Mostrando las entradas con la etiqueta narrativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta narrativa. Mostrar todas las entradas

viernes, noviembre 18, 2011

En busca del camino

Hace veinte años se publicó La violencia del tiempo, la que para muchos es la mejor novela peruana de la década de 1990. Esa edición no estuvo exenta de problemas. Su autor, Miguel Gutiérrez, acaba de publicar Una pasión latina, entrega cuyo lanzamiento oficial se demoró un par de semanas más de lo planeado por algunos imprevistos. Conversamos con el narrador.



Curioso que tanto La violencia del tiempo, como este libro hayan tenido dificultades al salir.

- Fueron de otro tipo. Como yo no pude supervisar la edición por la situación que se vivía en el país en 1991, el editor se tomó algunas libertades. Lo interesante de la última edición es que se ha restablecido la versión original. Por ejemplo, la distribución de los capítulos. Menos mal que tenía los originales, que los guardaba el historiador Carlos Araníbar.


¿Cómo surge esta nueva novela que transita entre Estados Unidos y el Perú?

- La novela parte de un hecho real. Ese asesinato sucedió. El asunto era cómo escribir esa historia, que se vuelva turbulenta, atroz, desagradable. Había varias posibilidades. Cuando uno escribe una novela uno se pregunta cómo se va a escribir. A uno se le presentan varios caminos, pero sabe que sólo hay un camino definitivo. Por ejemplo, hay una novela muy buena del punto de vista formal que es Sostiene Pereira de Antonio Tabucci. Esa novela, sin esa frase que se repite como leit motiv, se cae. Yo no me imagino esa novela escrita de otra forma. En el caso mío era encontrar la forma de contar esta historia muy violenta y truculenta.


¿Cuánto se demoró para encontrar la forma de contar esta historia?
- Yo me enteré de este caso hace diez años. Desde entonces, está dando vueltas. Me imaginaba dos o tres maneras de hacerlo, pero ninguna me satisfacía. Pero hasta que el año pasado, mientras escribía otra novela, se me ocurrió. Siempre busco que cada libro sea una aventura de composición, de formas de tratar, de técnicas y de lenguaje. De cierta forma, La violencia del tiempo es una novela suma. Hay varias novelas dentro de ella. Pero esa novela responde a la tradición realista, de Balzac, Tolstoi, todos ellos. En cambio, Babel en el paraíso, responde a otra tradición, otra poética y estética. A la de la novela fantástica, la novela utópica. El lenguaje está determinado por esa forma.


¿Cómo plantea sus libros? ¿Anda a la caza de una historia? ¿De la forma?
- Una de mis preocupaciones ensayísticas es el tema del acto creativo novelesco. Surge de diversas maneras. De un personaje, de una historia, a veces de una imagen, que desencadena todo el imaginario que tiene un escritor. Cuando me cuentan una historia, puedo ver que son novelables, pero no me interesan. Pero otras sí, como esta historia de un hombre que descuartiza a su mujer luego de cuatro décadas juntos. Me conmovió porque vi que podía encajar con un tema que está en toda mi obra, que es la cuestión mestiza. Ahora bien, el otro asunto es cómo escribirla. Soy un autor que se demora mucho para empezar una novela, pero una vez que la inicio soy rápido.

Una pasión norteamericana

Noto, por el epígrafe de Don DeLillo y la charla previa a la entrevista, que es un atento lector de lo que se produce actualmente fuera de las fronteras.
- Siempre he sido un lector de la novela norteamericana. Desde los clásicos del siglo XX, la generación de Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, hasta los de la segunda post guerra como Philip Roth, Saul Bellow, Truman Capote, o los más recientes como Bret Easton Ellis. La novela norteamericana ha dejado una huella en mí. Por ejemplo, John Dos Passos es un autor casi olvidado, pero para mi generación es importantísimo.

¿Qué es lo que le atrae de esa tradición?
- La vitalidad de la novela norteamericana, aunque esto se ha ido perdiendo últimamente. Pero por lo menos, la novela de esa época tiene una gran vitalidad. Aún obras de autores que no son los mejores como El camino del tabaco de Erskine Caldwell o Viñas de ira de John Steinbeck. Una vitalidad que no encontrábamos en la novela europea, que se había vuelto muy intelectual. Sin embargo, para mí la gran novela del siglo XX es En busca del tiempo perdido. No obstante, la novela norteamericana era muy audaz experimentalmente, y también un lenguaje muy ligado a la vida. Hasta ahora la sigo leyendo.


La novela pendiente
La forma de escribir Una pasión latina se le presentó a Gutiérrez mientras escribía otra novela. Ese libro, que ya había sido pospuesto antes por Confesiones de Tamara Fiol, tiene el título temporal de Se busca a Kymper. El autor confiesa que piensa cambiar el nombre para no confundir con hechos noticiosos que no tiene relación. Dice ya tenerla avanzada y que en ella cuenta la historia de un sujeto, en 1992, perseguido por tres fuerzas: Sendero Luminoso, un grupo paramilitar y su mujer. “Esta última es la más letal”, bromea.

miércoles, mayo 11, 2011

Cuando los relatos se independizan

Acaba de llegar a las librerías Un sueño fugaz de Iván Thays. Esta entrega, aunque es un nuevo título, contiene material que para los lectores del narrador peruano le resultará familiar. Son, salvo por dos, un conjunto de cuentos que ya aparecía dentro de la novela La disciplina de la vanidad.
Thays explica que siempre tuvo la intención de publicar esta colección de relatos de forma independiente. Sin embargo, en el año 2000 le pareció interesante incluirlos con los demás textos de La disciplina de la vanidad como los ensayos y crónicas.
El narrador comenta que después se dio cuenta que muchos lectores pasaban por alto los cuentos. “Así que quise editarlos solos, como era originalmente. Le añadí un par de cuentos más y el título cambiado y salió el libro”, añade.
Menciona que el parecido en la estructura a su primera entrega, Las fotografías de Frances Farmer – un conjunto de cuentos autónomos unidos por un hilo conductor – no es casual. “Desde esa época me quedé con ganas de hacer una novela en cuentos más obvia que en ese libro, que es más sutil”, precisa.
Añade que no tiene decidido si publicará otros materiales incluidos en La disciplina de la vanidad en una edición aparte. Thays comenta que “eso no lo sé pero me gustaría publicar los fragmentos de reflexión y crítica de manera independiente de la novela”.
Por otro lado, el escritor nacional explicó que se encuentra escribiendo una nueva novela. Este próximo libro todavía no tiene título, sin embargo pudo adelantar que se ambienta en Madrid.

Dato
Desde 1992 en que se publicó Las fotografías de Frances Farmer Iván Thay no daba a imprenta un libro de cuentos.

miércoles, septiembre 08, 2010

Letras para la tribu

El escritor y crítico Leonardo Aguirre vuelve a la carga con Karaoke, su cuarto libro. En esta novela se cuenta la historia de Wilson Dormani, un escritor atípico, mientras se lanzan indirectas (y directas) al mundo cultural local.

Las peleas menudas del mundo literario peruano son el telón de su novela. ¿No tenía temor que fuera de un pequeño ámbito lo pudieran entender?



- Sí, pero está bien asumido. O sea, es un libro que tiene su público y no espero que me lea el resto de la humanidad. De hecho mucha gente no va a entender muchas cosas allí. Pero qué vamos a hacer.



En el libro, en medio de las referencias al ambiente cultural, hay una historia de un romance que se escapa de ese marco. ¿No le provocaba ir por esa vertiente más que lo literario anecdótico?



- Probablemente en el futuro me vaya más por ese lado que en el terreno que estoy ahora. Estos fueron ensayos que debían ser artículos para una revista que nunca salió. Entonces los incluí para hacer el contraste. Para ejemplificar lo que el protagonista no suele escribir ni le interesa. Nada personal ni realista. A mí sí me provoca. De repente este libro marque el fin de ese filón.



En Karaoke reflexionas sobre los libros que no llegan a hacerse conocidos.



- Sí. Me interesaba la idea del escritor raro, el escritor caleta. El secreto mejor guardado y todo ese tipo de cosas. Algunos ya no son tan guardados, como Carlos Calderón Fajardo que ahora tiene bastante prensa, para bien supongo. Me interesaba ese tipo de autor, que escribe cosas que normalmente no tendrían buena acogida. Relatos antirrealistas, sin ubicación geográfica, que no apelen a enganchar con ningún lector.



¿Cree que muchas veces los escritores se preocupan más por aparecer en prensa que por escribir?



