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martes, octubre 11, 2011

El Nobel sueco visto desde el Perú


Hace unos días, la Academia Sueca anunció a Tomas Tranströmer como el sucesor de Mario Vargas Llosa en el premio Nobel de Literatura. Aunque el nombre de este poeta sueco se veía en varias cábalas al galardón desde hacía un par de décadas, para muchos era un desconocido. Incluso, el autor de La ciudad y los perros reconoció a la prensa que aún no lo leía.Pero, a pesar de lo poco difundida que es su obra, algunos poetas peruanos, colegas de Tomas Tranströmer, sí lo conocen y han leído. Tal es el caso de Víctor Ruiz Velasco, quien también es el responsable de la editorial Lustra. Él comenta que desde hace unos años está tras la publicación de libros del autor sueco en el Perú.


Explica que hace un par de años estableció contacto en la feria de Fráncfort con los representantes de Tranströmer, el mayor poeta escandinavo vivo. Se había proyectado hacer una coedición con otro sello venezolano. Sin embargo, después del anuncio del premio, Ruiz Velasco manifiesta que tal vez varíen los planes. Asegura que están evaluando sacar una edición especial para el Perú antes de que acabe el año o, máximo, fin del verano de 2012. Aún no se ha decidido entre antología o un libro en especial con material a ser lanzado bajo su sello.

Tradición nórdica


Otro que conoce de la obra de Tranströmer es Jerónimo Pimentel. Una curiosidad es que su acercamiento a este autor se ha dado más por lo que circula en internet que en libros de papel. Para él es una gran noticia que una editorial peruana se anime a publicarlo por estos lares, y habla muy bien de su olfato que los tratos se hayan iniciado desde antes que le otorguen el Nobel.

Pimentel comenta que a él le atrae del escritor sueco lo ecléctico de su registro. Menciona que tiene ese tono reflexivo e intimista propio de los autores nórdicos, pero a la vez trasciende su tradición. "No se mira el ombligo", apunta el poeta peruano. Hace notar, por ejemplo, que ha adoptado géneros propios de otras culturas, como el haiku japonés.


Una observación similar nos da Roxana Crisólogo, quien también le encuentra las características de la poesía nórdica. Crisólogo, residente hace varios años en Finlandia, indica que su arraigo a la tradición de esta zona se percibe en "la forma de tratar temas como el silencio, la nieve, el frío".


Añade que "tiene un tono práctico, como son los nórdicos, breves, concisos, este clima y oscuridad los hace así". La poeta también señala que ha tenido oportunidad de constatar el respeto que se le tiene a Tranströmer en los países escandinavos.

Yapa

Unas horas después del cierre de esta nota, publicada en el diario El Peruano, me llegaron al correo unas líneas de Renato Sandoval, tal vez quien más sabe de literatura escandinava en el Perú. Las incluyo casi sin editar:

"Leí a Transtörmer hace muchos años; antes incluso de que lo empezaran a vocear con insistencia para el Nobel. Pero hace mucho que no lo he vuelto a leer, de manera que no te puedo decir mucho al respecto. Salvo que, en efecto, está en la onda de muchos poetas de su generación que en un primer momento (en los años 40-50) escribían influidos aún por el surrealismo francés y otras vanguardias, pero que poco a poco fueron retomando el tono intimista, irónico, reflexivo, de aparente sencillez pero de gran complejidad conceptual propia de la poesía nórdica. Esta se inició con lo que se conoce bajo el nombre de "modernismo escandinavo", y que, en lengua sueca, tiene como exponentes a Edith Södergran, Gunnar Björling, Elmer Diktonius, Raabe Enckell, Karin Boye, etc.


Sin embargo, de los que conozco personalmente, quisiera destacar la poesía del sueco Lasse Sôderberg (1931), coetáneo de Transtörmer y junto con él asiduo colaborador de la muy influyente revista Upptakt, y al finlandés de expresión sueca Gösta Agren (1936), de quien he tenido la gran experiencia de traducir al español tres libros y cuya poesía, debo confesar, me parce superior a la del más reciente Nobel."

