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lunes, septiembre 02, 2024

El militar bueno: una reivindicación inesperada en la película Tatuajes en la memoria de Lucho Llosa

Tatuajes en la memoria es la versión cinematográfica de Memorias de un soldado desconocido de Lurgio Gavilán, dirigida por Lucho Llosa y que está en estos días en cartelera.

La historia, como muchos recordarán, es cómo un niño, el propio Gavilán, se enrola en Sendero Luminoso para seguir a su hermano. Y cómo, tiempo después, es salvado de ser ajusticiado por ronderos por un oficial del Ejército del Perú. 

Luego, ese niño ya adolescente sirve al país como soldado, y más tarde, se vuelve sacerdote. 

Me ha sorprendido - o tal vez no tanto - la reacción negativa que ha generado en algunos comentaristas habituales de cine.

Entiendo, y comparto, algunos reparos formales: detalles como el nudo inmóvil de una horca, una que otra actuación que no encaja con el tono de las demás, problemas con la cronología de la narración.

Incluso, las contadas veces que se usa la voz en off me parece innecesaria.

Pero lo que se aprecia en la sala de cine es una película de buena factura, que juega con los tiempos. 

El protagonista, mostrado como un joven, viaja a su pueblo natal y no puede dejar de recordar. El relato está sazonado de flashbacks que se repiten una y otra vez. Incluso, lo primero que sabemos del protagonista, es una pesadilla con imágenes cortas y sangrientas de su experiencia.

Pero no creo que sean estos detalles los que molesten a los habituales cinemeros, sino un motivo que casi no es cinematográfico, sino ideológico: la aparición del militar bueno.

Shogún, el héroe incómodo

Quienes han leído el libro o han visto la película recordarán al teniente Shogún, ese oficial anónimo que salvó la vida a un niño metido de terrorista.

No quiero spoilear más la película para que cada quién saque sus propias conclusiones.

Sin embargo, creo que la clave de la historia está en la primera charla que tiene Shogún con el menor levado por los senderistas.

En esa conversación, casi un monólogo, dice unas cuantas frases que nos dan otra perspectiva de la época de la violencia terrorista, que algunos se empecina en llamar "conflicto armado interno".

El oficial dice que ninguna de esas muertes violentas que vio el pequeño Lurgio hubieran sucedido si Sendero Luminoso no se levantaba, y que no habían conseguido nada.

En su casi monólogo, Shogún agrega que personas como el niño al que le está hablando son en realidad víctimas engañadas.

Esa descripción de los hechos, en las que se subraya la culpa de Sendero Luminoso en el baño de sangre al que nos empujó, es muy poco frecuente en la cinematografía peruana. 

Hago memoria y recuerdo Vidas paralelas de Rocío Lladó. También sufrió críticas feroces en su momento por dar una versión favorable a las Fuerzas Armadas. Y también es cierto que tenía algunas fallas en la puesta en escena, fallas que no tiene Tatuajes en la memoria.

Después, no recuerdo retratos de militares que se hayan comportado con rectitud en zonas de emergencia. Siempre tenían una mancha, por lo menos.

Sobre policías tenemos La hora final de Eduardo Mendoza, basada en el libro de Carlos Paredes sobre la captura de Abimael Guzmán o el documental Con el alma en vilo de Luis Enrique Cam sobre desactivadores de bombas.

Pero de militares, que hayan luchado dentro de la legalidad contra la subversión, no se me viene un nombre más de película que llegara a estreno comercial a la mente.

Tal vez se me ha pasado algún título. Pero igual, el "militar bueno" es el caso marginal de nuestra filmografía.

Y no porque no haya existido en la vida real - el caso de Shogún es un ejemplo - sino por otras motivaciones.

Vale recordar que esta película fue rechazada cuatro veces de recibir los estímulos económicos que concede el Estado para promocionar el cine nacional. Y con guion de Mario Vargas Llosa, en la que tal vez sea su última obra de ficción. 

Estímulos que sí se concedieron para hacer una apología, casi hagiografía, de un militar: el tirano Juan Velasco Alvarado. 

Habría que replantear cómo se conceden estos estímulos, rotar más a los jurados y que estos representen diferentes formas de pensar, para que las películas apoyadas no sean una cancina repetición de prejuicios.

Sea como fuere, allí nos dejó Lucho Llosa el retrato de Shogún, en recuerdo de aquellos militares correctos e idealistas que combatieron a esas hordas cobardes, fanáticas y sanguinarias de Sendero Luminoso y MRTA.





miércoles, agosto 07, 2024

Rechazan cuatro veces guion de Mario Vargas Llosa o no hay plata para tanta gente


Dentro de poco llegará a las salas de cine "Tatuajes en la memoria", proyecto personal de Lucho Llosa.

El largometraje es una adaptación libre de "Memorias de un soldado desconocido" de Lurgio Gavilán y cuenta con el guion de Mario Vargas Llosa.

En las entrevistas que ha dado el cineasta sobre la película ha mencionado un hecho que ha pasado desapercibido: su proyecto postuló a los incentivos que da el Estado en cuatro oportunidades y no fue aceptado.

El director lo ha tomado deportivamente y se preocupa de resaltar otros aspectos de la película. 

Sin embargo, llama la atención el rechazo de financiación a esta película.

Mucho se ha hablado sobre la ley de cine, asegurándose que sin los estímulos no habría posibilidad de conocer diferentes puntos de vista de la realidad nacional y otros argumentos similares.

Pero la realidad es que desde hace buen tiempo estos fondos han servido, cuando se trata de filmes de la época del terrorismo, a privilegiar una visión de cierta izquierda.

Se ha esgrimido que otros sectores no se han interesado en el tema, lo que no es exacto.

No importan los hechos, sino quien los cuente

La historia de Lurgio Gavilán es la de un niño de un pueblo de Ayacucho que, por seguir a su hermano, se enrola en Sendero Luminoso. Luego, un oficial del Ejército le salva la vida y termina de recluta.

La experiencia de Gavilán, actualmente catedrático universitario, es una fuente de primera mano sobre esos aciagos años. 

Es un lujo que Vargas Llosa adapte esas azarosas vivencias. Sin embargo, en cuatro ocasiones jurados diferentes le han dicho no a otorgar financiación del Estado a "Tatuajes en la memoria".


Lucho Llosa, por otra parte, no es un recién llegado al mundo del cine. Ha dirigido producciones de Hollywood y ha sido parte de varios proyectos audiovisuales. Más allá que a uno le guste o no lo que ha hecho, no se le puede negar experiencia.

Visto en frío, sin conocer al detalle el proyecto, parecería el tipo de película para la que se crearon los fondos públicos para el cine. Pero no, no es así.

Hay un detalle que no se puede obviar: Vargas Llosa es de derecha liberal. Yo no comparto su posición ideológica - soy de izquierda democrática, militante aprista para más señas - pero no puedo negar su talento.

Y creo que por allí va la razón de esta reiterada negativa. 

Hace unos meses hubo una polémica entre el periodista Francisco de Piérola y el cineasta Joel Calero por la subvención que recibió el segundo por su película "La piel más temida".

