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martes, noviembre 29, 2011

Para el honor nunca es demasiado temprano

Una buena novela no siempre es insumo suficiente para una buena adaptación, sea esta obra de teatro, película o lo que fuere. Los lenguajes son distintos, los retos que sortear son varios, y muchas veces se fracasa en el intento. Ese no es el caso de Crónicas de una muerte anunciada. Jorge Alí Triana, responsable de la también notable versión para las tablas de La fiesta del Chivo, vuelve a mostrar su ingenio para convertir un libro en un meritorio espectáculo escénico.


Como se recuerda, en esta obra se narra cómo los hermanos Vicario dieron muerte a Santiago Nasar para vengar una afrenta, mientras el pueblo no le da importancia al hecho. Una historia que, dicho sea de paso, nació de un hecho real propio de una crónica periodística, transformada años después como una variante de novela policial.


De entrada, desde la escenografía – una plaza de toros – se introduce al público en el tema de la historia: la desgracia ajena vista como espectáculo distante. El numeroso elenco se ubicará la mayor parte del tiempo en las barreras, apreciando la mayor parte de las veces con indiferencia o distancia la tragedia de los protagonistas.

Otro acierto de Triana es la forma de narrar la trama. Uno tiene la sensación al inicio, cuando el espectador aún no se adapta a la propuesta del director, de que se repiten frases y escenas, pareciendo redundante. Sin embargo, pronto se descubre que es parte de una apuesta por mostrar diferentes ángulos de un mismo hecho. Cada repetición va añadiendo más información que el anterior y sin disminuir el interés en el desenlace.

El aprovechamiento del espacio por parte de tantos actores del elenco – casi siempre la mayoría en escena – es ingenioso, evitando el presentar un escenario abigarrado. Asimismo, es inteligente y funcional el uso de elementos como el humo o la lluvia. En especial, el empleo de una sábana enorme sin manchas de sangre para hablar de la deshonra de una familia, remite a un recurso similar que se empleó en La fiesta del Chivo. Se trata, en suma, de una inspirada adaptación de una novela al teatro, superior a la anterior puesta en escena de Triana en Lima. Hay que destacar, además, que no existen altibajos en las actuaciones a pesar de la juventud de los intérpretes.

Ficha técnica
Crónica de una muerte anunciada
Adaptación de la novela de Gabriel García Márquez hecha por Jorge Alí Triana
Actúan Nidia Bermejo, Claudia Dammert, Franklin Dávalos, Leslie Guillén, Oscar López Arias, Stephanie Orúe, Tommy Párraga, entre otros
De jueves a lunes a las 20.00 horas en el Teatro Británico (calle Bellavista 531, Miraflores). Entrada general a 45 nuevos soles.

jueves, septiembre 22, 2011

García Márquez en las tablas

Dentro de unas semanas se estrenará Crónica de una muerte anunciada en el teatro Británico. Se trata de una adaptación de la novela de Gabriel García Márquez hecha por su compatriota Jorge Alí Triana. La pieza se ha representado en otras latitudes como Bogotá y México.


Triana es un conocido del público limeño pues antes dirigiera aquí La fiesta del Chivo, pieza inspirada en la obra homónima de nuestro Nobel y que viera antes la luz en Nueva York. Pero no es el único que ha buscado en las tramas de García Márquez inspiración para las tablas. En el 2007, el director ruso David Gurji, junto con el grupo Teatro Libre de Bogotá, pusieron en escena La casa. La curiosidad es que la pieza, apoyada económicamente por Javier Bardem, es de autoría de Esteban García, sobrino de Nobel. Este dramaturgo, filósofo de profesión, actuó en el montaje.

Pero también fuera de las fronteras de Colombia los personajes de García Márquez han motivado espectáculos. Por ejemplo, este año está en cartelera en Puebla la obra Casi cien años de la compañía Teatro Niños Aira bajo la dirección del dramaturgo Rodolfo Pineda. Este espectáculo ha sido descrito como un monólogo que se desarrolla entre títeres, canto y baile y ya tiene unos cuantos años en escena. El texto original es usado de manera libre.

