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lunes, abril 06, 2026

Los 125 de Serafín Delmar: el vanguardista oculto

El 6 de abril de 1901, hace 125 años, nació Reynaldo Bolaños Díaz, conocido en el mundo de las letras como Serafín Delmar. 

Natural de Huancayo - aunque algunas fuentes sugieren que nació en Huancavelica - fue uno
de nuestros primeros autores vanguardistas y también pionero de lo que algunos llaman literatura social.

Sus hermanos Federico y Óscar - este último usaba el seudónimo de Julián Petrovick - también tuvieron vocación por la literatura.

Tuvo como pareja a la conocida poeta Magda Portal, y al igual que ella, militó en el Partido Aprista Peruano. 

Estuvo cerca de diez años preso, acusado de haber participado en una intentona por matar al tirano Luis Sánchez Cerro. 

Es poco lo que se ha estudiado sobre su obra. Es un olvido injusto.

Su faceta más conocida es la de poeta, habiendo dado a imprenta su primer libro en 1926, Los espejos envenenados. 

De este título diría años más tarde Luis Alberto Sánchez que en sus páginas se filtraba el dadaísmo, en boga en esos años en Europa.

Cuando dejó la cárcel, migró y publicó el grueso de sus textos conocidos en unos pocos años. Luego de ello, un silencio editorial que mantendría hasta su muerte en Santiago de Chile en 1980.

De ese desembalse literario es su poemario Tiempos de odio (Santiago de Chile, 1946), tal vez lo último que publicó en vida.

De ese libro, en particular, me gusta ese par de versos que dicen 

"No diré, no, sino cuando saquen de mis ojos
la lágrima conque Dios me creó."

Serafín Delmar no solo escribió poesía. También incursionó en el cuento y novela.

Pero es difícil encasillar en un género su libro Sol: Están destruyendo a tus hijos.

Algunos lo consideran novela, otros cuentos. Yo recomendaría olvidarse de categorías y dejarse atrapar por su pluma.

Sánchez, en el prólogo, escribió que en esa obra surgía el "poeta sin escuela, el poeta sin bandería literaria", y tiene toda la razón.

Este libro, que debería ser por su calidad considerado dentro de nuestros clásicos, ha tenido poca fortuna editorial.


Su primera edición fue en Buenos Aires en 1941. La segunda es de 1967, encargada a una imprenta de Lima por la Municipalidad de Huancayo. En ese entonces, el alcalde era el doctor Félix Ortega Arce* del Partido Aprista Peruano.

 Luego, la misma municipalidad lo reeditaría en 2017, siendo alcalde Alcides Chamorro, sin vínculo con el partido.

Es una lástima la circulación casi clandestina de esta obra. Tengo la sospecha que el silencio hacia Serafín Delmar y a su producción literaria se debe a su militancia aprista. 

En este libro inclasificable se combina el cuento, la novela, la prosa poética, la autobiografía y más. 

Esta joya está dividida en tres partes, que el autor bautiza como estancias.

La primera está dedicada a la Revolución de Trujillo. Son breves cuentos que capturan el sentir de los apristas de ese tiempo. 

Son pequeñas pinceladas que hablan de la madre que espera a su hijo mientras los soplones le queman su casa por tener un cuadro de Víctor Raúl, de prisioneros que levantan orgullosos el brazo izquierdo ante el pelotón de fusilamiento, de cadáveres que se consuelan entre sí.

Luego, la segunda, es la dedicada a los años de prisión. Los "presos sociales" - eufemismo que usaba la dictadura para no decir "presos políticos" - conviviendo con los presos comunes. 

Es una mirada al infierno del confinamiento y la decadencia. Al igual que en la primera estancia, son textos cortos, que se confunden con cuentos. 

Pero en esa miseria, encuentra poesía. Esos pasajes en que describe la relación de los presos con animales, unos cautivos de otros cautivos, son muy bellos y crudos. El sadismo de los carceleros y la pérdida progresiva de la cordura también tiene ese atractivo.