La trama del filme, resumida, es sobre una hija de un terrorista de Sendero Luminoso, criada en Suecia, que regresa al Perú y conoce a su familia paterna.

El debate que suscitó es una muestra de lo sensible que aún somos para hablar sobre esa época de violencia y lo difícil de escuchar posiciones contrarias.

En ese contexto, hasta le cae el veto al único premio Nobel que tenemos por no ser afín a esa izquierda que quiere monopolizar la "narrativa" sobre lo que llama el "conflicto armado interno". 

Por suerte, Lucho Llosa se las ha ingeniado para sacar adelante su película. Puede ser buena, mala o regular, pero no le ha costado un sol a los peruanos. 

lunes, junio 24, 2013

Morgana Vargas Llosa: “Quería reencontrarme con la ciudad que dejé a los 13 años”

En las estaciones del Metro de Lima se estuvo exhibiendo la muestra “Mírame, Lima”, hecho en forma colectiva por los fotógrafos Morgana Vargas Llosa y Jaime Travezan y el director artístico David Tortora. Ahora está en el parque de la Amistad en Surco. Conversamos con Morgana al respecto.

Sus trabajos anteriores son más periodísticos que el actual, que es más artístico.
- Es un cambio radical. Yo me formé en fotoperiodismo. Eso me ha apasionado siempre. He trabajado en el diario El País por doce años. Pero cuando tuve a mis hijas, se complicaba un montón. Tuve que parar unos años. Cuando regresé retomé mi carrera, pero debía haber un cambio. No está mal reinventarse.

Supongo que algo más propio que los libros que hizo antes, siguiendo el trabajo de tu padre.
- También eran trabajos súper propios. Eran reportajes gráficos. De hecho, los libros que hice con mi papá, son él que me ha venido a ver a mí. Yo fui seis meses a vivir a Irak y le dije si no quería hacer un reportaje. Trabajaba en el diario El País y me mandaron a cubrir por ejemplo el conflicto Israel-Palestina y mi papá venía de reportero. Yo tomaba las fotos, y el se encargaba de las entrevistas, porque para escribir soy negada.

¿Cómo surgió esta idea distinta a lo anterior?
- En realidad, no es tan distintas. Es un tipo de fotografía que trata de contar historias y mostrar una realidad como la vemos nosotros. Lo que varía son los mecanismos empleados. El hecho de tomarnos la libertad de usar el photoshop. Otro es la planificación. En el periodismo gráfico dependes más de tu instinto y de lo que te encuentres.

¿Qué tal trabajar en equipo?
- Por suerte, somos muy amigos. Justamente salió de conversaciones. Yo quería reencontrarme con mi ciudad, que es muy distinta a la que yo dejé a los 13 años de la que todos querían irse. Cuando volví no era muy consciente de cómo era la ciudad. Uno vive aislado en pequeñas burbujas. Esta ciudad es gigantesca, caótica, mal comunicada. Tenía la necesidad de conocer la Lima de hoy.

Han expuesto en Londres, Nueva York, en el MAC, y ahora en las estaciones del tren. ¿Qué les emociona más?
- Todo me parece importante. Me parece importantísimo que tengan en el extranjero otra mirada de cómo somos. Sin embargo, para mí siempre ha sido un sueño llevar las fotos a la calle, al encuentro de personas que se les complica ir a galerías. A mí siempre me ha fascinado esta idea desde que expuse hace años en el Fotomuseo de Bogotá, que no tiene lugar fijo y exhibe en toda la ciudad.

miércoles, mayo 22, 2013

¿La fiesta del Chivo, una novela española?

La elección de La fiesta del Chivo del arequipeño Mario Vargas Llosa como la mejor novela española del siglo, en una nota publicada por el diario madrileño ABC, generó polémica entre diversos narradores peruanos. El motivo es que ven a su autor como parte de la literatura nacional más que como de la del país europeo.

Por ejemplo, Thays consideró este hecho como "extraño". "Me imagino que a los españoles no les debe hacer gracia que la mejor novela española del siglo XXI la haya escrito un peruano", comentó a la Agencia de Noticias Andina.
Thays manifestó que lo de la doble nacionalidad del premio Nobel, peruana y española, "es solo un asunto burocrático". "Vargas Llosa es peruano para todos los efectos menos el fiscal", aseguró el narrador.
Diego Trelles, ganador del premio Francisco Casavella por su libro Bioy, puso en tela de juicio la rigurosidad de este listado.
"Aunque Vargas Llosa tiene ambas nacionalidades –la peruana y la española– la lista hubiera sido más rigurosa y lógica, para mí, si solo se hubieran considerado a los escritores nacidos en España o si abarcaba a todos los autores de la lengua española", declaró al diario oficial El Peruano.


Novela brillante
Por su parte, Gustavo Faverón, autor de la novela El anticuario, destacó que el número uno de esta lista del diario ABC sea una novela que "claramente no es española". "Te dice que la novela española no pasa por su momento más brillante", añadió. "Simplemente no hay una novela española que les suene verosímil nombrar 'la mejor del siglo'", añadió Faverón.
Otro hecho que destacaron los escritores consultados es que, si se preguntara en general cuál sería la mejor novela del siglo XXI de todas escritas en español sin importar el origen de su autor, La fiesta del Chivo tendría la competencia de 2666 de Roberto Bolaño.
Para Trelles, la novela de Vargas Llosa es una excelente obra, pero la mejor, desde su perspectiva, de las que se han publicado en este siglo, es 2666 de Roberto Bolaño.


Legado de Bolaño
Al respecto, Faverón recordó que "Bolaño era más español que Vargas Llosa, escribió todas sus novelas en España y vivió ahí sin interrupciones desde los 24 años, pero ni siquiera lo consideran porque no tenía doble nacionalidad. Es una lista absurdamente confeccionada".
En esa línea, Thays señaló que de preguntarse por la mejor novela del siglo en idioma español, el libro de Vargas Llosa sobre Luis Rafael Trujillo sería una favorita. "Merecería ganar, aunque probablemente disputaría el trono con 2666, de Bolaño", anotó.

sábado, junio 30, 2012

Algunos apuntes luego de una obra de teatro de Vargas Llosa


Acabo de ver el montaje que ha hecho  Teatro del Horizonte de Ojos bonitos, cuadros feos de Mario Vargas Llosa en la sala del Cafae-SE. Un montaje austero y correcto que este domingo deja Lima para ir a una gira por provincias. Su punto más alto es el cínico crítico de arte que interpreta Reynaldo Arenas. Pero no es la puesta en escena, con sus aciertos y fallos, de la que quiero hablar, sino la misma historia escrita por el Nobel que me ha dejado algunas interrogantes. (1)

La obra gira alrededor del encuentro del novio de una artista con un crítico de arte. El galán, marino de profesión, quiere vengar la afrenta que cometió el comentarista al publicar un artículo lapidario sobre la única muestra de su amada, nota periodística que, según el enamorado empujó a la chica al suicidio.

Yo no tuve la suerte de ver la primera puesta en escena de esta obra, a mediados de los noventa, por lo que no sé si en ese entonces también se cargaron las tintas en el reproche hacia el crítico despiadado. Pero por lo que recuerdo de mi lectura del texto, publicado hace unos años, era una de las opciones válidas que daba la obra.