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Nosotros matamos menos
Mirko Lauer

jueves, octubre 06, 2011

Cuando el Nobel fue blanquirrojo

Hace un año – días más, días menos – los peruanos nos acostamos sin mucho interés en los premios que por esta época entrega la Academia Sueca y amanecimos con un Nobel en casa. La fiebre que se vivió en nuestro país la debe experimentar en estos momentos alguna otra nación. Otro escritor* – tal vez habitual en las cábalas, tal vez desconocido – ahora es el centro de la atención de los amantes de la lectura.
Vargas Llosa, en una entrevista reciente, bromeaba diciendo que por fin iba a poder descansar de tanta actividad y tendrá tiempo para escribir cuando se sepa quién será el nuevo Nobel. Bastante de razón tiene. Desde ese primer jueves de octubre de 2010 en que una llamada de Estocolmo lo despertó no ha dejado de estar en el ojo de la noticia.
Sin ir muy lejos, esta semana estuvo en Madrid junto al Príncipe de Asturias y un grupo de intelectuales de primer nivel anunciando el proyecto de la cátedra que lleva su nombre. Una vorágine de actividades y presentaciones que no ha parado y que él calificó en su momento como un torbellino
Los homenajes no cesan en diversas partes del orbe, acompañado de un aumento exponencial de la venta de sus libros y múltiples traducciones. Sin embargo, más allá de su universalidad, el autor no ha perdido oportunidad para mostrar su orgullo por la tierra en que nació y en la que recrea una gran parte de su obra.
Por mucho tiempo tendremos presente su discurso de aceptación del premio, dado en diciembre del 2010, cuando, además de llorar al mencionar la importancia de su esposa en su carrera, aseguró enfático que “al Perú lo llevo en las entrañas”.
Se trata de un escritor atado a su terruño, que se emocionó más con el homenaje que le hizo su equipo de fútbol peruano, Universitario de Deportes, que el que le hizo el Real Madrid. Un autor pendiente que, más allá de su fama, no deja de comprometerse con lo que suceda acá. Por ejemplo, encabezó hasta mediados del 2010 la iniciativa para la creación del Museo de la Memoria. O, más recientemente, no dudó en dar su opinión cuando se la pidieron durante la reciente campaña electoral, teniendo la posibilidad de abstenerse.
Es de suponerse que la espiral de compromisos en la que está decaerá luego del anuncio de esta madrugada de la Academia Sueca. Un nuevo escritor experimentará lo que es ser Nobel, mientras que Vargas Llosa regresa a lo suyo. Y nosotros, sus lectores, volvemos a esperar un nuevo libro suyo.

* A esta hora ya se sabe que es el poeta sueco Tomas Tranströmer. Mucho gusto.

Foto: Rita de Carlín. Ilustración: Tito Piqué.

domingo, diciembre 12, 2010

El torbellino de un premio

Algunas líneas sobre cómo afectó el Nobel a las actividades del novelista arequipeño. Un recuento de su agenda desde el anuncio de su premio hasta su viaje a Estocolmo. Este texto iba a ser parte del suplemento del diario El Peruano, pero por espacio quedó guardado.

Desde la madrugada del siete de octubre, en que una llamada de Estocolmo, interrumpió su lectura de El reino de este mundo de Alejo Carpetier, Mario Vargas Llosa vio alterada su disciplinada rutina. Según ha confesado, tiene tantas cosas en la cabeza que le está costando dedicarse a su pasión: escribir.

Ha recibido innumerables felicitaciones desde todos los rincones donde ha dejado su impronta. Su natal Arequipa, la ciudad de Cochabamba de su niñez, Piura, e incluso de los equipos de fútbol de los que se declara seguidor. Pero en medio de esta vorágine de buenos deseos y del acecho de la prensa, el narrador se ha dado maña para cumplir con algunas actividades.

Por ejemplo, en la misma semana en la que se dio la noticia del premio, el autor de La tía Julia y el escribidor continuaba dictando clases como profesor visitante en la prestigiosa universidad de Princeton, en Estados Unidos. Obviamente, dedicó algunos momentos a comentar la distinción con sus alumnos. Y, como era de esperarse, los entretelones de esa primera lección se difundieron por los medios de comunicación.