- Sí. Lo que pasa es que el medio nos empuja a eso. Al menos medio el peruano te empuja a buscar aparecer lo más posible en prensa porque el mercado es chiquitito y los espacios para la difusión son mínimos. Eso motiva a los escritores a pelearse con uñas y dientes por aparecer en prensa. Pero eso no tiene nada que ver con la calidad de lo que escriben.



En su libro aparece su foto en la portada y la solapa. Además, en la contratapa aparecen varias puyas contra usted. ¿Tanta exposición no distraerá de la novela?



- Puede parecer una payasada, pero en realidad tienen que ver con los temas del libro como la identidad del escritor, la figura pública del autor, la autoría de los textos, qué tanto hay de la persona en lo que escribe. Son gestos consecuentes con el libro.

Algo más

Hoy se realizará la presentación en el Jazz Zone de Miraflores a las 18.30 horas. Comentarios a cargo de Rodolfo Hinostroza, Francisco Ángeles y Víctor Ruiz Velazco.



Dato

El nombre del protagonista lo toma de los apellidos maternos de su padre y abuelo.

Foto de Rubén Grandez - Andina

miércoles, agosto 04, 2010

Forasteros del mundo

Un extraño festival, realizado en un pueblito de Colorado, Estados Unidos, en el que se pasea una cabeza congelada de un cadáver, es el marco de la nueva novela de Luis Hernán Castañeda. Dos estudiantes peruanos van a curiosear al evento, descubriendo algo más de su identidad de lo que podrían esperar.

¿Su novela se puede interpretar como un homenaje a Arguedas?


- Claro que sí, es totalmente deliberado. La presencia de Arguedas es muy importante en la novela por el asunto del forasterismo. Un tema clásico en él, el no sentirse bien en ningún lugar. Inclusive en la propia patria. En el caso de esta novela es una historia de amor, de dos peruanos que están en Estados Unidos pero no se hallan bien. No sólo se sienten ajenos, sino que no se pueden relacionar con lo que ocurre. Perciben todo como espectáculo, pero no sólo por lo que ven sino por sus lecturas.


Curioso que esta incapacidad de relacionarse también la tienen con la cultura andina, que ven como espectáculo.


- Sí. Son personajes que no se identifican con el lugar donde están, ni con el lugar de donde vienen. No tienen raíces ni en el Perú ni en Estados Unidos. La cultura andina también la ven como un espectáculo en el que no se pueden involucrar. Son turistas en todas partes, incluso en su propio país. Asumen la cultura andina de una forma lúdica, a veces de una forma cínica y perversa, con una distancia cómica que se vuelve contra ellos mismos. Es la incapacidad de los personajes de arraigarse. Lo que les impide hacerlo es una concepción errada de la ironía.


¿Estos personajes representan a una clase social?


- Yo creo que sí. Si los pudiéramos situar socialmente serían parte de una clase media alta extranjerizante, que tiene una actitud cínica y distanciada hacia su país. Es una forma de autodesprecio. Son peruanos, pero no se identifican como tales. Es algo que he notado. Últimamente eso está cambiando por una revalorización de lo peruano. Pero no creo que lo sociológico sea el motor de la novela, aunque sí está presente.

lunes, agosto 02, 2010

Corriendo detrás de monstruos

Madison, un pueblo típico de Estados Unidos, se ve sacudido por una seguidilla de muertes violentas. La mala racha parece cebarse en los más populares de la secundaria local: porristas y jugadores de fútbol americano. Accidentes de tránsito, suicidios y asesinatos producto de la frustración, rompen con la rutina local. Contada de forma coral, esta novela de Paz Soldán nos muestra el otro lado del sueño americano.

La trama gira alrededor de personajes que no se hallan satisfechos con su vida, como la porrista que desea trascender por su intelecto y estudiar una carrera; los gemelos Tim y Jem quienes juegan a ser el otro; el periodista atrapado en un pueblo chico o Webb, un fracasado expulsado del ejército. No importa que su frustración se maquille con Ipod, consumismo, algo de droga y sexo; les falta algo más para sentirse realizados.


El estilo ágil y claro del narrador boliviano no se resiente en esta su primera excursión de ficción en Norteamérica. Logra crear un cuadro verosímil e inquietante, el reverso de la medalla dorada que nos muestran tantas series y películas. Pero también aborda uno de sus temas recurrentes, las relaciones personales, en un contexto nuevo.


Como curiosidad, dos de los que logran sortear el temporal son los más cercanos a la escritura. Una observación menor es que tal vez el personaje del Enterrador, a pesar de no desentonar, tiene una transformación algo precipitada para lo que provoca en las últimas páginas del libro. En suma, es un buen inicio para los libros ambientados en Estados Unidos que ha prometido este autor.


Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán (Alfaguara)

Cenizas del poder

(Hace unos años publiqué este comentario en la revista Variedades a la novela Palacio Quemado de Edmundo Paz Soldán)
Óscar es historiador, sin embargo, no ejerce este oficio. Desde joven se ha dedicado a escribir discursos por encargo. No ha tenido estabilidad laboral hasta que se le ofrece trabajar para el presidente de su país. Para él es un regreso a Palacio Quemado – como se le conoce en Bolivia a su Palacio de Gobierno – pues allí pasó parte de su infancia mientras su padre fue ministro. Ese lugar también le recuerda el extraño suicidio de un hermano mayor. La nueva cercanía al poder le servirá al intelectual como una etapa de doloroso aprendizaje sobre su país y sobre las relaciones humanas.
Esta es en líneas generales la trama de la nueva novela de Paz Soldán. En ella los personajes parecen girar alrededor del Palacio Quemado, símbolo del poder en el país altiplánico y verdadero protagonista de la historia. Unos quieres entrar, otros quedarse, algún otro lo añora, pero para nadie le es indiferente. El ejemplo más claro es el del amigo y jefe directo de Óscar, Lucas, quien va adecuando su posición política a las conveniencias del momento sin muestra de arrepentimiento. No es gratuito que se haga constante mención de la precariedad histórica de los gobiernos bolivianos.
Palabras, palabras
Mientras que la clase más afortunada acomoda su comportamiento a estar o no entre el cogollo de quienes toman las decisiones, un policía lisiado pide limosna en la plaza frente a Palacio Quemado como recordando los pecados de sus ocupantes. El peso del interés propio dicta la conducta de casi todos. El sexo, los contactos, son sólo monedas para dominar a otros. Como dice Óscar en las primeras páginas “El Palacio era un laberinto”.
La cercanía al poder influye, cambia a quien se aproxime. Incluso Óscar, quien rehuye comprometerse, sueña que los discursos que escribe, cambien los destinos de su país. Este poner en duda el poder de las palabras es un tema que se puede encontrar en otras obras de Paz Soldán, pero que en el contexto de este libro adquiere un patetismo singular.
País en llamas
Un acierto de Paz Soldán es la manera que describe esa fractura que existe en su país entre los menos favorecidos y la clase dominante. Por ejemplo, en las ocasiones en que Óscar se aventura en los barrios pobres sale con marcas. Primero, son las rayaduras del automóvil de su hermana. Luego, son latigazos en su piel.
Otra virtud de la novela es la forma en que se ha introducido los temas históricos. No se trata de un farragoso recuento de los golpes de Estado bolivianos, sino de una constante referencia a la agitada vida política del vecino país introducida sin forzar la narración. Este continuo recordar se va convirtiendo en una metáfora de lo efímero del poder.
Pero nunca sale indemne. La culpa de unos, la rabia contenida de otros, son rasgos de la nación boliviana que también se pueden rastrear en estas páginas. Sin embargo, hay que señalar que Paz Soldán es más efectivo en describir la primera característica que la segunda.

miércoles, julio 07, 2010

El editor imaginario

En estos días está en nuestro país Enrique Vila-Matas, escritor catalán que es una referencia de la literatura en español de las últimas décadas. Aunque cree que su última novela, Dublinesca, no es una obra para leerse de un tirón por lo exigente, no duda en subrayar que no es un libro sólo para especialista. "Prueba de ello es que es un best seller", agrega. Antes que se escape a ver el Holanda Uruguay, logramos hacerle estas preguntas.


Son habituales los libros con escritores de personajes principales. En su última novela, encontramos a un editor. Cuéntenos de esa experiencia.

- Lo veo como un hallazgo de Dublinesca. Los escritores y los editores se parecen pero hay una sutil diferencia entre ellos. Y esa sutil diferencia suele ser tremenda. Quizás es el mejor personaje que ha entrado en mis libros hasta ahora. El personaje del editor, Samuel Riba, me ha dado un juego inmenso y podría seguir hablando de otros editores que he conocido. Pero éste es inventado.


¿Tiene algo que ver su reciente cambio de editorial con el que se haya animado a escribir sobre un editor?