Lo que me causó cierta intriga es lo que parece sugerir la obra sobre el papel del crítico. Me explico. El novio de la pintora suicida se siente con la suficiente autoridad de confrontar, e incluso humillar, al cruel guía del buen gusto limeño. Aunque al final se da a entender que ni uno ni el otro sale victorioso del encuentro, lo que se ve en escena es que el crítico es ridiculizado por la fuerza del vengador de la aspirante a artista. Sus ironías finales no limpian mucho la situación.

¿Qué es lo que se le reprocha al comentarista de arte? ¿El no haber considerado, como se dice en algún momento, todo el esfuerzo que le demandó a la joven preparar la exposición que demolió en unas cuantas líneas? El crítico no da la impresión de haber actuado particularmente severo con la chica. Más bien, confiesa actuar severo con todos los jóvenes. Digamos que no da pistas de medir con diferente vara a los artistas. Es, en cierta forma, ético, más allá de la antipatía que se le pueda tener y aunque peque algo de mala leche.

Sé que una obra puede terminar diciendo y defendiendo ideas totalmente distintas a las que el autor suscribe. En este caso en especial, me hizo recordar las varias veces que Vargas Llosa ha alabado el papel de los críticos. El Nobel ha recordado cómo más de uno le ha ayudado a entender mejor su obra. El trabajo del escritor termina cuando da su obra a imprenta, y que de interpretar el texto se encarguen los lectores, ha dicho de una u otra forma innumerables veces. Pero hago memoria y no recuerdo alguna crítica negativa de su obra que él diga que le sirvió o que le parece valiosa. Tal vez me equivoque, y algún memorioso me corrija.

Pero volviendo a la obra de teatro en cuestión, la sensación que me dejó es que postula que un crítico tiene que tener tacto a la hora de escribir sus reseñas, no vaya a herir las susceptibilidades del artista. Como rezaba esa canción de la Polla Record, “tuyo es el poder, tuyo es el espacio en el papel”. El crítico tiene una responsabilidad, estoy de acuerdo, pero no en el sentido en el que parece sugerir la obra de Vargas Llosa. Es cierto que, al final, se atempera la responsabilidad del crítico en el suicidio de la pintora – el miedo al matrimonio y a la vida burguesa, antes que la crítica, serían el motor de la decisión de quitarse la vida – pero sigue habiendo un reproche hacia el comentarista que no repara en los sentimientos de los creadores. Para mí, ese reproche está mal encaminado.

Guardando ciertas formas, un crítico puede y debe decir si una obra le parece mal, bien, regular, extraordinaria o simplemente no le provoca nada. Explicando por qué de su opinión, claro. Es lo que creo. Si no lo hace, está mintiendo. Y un artista debe saber que no todos le aplaudirán cuando haga algo. No es motivo para abandonar una vocación. Y si lo hace, es que tal vez no es su vocación. Imagínense lo que hubiera sido Chris Ofili y su caca de elefante de hacerle caso a cierto artículo lapidante de… Vargas Llosa.

(1) Si no conoce la trama y quiere mantener el misterio, le recomiendo dejar de leer acá. Pero si no tiene ese reparo, o ya conoce la historia, entonces, adelante.
(La segunda imagen corresponde a una muestra de Chris Ofili tomada de la web de The Guardian)

martes, mayo 29, 2012

Cuestionan opiniones de Vargas Llosa sobre arte

La situación del arte actual que tanto lamenta el premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa se debe al mercado. A esta conclusión llegaron los artistas plásticos nacionales Piero Quijano y Marcel Velaochaga y la curadora Élida Román.

Hace poco salió al mercado el libro La civilización del espectáculo en la que el narrador arequipeño reunía algunos artículos pasados y ensayos recientes. Esto ha motivado que se vuelvan a discutir algunas de las ideas que él propone sobre lo que llama la frivolización de la sociedad. Uno de los aspectos que aborda es el arte.

Reflexión
Para Élida Román aún está fresco el revuelo que causó hace unos años el artículo "Caca de elefante", incluido en el último libro del Nobel. Reconoce en el escritor su capacidad de hacer textos que sirvan de acicate para el debate. Sin embargo, tiene varias observaciones que hacerle.

Por ejemplo, Vargas Llosa se escandaliza del material que utiliza el africano Chris Ofili en sus obras y que inspira el título de su nota periodística. Román hace notar que en la etnia de Ofili este producto no goza de la connotación que se le da en occidente.

"Lo que está falto de contexto se presta a interpretaciones de todo tipo", aseguró la especialista. Indicó que estamos en una época bisagra y que tal vez al Nobel le cueste ver cómo sus paradigmas ya no son los actuales.
Sin embargo, en parte coincide con él al señalar que impera ahora "un sistema que es manipulador" por el que se ha distorsionado la difusión de temas culturales. Asimismo, que las obras de arte se han convertido en productos de refugio, por lo que el tema estético ha pasado a segundo plano en el mercado del arte en beneficio de la especulación.

Postura similar tiene Marcel Velaochaga, conocido por ser el autor de una nueva versión de Los funerales de Atahualpa de Luis Montero. Él señala que en parte tiene razón Vargas Llosa en sus lamentos, pues ahora "cualquier cosa puede ser llamada arte". Sin embargo, precisa que eso se debe en gran medida al sistema económico que tanto ha impulsado el novelista: el neoliberalismo. "En parte tiene razón, pero es exagerada su postura", comentó sobre la nostalgia del Nobel de una forma de valorar las creaciones artísticas.

Sin embargo, Piero Quijano se pregunta "quién va a decidir qué es parte del canon". Para este artista plástico "toda la situación actual la ha creado el mercado y éste no se va a detener". Para Quijano es difícil delimitar qué es lo que vale y qué no. "Es muy complejo para decidirlo tan simplemente", concluyó.

