lunes, septiembre 12, 2011
Manuel Jesús Orbegozo: Una vida tras la noticia
jueves, agosto 25, 2011
Martín Caparrós: Si no lees, no escribas
(Entrevista que publiqué en el suplemento Variedades en agosto de 2006)
Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) visita la XI Feria Internacional del Libro de Lima promocionando su novela Valfierno (Premio Planeta 2004). Como periodista ha incursionado en varios géneros como la crónica de viaje, los deportes y la gastronomía. Confiesa entre sus ídolos al chalaco Julio Meléndez.
Como argentino a usted le preguntarán en todas partes de fútbol
- Sí, sobre todo después de publicar Boquita, un libro sobre Boca Juniors. A partir de allí me convertí en una especie de consultor futbolístico, cosa que nunca deseé ser. Me gusta demasiado el fútbol como para dedicarme a hablar de eso. Hay tanta gente que lo hace y que dice pavadas.
¿De qué peruano recuerda su paso por Boca Juniors?
- De Julio Meléndez, de quien hablo en mi libro. Él se hizo muy famoso por un partido entre Boca y Cristal en 1971. Necesitábamos ganar para pasar a la siguiente ronda, pero se generó tal gresca que expulsaron a casi todos. Entre los pocos que no le sacaron tarjeta roja estaba Meléndez, quien apaciguaba los ánimos. Recuerdo que yo estaba en "la doce", la barra xeneize en tribuna popular, cantando con la hinchada "Pegue, Boca, pegue". Julio Meléndez fue ídolo porque llegó a Boca y sudó la camiseta.
Usted afirma que para sus novelas no investiga mucho, lo contrario de lo que se debería hacer en periodismo
- Es verdad. Para empezar, no me gusta la palabra investigar. Eso lo hace la policía, los inspectores, inspectores del fisco. Yo miro y observo. Deberíamos inventar una palabra para referirnos a lo que nosotros hacemos. Necesitamos tener la coquetería suficiente de llamar a nuestra actividad de una manera distinta a lo que hace el sargento o el policía secreto.
¿La frontera entre periodismo y literatura es tenue?
- Yo trato de no pensar de las diferencias entre ficción y no ficción. Se supone que un género es sobre hechos reales, mientras que el otro son invenciones, pero casi nunca se cumplen. Al final hay una buena y saludable dosis de ficción.
Pero habrá variantes de periodismo menos proclives a la ficción que otras
- No, ni el periodismo económico. Nadie hace más ficción que los periodistas de economía. Se pasan la vida pronosticando hechos que no se cumplen.
¿El periodista debe estar preparado para escribir de todo?
- No. Si lo piensas, los periodistas no están preparados para escribir de casi nada, aunque lo hacen con gran impudicia. Un amigo me decía que los periodistas son las únicas personas que acaban su educación en público, y es un optimista que cree que la terminan.
- Me asombra que exista gente que quiera entrar en esta profesión y no lea. Si no le gusta la lectura que busque otra carrera, carnicero, carpintero, torturador. Hay oficios mucho más decentes que el periodismo.
martes, febrero 01, 2011
Internan al Chino Domínguez
De acuerdo a la información proporcionada por el familiar, al cierre de esta edición estaba siendo compensado a la espera de mejorar su estado para pasar al área de Nefrología. Cabe señalar que el profesional se dializa regularmente por sufrir de insuficiencia renal.
Desde la tarde de ayer circuló la versión que el estado del periodista era grave. Sin embargo, Carlos Domínguez hijo precisó que, de acuerdo a los reportes que le han dado los médicos, la situación de su padre es estable.
El Chino Domínguez es una figura de culto en el mundo del periodismo peruano. Aprendió su arte de su colega nikkei Antonio Noguchi. Ha colaborado con gran cantidad de medios nacionales, siendo el responsable de imágenes de gran valor histórico. Por ejemplo, la última toma de Arturo Zambo Cavero pocos días antes de su muerte corresponde a él.
Su archivo gráfico es de una gran riqueza, teniendo en su haber retratos inéditos de importantes personajes del mundo cultural, político y artístico peruano. Algunas de las publicaciones donde ha dejado su impronta son los diarios La República, La Tribuna, Presente y la revista Caretas.
miércoles, julio 28, 2010
Los parientes pobres de la China Tudela
A fines de la década de 1980 apareció – en el semanario humorístico No de Los dos personajes narraban semana a semana alguna anécdota desde su particular y contrario punto de vista. Las canciones de protesta que componía Caín o los moralizantes poemas de Abel, escritos “de puño y letra” eran la yapa de sus peripecias.