- No, en absoluto. Porque nunca pensé el libro para un sello en concreto y no pensé en ningún editor que haya conocido. Lo que yo hago es ficción, y el personaje es totalmente inventado, como todos los personajes de mi libro.


Usted estuvo vinculado al cine en su juventud, pero recién el año pasado han llevado una novela suya a la pantalla grande. ¿A qué se debe?

- Creo que se debe a que mi narrativa es muy "literaria". A primera vista no es tan adaptable al cine, ya que el elemento literario es muy profundo. Esto explica que los cineastas no hayan encontrado argumentos tradicionales para adaptar. Eso no significa que, yo que me eduqué en el cine de los años 60, piense que no haya varios libros que darían la vuelta al mundo si lo adaptaran al cine. Hay un proyecto de llevar al cine París no se acaba nunca. Con el tiempo, supongo que alguien tendrá la brillante idea de adaptar mis obras. Pero, bueno, soy un escritor muy alejado de los libros que uno lee y cree que son adaptables a la pantalla.


¿Cómo describe su gira sudamericana?

- Como muy creativo. En especial por el contacto humano, con mi público y con los escritores que voy conociendo. Para mí es muy importante porque me acerca a algo que necesitaba conocer. Ha sido como mi primera gira por América Latina, aunque he venido constantemente al continente. Pero en esta ocasión he tenido contacto con la realidad de mis lectores. En ese sentido ha sido muy estimulante.

(Foto de El País)

Letras al margen

(Quito) Dentro de los invitados a la Feria del Libro de este julio se encuentra el ecuatoriano Huilo Ruales, autor de novelas, libros de cuentos, obras de teatro, poemarios y crónicas. Algunos de sus libros llevan títulos como Y todo este rollo también a mí me jode (cuentos) y El ángel de la gasolina (poesía). Hablamos con él sobre su peculiar forma de vivir la literatura.

¿En qué género se siente más cómodo?


- Depende de la época, del lugar en el que me encuentro. En todos me siento con dificultad. Es demasiado complicado esto de las palabras. De una forma descubrí que este combate con las palabras en si mismo requiere invertir mucho. No necesariamente de tiempo, sino oficio, tesón. Incluso aprender a tener esperanza en la desesperanza. Para publicar algo que es común y corriente, no vale la pena.


Es curioso que hable de lo complicado del oficio y a la vez recurra guste de titular sus obras con nombres lúdicos.


- Es que es un gusto llegar al final. Entonces el título es como decirle vengan, entren a la fiesta, a la casa. Por lo general pongo los títulos al acabar, aunque hay ocasiones en que están presentes desde el inicio.


¿Qué tanto influye la tradición literaria de su país en su obra?


- Ha sido fundamental en mi caso descubrir que en literatura no es tan importante el tema sino el tratamiento. Me encantaron muy pronto las palabras, por eso la pugna por encontrar la manera de decir. De alguna forma me he ubicado al margen de la tradición, de mi generación, de muchas cosas. Por eso, entre muchas cosas, vivo en Europa. Tengo terror del centro, del canon. Por eso mi lenguaje, mi cosmovisión.


¿Se siente identificado con Pablo Palacio, célebre escritor ecuatoriano de los años 30 que no encajaba con la corriente principal de su tiempo?


- Sí me identifico, porque él, a diferencia del entorno de su época, no tuvo como preocupación literaria la cuestión sociopolítica sino el asunto literario. Desde ese punto de vista sí. Claro que ya no existe en los escritores de los años 30 y ahora escriben de tantas temáticas. Pero en cuanto a recursos literarios, a los códigos escriturales de la tradición, se puede decir que soy un francotirador. Estoy fuera de ello, según lo que dicen los críticos.


¿Se siente cercano a algún autor peruano?


- Me encanta la literatura peruana. La siento como mía. Es la cualidad de una buena literatura, se vuelve universal. A todos nos pertenece, a diferencia de la mala. Desde los clásicos, Blanquita Varela, Cisneros, etc. Incluso, digamos, de Manuel Scorza. Qué lindo trabajo el de Redoble por Rancas, Cantar de Agapito Robles. Y entre los actuales Mario Bellatin me encanta. También Alarcón. Y las crónicas de Etiqueta negra y de Gabriela Wiener. Así sucesivamente, con José Watanabe que falleció recientemente. Estoy próximo a la literatura peruana, que considero una de las mejores de América Latina. Lo opuesto a nuestra literatura, que es modesta en realidad.

jueves, julio 01, 2010

El futuro ya está aquí



(Quito) En el 2008 vino al Perú la ecuatoriana Gabriela Alemán para participar en la feria del Libro de Lima. Ella será parte de la delegación de su país, invitado de honor de la feria del Libro que se inicia el 22 de julio. Previo a su viaje, conversamos con la escritora en la bohemia plaza Foch de Quito.


Varias de sus obras son de ciencia ficción, género no habitual en la literatura de su país. ¿Cómo se interesó en él?


- Por las lecturas. Algo que considero que es una ventaja es que en el Ecuador no hay ese peso de las figuras fuertísimas, como en el Perú con Vargas Llosa o Ribeyro, o en Colombia con García Márquez y compañía, eso da la posibilidad de abrirte a otras tradiciones con mucha más facilidad. A mí siempre desde pequeña me interesó la ciencia ficción. Uno de mis artistas favoritos era H.G. Wells. Me volvió loca descubrir que escribiera una noveleta situada en Ecuador. A partir de allí me comenzó a gustar más. Descubrí a Philp K. Dick, Octavia Butler, y muchos más.


¿Cómo conjugar ciencia ficción con la realidad de nuestros países?


- Me parece que la ciencia ficción es una forma de entender a América Latina, porque en espacios cortos de tiempo hay unos cambios de siglos. Tú estás en Quito, una ciudad en las que puede haber edificios inteligentes, pero a una hora y media en Mindo ya no hay carreteras. Si tú miras lo que está pasando con la ciencia ficción del primer mundo, las descripciones que hacen del futuro es el presente de América Latina. Octavia Butler se imagina ciudades cercadas para mantener afuera lo bárbaro, y lo bárbaro es lo presente.


Rodrigo Fresán describió a H.G. Wells como el único escritor de ciencia ficción del siglo XIX vigente, porque ninguna de sus previsiones se ha cumplido. ¿Comparte esa afirmación?


- No podría del todo, porque ese libro que te mencioné, El país de los ciegos, es la mejor descripción que conozco de Ecuador: un país que tiene todo pero no puede ver más allá de sus narices. No me lo he pensado como lo ha hecho Fresán, pero sí es un autor muy actual. ¿Cuántas veces se han hecho representaciones de La guerra de los mundos? Allí está la imaginación del mundo metiendo sus peores temores en la figura de un marciano.


¿Salir de la corriente principal de la literatura ecuatoriana dificultó la difusión de su obra?


- No creo que el género lo que lo haga difícil, sino cómo funciona la distribución de libros en Ecuador. No creo que sea muy distinto que la que se da en Perú o Colombia, pero de forma más pequeña. Pero falta muchísimo. El gran paso que falta ahora es el de editores.


En el libro que presentará en Lima, Álbum de familia, abandona la ciencia ficción para hacer cuentos de humor inspirados en hechos reales. ¿Qué le motivó a este cambio?


- Primero, que me encanta escribir cuentos y me hacía falta hacerlo. Ya tenía escritas dos novelas, y me ganó la idea del álbum de fotos. Últimamente he estado recogiendo las fotos de la familia, porque ya nadie las guarda. En esas imágenes había personas de las que nadie quería hablar. De pronto te enterabas que era alguien que se fugo y etcétera. Surgió la necesidad de hablar de las familias, pero no de la mía en especial, sino en el país. Es una forma de acercamiento al tema de la identidad. Saber la historia marginal ayuda a no creer en las esencias ni a pensarnos como un solo ente.

martes, junio 01, 2010

La novela que pudo ser


Hace poco el escritor peruano Julio Ortega presentó en España Los Rivero de Jorge Luis Borges. El texto - que se mantenía inédito y desconocido hasta este año - ha causado expectativa en la crítica por ser tal vez la única referencia a un proyecto de novela emprendido por el autor de El Aleph.



Consultado el intelectual peruano, señala que el manuscrito lo halló en la Universidad de Austin de Texas. Indica que conoce bien las bibliotecas y archivos de dicha casa de estudios en donde él fue profesor, y en la que se han ido reviniendo carpetas con material de Borges. Para lástima de los seguidores del autor argentino, entre ese legado el único texto inédito es Los Rivero.



Ortega también destaca que no existen muchos manuscritos de Jorge Luis Borges. Recuerda por ejemplo que la Biblioteca Nacional de Madrid tiene el manuscrito del cuento El Aleph, así como cartas, postales, libretas de borradores, y algunas copias a máquina en diferentes colecciones, pero poco más.