viernes, abril 06, 2012

Confesiones de un Nobel


El miércoles en la noche Mario Vargas Llosa participó de un conversatorio en el centro cultural Inca Garcilaso de la Cancillería. Acompañado en la mesa por los también escritores Antonio Cisneros, Guillermo Niño de Guzmán y Fernando Ampuero contestó las preguntas de sus colegas que iban desde por qué no trabajaban Los Inconquistables, el grupo de bohemios piuranos que protagonizan La casa verde, hasta cómo le ha influido el cine, pasando por el valor que le da a la fidelidad histórica en sus novelas y la homosexualidad como tema literario.
En la charla que duró alrededor de hora y media y que sirvió para que el Nobel peruano hablara de su última publicación, el ensayo La civilización del espectáculo, comentó por ejemplo que tiene como norma no tener certezas o buscar demostrar algo al momento de empezar un texto de ficción.
“Cuando he tenido una tesis o una convicción que quería defender, he escrito un ensayo, un artículo, he dado una conferencia, pero para mí la novela no puede ser un instrumento de divulgación, en que la anécdota es un mero epifenómeno”, mencionó. “La meta del escritor es hacer creer al lector que lo que está leyendo es cierto, y eso no se consigue si percibe que le quieren vender un contrabando de tipo ideológico”, añadió.
Otra clave que dio sobre su obra es que la última palabra acerca de ella siempre la va a tener el público. Esto a raíz de la pregunta de Ampuero sobre cuál era el motivo que Los Inconquistables no trabajaran. “Eso me hace recordar a un muchacho que hace poco me preguntó en Arequipa si el Jaguar mataba al Esclavo o no, o lo que contesté “no sé””, recordó.
El escritor peruano luego narró una anécdota en la que el primer editor al francés de La ciudad y los perros le llegó a convencer en una charla de que el Jaguar sólo se atribuía el crimen para recuperar su autoridad ante sus compañeros. Vargas Llosa señala que a pesar de haber estado convencido cuando escribió la novela que el Jaguar cometía el homicidio, tuvo dudas luego de esa conversación.
“El escritor no tiene la última palabra sobre lo que escribe, eso es una tontería. Eso está en manos del lector”, aseguró. Sobre Los Inconquistables reveló que el origen de este grupo de amigos bohemios en personajes reales de Piura de clase media venida a menos. “Es una clase de bohemia que se daba en toda Latinoamérica. No trabajaban porque podían vivir sin trabajar. Algo que a un académico británico de los años sesenta le costaría entender”, mencionó.
Historia y ficción
El Nobel arequipeño también recalcó la idea de que la fidelidad histórica le tiene sin cuidado al momento de escribir una novela, pero que ese no es impedimento para que haga una investigación exhaustivo del tema que va a escribir. Dijo que eso lo hace para ser capaz de crear la ilusión de lo que escribe es la realidad.
Sobre la homosexualidad como característica de varios de sus personajes indicó que no ha buscado demostrar ninguna tesis. Sin embargo, mencionó que darles esta condición ha respondido a ciertas causas. Por ejemplo, en Historia de Mayta su opción sexual recalca lo marginal de su condición. En el caso del Paul Gauguin de El paraíso en la otra esquina indica que es para mostrar el mundo peculiar que encontró el personaje histórico en la Polinesia en el que los roles de género no se manejan igual que en occidente.

jueves, octubre 06, 2011

Cuando el Nobel fue blanquirrojo

Hace un año – días más, días menos – los peruanos nos acostamos sin mucho interés en los premios que por esta época entrega la Academia Sueca y amanecimos con un Nobel en casa. La fiebre que se vivió en nuestro país la debe experimentar en estos momentos alguna otra nación. Otro escritor* – tal vez habitual en las cábalas, tal vez desconocido – ahora es el centro de la atención de los amantes de la lectura.
Vargas Llosa, en una entrevista reciente, bromeaba diciendo que por fin iba a poder descansar de tanta actividad y tendrá tiempo para escribir cuando se sepa quién será el nuevo Nobel. Bastante de razón tiene. Desde ese primer jueves de octubre de 2010 en que una llamada de Estocolmo lo despertó no ha dejado de estar en el ojo de la noticia.
Sin ir muy lejos, esta semana estuvo en Madrid junto al Príncipe de Asturias y un grupo de intelectuales de primer nivel anunciando el proyecto de la cátedra que lleva su nombre. Una vorágine de actividades y presentaciones que no ha parado y que él calificó en su momento como un torbellino
Los homenajes no cesan en diversas partes del orbe, acompañado de un aumento exponencial de la venta de sus libros y múltiples traducciones. Sin embargo, más allá de su universalidad, el autor no ha perdido oportunidad para mostrar su orgullo por la tierra en que nació y en la que recrea una gran parte de su obra.
Por mucho tiempo tendremos presente su discurso de aceptación del premio, dado en diciembre del 2010, cuando, además de llorar al mencionar la importancia de su esposa en su carrera, aseguró enfático que “al Perú lo llevo en las entrañas”.
Se trata de un escritor atado a su terruño, que se emocionó más con el homenaje que le hizo su equipo de fútbol peruano, Universitario de Deportes, que el que le hizo el Real Madrid. Un autor pendiente que, más allá de su fama, no deja de comprometerse con lo que suceda acá. Por ejemplo, encabezó hasta mediados del 2010 la iniciativa para la creación del Museo de la Memoria. O, más recientemente, no dudó en dar su opinión cuando se la pidieron durante la reciente campaña electoral, teniendo la posibilidad de abstenerse.
Es de suponerse que la espiral de compromisos en la que está decaerá luego del anuncio de esta madrugada de la Academia Sueca. Un nuevo escritor experimentará lo que es ser Nobel, mientras que Vargas Llosa regresa a lo suyo. Y nosotros, sus lectores, volvemos a esperar un nuevo libro suyo.

* A esta hora ya se sabe que es el poeta sueco Tomas Tranströmer. Mucho gusto.

Foto: Rita de Carlín. Ilustración: Tito Piqué.

domingo, diciembre 12, 2010

El torbellino de un premio

Algunas líneas sobre cómo afectó el Nobel a las actividades del novelista arequipeño. Un recuento de su agenda desde el anuncio de su premio hasta su viaje a Estocolmo. Este texto iba a ser parte del suplemento del diario El Peruano, pero por espacio quedó guardado.

Desde la madrugada del siete de octubre, en que una llamada de Estocolmo, interrumpió su lectura de El reino de este mundo de Alejo Carpetier, Mario Vargas Llosa vio alterada su disciplinada rutina. Según ha confesado, tiene tantas cosas en la cabeza que le está costando dedicarse a su pasión: escribir.

Ha recibido innumerables felicitaciones desde todos los rincones donde ha dejado su impronta. Su natal Arequipa, la ciudad de Cochabamba de su niñez, Piura, e incluso de los equipos de fútbol de los que se declara seguidor. Pero en medio de esta vorágine de buenos deseos y del acecho de la prensa, el narrador se ha dado maña para cumplir con algunas actividades.

Por ejemplo, en la misma semana en la que se dio la noticia del premio, el autor de La tía Julia y el escribidor continuaba dictando clases como profesor visitante en la prestigiosa universidad de Princeton, en Estados Unidos. Obviamente, dedicó algunos momentos a comentar la distinción con sus alumnos. Y, como era de esperarse, los entretelones de esa primera lección se difundieron por los medios de comunicación.

Menos de un mes después estaba en España presentando su más reciente novela: El sueño del Celta. Demás está decir que el título ya era un éxito de ventas aún antes de llegar a librerías. En el evento de lanzamiento, realizado en la Casa de América de Madrid, el intelectual arequipeño recalcó su intención de nunca retirarse pues "la muerte me encontrará con la pluma en la mano".

Unos días después de la presentación de la novela, Vargas Llosa se desplazó al Real Teatro de las Cortes de la ciudad española de Cádiz. Allí recibiría un nuevo homenaje: el premio a la Defensa de la Libertad de Expresión y de los Valores Humanos otorgado por la Asamblea Internacional de Radiodifusión. En España también realizó sus últimas actividades pública previa a la agenda del Nobel. El viernes 3, antes de partir rumbo a Estocolmo, fue declarado hijo adoptivo ilustre de Madrid, ciudad en la que reside gran parte del año. Al día siguiente dio el play de honor en un partido del Real Madrid, equipo del que es hincha.

