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viernes, octubre 08, 2010

Adiós al Club de Borges

Un ejercicio de todos los años por esta época era hacer apuestas de si por fin le daban el premio Nobel a Mario Vargas Llosa. Ese ejercicio se acabó cuando menos se esperaba. Como no pasaba desde hacía bastante tiempo, el nombre del escritor arequipeño ya no se mencionaba entre los más voceados para el más esperado galardón. Los más empeñosos debíamos leernos todo el cable sobre los supuestos nominados para poder encontrarlo.

Ahora, el autor de clásicos como La casa verde o La ciudad y los perros deja por fin lo que algunos llaman en son de broma el Club de Borges. Ese olimpo conformado por los autores que marcaron la literatura mundial pero que, como el argentino, no recibieron la atención de la Academia Sueca.

No hay que olvidar, más allá del aluvión informativo que recibiremos luego del premio, que desde hace un par de décadas prácticamente todos los escritores en habla hispana no ocultaban su admiración y deuda con Vargas Llosa. Si hemos de mencionar a los autores más influyentes de los últimos tiempos, son tres los nombres que no se pueden discutir: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Roberto Bolaño. Dos de ellos, los primeros, están vivos y han recibido el Nobel. El tercero, el más joven, por siempre será parte de la mancha de Borges.

Mientras, los peruanos nos queda celebrar nuestro primer premio Nobel. Y, como decimos en la marinera, no hay primera sin segunda.
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domingo, agosto 01, 2010

Juegos de guerra

Udo Berger, un joven alemán obsesionado con los juegos de guerra – en especial uno llamado Tercer Reich – llega con su novia a una de las playas del mediterráneo español. Un buen empleo, una pareja enamorada, destacando cada vez más en su hobby. En apariencia, todo marcha bien para él. Pero en el balneario conocen Charly y Hanna, otros alemanes de vacaciones, y a otros personajes marginales del lugar, y poco a poco el viaje de placer va adquiriendo otras direcciones.

Esta novela, escrita probablemente en 1989, no fue dada a imprenta por su autor. Se entiende esta decisión si se considera sólo el arranque algo anodino de la historia. En esas primeras páginas no se encuentran las características propias de Bolaño, pero conforme va desarrollándose la trama va aflorando sus virtudes.


El protagonista se sumerge en un mundo extraño, sórdido, siendo cada vez más difícil para él separar la realidad de la fantasía. Una simple partida de Tercer Reich con el Quemado, un indigente con el que entabla amistad, se transforma en una pesadilla, al igual que su vida. Para crear este ambiente de extrañamiento el autor recurre a pequeños detalles: un espejo que no “refleja” correctamente, cartas que no se recuerdan haber enviado, sueños obsesivos.


En parte, la propuesta recuerda al cuento “Últimos atardeceres en la tierra”, incluido en Putas asesinas, en el que se alude al submundo de otro balneario, Acapulco. Haciendo un balance, se trata de una obra menor en la bibliografía del escritor chileno. Sin embargo, hay que reconocer que tiene el suficiente valor como para interesar a un lector que no sea un fan de Bolaño.


El Tercer Reich de Roberto Bolaño.

Editorial Anagrama.

viernes, junio 09, 2006

Roberto Bolaño y el Barcelona F.C.

Literatura, fútbol y magia

Para cualquiera sería inconcebible imaginar que un equipo por el que ha desfilado Johan Cruyff, Hugo Sotil o Romario pueda necesitar de ritos tribales para campeonar. Pero el autor de Los detectives salvajes va a contracorriente.


¿Cuál es su equipo de fútbol favorito?
-Ahora ninguno. Los que bajaron a segunda y luego, consecutivamente, a tercera y a regional, hasta desaparecer. Los equipos fantasmas.*


Tres futbolistas de diferentes países y continentes coinciden en el banco de eternos suplentes del Barcelona F.C. Los protagonistas son, por orden de aparición, el chileno Acevedo, el catalán de las divisiones inferiores Herrera y el africano Buba. El equipo azulgrana, al igual que estos jugadores, atraviesa por una inexplicable mala racha.
Una noche el africano propone a sus compañeros realizar una extraña ceremonia para conseguir el esquivo éxito. Desde el momento que aceptan la situación comienza a mejorar. De eternos relegados el trío pasa a ser la atracción de un cuadro de estrellas. Y, cosa rara, el Barcelona empieza a cosechar título tras título.
Esta es sólo la primera parte de la peculiar trama de Buba, un cuento incluido en el libro Putas asesinas de Roberto Bolaño. En este texto el creador mapochino se da maña para introducir sus acostumbradas puyas a la sociedad actual pero en medio de toperoles y ritos budú.

El vil metal en el césped En un momento del relato, Buba pregunta a sus camaradas de equipo que, si ya son ricos, para qué siguen jugando. No deja de ser curiosa la interrogante, sobre todo viniendo del menos occidental y más desafortunado del grupo. Como ese hincha romántico, personaje de Ernesto Sábato, que se sorprende saber que alguien pueda cobrar por defender los colores de su equipo, Buba se queda perplejo que se quiera ganar más dinero del necesario.
Bolaño parece decirnos que hoy en día el fútbol es un negocio más. La página deportiva menciona casi tantas cifras como la página de negocios. Los futbolistas son sólo mercancía. Cada vez hay menos espacio para la magia y la imaginación.
En esa línea es sugerente el sueño que tiene Acevedo antes de conocer al futbolista africano. En la siesta, Acevedo se imagina caminando por el barrio santiaguino de La Cisterna, acompañado de su padre, hablando de la estatua de Ernesto Che Guevara. Este monumento al guerrillero argentino había sido volado cuando Pinochet llegó al poder.
El barrio es descrito como una selva. Padre e hijo llegan a un claro donde se supone estaba la estatua. Después de crear toda una atmósfera fantástica, Bolaño rompe el encanto y nos regresa a nuestra pedestre noción de realidad con una frase: Buba, un negro enorme desnudo, presentándose de la nada en medio del sueño diciendo "Tú debes ser Acevedo, me alegra de conocerte, flaco".
La imagen de la búsqueda sin resultado de la estatua del Che es muy sugerente. Es obligado leer en ella que no sólo se ha perdido el monumento, sino también la mística y los ideales que representaba para ciertas personas. Pero un africano sin ropa en medio de tanto simbolismo como que le quita un poco de tensión a la reflexión.

Playoff En estos días el orbe debe estar hablando sólo de fútbol. El Perú, al igual como lo ha hecho en los últimos veinte años, verá el mundial de Alemania por televisión. Chile, nuestro rival del Clásico del Pacífico y selección de Bolaño, también se ha quedado en casa. Algunos dirán que el biotipo, la preparación, el carácter o la tradición fue la causante de este resultado. Pero quizás lo que haga falta sea convocar a un émulo de Buba.

La óptica del margen
Pocos escritores como Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953) pasaron por el mundo como él: un trashumante. Exiliado político por oponerse al golpe militar de su país en 1973, se convirtió en un viajero que recorrió Centroamérica y Europa.
A fines de los años 90 se dedicó con mayor intensidad a la narrativa: Los detectives salvajes (1999) obtuvo el premio Herralde y el Rómulo Gallegos. Es el más alto exponente de la literatura urbano marginal latinoamericana, destacando también sus novelas El gaucho insufrible (2003) y Una novelita lumpen (2002).

* última entrevista a Roberto Bolaño