Los Rivero, que se presentó a mediados de mayo en Madrid, es un manuscrito de tres páginas y un párrafo que constituye un fragmento de un relato que Borges abandonó. La tesis de Ortega es que lo abandonó porque "amenazaba" convertirse en una novela, género del que el argentino descreía. "Le parecía que si una historia requiere 300 paginas es porque está mal contada, ya que una buena historia solo requiere unas cuantas paginas". El fragmento rescatado cuenta la historia de los descendientes de un coronel argentino de las luchas emancipadoras. Ortega considera que Borges se hubiera visto obligado a desarrollar la suerte de cada uno de esos hermanos, "y eso requería una novela".



El intelectual y escritor peruano especula que tal vez no le gustaban las novelas a Borges por la misma razón que le parecían "abominables" los espejos y la cópula: multiplican el número de los hombres. "Las novelas, es verdad, pueden ser abominables cuando multiplican las palabras y los lectores. Salvo que sean muy buenas, y en ese caso pierden lectores y no derrochan palabras", concluye Ortega.

miércoles, abril 14, 2010

Bohemio con disciplina


Hace poco ha salido al mercado, Alfredo Bryce Echenique. Una vida de novela, en la que se rinde homenaje al autor de No me esperes en abril. Con esta excusa, conversamos con él sobre su pasión por el cine, libros y proyectos. Esta es la versión en extenso de la entrevista que salió en El Peruano. Como para llevarle la contra a mis colegas que se enorgullecen de haber entrevistado a Bryce mientras compartían con él unos tragos, diré que esta nota la hice con mi entrevistado sobrio y yo con once años de abstinencia.

Me llamó la atención leer que en su lista de películas favoritas, en donde incluye varias de Orson Welles, pone como opción de reemplazo a Los fabulosos Amberson, siendo de las cintas de este director la más cercana a su temática.

- Sí. Pero lo que pasa es que esa película no le gustaba ni a Orson Welles. Es una cinta que me encanta, me conmueve, y es probablemente la que se acerca más a mi universo. Pero es un filme en el engañan a Welles, porque no la terminó él. Se nota cuando su mano mágica desaparece.

Siguiendo con el cine ¿qué obra suya le hubiera gustado filmen?
- La que estuvo más cerca de ser filmada fue La vida exagerada de Martín Romaña, y yo me oponía, me oponía y me oponía. Tomás Gutiérrez Alea, el genial cineasta cubano, era el interesado. Pero hubo un malentendido. Yo creía que él quería que actuara en la película. Yo le dije "ya ha sido bien jodido escribir sobre Martín Romaña como para que me pidas ahora meterme en su pellejo, déjame salir". Después volvería a hablar con él y me explicaría que lo que quería era que un actor conviviera conmigo por unos meses. Así hizo para Fresa y chocolate, en la que el protagonista vivió con un gay para que entre en ese universo. Se han llevado cuentos míos al cine. También se adaptó Un mundo para Julius en 52 capítulos para una miniserie colombiana. Son 52 desastres.

¿No le gustó a usted?
- No. Me di cuenta que esa película no se puede filmar. Después ha habido una productora peruana que ha tratado, pero es incapaz de hacerlo. Me di cuenta porque no sabía ni quién era Buñuel. Sigue insistiendo, pero ya no le hago caso. Además, no cumplió con los plazos y el contrato caducó. Es una novela muy difícil de filmar. Requeriría de un gran genio, y ninguno se ha interesado en la película.

Usted contaba que su próxima novela la tiene proyectada desde Un mundo para Julius.
- En efecto. En esa época no me sentía capaz de escribirla. Acabado Un mundo para Julius, ya que dicen que eso era mi vida y así eran mis padres, deseé hacer otra cosa. Si se quiere, se puede decir que es lo contrario de Un mundo para Julius, pero es tantas cosas. He leído historia del Perú, historia económica, novelas sobre la decadencia. En el caso del Perú hay un libro importante, La oligarquía peruana: historia de tres familias de Dennis Gilbert. En él se ve que las fortunas no duran más que tres generaciones: el que la hace, el que la consolida y el que la despilfarra. Mi novela es una historia similar. Una familia que se hace con la minería, se consolida con la banca, y termina probablemente - la tengo inacabada - con la Reforma Agraria.

Usted siempre ha señalado que se prepara bastante para escribir cada libro. Sin embargo, tiene una imagen de vida disipada.
- Sí, pues. Como decía Orson Welles, la única forma de ganar la paz es hacerse una mala reputación. Yo para este libro habré leído más de doscientos, y no te exagero. Los seres humanos somos contradictorios. El que mejor me describió fue un amigo que me dijo que yo era un bohemio con agenda. Siempre fui alabado por mi disciplina.

¿Qué le causa que su nombre se asocie en los últimos tiempos con el escándalo de las acusaciones de plagio?
- Cada vez que vengo a Lima, me lo sacan de nuevo. Justamente, en una de las cartas del libro Vargas Llosa cuenta sobre cuando lo acusan de trata de blancas. Por lo menos, lo mío es suave. En algunos casos, yo vi muy claramente el odio de algunos periodistas y que algún día se iba a concretar en algo. Hace poco me entrevistaron y me acusaban de haber plagiado un título, ¿Arde París? de mi amigo Fernando Carvallo. Es ignorancia pura. El señor no sabe que es el nombre de una película francesa de los años 60 y se usó mucho en mayo del 68. Les demuestras su error y no quieren aceptar. Vienen a matar. Es el comité de recepción. Cada vez volverá el tema con menor fuerza hasta que se acostumbrarán. A mí no me van a malograr mi estadía en Lima. Estoy feliz, recién casado, viendo a mis amigos día tras otro.

Yapa
Un personaje que recuerdo mucho es el de Cano, de Un mundo para Julius, que es hincha del Boys. No sé si lo recuerda.
- Claro, el niño pobre de barrio rico. Desentona por completo en un colegio de monjas americanas. Lo cree por observación pura y dura. Yo tuve un amigo en el colegio Inmaculado Corazón. Ese chico, no se llamaba Cano, era mi gran amigo. No voy a decir su nombre porque ahora es un prohombre de la Patria, llegó lejos en su carrera. El no se ha olvidado que es Cano porque como no es lector, nunca se ha enterado. En el colegio yo era un niño sensible, que le prestaba atención a estas cosas. “Cano” apreciaba mi amistad. En la novela cuento el que debe ser uno de mis días más tristes de mi vida, cuando mi amigo en mi nombre se enfrenta al matón de la escuela y le dieron una paliza horrorosa y casi lo matan. Un personaje triste. Tenía un gran drama de ser el chico pobre en barrio rico. Un día – no sé si está contado en la novela, pero da lo mismo, porque literatura y realidad se mezclan hasta fundirse – invitó a un grupito de amigos del colegio a su casa. Y la tía con la que vivía vio que quedaba un poco de Coca Cola, la tapó y la guardó. Hasta ahora se acuerdan de eso. Yo sufrí lo inaudito.

Unas cuantas frases sueltas que dijo en la conversa
"Siempre me ha interesado, tanto en el cine como en la novela, los autores de la desmesura, como Orson Welles, Cervantes o Rabelais".
"A mi agente literario siempre le digo que en mis libros pongo todo, como en la vida. En la vida también hay momentos que sobran".
"Me gustaría ser recordado como un buen amigo y un buen escritor"
Foto Jorge Paz / Andina