Menos de un mes después estaba en España presentando su más reciente novela: El sueño del Celta. Demás está decir que el título ya era un éxito de ventas aún antes de llegar a librerías. En el evento de lanzamiento, realizado en la Casa de América de Madrid, el intelectual arequipeño recalcó su intención de nunca retirarse pues "la muerte me encontrará con la pluma en la mano".

Unos días después de la presentación de la novela, Vargas Llosa se desplazó al Real Teatro de las Cortes de la ciudad española de Cádiz. Allí recibiría un nuevo homenaje: el premio a la Defensa de la Libertad de Expresión y de los Valores Humanos otorgado por la Asamblea Internacional de Radiodifusión. En España también realizó sus últimas actividades pública previa a la agenda del Nobel. El viernes 3, antes de partir rumbo a Estocolmo, fue declarado hijo adoptivo ilustre de Madrid, ciudad en la que reside gran parte del año. Al día siguiente dio el play de honor en un partido del Real Madrid, equipo del que es hincha.

Pero en todo este tiempo no se ha privado de hablar y opinar de los más diversos temas. Por ejemplo, el riesgo, desde su punto de vista, de la banalización de la literatura debido a los libros electrónicos; advertir de los retrocesos de la libertad de expresión; manifestar su postura liberal respecto a las drogas y expresarse sobre temas políticos varios. El único tema que se privó de hablar por una cuestión de protocolo fue el de su discurso ante la Academia Sueca.
(Foto usada en varios medios tomada por EFE)

Arguedas y Vallejo llegan a Estocolmo

Algunas ideas sobre el discurso que diera Vargas Llosa ante la Academia Sueca. Este texto lo publiqué como columna en el suplemento que lanzara el diario El Peruano este sábado 11.

El martes nuestro novelista más exitoso tuvo una tribuna inmejorable: la Academia Sueca. Los poco más de 50 minutos sirvieron para que Vargas Llosa mencionara a numerosos autores que lo han marcado. Como el apasionado a la lectura que es, ha recomendado títulos y nombres mientras hablaba de democracia, progreso y dictaduras. El primero de la lista fue Julio Verne. Y de allí no paró. Incluso tuvo la grandeza de incluir a Gabriel García Márquez, el otro Nobel latinoamericano con el que está distanciado desde hace décadas, y de referirse más de una vez a Jorge Luis Borges, el eterno candidato.

Sin embargo, de todo el largo recuento de escritores de todas las épocas que hizo el Nobel, fueron dos los nombres los que tuvieron un sabor especial para los lectores peruanos. Los compatriotas José María Arguedas* y César Vallejo, autores imprescindibles de nuestro canon, arribaron a la capital sueca de la mano del narrador arequipeño.

Aunque en su discurso hizo la salvedad de que no menciona a todos los que quería pues “si convocara a todos los autores a los que debo algo sus sombras nos sumirían en la oscuridad”, y es de suponer que entre estos obviados estén más peruanos, es significativo que haya escogido precisamente a estos dos. Y escogió bien.

No es temerario decir que al pensar en otros autores nacidos en estas tierras que, por la calidad de su obra, hubiera merecido el premio sueco, dos apellidos de consenso son Vallejo y Arguedas. En el espectro ideológico los dos no están cerca del Nobel peruano, lo que da mayor valor a su aparición en tan magnifico estrado.

El secretario de la Academia Sueca, Peter Englund, confesó hace poco que al Perú lo conoce sólo por los libros de Vargas Llosa. Un reflejo de la triste realidad. La presencia de nuestros libros más allá del mundo hispano, e incluso de nuestras fronteras, es reducida. Arguedas, Vallejo y tantos otros no han tenido la difusión que se merecían. Al haber introducido a estos colegas y connacionales suyos en el discurso más importante que le ha tocado dar, Vargas Llosa ha puesto los reflectores sobre nuestra tradición literaria. Es de esperar que potenciales lectores de distintos rincones del mundo hayan tomado nota y se animen a introducirse en las páginas de Trilce o de Todas las sangres.