Pero es en la tercera estancia en el que el genio de Serafín Delmar se desata y rompe los barrotes de cualquier esquema.

Pudo publicar esa estancia sola y sería una joya por sí misma. Pero aparejada de las dos estancias previas la llena de mayor significado.

El arranque tranquilamente pudo ser el de un poemario o una obra de teatro. Un esclavo que habla con sus cadenas, y ellas le responden. En ese diálogo fluye de forma natural la doctrina aprista, esa que llama a luchar contra el mal y que promete la ansiada redención. 

Porque Serafín Delmar escribe con la mano izquierda con la que los compañeros saludamos al cantar la Marsellesa. Y lo hace tan bien que convierte ese sentimiento en universal.

Luego siguen pasajes que evaden el realismo y se vuelve un sueño o pesadilla. En ella recuerda a su hija, a su madre, a su pareja, al partido. Reflexiones varias.

Y termina tal como empezó: un diálogo entre el preso, la rosa, la mañana. Pura poesía. 

Serafín Delmar, quien sufriera destierros y prisión por su militancia partidaria, merece ser leído por los que amamos la literatura. Su legado trasciende la camiseta política. Rompamos la mezquindad con la que se ha ocultado su obra. 

______________

*Mártir aprista asesinado por Sendero Luminoso en 1987.


lunes, septiembre 15, 2025

El espejo empañado del caviar


Eduardo Dargent, con quien compartí aulas en la Pontificia Universidad Católica, plaza fuerte de aquello que llaman “caviar”, acaba de publicar un libro sobre ese inasible sujeto político al que se le ha puesto ese nombre.

 “Caviar: del pituco de izquierda al multiverso progre”, el título completo de su obra, es una versión de parte, como lo reconoce Dargent. Parafraseando el léxico que se usa en estos días, en el libro se habla de cómo se autoperciben los caviares, o al menos mi antiguo vecino de carpeta.

Y en ese planteamiento válido, quienes estamos en otra orilla también tenemos cosas qué decir. 

Honestos y “honestos”

Con todo el aprecio que le puedo tener a Eduardo, aceptar como realidad que una característica clave de lo caviar la “lucha contra la corrupción”, definición que aparece desde la primera página del primer capítulo y que repite cada tanto, como que no cuela.

En todas las corrientes políticas o ideológicas sospecho se suscribiría esa afirmación. Otro asunto es que, desde cierto pedestal, se quiera usar la “lucha contra la corrupción” para descalificar a los oponentes.

Solo basta mirar algunos hechos recientes alejándose de la narrativa dominante y machacado hasta el cansancio.

Ya son seis, casi siete, los años que han pasado de la muerte de Alan García y no se ha mostrado una sola prueba de los delitos por los que le querían dar prisión preventiva. Yo soy aprista, me cuestionarán que defienda al c. Presidente, pero no me rebatirán.

Sin embargo, vayamos a otros ejemplos. ¿Cómo manejamos el tema Susana Villarán y los aportes que confesó haber recibido mientras era funcionaria, nada menos alcaldesa de Lima? El propio Dargent la nombra como un ejemplo de caviar, pero no ahonda en su gestión.

El autor, coetáneo mío en la PUCP, señala que una de las debilidades caviares su poco peso electoral. ¿Cómo no hablar de su máximo logro en este siglo del caviarismo, la alcaldía de Lima, y cómo la manejaron?

El silencio que ha caído sobre la muerte de José Miguel Castro, gerente de la Municipalidad durante esa gestión y también sindicado como cómplice en la recepción de dineros de constructoras brasileñas, es un tema que también echa sombras sobre esa “lucha contra la corrupción”. 

Pero dejemos esa idealización que tienen de si mismos los caviares como adalides de la legalidad, que no es exclusiva del libro de Eduardo. La autosuficiencia con la que hablan algunos de sus voceros es, para los que no comulgamos políticamente con este grupo, es suficiente prueba de su problema para criticarse.