Aunque la sección duró sólo unos meses, para varios amigos de mi generación fue un producto de culto. El grupo de rock de Caín, Flatulencia, debe ser uno de los más recordados de la escena subte ochentera, aunque nunca nadie los haya escuchado. En no pocas reuniones he oído a nostálgicos recordar las columnas de estos hermanos con tanta precisión que he empezado a dudar.
Un ritual personal en las hemerotecas en las que he recalado es buscar
La edición hecha por Contracultura tal vez sea perfectible. Un poco de información que contextualice cada entrega de Caín y Abel no estaría de más. Pero son detalles mínimos. El 7 de diciembre de 1987 Caín salía de su casa a tocar con su grupo de rock, mientras Abel se recuperaba de una patada de su mellizo. Hoy ambos están de vuelta.
jueves, septiembre 10, 2009
Doña Caro, la abuela negada de la China Tudela
Desde hace algunas décadas un personaje creado por Rafo León, Lorena “la China” Tudela, ha ironizado sobre las costumbres actuales desde las páginas de diversos medios como el semanario Caretas, el desaparecido diario Página Libre o la revista de humor Monos y monadas.
Asumiendo la voz de una “pituca” o mujer presumida de clase alta, se hace burla en su columna de humor, de los hechos de la coyuntura mezclándolos con ficciones, sobre todo lo que se considera de mal gusto o huachafo.
Pero este tipo de creación no es nueva en el Perú. En este ensayo quiero referirme a un antecedente de principios de siglo que tiene mucha relación con la obra de León. Se trata de Vida y milagros de doña Caro, cuyo autor es de Fausto Gastañeta.
Nace la huachafería
Situémonos. A comienzos del siglo XX surge en el Perú un tema recurrente en su producción cultural: el de la huachafa. Es difícil entender el significado y las múltiples connotaciones de palabras como huachafa, huachafería, lo huachafo, sin ser peruano o haber vivido en el Perú. Mario Vargas Llosa, el más representativo escritor del país, ironiza al respecto afirmando que es parte de nuestra identidad nacional. Es tal la importancia que se le da que hay hasta teorías acerca de quién es el padre del popular término. La más popular de las hipótesis apuntan hacia Jorge Miota, periodista de esos años, pero hay otras más.
El modelo de conducta de la huachafa – una mujer, usualmente costurera, que intenta aparentar ser de una clase más prestigiosa de la que realmente es - sirvió de materia prima para una gran cantidad de creaciones culturales. Los huachafos sirvieron de inspiración para canciones, libros y caricaturas de las más variadas calidades. Una de estas obras es la serie costumbrista de doña Caro, obra del periodista Fausto Gastañeta (Lima, 1872 – Lima, 1945).
Sin embargo, hay más, mucho más. Las novelas “Las Cojinovas” de Cloamón, “Bajo las lilas” de Manuel Beingolea y “Las Urrutia” de José Diez Canseco, y las series de humor de Clemente Palma o de Eudocio Carrera Vergara, “Apuleyo Corrales” y ”el doctor Copaiba” respectivamente, son sólo parte de la vigencia que tuvo el estereotipo en esos años. Hay que señalar que el estereotipo nació antes del término, pues en la obra de Cloamón, que data de 1905, ya se usan todos los elementos característicos de este tipo de personaje pero sin ser llamado como “huachafa”.
Antes de la psicóloga estaba la costurera
Quienes se han acercado al tema de la huachafa, huachafería y demás derivados desde el ángulo del estudio literario – entre los que destaca Luis Alberto Sánchez – indican a la serie de Fausto Gastañeta como su paradigma. Publicada irregularmente en varios medios de prensa de la época, no se conoce ninguna edición recopilatoria de Doña Caro, vida y milagros. Hasta donde hemos podido rastrear, la primera aparición de la columna se dio el 27 de junio de 1909 en el diario El Comercio. También ha aparecido, que se tenga noticias, en las revistas Mundial y Variedades hasta fines de la década de 1920.
La principal razón por la que Doña Caro se convirtió en sinónimo de huachafa es que en el universo ficcional de Fausto Gastañeta se sintetizaba varios de los elementos usuales del tópico. A la costura y la poca fortuna por imitar a las clases más afortunadas, se debe sumar el hecho de mostrar una familia con un solo progenitor. Doña Caro, viuda según asegura en alguna entrega, vive con sus hijas Zoraida y Etelvina. Eventualmente también aparece el menor de su prole, el holgazán Gregorio.
Pero, ¿qué tiene en común la China Tudela de Rafo León, una sicóloga con consultorio en El Golf y casa de playa en el sur, con este personaje de comienzos del siglo XX que hacía malabares para vestirse con telas de cortina para aparentar algo que no era? Pues mucho, más allá de ser las dos del género femenino.