*Una curiosidad. Mi colega Pedro Escribano, días después del discurso ante la Academia Sueca, le sacó unas expresiones a Vargas Llosa apoyando la declaración del 2011 como Año de José María Arguedas.

sábado, diciembre 04, 2010

Una apuesta para el martes

Dentro de pocos días la Academia Sueca escuchará el discurso que para la ocasión ha preparado Mario Vargas Llosa. Sabemos que el título es “Elogio de la lectura y la ficción”. Intuimos que bajo ese paraguas pueden caber mil y un temas. Como ya lo vienen recordando varias voces, el autor de El pez en el agua, gusta de recordar a los escritores que lo marcaron cada vez que tiene que recoger un premio. Con humildad y sincero fervor, ha recordado a aquellos colegas que lo precedieron en la tarea de crear otra realidad a través de las palabras.

Que se sepa, no ha dado más pistas que el título, pero puestos a elucubrar qué tema abordará en su charla del martes, íntimamente tengo el deseo que mencione a algún grande de las letras peruanas. Se me ocurre que podría ser José María Arguedas, el otro pilar de la narrativa nacional, o quizás César Vallejo, otro peruano de reconocida influencia fuera de nuestras fronteras. Claro, no tengo cómo sustentar mi teoría más que mis deseos y el fervor patriótico.

La imaginación me gana y me pongo a fantasear con el impacto que causaría que el flamante Nobel se ponga por un momento nacionalista y en su conferencia más escuchada decida hablar de autores familiares a los peruanos, o tal vez latinoamericanos, pero relegados en otras latitudes. Más que una reivindicación, una invitación a que lean nuestros clásicos y que descubran sus virtudes. Es un sueño, que no se sabrá si cierto o falso hasta el martes.

El discurso esperado

El martes siete Mario Vargas Llosa dará una conferencia ante la Academia Sueca. El título de la charla es “Elogio de la lectura y la ficción”. Pocos datos más se saben sobre este discurso con el que nuestro novelista aceptará el galardón más cotizado de los que se dan en el mundo de las letras.

Algunos escritores e intelectuales peruanos se animaron a especular un poco más sobre el cariz de la disertación que dará el autor de La ciudad y los perros, quizás la más importante que le ha tocado dar. Por ejemplo, Santiago Roncagliolo, desde España, comentó que el narrador arequipeño no desaprovechará la oportunidad de hablar de dos de sus temas recurrentes: literatura y política. “Y dirá que la ficción es más real que la realidad, y tendrá razón”, remató Roncagliolo.


Fernando Iwasaki, también desde la Madre Patria, indicó que Vargas Llosa “puede hablar de lo quiera, porque el premio es suyo y no está obligado a darle las gracias a nadie más que a sus lectores y a la Academia Sueca”. Sin embargo, confesó que piensa que hablará de la lengua española y quizás de Jorge Luis Borges, un eterno postergado de los premios Nobel.


El escritor e historiador recordó que cuando le dieron el Premio Rómulo Gallegos a nuestro Nobel, él habló de Carlos Oquendo de Amat, cuando le dieron el Príncipe de Asturias habló de "El Lunarejo" y cuando le dieron el Cervantes habló del Inca Garcilaso. “Por lo tanto, tal vez ahora también hable acerca de otro escritor peruano”, añadió.


La política asoma
El investigador Osmar Gonzáles consideró que Mario Vargas Llosa tomará esta oportunidad de audiencia mundial para reafirmar su defensa irrestricta de la libertad, pero también, y en consecuencia, para someter a crítica acerba a los autoritarismos políticos. Por otro lado, a pesar de sus innumerables artículos en contra del sentimiento nacionalista, espera que brote, como en sus primeras declaraciones luego de obtener el Nobel, la identificación con su peruanidad. De lo que no tiene duda es que motivará muchos debates.