Pero en todo este tiempo no se ha privado de hablar y opinar de los más diversos temas. Por ejemplo, el riesgo, desde su punto de vista, de la banalización de la literatura debido a los libros electrónicos; advertir de los retrocesos de la libertad de expresión; manifestar su postura liberal respecto a las drogas y expresarse sobre temas políticos varios. El único tema que se privó de hablar por una cuestión de protocolo fue el de su discurso ante la Academia Sueca.
(Foto usada en varios medios tomada por EFE)

Arguedas y Vallejo llegan a Estocolmo

Algunas ideas sobre el discurso que diera Vargas Llosa ante la Academia Sueca. Este texto lo publiqué como columna en el suplemento que lanzara el diario El Peruano este sábado 11.

El martes nuestro novelista más exitoso tuvo una tribuna inmejorable: la Academia Sueca. Los poco más de 50 minutos sirvieron para que Vargas Llosa mencionara a numerosos autores que lo han marcado. Como el apasionado a la lectura que es, ha recomendado títulos y nombres mientras hablaba de democracia, progreso y dictaduras. El primero de la lista fue Julio Verne. Y de allí no paró. Incluso tuvo la grandeza de incluir a Gabriel García Márquez, el otro Nobel latinoamericano con el que está distanciado desde hace décadas, y de referirse más de una vez a Jorge Luis Borges, el eterno candidato.

Sin embargo, de todo el largo recuento de escritores de todas las épocas que hizo el Nobel, fueron dos los nombres los que tuvieron un sabor especial para los lectores peruanos. Los compatriotas José María Arguedas* y César Vallejo, autores imprescindibles de nuestro canon, arribaron a la capital sueca de la mano del narrador arequipeño.

Aunque en su discurso hizo la salvedad de que no menciona a todos los que quería pues “si convocara a todos los autores a los que debo algo sus sombras nos sumirían en la oscuridad”, y es de suponer que entre estos obviados estén más peruanos, es significativo que haya escogido precisamente a estos dos. Y escogió bien.

No es temerario decir que al pensar en otros autores nacidos en estas tierras que, por la calidad de su obra, hubiera merecido el premio sueco, dos apellidos de consenso son Vallejo y Arguedas. En el espectro ideológico los dos no están cerca del Nobel peruano, lo que da mayor valor a su aparición en tan magnifico estrado.

El secretario de la Academia Sueca, Peter Englund, confesó hace poco que al Perú lo conoce sólo por los libros de Vargas Llosa. Un reflejo de la triste realidad. La presencia de nuestros libros más allá del mundo hispano, e incluso de nuestras fronteras, es reducida. Arguedas, Vallejo y tantos otros no han tenido la difusión que se merecían. Al haber introducido a estos colegas y connacionales suyos en el discurso más importante que le ha tocado dar, Vargas Llosa ha puesto los reflectores sobre nuestra tradición literaria. Es de esperar que potenciales lectores de distintos rincones del mundo hayan tomado nota y se animen a introducirse en las páginas de Trilce o de Todas las sangres.

*Una curiosidad. Mi colega Pedro Escribano, días después del discurso ante la Academia Sueca, le sacó unas expresiones a Vargas Llosa apoyando la declaración del 2011 como Año de José María Arguedas.

sábado, diciembre 04, 2010

Una apuesta para el martes

Dentro de pocos días la Academia Sueca escuchará el discurso que para la ocasión ha preparado Mario Vargas Llosa. Sabemos que el título es “Elogio de la lectura y la ficción”. Intuimos que bajo ese paraguas pueden caber mil y un temas. Como ya lo vienen recordando varias voces, el autor de El pez en el agua, gusta de recordar a los escritores que lo marcaron cada vez que tiene que recoger un premio. Con humildad y sincero fervor, ha recordado a aquellos colegas que lo precedieron en la tarea de crear otra realidad a través de las palabras.

Que se sepa, no ha dado más pistas que el título, pero puestos a elucubrar qué tema abordará en su charla del martes, íntimamente tengo el deseo que mencione a algún grande de las letras peruanas. Se me ocurre que podría ser José María Arguedas, el otro pilar de la narrativa nacional, o quizás César Vallejo, otro peruano de reconocida influencia fuera de nuestras fronteras. Claro, no tengo cómo sustentar mi teoría más que mis deseos y el fervor patriótico.

La imaginación me gana y me pongo a fantasear con el impacto que causaría que el flamante Nobel se ponga por un momento nacionalista y en su conferencia más escuchada decida hablar de autores familiares a los peruanos, o tal vez latinoamericanos, pero relegados en otras latitudes. Más que una reivindicación, una invitación a que lean nuestros clásicos y que descubran sus virtudes. Es un sueño, que no se sabrá si cierto o falso hasta el martes.

El discurso esperado

El martes siete Mario Vargas Llosa dará una conferencia ante la Academia Sueca. El título de la charla es “Elogio de la lectura y la ficción”. Pocos datos más se saben sobre este discurso con el que nuestro novelista aceptará el galardón más cotizado de los que se dan en el mundo de las letras.

Algunos escritores e intelectuales peruanos se animaron a especular un poco más sobre el cariz de la disertación que dará el autor de La ciudad y los perros, quizás la más importante que le ha tocado dar. Por ejemplo, Santiago Roncagliolo, desde España, comentó que el narrador arequipeño no desaprovechará la oportunidad de hablar de dos de sus temas recurrentes: literatura y política. “Y dirá que la ficción es más real que la realidad, y tendrá razón”, remató Roncagliolo.


Fernando Iwasaki, también desde la Madre Patria, indicó que Vargas Llosa “puede hablar de lo quiera, porque el premio es suyo y no está obligado a darle las gracias a nadie más que a sus lectores y a la Academia Sueca”. Sin embargo, confesó que piensa que hablará de la lengua española y quizás de Jorge Luis Borges, un eterno postergado de los premios Nobel.


El escritor e historiador recordó que cuando le dieron el Premio Rómulo Gallegos a nuestro Nobel, él habló de Carlos Oquendo de Amat, cuando le dieron el Príncipe de Asturias habló de "El Lunarejo" y cuando le dieron el Cervantes habló del Inca Garcilaso. “Por lo tanto, tal vez ahora también hable acerca de otro escritor peruano”, añadió.


La política asoma
El investigador Osmar Gonzáles consideró que Mario Vargas Llosa tomará esta oportunidad de audiencia mundial para reafirmar su defensa irrestricta de la libertad, pero también, y en consecuencia, para someter a crítica acerba a los autoritarismos políticos. Por otro lado, a pesar de sus innumerables artículos en contra del sentimiento nacionalista, espera que brote, como en sus primeras declaraciones luego de obtener el Nobel, la identificación con su peruanidad. De lo que no tiene duda es que motivará muchos debates.