Por ejemplo, tanto León y como Gastañeta recurren constantemente a una estrategia similar para generar hilaridad: mezclar la coyuntura noticiosa con sus personajes de ficción.
Como dijimos sobre sus creaciones hace unos años en el suplemento identidades del diario El Peruano “Las quejas y puyas a los jefes de los medios donde publican, los personajes públicos que intervienen en la ficción y la referencia a hechos y lugares conocidos es moneda corriente en las dos creaciones. Comparando ambas obras, se puede decir que Doña Caro, vida y milagros era una suerte de China Tudela al revés de la República Aristocrática, una especie de abuela pobre de la pituca más conocida del periodismo nacional”.
La similitud resalta más si recordamos que ambas columnas de humor critican modelos de conducta social de su tiempo. El tema predilecto de León y Gastañeta no deja de ser interesante: el mal gusto. En un caso, se hace escarnio de los usos y costumbres de quienes se cruzan con el personaje de ficción, la china Tudela; en el otro la criticada es la misma protagonista, doña Caro, blanco de todas las burlas en medio de personajes entre ficticios y reales.
Pero en las series de la china Tudela y doña Caro los juegos entre la ficción y la realidad no se quedan en usar personajes públicos conocidos. Existen un par de entrevistas a la China Tudela, en una de ellas incluso llega a asegurar que Rafo León es creación suya.
Doña Caro no se queda atrás. Los medios donde trabaja publicaban cada cierto tiempo misivas surgidas del universo ficcional de Gastañeta. Incluso en el colmo de la esquizofrenia creativa aparecen cartas aclaratorias y otras negando la veracidad de las anteriores. Además, esta heroína del mal gusto ha protagonizado algún escándalo en las páginas de policiales. No he averiguado si a esta costurera la llegaron a entrevistar como a la China Tudela, pero en compensación el personaje escapó de la pluma de Fausto Gastañeta para ser retratado también por Clemente Palma y Eudocio Carrera Vergara.
Son muchos los rasgos en común entre ambas columnas de humor que quisiéramos abordar. Por ejemplo, la relación de los textos y las ilustraciones que los acompañan, el tema racial, o cierto recelo a la movilidad social. Esperemos explayarnos más en una próxima entrega.
Ensayo publicado en el número de setiembre del boletín de la Casa Museo Mariátegui y que edita el historiador Osmar Gonzales.
miércoles, octubre 15, 2008
“La tecnología mató a la bohemia”
Entrevista. Guillermo Thorndike. Periodista
El nombre de Raúl Villarán tal vez no diga mucho a los lectores de hoy. Pero en la década de 1950 fue uno de los periodistas que varió la forma de hacer el periodismo en el Perú. Fue el responsable del tabloide Última Hora, el mismo que con su famosa portada “Chinos como cancha en el paralelo 38”, introdujo la jerga en la primera plana. Guillermo Thorndike ha escrito sobre él y sus primeros pasos por la prensa el libro El rey de los tabloides.
¿Por qué el espíritu bohemio de los periodistas de la época?
- Antes se terminaba de trabajar muy tarde. Ahora hay Internet, y la gente puede estar enterada de lo que está pasando diez minutos antes. Todos están más o menos al día. Antes no. Cuando pasaba algo importante, debías escribirlo en una pizarra y colgarlo del balcón de tu periódico. Se acababa de trabajar a una hora avanzada que no era para visitar a nadie. Otro factor es que vivíamos un día adelantado. Ya sabíamos qué iban a hablar con anticipación. Era inevitable sumarse a la vida nocturna. La tecnología acabó con eso.
¿Cómo valora que el personaje de su libro utilizara las páginas del diario que dirige para promocionar su negocio particular de bailarinas?
- Se puede ver así. Pero también se puede ver de otra manera. Había la necesidad de tener princesas y príncipes locales. Europa tenía los suyos, pero no eran nuestros, pues. Dependíamos de culturas extranjeras, hasta las Bikini Girls de Villarán. Significó lanzar talentos nacionales. Esto empezó como actividad de la Federación de Periodistas. Pero luego, invirtieron su dinero y talento y aprovecharon también Última Hora, pero levantando a Última Hora. Creo que la reacción de Pedro Beltrán, el dueño del diario, fue exagerada.
Un dato interesante que da su libro es el origen conservador de la prensa popular.