miércoles, diciembre 02, 2009

Embelleciendo la locura

En 1992 apareció la novela Teorema del anarquista ilustrado de Enrique Verástegui como parte de una trilogía titulada Terceto de Lima. Más de una década después, vuelve a las librerías gracias a editorial Altazor.
Usted contaba que este libro lo escribió en una semana sin modificar. ¿Qué tanto hay de leyenda en esto?
- Parte es leyenda, parte es cierto. Esta nueva edición no tiene ninguna corrección respecto a la primera edición de 1992.
¿Cómo surgió la idea de este personaje?
- Es una novela sobre la locura, que como diría Erasmo de Rótterdam es necesaria porque alegra la vida. Se trata de la experiencia de un joven de 20 años en el manicomio del Asesor, que es internado por sus familiares y trata de huir de allí en un partido de basket.
¿También se podría ver entender como un elogio al ser distinto?
- Sí, pues. Está ambientado en la época en que está muriendo el movimiento hippie, y los pocos que quedan son encerrados en el manicomio. Además, el personaje hace una metáfora de la ciudad con el manimomio.
¿Lo motivó alguna experiencia personal escribir esta historia?
- En parte es real, y en parte es irreal en la medida que es imaginario. En los años 70 tuve una experiencia con el hospicio por dos meses que me llevó a plantearme reflejarla en un texto literario. No tanto la experiencia biográfica, sino lo que he visto. Pero lo he embellecido, porque la locura es una experiencia sórdida.
¿Existe un idealismo cuando se habla de locura?
- Sí, porque la locura es la metáfora de la aventura. Siempre abundará ese idealismo respecto a la locura.
¿En qué género se siente más cómodo? ¿En narrativa, poesía, ensayo, teatro?
- En todos los géneros me siento cómodo. Yo pensaba dividir mi vida de tal forma que para la vejez me iba a dedicar a los cuentos. Tengo un libro de cuentos, y espero publicarlos alguna vez para continuar escribiendo cuentos. No abandono poesía. He hecho ocasionalmente teatro y tengo una novela de ochocientas páginas que pienso publicar cuando encuentre editor.
Se cuenta que Mario Vargas Llosa le alabó su novela.
- Sí, es verdad. Y también la alabó Julio Ramón Ribeyro. Él me mandó a decir con Patricia de Souza que le había gustado mucho. A mí, personalmente, Mario Vargas Llosa me dijo que no sabía si estaba ante un estudio de sicología, sociológico o ante pura ficción.
¿Qué le parece Vargas Llosa?
- A mí me gusta.
¿Cuál es el autor de literatura peruana que más le gusta?
- Julio Ramón Ribeyro me ha gustado siempre por Crónicas de San Gabriel. Y José María Arguedas por Los ríos profundos. Esta novela tiene una fuerte influencia de Arguedas al describir los paisajes en la segunda parte.
¿Qué está leyendo últimamente?
- Leo mucho, pero cosas nuevas. Sobre todo ecología.

miércoles, octubre 15, 2008

“La literatura no es la vida”


Roberto Ampuero, escritor

* Nuevo libro utiliza la figura de Pablo Neruda en una trama de detectives
* Novelista chileno asegura que en su país hay mucha hipocresía alrededor de Bolaño

Para este libro se ha informado bastante sobre Neruda. ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?
- Tengo la impresión de que sólo conocemos un lado del Nobel, el lado que lo tuvo todo: fama, mujeres, éxito, dinero, premios y cargos excepcionales, que estuvo cerca de sucesos y personajes cruciales del siglo XX. Pero nadie había explorado literariament e la etapa final de su vida, cuando intuyó que los días suyos y del gobierno de su amigo Salvador Allende estaban contados, cuando repasaba solo y enfermo sus actos y omisiones a lo largo de la existencia. Y aquí me interesan dos aspectos: su visión de sus mujeres, porque Neruda fue un hombre de amores y amantes, y su descubrimiento de que lo había tenido todo, menos el hijo que anheló, como se desprende de ciertos poemas. Por eso Neruda le encarga a un joven que investigue discretamente si la hija que tuvo una amante suya, casada, en el México de 1943, es hija suya. En los dramáticos días previos a la dictadura de Pinochet, Neruda quiere averiguar si es suya, pues esa posibilidad representa su última esperanza de su trascendencia esencial.

Lidiar con la figura de un personaje tan conocido como Pablo Neruda no debe ser fácil. ¿Cuáles fueron las principales dificultades al momento de hacerlo personaje de ficción?
- Primero: que Neruda emergiese en la novela como un hombre de carne y hueso y no como un poeta acartonado. Segundo: presentarlo como el ser contradictorio que fue, no como el santo ejemplar que muchas veces se propone. Tercero: que el poeta se incorporase naturalmente a la acción con preocupaciones y angustias que fuesen apasionantes pero no violasen la historia real, ni se circunscribiesen a ella. ¿Pero le confieso algo? Neruda comienza a vivir plenamente, con humor y sabiduría, con esperanzas y arrepentimientos, desde20la primera página de la novela porque se lleva magnífico con el investigador privado Cayetano Brulé, a quien cita a su espectacular casa de Valparaíso, La Sebastiana. Que el Neruda de la novela resulta convincente y chispeante lo demuestra el hecho de que EL CASO NERUDA ocupa desde que se lanzó, hace 7 semanas, el primer lugar del ranking en Chile y está entre los más solicitados en países latinoamericanos. Fuera de eso, ya adquirieron sus derechos importantes editoriales de Brasil, Italia y Alemania, y hay otras más interesadas en la novela.

¿La cantidad de información sobre Neruda no fue un impedimento para escribir sobre él libremente?
- EL CASO NERUDA es una novela, no una biografía del poeta, pero la gente la está leyendo como si fuese la vida real del poeta. Y ahí está el maravilloso poder de la literatura. A veces es más poderosa que la propia realidad. Yo manejo información sobre Neruda, pero no la vierto toda en la novela. Sería aburridísimo. La información que tengo me sirve para que el poeta del libro actúe, piense y hable con verosimilitud, pero lo importante no son los datos biográficos sino sus sentimientos, su interrogantes, sus nostalgias y arrepentimientos, especialmente su relación con las amantes que tuvo, sus pasiones e infidelidades, y la búsqueda final de la hija. Él recuerda que cuando la amante casada mexicana le contó que estaba embarazada, él escapó de ella y de México. No quería hijos, quería d edicarse a la poesía. Al final de su vida, solo y enfermo, en los días finales de la democracia chilena, en un Valparaíso bello y adolorido, él necesita saber si él fue padre o no. El reto de la novela era construir a ese Neruda que busca su hija con la ayuda de un joven que aprende a investigar mediante las novelas de Maigret que le presta el Nobel.

Un tema que plantea la novela es el de la trascendencia, si a través d e los hijos o de los libros. ¿Tiene una visión negativa de la literatura?
- Oh, no, para nada. Pero trato de ser una persona realista. La literatura ha sido clave en mi vida, pero no es la vida. La escritura es una pasión mía, pero no reemplaza el goce que siento al amar a mi mujer y mis hijos, no sustituye el placer que me causan la vida familiar o los buenos amigos. La literatura me ha dado mucho, incluso una forma de vida y un modo de interpretar la vida, pero la literatura es sólo una parte de la vida, no la sustituye. Y digo como dice Neruda en la novela: daría todos mis libros escritos y por escribir por uno solo de mis hijos. A Neruda le ocurre eso: siente que la poesía le ha dado todo, o mejor dicho, casi todo, que la poesía es una parte, bella y esencial de su vida, pero no es la vida. Y en ese sentido el Neruda de mi novela crece y resulta verosímil y atractivo para los lectores, como lo demuestra la entusiasta reacción de ellos.

Una constante de su serie de Brulé es ambientar su historia en distintas partes del mundo pero anclado en Valparaíso. ¿Ayuda el carácter portuario de su ciudad natal para estar en una trama cosmopolita?
- ¿Sabe por qué los lectores viajan por el mundo en mis novelas? No sólo porque hoy, a diferencia de lo que ocurría con nuestros abuelos, todos viajamos más. También se debe a que soy un nómade. Me fui de Chile después del golpe de 1973 y desde entonces he vivido en varios países: Cuba en los setenta, en Alemania Oriental, en Alemania Occidental por 15 años, en Suecia y, desde hace 10 años en Estados Unidos. Además fui corresponsal de prensa, viajé informando desde cumbres de los No Alineados a la caída del Muro de Berlín, desde la América Latina bajo dictaduras hasta la crisis del sandinismo, pasando por África, Europa y EEUU. Llevo el desplazamiento en la sangre, y ese desplazamiento marca mis formas de narrar, mis temas y enfoques, y es algo que el lector agradece. ¿Quién no tiene hoy un familiar o amigo que viva fuera de su país? Es parte del mundo moderno debido a las migraciones. Y yo me siento parte de esa corriente migratoria de escritores, por eso mis novelas narran el Norte desde nuestra perspectiva del Sur, y por eso Cayetano Brulé viaja por el mundo resolviendo misterios. Y es cierto lo que Ud. dice: un puerto como Valparaíso siempre es una invitación a salir al mundo, y yo sentí esa invitación desde mi feliz infancia en los cerros de mi pintoresca ciudad, cerca, por cierto, de la casa de Pablo Neruda.

¿El nombre de Beatriz es una referencia a la musa de Dante o a alguna dama de carne y hueso?
- Es un guiño al gran Dante, al que también hago guiños en novelas como LOS AMANTES DE ESTOCOLMO y PASIONES GRIEGAS, que creo son conocidas por los lectores peruanos.