El poeta Roger Santiváñez también cree que la tribuna del Nobel servirá a Vargas Llosa para difundir sus ideas políticas. “Supongo que presentará un discurso de acuerdo a su actual posición alineada con el liberalismo a ultranza, aunque quizás lo matice, debido a la tradicional impronta social-democrata que tiene el Premio Nobel”, añadió crítico. “Hablando en peruano podríamos decir que les dirá a los académicos suecos, lo que ellos quieren escuchar”, remató.

jueves, diciembre 02, 2010

Un Nobel entre nosotros

Unas horas antes que se anunciara el premio Nobel a Mario Vargas Llosa pocos en el Perú estaban atentos a este galardón de la Academia Sueca. Tantos años teniendo a nuestro escritor más internacional en el bolo nos habían vuelto escépticos, un poco más de lo normal. Incluido entre estos escépticos, claro, al autor de La tía Julia y el escribidor. Pero no hay plazo que no se cumpla. Y henos aquí, con un Nobel que salió de esta tierra.

En realidad, esta distinción no hace más que confirmar lo que nosotros, sus lectores, ya sabíamos desde que nos topamos con sus libros por primera vez. Tanto así que autores como Javier Cercas comentaban que la noticia no era que le dieran el Nobel al narrador arequipeño, sino que recién se lo den. Si, por capricho del azar, Vargas Llosa nunca hubiera recibido esa llamada madrugadora desde Estocolmo en el que le informaban del premio, su lugar en la literatura en español y universal igual ya estaba asegurado. No faltará quien diga que no necesitaba del premio para estar a la derecha de Jorge Luis Borges, paradigma del escritor postergado por la Academia Sueca.


Ahora que la atención del mundo editorial está posada en sus obras no podemos más que alegrarnos. No sólo porque sea nuestro compatriota, al fin y al cabo un hecho involuntario. Sino más bien porque otros lectores conocerán esas historias surgidas de su imaginación. Seamos realistas. En otras latitudes, o quizás entre nosotros, los hispanohablantes, muchas personas no se han acercado aún a sus libros pero lo harán motivados por el Nobel. Incluso es de esperar que sus obras de teatro, un rubro al que Vargas Llosa le tiene singular cariño, sean repuestas o estrenadas en el Perú y en el extranjero.


En las semanas que han pasado desde que se dio la noticia, mucha tinta ha corrido analizando, espulgando, escarbando, cada una de las aristas de la vida y obra del novelista. Como es obvio, unos en contra, los más a favor. Pero más allá de quién tenga razón, lo que está fuera de discusión es su importancia.
No todas sus opiniones y acciones irán a misa. Es tan activo a los 74 años y se mete en tantos temas que es casi imposible que todo lo que venga de él sea de nuestro agrado. A mí, en particular, no me pareció pertinente su incursión en la última campaña electoral chilena. Diferencias que, tengo la impresión, la mayoría está dispuesta a perdonarle como quien perdona a un familiar mayor. Y, dicho sea de paso, quienes no le disculpan sus discrepancias, lo hacen con ese ánimo poco tolerante que se tiene con un ser cercano que nos ha defraudado. Pero equivocado o no, no se discute que cuanto hace y dice genera una batahola alrededor.

Quiero creer que dentro de las continuas turbulencias que generan sus declaraciones, lo más importante son las ganas de leer que le deja a la gente. Recuerdo, en años pasados, cuando él reflexionaba sobre su derrota electoral, que él veía como un favor porque había regresado a escribir y a leer. De entre sus declaraciones se sentía verdadera pasión por la lectura, que intuyo ha sido contagiosa para muchos.

Y algo de eso hay. Por ejemplo, en varios cables de prensa se ha informado que se han disparado las compras de sus libros, una noticia esperable después de recibir el Nobel. Pero además, otros autores también se han beneficiado de forma inesperada. Uno es Gustave Flaubert, a quien dedicara un ensayo hace unas décadas. Otro, Alejo Carpentier. Éste último es el autor del libro que estaba leyendo Vargas Llosa al momento de recibir la notica – El reino de este mundo. A mí me tocó ver y reportar ese singular jale en la Feria del Libro Ricardo Palma. Hace un tiempo, al recibir el Cervantes, en su discurso se explayó por su cariño a diversos autores como Kafka. Apuesto que al escucharlo no menos de uno se habrá antojado de leer El proceso y demás obras del escritor checo.

