas veces se han hecho representaciones de La guerra de los mundos? Allí está la imaginación del mundo metiendo sus peores temores en la figura de un marciano.


¿Salir de la corriente principal de la literatura ecuatoriana dificultó la difusión de su obra?


- No creo que el género lo que lo haga difícil, sino cómo funciona la distribución de libros en Ecuador. No creo que sea muy distinto que la que se da en Perú o Colombia, pero de forma más pequeña. Pero falta muchísimo. El gran paso que falta ahora es el de editores.


En el libro que presentará en Lima, Álbum de familia, abandona la ciencia ficción para hacer cuentos de humor inspirados en hechos reales. ¿Qué le motivó a este cambio?


- Primero, que me encanta escribir cuentos y me hacía falta hacerlo. Ya tenía escritas dos novelas, y me ganó la idea del álbum de fotos. Últimamente he estado recogiendo las fotos de la familia, porque ya nadie las guarda. En esas imágenes había personas de las que nadie quería hablar. De pronto te enterabas que era alguien que se fugo y etcétera. Surgió la necesidad de hablar de las familias, pero no de la mía en especial, sino en el país. Es una forma de acercamiento al tema de la identidad. Saber la historia marginal ayuda a no creer en las esencias ni a pensarnos como un solo ente.

martes, junio 01, 2010

La novela que pudo ser


Hace poco el escritor peruano Julio Ortega presentó en España Los Rivero de Jorge Luis Borges. El texto - que se mantenía inédito y desconocido hasta este año - ha causado expectativa en la crítica por ser tal vez la única referencia a un proyecto de novela emprendido por el autor de El Aleph.



Consultado el intelectual peruano, señala que el manuscrito lo halló en la Universidad de Austin de Texas. Indica que conoce bien las bibliotecas y archivos de dicha casa de estudios en donde él fue profesor, y en la que se han ido reviniendo carpetas con material de Borges. Para lástima de los seguidores del autor argentino, entre ese legado el único texto inédito es Los Rivero.



Ortega también destaca que no existen muchos manuscritos de Jorge Luis Borges. Recuerda por ejemplo que la Biblioteca Nacional de Madrid tiene el manuscrito del cuento El Aleph, así como cartas, postales, libretas de borradores, y algunas copias a máquina en diferentes colecciones, pero poco más.



Los Rivero, que se presentó a mediados de mayo en Madrid, es un manuscrito de tres páginas y un párrafo que constituye un fragmento de un relato que Borges abandonó. La tesis de Ortega es que lo abandonó porque "amenazaba" convertirse en una novela, género del que el argentino descreía. "Le parecía que si una historia requiere 300 paginas es porque está mal contada, ya que una buena historia solo requiere unas cuantas paginas". El fragmento rescatado cuenta la historia de los descendientes de un coronel argentino de las luchas emancipadoras. Ortega considera que Borges se hubiera visto obligado a desarrollar la suerte de cada uno de esos hermanos, "y eso requería una novela".



El intelectual y escritor peruano especula que tal vez no le gustaban las novelas a Borges por la misma razón que le parecían "abominables" los espejos y la cópula: multiplican el número de los hombres. "Las novelas, es verdad, pueden ser abominables cuando multiplican las palabras y los lectores. Salvo que sean muy buenas, y en ese caso pierden lectores y no derrochan palabras", concluye Ortega.

jueves, marzo 11, 2010

La dama aparece

Esta nueva entrega de la serie dedicada al balneario de Cerro Azul, de Mirko Lauer, cuenta la historia de Miranda Saénz, una ficticia intelectual peruana del siglo pasado. Primero, a través de la mirada de la escritora Ana María Mendiola, que es quien primero la imagina y le da nombre y algunas características. Pero después, conforme avanza el relato, la misma Saénz es la que, narrando sus peripecias, toma las riendas del relato sazonado eventualmente con el testimonio o la aparición de personajes como Luis Alberto Sánchez, Abelardo Oquendo, Julio Ramón Ribeyro e incluso el álter ego de Mirko Lauer.

A lo largo de la novela, la vida de la protagonista es descrita desde varios ángulos, como si se tratara de armar un rompecabezas hecho de retazos de chismes.

Musa ocasional, traficante de objetos arqueológicos, dama de alcurnia con amantes diversos son algunas de las facetas de Miranda, de las que se da cuenta con ambigüedad y humor. En ese sentido, genial la escena en la que a la intelectual se le rinde un homenaje en el que pocos de los presentes saben quién es ella.

Mención aparte se merece la ironía que destila el autor. Poner a una casi setentona preguntándose si su gusto por las mujeres mayores califica de gerontofilia es muestra de ello.
La anécdota final, en la que una anciana Miranda hace esfuerzos por recordar a una florista encierra varias de las claves para entender la novela. Bella metáfora en la que la memoria frágil va confundiendo hechos y sentimientos.