Macondo en la lírica

El narrador colombiano también ha permitido que se lleve a escena sus personajes en adaptaciones para la ópera. Un caso es el de Florencia en el Amazonas de Daniel Catán. El libreto, obra de Marcea Fuentes Beráin, toma algunos motivos de El amor en los tiempos del cólera pero sin seguirla letra por letra. Su estreno mundial se dio en el Grand Opera de Houston en octubre de 1996, siendo vista también en Los Ángeles y Seattle.

Otro ejemplo es Erendira de la compositora rumana afincada en Alemania Violeta Dinescu. Ella presentó en la bienal de ópera de Munich del año 1992 esta pieza inspirada en la novela corta La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada.


En otro festival europeo de ópera, el de Glyndebourne de Inglaterra en agosto de 2008, se estrenó otra adaptación. El libro escogido fue El amor y otros demonios y los responsables de esta aventura fueron el guionista Kornél Hamvai y el compositor Péter Eötvös, ambos húngaros.

viernes, agosto 13, 2010

Un clandestino en Lima


Miguel Littin, cineasta cuya aventura en el Chile de Pinochet retratara García Márquez en un libro, se encuentra en Lima presentando Dawson. Isla 10. En esa cinta se narra la historia de los jerarcas del gobierno de Salvador Allende apresados en una base naval. Lo encontramos leyendo las noticias sobre la muerte de Armando Robles Godoy, colega suyo a quien conocía y admiraba.



¿Qué recuerda de Armando Robles Godoy?
–La última vez que lo vi recitamos “Alturas de Machu Picchu” mientras subíamos a la ciudadela inca. Estábamos con un grupo de cineastas latinoamericanos invitados por el Perú, hace algunos años. Fue muy grato. Fue un referente para la filmografía latinoamericana. Ganó el premio en Moscú, hizo películas de una gran fuerza, muy peruanas y latinoamericanas.

Es una pena que su filmografía no fuera más numerosa.
–El problema es que la gente como Armando Robles Godoy, incluso nuestra generación, sufre de un mismo problema: el público hacia el que deberían ir nuestras películas está capturado por un único cine, el norteamericano. El cine nuestro, que debería de estar en todas las pantallas de América Latina, no llega. Usted dice, un cineasta brillante como Armando Robles Godoy, que debió ser conocido en todo el continente, no lo es. No hay acceso. Si no hubiera sido así, él hubiera hecho muchas más películas. Es una situación que no se ha resuelto. Si no fuera por los festivales, el cine latinoamericano como concepto no existiría.
Ha presentado en el festival Dawson. Isla 10. ¿Cómo surgió este proyecto?
–Fui invitado a la isla por la gente que había estado en prisión, que había vivido esa experiencia. Lo que vi fue conmovedor. Después de siete horas de navegación, la Armada, institución que los había tenido detenidos, se cuadraba y les rendía honores. Sentí que era importante transmitir a las nuevas generaciones esa dignidad que mantenían ellos, incluso cuando recordaban su experiencia en prisión.
¿Habrá sido un poco difícil contar la historia de gente que se conoce?
–Sí, es complejo. De pronto uno siente que lo puede limitar. Uno tiene que poner lo que estrictamente se puede comprobar que ocurrió. Esos son los hechos que están en la película. Uno debe respetar la historia de las personas. Sobre todo la de los hombres dignos, porque ellos tampoco lo permiten.

Llama la atención el personaje del sargento que en ocasiones ayuda a los prisioneros. ¿Es real?
–El sargento Figueroa, sí. Es un sargento que se repite en muchas historias de otros prisioneros. Incluso en mi historia personal del setiembre de 1973 me salvó. Pensar que toda la gente que está uniformada está a favor de los golpes es una equivocación muy grande.

¿Cómo fue la experiencia del libro que sobre usted hizo García Márquez?
–Fue muy sencillo. Gabriel, al igual que usted, se sentó frente a mí con una grabadora y yo le contaba cosas. Tiempo después llegó con un libro. Como entrevistador es muy bueno, deja hablar mucho. Conversa. Establece niveles de diálogo que a uno le permiten explayarse con mucha libertad. Además, somos amigos. Siempre es muy grato hablar con alguien que se estima. Además, no pensé que Gabriel iba a hacer eso.
(La foto de la escoba fue idea de Miguel Littin. No tiene mucha relación con la entrevista, pero en algún lado debería de dejar constancia de la buena vibra del entrevistado)