Tanto tiempo reclamando el premio para Vargas Llosa nos ha dejado un poco en offside a todos. ¿Y ahora qué? Una broma que he compartido con otros periodistas peruanos que cubren temas culturales es que a partir de ahora los meses de octubre la pasaremos más tranquilos, sin esa tensión propia de quién espera la llamada de la Academia Sueca. Tal vez nos queda seguirle el juego. Leer lo que recomiende, así no se dé cuenta que lo está haciendo, y formarnos nuestra propia opinión. Y en especial, llevarle la contra cuando creamos que está equivocado. Al fin y al cabo, como decíamos hace varias líneas atrás, el premio Nobel no hace más que confirmarnos un hecho que sus lectores ya sabíamos desde hace un buen tiempo: que Mario Vargas Llosa es ese familiar de mayor edad cuyo mayor placer es introducirnos en el vicio de la lectura.
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(Texto publicado en el reciente boletín de la Casa Museo José Carlos Mariátegui)

jueves, octubre 28, 2010

El toque de Midas

Vargas Llosa. Esas dos palabras son las más escuchadas en la actual Feria del Libro Ricardo Palma en todos los stands. Según informan los vendedores, nuestro más internacional escritor siempre estuvo entre los más vendidos. Sin embargo, desde que hace dos semanas se anunciara el Nobel, su demanda ha sido exponencial.

Tanto ha sido la expectativa por su obra que hasta sus ensayos vienen circulando con mayor fluidez que los títulos de otros autores. No obstante, de acuerdo a los dependientes de Librerías Crisol, Peisa y Disbook, Conversación en la Catedral, una de sus primeras novelas, es la más solicitada.

A este hecho se suma un dato curioso: la repentina fiebre por leer a Alejo Carpentier. Como se recordará, nuestro primer premio Nobel, confesó que se encontraba leyendo El reino de este mundo al momento de recibir la llamada de la Academia Sueca.

Esta sola mención ha servido para que el cubano Carpentier, a treinta años de su muerte y a seis décadas de publicar esa novela, sea otro nombre recurrente entre los pedidos de los lectores. Esta novela fue publicada en 1941 y aborda el tema de la revolución de los esclavos de Haití a fines del siglo XVIII.

Cabe señalar que en la Feria Ricardo Palma se encuentran también stands dedicados a primeras ediciones y libros de segunda mano. En este rubro también el autor arequipeño es el más pedido. Algunos ejemplares se han llegado a vender superando los cien nuevos soles, pero es posible encontrar desde veinte nuevos soles si se tratan de ediciones populares antiguas.

viernes, octubre 08, 2010

Adiós al Club de Borges

Un ejercicio de todos los años por esta época era hacer apuestas de si por fin le daban el premio Nobel a Mario Vargas Llosa. Ese ejercicio se acabó cuando menos se esperaba. Como no pasaba desde hacía bastante tiempo, el nombre del escritor arequipeño ya no se mencionaba entre los más voceados para el más esperado galardón. Los más empeñosos debíamos leernos todo el cable sobre los supuestos nominados para poder encontrarlo.

Ahora, el autor de clásicos como La casa verde o La ciudad y los perros deja por fin lo que algunos llaman en son de broma el Club de Borges. Ese olimpo conformado por los autores que marcaron la literatura mundial pero que, como el argentino, no recibieron la atención de la Academia Sueca.

No hay que olvidar, más allá del aluvión informativo que recibiremos luego del premio, que desde hace un par de décadas prácticamente todos los escritores en habla hispana no ocultaban su admiración y deuda con Vargas Llosa. Si hemos de mencionar a los autores más influyentes de los últimos tiempos, son tres los nombres que no se pueden discutir: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Roberto Bolaño. Dos de ellos, los primeros, están vivos y han recibido el Nobel. El tercero, el más joven, por siempre será parte de la mancha de Borges.