El poeta Roger Santiváñez también cree que la tribuna del Nobel servirá a Vargas Llosa para difundir sus ideas políticas. “Supongo que presentará un discurso de acuerdo a su actual posición alineada con el liberalismo a ultranza, aunque quizás lo matice, debido a la tradicional impronta social-democrata que tiene el Premio Nobel”, añadió crítico. “Hablando en peruano podríamos decir que les dirá a los académicos suecos, lo que ellos quieren escuchar”, remató.

jueves, diciembre 02, 2010

Un Nobel entre nosotros

Unas horas antes que se anunciara el premio Nobel a Mario Vargas Llosa pocos en el Perú estaban atentos a este galardón de la Academia Sueca. Tantos años teniendo a nuestro escritor más internacional en el bolo nos habían vuelto escépticos, un poco más de lo normal. Incluido entre estos escépticos, claro, al autor de La tía Julia y el escribidor. Pero no hay plazo que no se cumpla. Y henos aquí, con un Nobel que salió de esta tierra.

En realidad, esta distinción no hace más que confirmar lo que nosotros, sus lectores, ya sabíamos desde que nos topamos con sus libros por primera vez. Tanto así que autores como Javier Cercas comentaban que la noticia no era que le dieran el Nobel al narrador arequipeño, sino que recién se lo den. Si, por capricho del azar, Vargas Llosa nunca hubiera recibido esa llamada madrugadora desde Estocolmo en el que le informaban del premio, su lugar en la literatura en español y universal igual ya estaba asegurado. No faltará quien diga que no necesitaba del premio para estar a la derecha de Jorge Luis Borges, paradigma del escritor postergado por la Academia Sueca.


Ahora que la atención del mundo editorial está posada en sus obras no podemos más que alegrarnos. No sólo porque sea nuestro compatriota, al fin y al cabo un hecho involuntario. Sino más bien porque otros lectores conocerán esas historias surgidas de su imaginación. Seamos realistas. En otras latitudes, o quizás entre nosotros, los hispanohablantes, muchas personas no se han acercado aún a sus libros pero lo harán motivados por el Nobel. Incluso es de esperar que sus obras de teatro, un rubro al que Vargas Llosa le tiene singular cariño, sean repuestas o estrenadas en el Perú y en el extranjero.


En las semanas que han pasado desde que se dio la noticia, mucha tinta ha corrido analizando, espulgando, escarbando, cada una de las aristas de la vida y obra del novelista. Como es obvio, unos en contra, los más a favor. Pero más allá de quién tenga razón, lo que está fuera de discusión es su importancia.
No todas sus opiniones y acciones irán a misa. Es tan activo a los 74 años y se mete en tantos temas que es casi imposible que todo lo que venga de él sea de nuestro agrado. A mí, en particular, no me pareció pertinente su incursión en la última campaña electoral chilena. Diferencias que, tengo la impresión, la mayoría está dispuesta a perdonarle como quien perdona a un familiar mayor. Y, dicho sea de paso, quienes no le disculpan sus discrepancias, lo hacen con ese ánimo poco tolerante que se tiene con un ser cercano que nos ha defraudado. Pero equivocado o no, no se discute que cuanto hace y dice genera una batahola alrededor.

Quiero creer que dentro de las continuas turbulencias que generan sus declaraciones, lo más importante son las ganas de leer que le deja a la gente. Recuerdo, en años pasados, cuando él reflexionaba sobre su derrota electoral, que él veía como un favor porque había regresado a escribir y a leer. De entre sus declaraciones se sentía verdadera pasión por la lectura, que intuyo ha sido contagiosa para muchos.

Y algo de eso hay. Por ejemplo, en varios cables de prensa se ha informado que se han disparado las compras de sus libros, una noticia esperable después de recibir el Nobel. Pero además, otros autores también se han beneficiado de forma inesperada. Uno es Gustave Flaubert, a quien dedicara un ensayo hace unas décadas. Otro, Alejo Carpentier. Éste último es el autor del libro que estaba leyendo Vargas Llosa al momento de recibir la notica – El reino de este mundo. A mí me tocó ver y reportar ese singular jale en la Feria del Libro Ricardo Palma. Hace un tiempo, al recibir el Cervantes, en su discurso se explayó por su cariño a diversos autores como Kafka. Apuesto que al escucharlo no menos de uno se habrá antojado de leer El proceso y demás obras del escritor checo.

Tanto tiempo reclamando el premio para Vargas Llosa nos ha dejado un poco en offside a todos. ¿Y ahora qué? Una broma que he compartido con otros periodistas peruanos que cubren temas culturales es que a partir de ahora los meses de octubre la pasaremos más tranquilos, sin esa tensión propia de quién espera la llamada de la Academia Sueca. Tal vez nos queda seguirle el juego. Leer lo que recomiende, así no se dé cuenta que lo está haciendo, y formarnos nuestra propia opinión. Y en especial, llevarle la contra cuando creamos que está equivocado. Al fin y al cabo, como decíamos hace varias líneas atrás, el premio Nobel no hace más que confirmarnos un hecho que sus lectores ya sabíamos desde hace un buen tiempo: que Mario Vargas Llosa es ese familiar de mayor edad cuyo mayor placer es introducirnos en el vicio de la lectura.
Otros enlaces
(Texto publicado en el reciente boletín de la Casa Museo José Carlos Mariátegui)

martes, noviembre 09, 2010

En el corazón de la codicia

El nuevo libro de nuestro Nobel es una obra curiosa. La trayectoria de su protagonista – Roger Casement – hace parecer que el Vargas Llosa novelista duda de algunas de las ideas que el Vargas Llosa ensayista y opinante defiende. Por un lado, se exalta una gesta nacionalista – la de Irlanda – y por otro, se hace un retrato crítico del impacto de Occidente en la Amazonía y el Congo.

El sueño del Celta describe los últimos días de Casement, un retirado diplomático de Gran Bretaña condenado por complotar con los nacionalistas irlandeses, esperando la horca. En los capítulos pares se hace un recuento de sus andanzas documentando los abusos de las caucherías africanas y sudamericanas y su actividad política por la independencia de su tierra natal.

Entre el sueño y la pesadilla
Como varios de los personajes de Vargas Llosa, Casement es un idealista. Parte muy joven al África con la ilusión – de acuerdo a la pluma de nuestro novelista – de participar de una cruzada por la mejora de ese continente. Pero lo que encuentra es todo lo contrario.

A diferencia de las tres “C” por las que se embarca lejos de Irlanda – civilización, cristianismo y comercio – descubre que el motor a la mayoría de europeos es otra “C”, la codicia. Palabra clave que se repetirá constantemente no sólo en las páginas dedicadas al Congo sino también a la selva peruana.

Al protagonista lo van afectando el ser testigo de las atrocidades a las que llega el ser humano por ambición. En un logrado pasaje, Vargas Llosa describe cómo Casement, aventurero de vocación, termina magullado al nadar en un caudaloso río africano, obvio símbolo de que no puede quedar indemne quien se sumerge en las aguas de la maldad.

Otro atractivo de este libro para los lectores del arequipeño es ver cómo vuelve a visitar un escenario de alguna de sus mejores historias: la Amazonía. Recordemos que ya en La Casa Verde abordó las pillerías de los caucheros.

Mientras que Pantaleón y las visitadoras y El hablador describen este territorio en una época posterior. Ahora el punto de vista es el del extranjero horrorizado por la explotación de los débiles. Pero también, sorprendido por el compromiso de quienes buscan cambiar la situación.