Tapen la tumba. Una novela. Mirko Lauer. (Ediciones El Virrey / Hueso Húmero ediciones).

domingo, enero 17, 2010

“Los niseis somos unos peruanos más”

Luego de años de espera, Augusto Higa Oshiro publica La iluminación de Katzuo Nakamatsu. En esta novela narra los problemas de adaptación de un nisei, un tema nuevo que no había tratado en su obra anterior.
El protagonista de su novela es hijo de japoneses, profesor universitario y criado en La Victoria. ¿Es coincidencia o pensado que comparta estas características con Fujimori?
- Coinciden en algunos aspectos genéricos. Yo especifico muy bien el tipo de nisei que estoy tratando. Es un hombre de 58 años, que de algún modo ha bordeado en la infancia todo ese sentimiento antijaponés de los años 40 y 50. No se trata de la segunda o tercera generación que ya son muy distintos. En esa medida hay algunas características genéricas. Son hijos de japoneses muy a la defensiva. Su identidad nacional siempre está en cuestión.
A pesar de los problemas de adaptación de Katzuo Nakamatsu también presenta un abanico de niseis que sí se adaptan, desde empresarios hasta jaraneros.
- Claro, pero en el fuero más íntimo... Yo conozco empresarios que mastican el castellano, a pesar de haber aprendido el japonés recién en el colegio. En el fuero íntimo no les viene la peruanidad como algo natural, sino como algo forzado. Pueden ser jaranistas, bailarines, pero en el interior existe la duda. Ahora la situación ha cambiado. La propia comunidad nos acepta.
¿Por qué escogió como narrador de la novela a un personaje descendiente de inmigrantes?
- Este pata, Benito Gutti, existió realmente. Él era bibliotecario de la sala de investigaciones de la Biblioteca Nacional que ya falleció. Cuando llegué a la parte que necesitaba un nombre para el narrador, leí unas reseñas de Benito Gutti y lo utilicé. Ni siquiera reparé que era descendiente de italiano, pero debe haber alguna similitud. Pero lo que sí estaba seguro era que la perspectiva final fuera de alguien que no fuera de la colonia.
¿Qué opina de las aproximaciones a la inmigración japonesa desde la literatura peruana?
- Esta Bryce Echenique, Vargas Llosa en La Casa Verde, en El Sexto de José María Arguedas hay un japonés vagabundo. Hay montones de ejemplos. Como ha sucedido en la vida diaria, el japonés ya no es una cosa folclórica, ya no es el chino de la esquina. Ahora es un peruano más con un apellido raro, pero que se comporta normalmente. Por ejemplo, ahora prendes el televisor y ves a Iwasaki, Miyashiro, Carla Harada, y es normal. Forma parte de la nacionalidad.

Datos

En estos días trabaja en un proyecto de novela ambientada en La Victoria a fines de 1980. Los temas que abordará serán el pandillaje, el terrorismo y la sindicalización, y contará con personajes niseis.
Augusto Higa Oshiro perteneció al grupo Narración, junto con Oswaldo Reynoso y Miguel Gutiérrez.


Publicado hace un par de años en El Peruano.

miércoles, diciembre 02, 2009

Embelleciendo la locura

En 1992 apareció la novela Teorema del anarquista ilustrado de Enrique Verástegui como parte de una trilogía titulada Terceto de Lima. Más de una década después, vuelve a las librerías gracias a editorial Altazor.
Usted contaba que este libro lo escribió en una semana sin modificar. ¿Qué tanto hay de leyenda en esto?
- Parte es leyenda, parte es cierto. Esta nueva edición no tiene ninguna corrección respecto a la primera edición de 1992.
¿Cómo surgió la idea de este personaje?
- Es una novela sobre la locura, que como diría Erasmo de Rótterdam es necesaria porque alegra la vida. Se trata de la experiencia de un joven de 20 años en el manicomio del Asesor, que es internado por sus familiares y trata de huir de allí en un partido de basket.
¿También se podría ver entender como un elogio al ser distinto?
- Sí, pues. Está ambientado en la época en que está muriendo el movimiento hippie, y los pocos que quedan son encerrados en el manicomio. Además, el personaje hace una metáfora de la ciudad con el manimomio.
¿Lo motivó alguna experiencia personal escribir esta historia?
- En parte es real, y en parte es irreal en la medida que es imaginario. En los años 70 tuve una experiencia con el hospicio por dos meses que me llevó a plantearme reflejarla en un texto literario. No tanto la experiencia biográfica, sino lo que he visto. Pero lo he embellecido, porque la locura es una experiencia sórdida.
¿Existe un idealismo cuando se habla de locura?
- Sí, porque la locura es la metáfora de la aventura. Siempre abundará ese idealismo respecto a la locura.
¿En qué género se siente más cómodo? ¿En narrativa, poesía, ensayo, teatro?
- En todos los géneros me siento cómodo. Yo pensaba dividir mi vida de tal forma que para la vejez me iba a dedicar a los cuentos. Tengo un libro de cuentos, y espero publicarlos alguna vez para continuar escribiendo cuentos. No abandono poesía. He hecho ocasionalmente teatro y tengo una novela de ochocientas páginas que pienso publicar cuando encuentre editor.
Se cuenta que Mario Vargas Llosa le alabó su novela.
- Sí, es verdad. Y también la alabó Julio Ramón Ribeyro. Él me mandó a decir con Patricia de Souza que le había gustado mucho. A mí, personalmente, Mario Vargas Llosa me dijo que no sabía si estaba ante un estudio de sicología, sociológico o ante pura ficción.
¿Qué le parece Vargas Llosa?
- A mí me gusta.
¿Cuál es el autor de literatura peruana que más le gusta?
- Julio Ramón Ribeyro me ha gustado siempre por Crónicas de San Gabriel. Y José María Arguedas por Los ríos profundos. Esta novela tiene una fuerte influencia de Arguedas al describir los paisajes en la segunda parte.
¿Qué está leyendo últimamente?
- Leo mucho, pero cosas nuevas. Sobre todo ecología.