Mientras, los peruanos nos queda celebrar nuestro primer premio Nobel. Y, como decimos en la marinera, no hay primera sin segunda.
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jueves, febrero 12, 2009

La sombra del abuelo


Le Clézio publicó este breve libro después de su novela El buscador de oro, abordando en ambas obras a personajes tras un tesoro inasible. Dos personajes dominan esta obra. Por un lado, el abuelo, quien exploró con obsesión la pequeña isla de Rodrigues esperando encontrar la fortuna enterrada por un corsario. Por otro, el autor, quien en una visita a ese lugar intenta comprender las quimeras que dominaban a su predecesor. Sin embargo, como sentencia casi al final, “no se comparten los sueños”.
Mientras que el abuelo persigue entender las señales dejadas al azar por un – en todo sentido – impreciso bucanero, el nieto intenta repasar los pasos de su antepasado para ver igual que él el paisaje que lo subyugó. Pero al final, quien se impone es la naturaleza inhóspita que va borrando las huellas de unos y de otros.
No obstante este rasgo, Viaje a Rodrigues no es un libro totalmente pesimista. Es, más bien, una oda a la aventura por la aventura, la búsqueda sin importar el motivo. De un árbol familiar con figuras exitosas, prefiere el narrador hablar de quien ha fracasado como burgués, pero que no temió a perseguir su meta: un tesoro que sólo existía en su mente.
También es evidente la exaltación del individualismo y la libertad. No es gratuito que en un par de pasajes se hable de la insensata empresa del abuelo en esa isla perdida en oposición a la sangría de la primera Guerra Mundial que acontece al mismo tiempo. Entre la locura personal y la locura colectiva, el autor se decanta por la primera.
Ficha técnica
Viaje a Rodrigues (colección La otra orilla, editorial Norma)
J.M.G. Le Clézio.
* Porsiaca, la imagen corresponde a una edición distinta de la que yo leí.

miércoles, octubre 15, 2008

Premio Nobel para Vargas Llosa*

Al cierre de esta página aún no se sabía si el optimista titular que encabeza esta nota era por fin realidad o no. Pero si nos dejamos llevar por los pronósticos que circulan, lo más probable es que nuestro compatriota haya sido postergado una vez más de este galardón. Aunque, claro, todo depende de si la Academia Sueca se animó a hacer justicia y premiar al más influyente escritor de habla hispana en actividad.

En estos días han circulado, como todos los años por esta época, listas con supuestos favoritos. Se ha hablado del norteamericano Philip Roth, del francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, del italiano Claudio Magris y del israelí Amos Oz. Otro nombre que se menciona pero con menos fuerza que otros años es el del autor de La casa verde. Pero son – así acierten eventualmente – solo especulaciones que se repiten sin mucho fundamento.

Si por cosas del destino, a Vargas Llosa nunca le dieran el premio, no se encontraría en mala compañía. Hay varios autores como Marcel Proust, James Joyce o Leon Tolstoi que, a pesar de ser reconocidos en su tiempo y de su obvia trascendencia, murieron sin ser invitados a Estocolmo.

Y eso sin recordar a Jorge Luis Borges, figura emblemática de la literatura en nuestro idioma que murió siendo nominado repetidas veces. La leyenda popular dice que al argentino se le negó el Nobel por su postura política de derecha. Algunos entendidos sugieren que lo mismo está por pasar con el novelista arequipeño.

Recuerdo que hace unos años Beto Ortiz le preguntó por el esquivo premio a Vargas Llosa. Éste respondió algo así como que la mejor campaña era no hacer campaña y actuar sin pensar en el galardón. Hasta el momento de teclear estas líneas su táctica no había dado resultados, pero quién sabe.

Esperemos que nuestro pesimismo agorero sea infundado y que la Academia Sueca nos calle la boca de gran forma. Mejor si es este año en que tantos homenajes ha recibido nuestro escritor más famoso. Mientras tanto, sólo queda decir como la barra de Cienciano en el 2003, “sí se puede”.

* Columna publicada en el diario El Peruano el 9 de octubre de 2008, día en que se anunció que el nobel de Literatura fue para el francés Jean-Marie Le Clézio.