A pesar de los aciertos, no es una novela redonda. Resiente su lectura un comienzo un poco farragoso en el que se hace una repetitiva descripción de la vida familiar del niño y joven Roger Casement. La última parte, consagrada a sus andanzas nacionalistas, también adolece de ser reiterativa, aunque por lo dramático de la situación – sus últimos días – no estorba tanto al conjunto. Lo mejor son las páginas dedicadas a los informes del Congo y la Amazonía peruana, así como la humana relación que establece un condenado Casement con su carcelero.


Notas relacionadas:
El toque de Midas
Mario vuelve a la selva
Adiós al club de Borges

jueves, octubre 28, 2010

El toque de Midas

Vargas Llosa. Esas dos palabras son las más escuchadas en la actual Feria del Libro Ricardo Palma en todos los stands. Según informan los vendedores, nuestro más internacional escritor siempre estuvo entre los más vendidos. Sin embargo, desde que hace dos semanas se anunciara el Nobel, su demanda ha sido exponencial.

Tanto ha sido la expectativa por su obra que hasta sus ensayos vienen circulando con mayor fluidez que los títulos de otros autores. No obstante, de acuerdo a los dependientes de Librerías Crisol, Peisa y Disbook, Conversación en la Catedral, una de sus primeras novelas, es la más solicitada.

A este hecho se suma un dato curioso: la repentina fiebre por leer a Alejo Carpentier. Como se recordará, nuestro primer premio Nobel, confesó que se encontraba leyendo El reino de este mundo al momento de recibir la llamada de la Academia Sueca.

Esta sola mención ha servido para que el cubano Carpentier, a treinta años de su muerte y a seis décadas de publicar esa novela, sea otro nombre recurrente entre los pedidos de los lectores. Esta novela fue publicada en 1941 y aborda el tema de la revolución de los esclavos de Haití a fines del siglo XVIII.

Cabe señalar que en la Feria Ricardo Palma se encuentran también stands dedicados a primeras ediciones y libros de segunda mano. En este rubro también el autor arequipeño es el más pedido. Algunos ejemplares se han llegado a vender superando los cien nuevos soles, pero es posible encontrar desde veinte nuevos soles si se tratan de ediciones populares antiguas.

sábado, octubre 09, 2010

Del Chivo, la novela y la fiesta

Adaptar una novela a las tablas, sea ésta La fiesta del Chivo o cualquier otra, siempre es un fuerte reto. Si se sigue al pie de la letra al libro se corre el riesgo de no ser muy teatral. Al contrario, si se aparta mucho puede que se traicione al espíritu de la historia. Sin embargo, en el actual montaje inspirado en la obra de Vargas Llosa se ha sabido capear ambos riesgos con relativo éxito.

El colombiano Jorge Alí Triana, encargado de la adaptación y puesta en escena, se ha quedado con lo esencial de la novela. Como se recordará, en la novela se hace un contrapunto entre el asesinato del tirano dominicano Rafael Leonidas Trujillo (Alberto Isola) y las consecuencias del magnicidio con el drama personal de Urania Cabral (Norma Martínez).

El horror del gobierno de Trujillo y la complicada trama para asesinarlo es graficado con pasajes por lo general precisos. El mejor es ese discurso en honor al dictador que Trujillo y sus sobones recitan de memoria. El más bajo, por lo truculento e innecesario, es cuando se muestra la cabeza decapitada de un niño.

Sin embargo, los mejores momentos son los de la historia de Urania y su entrega por parte de su propio padre (Isola en doble papel). A pesar de que desde la primera escena se sepa cuál fue el resultado de esa "fiesta" a la que el Chivo invita a la adolescente Urania, la confesión de este hecho a su familia es uno de los momentos más conmovedores de la obra y que se sigue con interés.

La actuación de Norma Martínez es uno de los puntales. Alberto Isola, tanto cuando hace de Cerebrito Cabral o del Chivo, también logra una buena caracterización. Aunque en este último papel hace recordar por ratos su personaje en - en mi opinión fallida - La rebelión de los chanchos.

Ficha técnica
La fiesta del Chivo adaptación de la novela de Mario Vargas Llosa
Dirige Jorge Alí Triana
Actúan Alberto Isola, Norma Martínez, Bruno Odar, Rómulo Aseretto y otros. En el teatro Británico.

(Esta nota la publiqué en el diario El Peruano hace unos tres años)

viernes, octubre 08, 2010

Adiós al Club de Borges

Un ejercicio de todos los años por esta época era hacer apuestas de si por fin le daban el premio Nobel a Mario Vargas Llosa. Ese ejercicio se acabó cuando menos se esperaba. Como no pasaba desde hacía bastante tiempo, el nombre del escritor arequipeño ya no se mencionaba entre los más voceados para el más esperado galardón. Los más empeñosos debíamos leernos todo el cable sobre los supuestos nominados para poder encontrarlo.

Ahora, el autor de clásicos como La casa verde o La ciudad y los perros deja por fin lo que algunos llaman en son de broma el Club de Borges. Ese olimpo conformado por los autores que marcaron la literatura mundial pero que, como el argentino, no recibieron la atención de la Academia Sueca.

No hay que olvidar, más allá del aluvión informativo que recibiremos luego del premio, que desde hace un par de décadas prácticamente todos los escritores en habla hispana no ocultaban su admiración y deuda con Vargas Llosa. Si hemos de mencionar a los autores más influyentes de los últimos tiempos, son tres los nombres que no se pueden discutir: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Roberto Bolaño. Dos de ellos, los primeros, están vivos y han recibido el Nobel. El tercero, el más joven, por siempre será parte de la mancha de Borges.

Mientras, los peruanos nos queda celebrar nuestro primer premio Nobel. Y, como decimos en la marinera, no hay primera sin segunda.
Otros enlaces

lunes, octubre 05, 2009

Mechita de mis ensueños

En un sórdido bar de Piura, cuatro vagos se dedican a timbear y tomar. Pero entre lanzada de dados recuerdan o fantasean sobre la noche en que Mechita (Stephanie Orúe), novia del alcahuete y miembro del grupo Josefino (Oscar López Arias), pasó la noche empeñada con La Chunga (Mónica Sánchez), la taimada dueña de la cantina.

Cada uno de los compinches tiene una idea distinta de lo que sucedió esa noche, imprimiendo a sus especulaciones sus propios estereotipos de mujer. Por ejemplo, uno idealiza tanto a Mechita que es incapaz de tocarla mientras que otro sólo se complace en imaginar los ajetreos de las dos féminas. Pero pareciera que a ninguno le preocupa en realidad las dos mujeres en carne y hueso.

La puesta en escena es, como es habitual en Giovanni Ciccia, impecable. La distribución del escenario, con varios desniveles, que recuerda vagamente al que utilizó Luis Peirano en Al pie del Támesis, otra obra de Vargas Llosa, es acertada porque permite sacar el máximo provecho al espacio. Sobre todo, al tener el dormitorio de La Chunga en alto, hace juego con la idea de que el mundo femenino está en otro plano.