Usted revisa en esta obra una época especial de la historia reciente de Chile, la de los días previos al golpe de Pinochet, los últimos días del gobierno de Allende. ¿Qué queda de esa época? ¿Cuál es su principal herencia?
- EL CASO NERUDA muestra el Chile de 1973, pero desde la perspectiva actual. En ese sentido no es una novela nostálgica, sino crítica y cargada de esperanza con respecto al amor y la democracia. Chile mira hoy al futuro, pero sin olvidar el pasado. La visión del pasado ha de ser realista: debe condenar las violaciones a los derechos humanos bajo Pinochet para que no se repitan nunca más, pero también debe recordar=2 0la irresponsabilidad de la ultraizquierda, que boicoteó al gobierno de Allende e impuso una radicalización del proceso que condujo al país a una crisis económica y política insostenibles. En el reconocimiento de las responsabilidades de ambos bandos radica la clave del reencuentro nacional. De esa época rescato la honestidad de Allende, en un continente donde los presidentes suelen dejar del palacio presidencial convertidos en multimillonarios, morir por una idea es la mayor quijotada imaginable. Rescato la decisión de la nación por luchar por la recuperación de la democracia, la madurez posterior para transitar a la democracia sin caer en el caos económico, y la conciencia de que sólo la equidad garantiza la paz social y el progreso. Rescato también una convicción profunda, compartida por la mayoría: una nación debe guiarse por grandes consensos y políticos honestos. ¿Están los políticos a la altura de estos retos?

Usted mencionaba en otra entrevista que la literatura permite comprender la historia mejor que los mismos libros de historia, por lo que era importante hablar de la época del golpe. Incluso hacía una comparación con la Guerra Civil española. ¿Qué aspectos cree que falta revisar de ese periodo? ¿Considera que la literatura chilena está abordando temas que las ciencias sociales y la historia están evitando respecto al gobierno de Allende y la dictadura de Pinochet?
- La novela, el ensayo y la historia tienen ritmos diferentes para acercarse a lo ocurrido. La novela, arrancando de datos que proporcionan historiadores, permite sumergirse en los sentimientos y dramas de personajes del pasado, captar el espíritu de una época y sus protagonistas, ámbitos que, seamos honestos, se perdieron para siempre. Pero el novelista puede recrear ese espíritu mediante la imaginación. La clave está en combinar la fantasía con la historia, de lo contrario la novela pierde veracidad ante el lector, lo que es fatal si se ha propuesto narrar una etapa histórica. La creación literaria es un misterio: yo comencé a escribir sobre mis vida en Cuba 20 años después de haber salido de allá; sobre Suecia escribí residiendo en Estocolmo, de Alemania años después, de Estados Unidos he escrito una novela hace poco. No tengo un itinerario de creación. Son simplemente los personajes los que se imponen y te obligan a escribir una determinada novela. EL CASO NERUDA me lo impusieron Pablo y Cayetano, así de simple.

Usted es contemporáneo con Roberto Bolaño. ¿Considera que la figura de su coetáneo opaca o atrae la atención hacia los escritores de su promoción?
- Los que piensan que opaca es porque creen que la literatura es una torta: si el otro se lleva un trozo grande, a mi me deja uno pequeño. La literatura, obviamente, no es una torta, y el interés que despierte un escritor en el mundo, despierta a la vez el interés de ese mundo por otros escritores que vienen de la misma región, practican el mismo género o escriben parecido. La influencia de Bolaño nos favorece a todos. Pero quiero agregar que en Chile hay mucha hipocresía con respecto a Bolaño. Hoy, que está muerto, muchos se pelean por celebrarlo pues eso trae exposición mediática. ¿Usted sabe cuántos premios obtuvo Bolaño en vida en Chile? Uno. Como escucha. ¡Uno! Y yo fui el presidente de ese jurado, el Municipal de Santiago. Con Jorge Edwards nos costó un mundo conseguir el tercer voto de cinco para otorgarle el premio por sus cuentos Llamadas telefónicas. ¿Qué me dice? Esto tiene tradición en Chile, donde mucho colega y crítico odia al escritor con muchos lectores. ¿Usted sabe que en Chile le niegan el Premio Nacional a Isabel Allende, y que grandes escritores nuestros nunca lo obtuvieron? Tampoco Bolaño. ¿Sabe que Gabriela Mistral obtuvo el Nobel antes que el Nacional? Hay hipocresía en esto y mucha influencia de mafias en la cultura chilena, por desgracia.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?
- Estoy trabajando en dos novelas. Una de Cayetano. La otra emparentada con LOS AMANTES DE ESTOCOLMO y PASIONES GRIEGAS, novelas que pertenecen al ciclo sobre amor y desamor, celos e infidelidad, sobre las relaciones y la crisis en la pareja moderna. Me interesa explorar las pasiones, la infidelidad y el desamor en mis novelas. Y el próximo verano me marcho a una isla griega para terminar de corregirla, porque la novela20tiene como protagonista a una pareja de latinoamericanos de edad media, que viaja por el mundo tratando de eludir su crisis amorosa.
(Entrevista sin editar)

martes, febrero 05, 2008

Literatura viajera


Marco García Falcón, escritor


* Narrador publica primera novela inspirada en turística isla italiana
*Recomienda a jóvenes artistas no apresurarse en publicar

En el 2002 Marco García Falcón publicó Paris Personal, libro de cuentos que recibió muy buenas críticas. Después de cinco años de espera, ahora entrega El cielo de Capri, una novela corta en la que vuelve a tener como motivo la idealización del Viejo Continente.
El tema de los viajes de sudamericanos a Europa – presente en sus dos libros – lo interpreté como un peregrinaje de salvajes a la civilización. ¿Es así?
- Es una lectura interesante. En un viaje parecido que yo hice hubo ese deslumbramiento por el otro mundo, que de alguna manera te permite entender hasta qué punto eres peruano. Vargas Llosa es peruano, un cobrador de combi es peruano, pero ¿qué los unifica? Eso lo puedes ver con claridad desde afuera. En situaciones como esa, de viajes de latinos a Europa, te das cuenta hasta qué punto vienes de un medio subdesarrollado. El choque no viene sólo por lo nuevo sino ante el descubrimiento de uno mismo.
En El cielo de Capri, entre otras reflexiones literarias, se reprocha a los escritores jóvenes el publicar obras bien acabadas pero sin alma. ¿Comparte esa crítica?
- Recuerdo que, dos años después de publicar mi primer libro, Ricardo Sumalavia me dijo: "Marco, tienes que publicar porque se van a olvidar de ti". Eso me dejó pensando, pues tenía algo para publicar pero no sentía que estuviera listo. A la vez, veía a promesas de escritores que, aprovechando la buena aceptación de su primer libro, publicaban segundos textos que no eran tan buenos. Yo me dije que no, que lo importante era publicar algo que tuviera valor para mí y para los demás y que estuviera dentro de un proyecto de escritura. Además, creo que hay que decir las cosas con honestidad. Se nota cuando lo que entregas es solo un artefacto retórico. Debes dejar algo de ti entre las palabras.
¿El mundo editorial se maneja más por el lado de la promoción que del arte?
- Sí, la verdad es esa. Por un lado, las editoriales grandes no publican a alguien desconocido así tenga un libro muy bueno y, por otro, se promocionan hasta la saciedad textos que están hechos para vender pero que no tienen valor artístico. Por suerte tenemos a las editoriales independientes para compensar eso.
¿Las escenas con el grupo de poetas las tomó de su experiencia personal?
- En La Universidad Católica teníamos un grupo que se llamaba "El Club de la Agonía". Estaba formado por Bruno Mendizábal, que aparece en la novela como Laéster; Raúl Burneo, que es el personaje de Enrique, y otros como Arturo Higa, Carlos Solano, Mariano Ramírez y Fernando Cataño. Alexis Iparraguirre codiciaba pertenecer a ese grupo, y algunos sugieren entre bromas que se disolvió ante su inminente ingreso. También pertenecieron Josemari Recalde y Miguel Kudaka.
Como ganador de varios concursos, ¿cree que son importantes para la literatura?
- Son un aliciente, a veces económico, pero sobre todo para darte cuenta de que lo que escribes tiene algún valor. Lo triste es escribir solo para ganar concursos. Conozco a gente que escribe pensando en los supuestos gustos del jurado. Tu vocación, si es seria, no puede estar determinada por un concurso.