- Claro. Las calificaciones pueden variar de una época a otra. En el siglo XX, el dueño de La Prensa, Durand, era liberal. Esto nos permite ver que había un respeto muy grande por parte de los dueños de los periódicos por la gente que trabajaba en los medios. ¿Quiénes dirigían los medios? Clemente Palma, Jorge Guillermo Leguía. Colaboraban Mariátegui, Luis Alberto Sánchez. Todas eran personas de mucha importancia personal. Poco a poco, después del terremoto de 1974, creo yo que han vuelto a desarrollar personalidades que serán más difíciles de manipular.
Interesante el detalle que menciona que los dueños no tenían injerencia con el quehacer de los medios.
- O si la tenían, debían tratar con personas de un gran valor profesional y periodístico. Piense usted. El señor Amunátegui debía tratar con el señor José Antonio Miro Quesada, que al principio no era propietario. Su jefe de redacción era don Guillermo Carrillo, un gran periodista. Cuando Miro Quesada asume la dirección, hay que imaginar cómo sería su trato con sus ex compañeros. Hay diferencias de época. Hemos atravesado una época muy mala que aún no ha desaparecido. Aún tenemos en la profesión gente que le pagan 300 soles al mes o propinas.
Llama la atención que en la prensa popular de los cincuenta se aborde temas internacionales en portada. Un titular como Chinos como cancha en el paralelo 38 no es probable ahora.
- No hay que dejar de percibir que en primera plana también se publicaba la muerte de André Gide. Y en interior la nota era de Jean Cocteau. Eso te demuestra que la mesa de edición estaba llena de gente que leía a Gide, a Cocteau. Eran personas embebidas de la producción literaria. De eso hacían participar al público, y el público participaba.
Datos
El rey de los tabloides es la primera coedición de Planeta junto a la Universidad San Martín de Porres.
El autor trabajó con Raúl Villarán en varios medios locales y Costa Rica.
En octubre Guillermo Thorndike publicará 1878. Crimen Perfecto, quinta entrega de su serie sobre los hijos de los libertadores.
En el futuro espera poder escribir la continuación de El rey de los tabloides.
Algo más
Raúl Villarán falleció en 1977 a la edad de 49 años.
Foto de Raúl Villarán en su faceta de director de Última Hora. Cortesía de Guillermo Thorndike.
lunes, diciembre 24, 2007
Crónica chismográfica
El libro es ágil, aunque en ocasiones Salinas se exceda en los adjetivos y en otras sus analogías se vayan por las ramas. Desde el prólogo se advierte que la selección ha sido arbitraria y eso se nota. Siete de los diez entrevistados son de la misma generación, varios han trabajado juntos o tienen lazos de amistad con el autor y, por lo general, se pueden ubicar en el mismo espectro ideológico. A pesar de este detalle, el libro cumple con su cometido de mostrar aspectos no muy conocidos de los líderes de opinión y hombres de medios.
Por ejemplo, es muy lograda y sugestiva la descripción que hace de la entrevista que le hace a Álvaro Vargas Llosa, en el penthouse familiar, con un mozo al lado pendiente de si se acaba el whisky. También es interesante saber la opinión de este puñado de periodistas sobre diversos temas. Por ejemplo, curioso saber que Beto Ortiz y César Hildebrandt coincidan en el derecho del Estado en tener medios de comunicación, mientras que Aldo Mariátegui opina distinto aunque le gustaría convertir al canal estatal en educativo. El libro da bastante material para la polémica y el morbo – Jaime Bayly afirmando que es un problema neuronal ser comunista, por poner un caso. La sección más interesante de cada entrevista es la final, en la que el gremio periodístico intercambia besos volados y puyas entre sí.
Fichar técnica
Rajes del Oficio de Pedro Salinas. (editorial Planeta)
lunes, octubre 15, 2007
Sendero personal

Su última entrega busca hacer un perfil de uno de los personajes más controvertidos de las últimas décadas en el Perú: Abimael Guzmán
Desde hace poco La cuarta espada, el último libro de Santiago Roncagliolo, está circulando en las librerías peruanas. En él aborda uno de los episodios más difíciles de la historia reciente del Perú: Abimael Guzmán y su movimiento terrorista Sendero Luminoso. Su particular forma de abordar este tema le ha valido ya algunas críticas. En esta entrevista responde a ellas y comenta sobre su trabajo de investigación.
¿Qué es lo que más le ha llamado la atención en su investigación sobre Abimael?
- Son dos cosas. El que nunca llora. Ni sus hermanos, ni Elena Iparraguirre, ni los militares ni nadie recuerda haberlo visto llorar. Lo otro que me extraña es como él no se concibe fuera de Sendero Luminoso. No cree que haya tenido una vida personal ni nada que merezca decirse fuera de Sendero Luminoso. Incluso nunca usa el “yo”, siempre usa el “nosotros”. O se refiere a si mismo con el nombre de los órganos del partido que él dirigía. Casi como queriendo desaparecer como individuo dentro de su organización terrorista.