Las interpretaciones son, salvo un par de caracterizaciones sólo cumplidoras, también un punto a favor. Se aprecia a Mónica Sánchez, para nuestro gusto, realiza su mejor actuación de los últimos tiempos. Compone un personaje endurecido por la vida y que, a diferencia de otros papeles suyos, no suena sentencioso. Otro que tiene una participación destacada es López Arias, cuyo patán personaje se suma a las buenas performances que se le ha visto. Mención aparte es la apropiada música que se ha escogido.

Ficha técnica

La Chunga de Mario Vargas Llosa

Dirige Giovanni Ciccia

Actúan Mónica Sánchez, Stephanie Orúe, Oscar López Arias, Emilram Cossio, Alberick García y Carlos Solano.

En el Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional (avenida De la Poesía 160 - San Borja).

De jueves a domingo. Entrada general a 30 nuevos soles.

miércoles, septiembre 23, 2009

El regreso de La Chunga

Después de dos décadas se vuelve a montar en Lima La Chunga de Mario Vargas Llosa. Hablamos con Giovanni Ciccia responsable de esta puesta en escena.
¿Cómo surgió el proyecto de de estrenar La Chunga en Lima después de tanto tiempo?
- Pensamos que era importante montar una obra de Mario Vargas Llosa en el local que lleva su nombre, el teatro de la Biblioteca Nacional, casi como un requisito. Para mí fue un proceso largo que empezó en la búsqueda de una obra de Vargas Llosa y terminó en un enamoramiento personal con su obra La Chunga de parte mía. Es mi proyecto y va más allá del nombre del teatro. Es un interés profundo por una obra maravillosa. Más allá de hacer obras de un autor particular, nuestro interés es montar obras que nos gusten. Y en lo posible, hacer teatro peruano que se hace poco a veces.
¿Qué es lo que te llamó la atención de esta obra?
- Vargas Llosa dice que no es un drama ni una comedia, es una obra algo erótica. Es correcta esa idea. Pero hay una profundidad humana en la obra que me cautivó desde el primer momento. Sucede en Piura, región del Perú en la que tengo raíces familiares, en un ambiente muy pobre, muy machista. Para mí es la historia de varios personajes y sus deseos personales, en especial de dos mujeres y su enfrentamiento con un mundo hostil y machista. Me parece una pieza muy pertinente porque hablan de un montón de temas que aún son relevantes para nuestra sociedad. Lo que más me gusta es que es sumamente humana y emotiva. Tiene mucho humor, es muy criolla, llena de valses, boleros, cervezas, pero tiene una profundidad muy linda.
¿Cómo ideaste este montaje? ¿Revisaste material de anteriores montajes?
- Mi punto de partida es cero. Por lo general trato de no mirar versiones previas. Yo creo que cada momento y generación tiene su expresión propia. Lo bonito del teatro es que se mantiene vivo y se debe hacer siempre. Las obras no son para hacerlas una sola vez. Creo que es importante que veinticinco años después nuevas generaciones puedan ver la obra y una nueva propuesta. Yo no tengo idea de cómo fue la anterior puesta. Cuando leí la obra me imaginé a una mujer de cuarenta años muy endurecida y muy guapa y sensual, y una chiquilla de veinte, dieciocho años, muy linda. Mi primera imagen fue Mónica Sánchez y Stephanie Orúe. Mónica es una gran actriz y es una mujer madura y recontra atractiva y sensual. He tenido que afearla con maquillaje y una peluca para que no se le vea tan guapa. Y Stephanie es de las nuevas actrices de las mejores. Mi propuesta es una mujer inteligente, roble, muy fuerte y seca y rebelde respecto al machismo. He visto en los afiches que se han hecho ponen a una mujer vieja. En el Perú lo hizo Delfina Paredes, que no era tan mayor, pero era bastante más grande que Mónica. Cuando leí la obra me pareció una obra muy sensual. No quisiera que pareciera una relación maternal, sino apasionada. Mi montaje pretende ser muy erótico y muy emotivo.
¿Con Vargas Llosa se cumple el dicho que el mejor dramaturgo es el muerto porque no interfiere con la obra?
- En mi caso yo he descubierto una persona increíblemente generosa en Vargas Llosa. Yo no tenía la oportunidad de conocerlo hasta la inauguración del teatro. Me acerqué para decirle que tenía interés en montar su obra, y desde ese momento no ha dejado de tener contacto conmigo. Incluso se ha mostrado triste por no poder venir a los ensayos. Ha sido muy generoso porque me ha permitido ver sus archivos de prensa sobre La Chunga. Hemos conversado mucho sobre la obra. La verdad que el mejor autor es el autor que no se aferra a sus ideas. Vargas Llosa me dijo que si se justificaba en el montaje, podía hacer lo que quisiera. Él estaba muy interesado en el elenco. Cuando le mencioné que la protagonista sería Mónica Sánchez me escribió una carta que le reenvié a Mónica. Quedó muy contento y agradecido que sea ella.


Algo más
Se estrena en el teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional el jueves primero de octubre.

miércoles, octubre 15, 2008

Premio Nobel para Vargas Llosa*

Al cierre de esta página aún no se sabía si el optimista titular que encabeza esta nota era por fin realidad o no. Pero si nos dejamos llevar por los pronósticos que circulan, lo más probable es que nuestro compatriota haya sido postergado una vez más de este galardón. Aunque, claro, todo depende de si la Academia Sueca se animó a hacer justicia y premiar al más influyente escritor de habla hispana en actividad.

En estos días han circulado, como todos los años por esta época, listas con supuestos favoritos. Se ha hablado del norteamericano Philip Roth, del francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, del italiano Claudio Magris y del israelí Amos Oz. Otro nombre que se menciona pero con menos fuerza que otros años es el del autor de La casa verde. Pero son – así acierten eventualmente – solo especulaciones que se repiten sin mucho fundamento.

Si por cosas del destino, a Vargas Llosa nunca le dieran el premio, no se encontraría en mala compañía. Hay varios autores como Marcel Proust, James Joyce o Leon Tolstoi que, a pesar de ser reconocidos en su tiempo y de su obvia trascendencia, murieron sin ser invitados a Estocolmo.

Y eso sin recordar a Jorge Luis Borges, figura emblemática de la literatura en nuestro idioma que murió siendo nominado repetidas veces. La leyenda popular dice que al argentino se le negó el Nobel por su postura política de derecha. Algunos entendidos sugieren que lo mismo está por pasar con el novelista arequipeño.

Recuerdo que hace unos años Beto Ortiz le preguntó por el esquivo premio a Vargas Llosa. Éste respondió algo así como que la mejor campaña era no hacer campaña y actuar sin pensar en el galardón. Hasta el momento de teclear estas líneas su táctica no había dado resultados, pero quién sabe.

Esperemos que nuestro pesimismo agorero sea infundado y que la Academia Sueca nos calle la boca de gran forma. Mejor si es este año en que tantos homenajes ha recibido nuestro escritor más famoso. Mientras tanto, sólo queda decir como la barra de Cienciano en el 2003, “sí se puede”.

* Columna publicada en el diario El Peruano el 9 de octubre de 2008, día en que se anunció que el nobel de Literatura fue para el francés Jean-Marie Le Clézio.