Sumilla
"Me parece bastante triste escribir sólo para ganar concursos"

Cinco claves sobre Marco García Falcón
1 Prepara una novela sobre el mundo de los gimnasios
2 Ha ganado, entre otros premios, los Juegos Florales de la Universidad Católica y el Premio Copé de Bronce
3 El ser el único estudiante en saber quién era Antonio Gramsci en una clase de cachimbo le valió tener como apelativo en sus años universitarios el apellido del pensador italiano
4 Visitó la isla de Capri antes de escribir esta novela, pero nunca se tomó fotos en ella
5 Se gana la vida como profesor y redactor de discursos

domingo, septiembre 16, 2007

El regreso del japonés del barrio


Relanzamiento. Nueva edición de Final del Porvenir de Augusto Higa
*Novela retrata la vida en La Victoria en los años 50
*Narrador señala que alista libro con protagonistas niseis
La editorial San Marcos acaba de lanzar una nueva edición de Final del Porvenir, novela en la que Augusto Higa Oshiro describe la vida en este conocido barrio victoriano durante la década de 1950. El escritor, uno de los miembros más jóvenes del grupo Narración, confiesa sentirse identificado con esa zona. “Hasta hace poco mi familia tenía un negocio allí”, añade.
Su ambición, afirma el narrador, es lograr una novela popular o, en otras palabras, una obra en la que se integren los tipos representativos de la sociedad peruana. Señala como la mayor referencia de lo que le gustaría hacer es Canto de sirena de Gregorio Martínez. Augusto Higa, quien se considera parte de la cultura criolla de la ciudad, busca estos personajes en los barrios de la capital.
El escritor menciona que se siente incluido en la misma tradición que José Diez Canseco y Julio Ramón Ribeyro, quienes también se hacen eco de lo que acontece en la gran urbe. El narrador comenta que gran parte de lo que describe en ese libro es real. Por ejemplo, la trama trata sobre los problemas de desalojo que enfrentan los inquilinos de un edificio, el cual aún existe.
El nisei criollo
Augusto Higa también adelanta que en breve debería estar viendo la luz una nueva novela. Se trata de La iluminación de Kazuo Nakamatsu, un libro en el que describe los problemas de desarraigo de un peruano de origen japonés.
Según su apreciación, esto es muy común en el carácter de nuestro país y se da en diferentes grupos sociales. Asimismo, el narrador asegura que el nisei es una forma de ser peruano y criollo, además de formar parte del paisaje típico de la ciudad. “Quién no ha tenido un amigo ponja en la esquina de su barrio”, comenta sonriendo.

5
Claves sobre Augusto Higa
1 Es segunda generación de hijos de japoneses en el Perú.
2 Afirma haber tenido en sus primeros años problemas para integrarse a su vecindario de La Victoria.
3 Sin embargo, es ferviente hincha del equipo del distrito, Alianza Lima. “O sino me pegaban en el barrio”, confiesa risueño.
4 Es admirador de José Diez Canseco y Julio Ramón Ribeyro. Su cuento favorito de este último es “Silvio en el rosedal”.
5 Participó en el segundo número de la revista Narración.

Datos
Posiblemente el próximo año publique la novela La iluminación de Kazuo Nakamatsu, en la que trata el tema del desarraigo de un nisei.
Su libro Japón no da dos oportunidades narra la experiencia de la inmigración de peruanos de origen nipón de vuelta a la tierra de sus ancestros.
Otras obras suyas son las selecciones de cuentos Que te coma el tigre y La casa de Albaceleste.
(Foto Jorge Paz / Andina)

domingo, julio 01, 2007

Cartografía personal


Luis Hernán Castaneda, escritor

Publica su primer libro de cuentos después de dos comentadas novelas

Escritor rehúsa la etiqueta de metaliterario por simplista y superficial

Luis Hernán Castañeda (Lima, 1982) es uno de los escritores de la nueva hornada que dan más que hablar. Sus dos primeros títulos –Casa de Islandia y Hotel Europa– cosecharon buenas críticas. Con motivo del lanzamiento de su primer libro de cuentos, Fotografías de sala, conversamos con el autor.


En sus novelas, los lugares se describen despojados de atributos, pero igual son bautizados con nombres de sitios reconocibles. ¿Por qué usa esta estrategia?

–Tiene que ver con nombrar sin nombrar. Los espacios en los textos son lugares familiares, que he visto, que he experimentado vivencialmente. Nunca he escrito sobre lugares que sólo haya leído. Los nombré de forma distinta a como existen en la realidad para remarcar su carácter independiente. Cualquier lector que haya estado en el mismo sitio lo reconocería. Calles de Lima, Ica, ciudades de la Sierra.
¿El pueblo de su novela Hotel Europa es Ayacucho?

–No. El diseño de la ciudad en Hotel Europa tiene que ver más con Ica que con Lima. Es casi un pueblo, una ciudad pequeña. El hecho de nombrarlo de manera distinta no le quita su contacto con la realidad.
¿Su nuevo libro –una selección de cuentos titulada Fotografías de sala– en qué lugar está ambientado?

–Todos los cuentos se ambientan en un lugar que para mí es familiar y es el barrio en que yo crecí, la urbanización La Encantada, de Chorrillos. Es un espacio de puertas cerradas, un espacio protegido de cierta forma, pero, al igual que en mis anteriores libros, evito nombrar específicamente el lugar. Así, puede ser La Encantada o cualquier otra urbanización similar.
A usted se le relaciona con lo metaliterario, ¿qué significa para usted este término?

–Para mí tiene que ver con una división un poco simplista de la literatura entre metaliterario opuesto a lo vitalista. Me parece absurdo, pues desde cierto punto de vista todos los vitalistas son metaliterarios y viceversa. Me parecen que son etiquetas que no explican los libros. Son maneras fáciles de entender, de presentar a los escritores.
¿No se siente identificado?

–No, para nada. No creo que ningún escritor de mi generación o de cualquiera piense, a la hora de escribir, en esos términos como guías o metas por conseguir. Son maneras superficiales de leer.
¿Qué rasgos vitalistas reconoce en su prosa?

–No sé si vitalista, pero en lo que escribo siempre hay una transformación de la biografía en ficción. La ficción a veces se parece y en otras se distancia de mi propio relato de vida, pero también hay emociones, personajes, situaciones, atmósferas que tienen que ver conmigo o con personas cercanas a mí. Ese es mi lado vital. Mi lado metaliterario es la manera en que trato de reflexionar sobre los medios con que se cuenta para transformar esta materia prima en un texto que pueda leer y comunicar a los demás.


Claves

Sobre Fotografías de sala
- El autor considera que, para estos cuentos, Borges fue “una influencia central”.
- Reconoce también haber tenido presente Huerto cerrado, de Bryce Echenique, y Otras tardes, de Luis Loayza.
- La selección de cuentos tiene como tema recurrente los conflictos familiares en un lugar aislado.
- Están ambientados en la urbanización La Encantada, de Chorrillos, pero sin nombrarla directamente.
(Foto: Ricardo Choy Kifox de El Peruano)

viernes, junio 08, 2007

Pasión a través del tiempo

Primera vez. Max Castillo debuta en la narrativa con novela ambientada en el siglo XVIII
Libro desarrolla temática erótica en cuatro continentes
Jesuita limeño y esclavista portugués son los protagonistas
¿Qué tienen en común una matanza de nativos en la Amazonía peruana y la toma de la Bastilla? ¿Cómo un fado portugués puede terminar entonándose en una barraca de Dublín? ¿Qué hace un jesuita del virreinato del Perú en los desiertos de Etiopía? Éstas y más preguntas tienen su respuesta en Ángeles quebrados, el primer libro publicado por el poeta Max Castillo.
Se trata de una novela histórica que el autor escribió para superar una honda depresión. Castillo comenta que una decepción amorosa lo empujó a narrar en clave erótica las peripecias de José María de la Trinidad y Paz, jesuita limeño; y Álvaro de Alburquerque, marino esclavista portugués; y cómo ambos personajes de inclinaciones homosexuales se cruzan esporádicamente.
Amores con historia

El escritor confiesa que su objetivo era crear un texto heterogéneo en el que varias voces contaran partes de una historia. Sin embargo, refiere que su meta era hacer un libro más vivencial que intelectual o experimental. Su interés principal era “cómo un hombre en completa libertad podía contar su pasado”.
El autor, que en la década de 1970 impulsó un par de revistas de poesía, confiesa que siempre ha sentido pasión por la historia. Tanto así que su próximo proyecto también recorrerá diferentes épocas que van desde el imperio romano hasta los años actuales, pasando por la conquista de Etiopía durante el régimen de Mussolini. Parte de la acción transcurrirá en su barrio de La Punta.

Dato
Los interesados pueden comprar el libro directamente del autor en el teléfono: 429-7123.

De interés
Claves sobre Max Castillo
1) Dirigió a fines de la década de 1970 las revistas Penélope y Campo de Concentración.