Cuenta en su libro que el diario El País titular un artículo tuyo sobre Abimael como “El loco más peligroso de América Latina”, lo que le generó problemas con sus fuentes. ¿Está en contra de este titular?
- El editor hizo su trabajo, buscar un titular interesante y no preocuparse de mis fuentes. Yo tuve que desmarcarme de ese titular porque perdí fuentes, entre ellos los suegros de Guzmán.
¿Pero ese titular refleja lo que piensas sobre él?
- Yo no pienso que esté loco, en realidad. Creo que cuando decimos que está loco es una forma de evitar pensar qué hay más allá. Cuando uno está loco, ya las cosas no son tu responsabilidad, son algo natural. Pero Guzmán tenía un sentido de la realidad y de la estrategia muy agudo. Y como no estaba loco, es responsable de sus actos y merece una pena de cárcel y no un tratamiento.
¿Cuál es la relación entre Abril rojo y este libro?
- Yo escribí primero Abril rojo. Pero algo me decía que la historia real era más escalofriante de lo que me podía imaginar. Abril rojo fue un empujón de interés hacia este libro.
En ambos libros narras la historia de una mujer que busca en las quebradas a su hijo desaparecido. ¿Esto lo tenías desde antes?
- Recuerdo esa historia de cuando trabajaba en la Defensoría del Pueblo. Yo tuve que entrevistar a esta mujer. Es curioso cómo la violencia del terrorismo alimentó a la del Estado, y la del Estado alimentó al terrorismo. Desde la perspectiva de los civiles los dos extremos, lejos de ser enemigos, se hacían el juego y justificaban la existencia mutuamente.
¿Cuál considera más personal? ¿Abril rojo o La cuarta espada?
- Yo prefiero este libro a Abril rojo. La violencia en mi anterior novela era ficticia, la iba descubriendo conforme iba investigando los crímenes. No tenía que encararlo tan directo. En cambio La cuarta espada todo lo que cuento es real. Creo que es mi mejor novela porque es real.
¿La considera novela?
- Es una novela en el sentido de A sangre fría de Truman Capote. Pero no es un libro periodístico de actualidad. Cuenta una historia que puedes leer aunque vivas en Birmania o Rusia, pues te habla del poder y la violencia. Si todos los personajes fueran ficticios seguirían funcionando igual.
¿No considera que comparar el uso de la ideología de los senderistas con La Fuerza de Luke Skywalker es banalizar el tema?
- No, son ejemplos didácticos. Yo no escribo sólo para un público peruano. Mis libros se traducen a unos doce idiomas. Necesito que sea muy claro qué es lo que pasó. Necesito usar referentes de cultura popular, muy simples y directos. Precisamente para que no se banalice, para que se lea la intensidad de lo que ocurrió.
¿Seguirá tratando el tema de la guerra interna?
- No, éste es el último. Yo siempre digo que la terapia ha terminado. Ha sido un trabajo muy personal porque también ha sido mi historia. Es una historia personal.
En el libro dice que lo escribes por dinero y se le ha criticado de oportunista. ¿Qué contesta a eso?
- Lo que me interesaba decir en ese párrafo era exponer qué era lo que podía vender a un gran periódico (El País de España). El dinero no era lo que me interesaba, que no era mucho. Lo importante al principio de esta historia era publicar un reportaje en un gran periódico. Cuando tienes una reunión con el editor de un gran periódico no tienes mucho tiempo ni muchas opciones. Debes tener una buena idea. Yo era peruano, así que no tenía posibilidad de ofrecer temas españoles. Había sido el 11-M, entonces había interés en el terrorismo. Eso es como empezó la historia y está dicho en la página 23 del libro. Las restantes doscientos cincuenta páginas se dedican a ver cómo no era una rutinaria historia de trabajo. Me gustaría que los críticos se leyeran el libro entero antes de criticar, es un mínimo de educación.
Se repite siempre que usted afirma que recién se está haciendo literatura sobre la guerra interna.
- No, eso no lo he dicho nunca. Hay literatura sobre la guerra interna desde los años ochenta. Lo que ha cambiado creo es la actitud del Perú, y en particular de Lima. Creo que la gente durante los 90 no quería ver, no quería mirar, lo tenía muy fresco. Hay una población ávida por saber que ya se siente más segura. Pero durante muchos años ha habido escritores tratando este tema como Luis Nieto Degregori, Oscar Colchado, Miguel Gutiérrez.