2) Aunque no ha publicado ningún libro hasta pasados los 50 años, tiene varios poemarios inéditos.
3) En 2005 ganó los juegos florales de La Punta, distrito en el que reside, con el poemario aún sin publicar Cenizas y siluetas.
4) Para su novela Ángeles quebrados tuvo en mente libros como La casa verde de Vargas Llosa, Mientras agonizo de Faulkner y Salambó de Flaubert.
5) Su próxima novela se llamará Una historia africana.

viernes, julio 28, 2006

“Cuando nací, el boom estaba allí”

El escritor mexicano Jorge Volpi estuvo en Lima para la Feria Internacional del Libro 2006 promocionando por adelantado su próxima entrega No serás tierra. A su paso, habló de Roberto Bolaño y los estereotipos literarios.

Con No serás tierra concluye su trilogía sobre el siglo XX. ¿Qué otros planes tiene?
–Han sido más de mil quinientas páginas y diez años de escribir. Fue muy apasionante, pero también difícil. No sé que voy a hacer ahora. Estoy agotado y estoy en período de leer.

¿Los escritores latinoamericanos necesitamos salir de nuestro país para ser internacionales?
–En efecto, siempre ha sido así. Siempre ha sido muy natural que los escritores de América Latina busquen viajar a otras partes. A veces en nuestra misma región, pero más frecuentemente a Europa. Antes París era la ciudad mítica de la literatura de nuestra región. Ahora también es destino España y otras partes del Viejo Continente.

¿España vuelve a ser el centro de la cultura en nuestro idioma?
–El problema, más allá de dónde vivan los escritores, es que la mayor parte de las grandes editoriales en nuestro idioma están actualmente en manos de grupos españoles o internacionales. Ya no están las grandes editoriales latinoamericanas que podían competir.

¿Eso distorsiona la visión de nuestra cultura?
–Bastante. Para que un escritor sea conocido en América Latina, antes debe ser decidido en España. Si no es atractivo para el público español, difícil que llegue a nuestra región.

Sin embargo, los latinoamericanos no se han encasillado...
–Sí, somos muy variados en cuanto a temas y las locaciones de donde suceden nuestras historias. Ya difícilmente se puede encontrar rasgos comunes entre escritores latinoamericanos distintos.

¿Se debe a la globalización?
–No diría eso. Creo que siempre ha sucedido así. Siempre hay escritores interesados en temas peculiares. Escribir es algo tan personal que más son los críticos buscando similitudes que las que realmente hay.

Algunos críticos cuestionan que los latinoamericanos sean variados.
–Sí, sigue habiendo este fenómeno de críticos, tanto en América Latina como afuera, que si un escritor no trata sobre su terruño, de su aldea, no tiene rasgos locales y no es interesante. Es un punto de vista muy eurocentrista, pero a la inversa.

¿No le molesta un poco que se asocie lo latinoamericano con clichés?
–Claro que sí me molesta. Hay que luchar contra el estereotipo. En México hay charros, rancheras y sarapes, pero no es lo único que hay. Hay que tratar de eliminar estos clichés que son tan peligrosos a la hora de encasillar a países, personas y formas de ver la vida.

Hace diez años los escritores nuevos criticaban más al boom. Ahora pareciera más cordial la relación.
–Los escritores del boom latinoamericano son nuestros clásicos vivos. La generación previa a la mía tenía problemas mucho más obvios de confrontación. Para nosotros son los
escritores con los que nacimos prácticamente. Nací en 1968 y Cien años de soledad es de 1967. Ya estaba allí. Es un hecho sobresaliente el tener clásicos vivos.

¿Cómo valora la influencia de Bolaño en la literatura actual?
–Considero que Roberto Bolaño para los escritores que hemos nacido después de 1960 es “la” figura más importante de la literatura reciente. La influencia del novelista chileno se sentirá
en muchos de nuestros escritores de América Latina. Su vida en varios países le ayudó a tener la perspectiva suficiente como para entender que se podía escribir de cualquier sitio.

¿Qué es lo más reciente que ha leído?
–Acabo de terminar de leer La hora azul de Alonso Cueto.

¿Qué le pareció?
–Es una novela que me gustó. Visto de fuera, me agradó la manera de hacer este retrato de la violencia íntima. El descubrimiento por parte del protagonista de que las atrocidadesestán allí. Un abogado exitoso que comprende que el terror está en él mismo.

jueves, mayo 11, 2006

Un asesino suelto en los Andes


En la Semana Santa de 2000, coincidiendo con los comicios presidenciales, un asesino en serie empieza a hacer de las suyas en Ayacucho. Las autoridades son indiferentes y sólo piensan en las ganancias que les dará el turismo durante el feriado y en no generar escándalos durante la época electoral. El único que parece querer enfrentar el problema es un oscuro funcionario, el fiscal distrital adjunto Félix Chacaltana Saldívar. Al hacerlo, revive la pesadilla que fue el conflicto interno para esta ciudad andina.

Este es en resumen la trama de la novela Abril rojo, de Santiago Roncagliolo. Como se puede prever, el libro sigue los patrones de un policial, pero ambientado en un lugar y un momento muy significativos para la historia contemporánea del Perú: Ayacucho durante los estertores del régimen fujimorista.

Al igual que sucede con los modelos norteamericanos de la novela negra, tenemos aquí a un protagonista empujado por razones personales a explorar el lado oculto de la sociedad. El cuarentón y mediocre fiscal Chacaltana, más por apego a los reglamentos que por celo moral, se obsesiona con un caso, un misterioso y sangriento homicidio.

Dicho sea de paso, la construcción de este personaje es uno de los aciertos del libro. Roncagliolo logra hacer de él un ser verosímil. Ello lo hace a pesar de retratarlo con una ingenuidad que por momentos peca de exagerada. La bondad y falta de malicia del burócrata resultan algo extrañas en el medio laboral donde se desenvuelve, aunque resultan funcionales para el desarrollo de la historia.

En la figura del fiscal Chacaltana se unen de manera compleja dos tradiciones. Por un lado, es el típico detective occidental, quien basa su trabajo en hechos concretos. Por otra parte, vive inmerso en un mundo mágico donde es posible hablar con la madre muerta. Ambos acervos se hacen presentes también en los demás personajes principales.

Pero ese no es el único logro de Abril rojo. El libro es para su autor un avance respecto a su anterior título, Pudor. En esta nueva novela se mantiene la virtud de una narración fluida y ágil. Ayuda a ello el intercalar a la narración principal la aparición de los informes del fiscal Chacaltana y unos raros textos narrados desde un punto de vista distinto al occidental.

Además, en esta obra, a diferencia de la anterior, el universo que recrea el autor es más complejo y evita mejor los estereotipos. Alguna crítica apuntó que en la novela precedente de Roncagliolo se volvían consumibles y divertidos los prejuicios de la clase media. Sin embargo, en esta entrega se incurre en muy contados casos en la caricatura: la ineptitud de las autoridades provincianas, lo ladino de los comerciantes, entre otros. Además, los personajes y situaciones descritos trascienden la visión limeña acerca de la vida del interior del país.

En este sentido, es un acierto que se evite dar un juicio de valor sobre los actores de la guerra interna. El fiscal Chacaltana, punto de vista principal en la historia, tiene sentimientos encontrados al enfrentarse a terroristas o a militares culpables de violación de derechos humanos. Su posición frente a los dos extremos oscila entre la admiración y el desprecio, el temor y la compasión.

Roncagliolo hace un esfuerzo por presentar a senderistas, militares, víctimas y policías como seres humanos. No hace un retrato maniqueo de ellos. Inclusive el héroe de la historia abandona en las últimas páginas su exasperante bondad para mostrar un lado turbio insinuado desde el inicio. Siguiendo esta línea, hay que mencionar a un personaje que se mantiene casi inmaculado a lo largo de la obra: la joven mesera Edith. Es difícil no ver en ella y en los cuestionamientos y dudas que genera en el fiscal Chacaltana una referencia a su desaparecida tocaya: Edith Lagos.

El principal reparo para esta novela es el final. Más allá de que puede ser previsible o no la identidad del asesino en serie, lo que sí es casi inverosímil es el desenlace. La discusión entre perseguidor y perseguido se percibe por momentos impostada. Algunas de las revelaciones no están lo suficientemente sugeridas en el libro. Por ejemplo, el deterioro mental del homicida o la trágica infancia del protagonista.

Pero estos detalles son menores ante el resultado de la obra. Como se ha apuntado líneas arriba, este título es un avance para Roncagliolo, mostrándolo como un escritor más cuajado. Abril rojo es un buen aporte a la larga lista de libros que han tratado desde 1980 el tema del conflicto interno en el Perú.

Ficha técnica
Abril rojo. Santiago Roncagliolo. Lima, Alfaguara, 2006.

(Publicado en el suplemento identidades del 8 de mayo)