Sudar Channell

Hay una definición de caviar o de sus variantes – el antiguo “cívico” o el más reciente “cojudigno” – que se repite con constancia tergiversando el sentido que se le daba al apodo.

De acuerdo a Dargent y otros, que se identifican o simpatizan con esta corriente, hacen referencia a una expresión tomada de Francia donde en plan de burla se le decía izquierda caviar a las personas acomodadas que no vivían acorde con su ideología progresista o similar. 

Esa explicación viene con trampa. Es decir, con otras palabras, que una persona con privilegios se preocupe por los menos afortunados.

En el primer ciclo de universidad, un profesor que dictaba un curso de introducción a las ciencias sociales, Oswaldo Medina si no me falla la memoria, describió el concepto antes que llegara el apodo. Para los cachimbos pelones que éramos, nos daba con bastante humor unas clases llenas de anécdotas y observaciones agudas. 

En una de ellas, tal vez escapándole el chisme, contó de algún colega de las ciencias sociales que era congresista por Izquierda Unida o su escisión posterior. Relató que lo estaba visitando en su oficina parlamentaria cuando llegó una delegación de mineros o agricultores. Su colega la atendió afable. Pero una vez que se fue el grupo, pidió a sus asistentes que echaran colonia para que se vaya el olor.

Lo de caviar no va por gente que tenga gustos exclusivos – Dargent bromea conque le gusta el café de grano seleccionado – sino con lo utilitario que resulta para personas con privilegios en épocas de elecciones o para ascender en el mundo académico hablar de las necesidades de personas que no las ven como iguales. 

En otras palabras, con personas con las que no comparten más que una relación vertical. En palabras de Hernán Garrido Lecca, "comunistas a tiempo parcial".

Cada cierto tiempo se habla de poner más requisitos – en especial, académicos – para acceder al Congreso. Y esa corriente de opinión viene de la derecha y de la llamada izquierda caviar. Un retroceso a derechos conseguidos poco a poco hasta lograr el voto para los analfabetos. Quedaríamos en la posición de ciudadanos que pueden elegir pero no ser elegidos. 

Mártires de la democracia

Otro punto es el de los derechos humanos y del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. No aceptar críticas a su “narrativa” los pone en la misma situación que cuando hablan de su exclusividad en el tema de la “lucha contra la corrupción”. En los 90, cuando compartí aulas con Eduardo, era constante en las clases de la PUCP repetir que la izquierda no aprista había sido la más perjudicada con el accionar de Sendero Luminoso y MRTA. 

Sin embargo, cuando se hizo el recuento de víctimas, era el Apra el partido más golpeado. Pero ese dato ya no se destacó en el Informe Final. Es más, víctimas apristas fueron dejadas de lado. En una reciente visita en Tarapoto, encontré a la familia de Julio Santa María cuyo patriarca, un militante puro y sincero del Partido del Pueblo, el Apra, falleció ejerciendo de subprefecto en Tocache en 1990, pero nadie de la CVR se contactó con ellos. Y como él, cuántos más habrá.

Claro que los familiares, compañeros, amigos de las víctimas de los terroristas quieren la verdad. Muchos casos se han archivado y nunca se llegó a saber quiénes fueron los responsables materiales e intelectuales. Solo rumores. Pero los autoproclamados defensores de los derechos humanos dejan estos casos de lado. 

Seguro Dargent objetará con algún argumento a esto último, pero para eso uno escribe, para debatir.

miércoles, agosto 30, 2023

La impunidad de los cobardes


Entierro de víctimas de Sendero en comunidad de Soras

Hace algo más de 20 años se formó la Comisión de la Verdad (CVR), a la que después se le añadió el apellido de "y Reconciliación".

La idea era, como entendió un grueso de la población, dar luces sobre los años del terrorismo, en las que Sendero Luminoso y el MRTA cometieron atroces violaciones de los derechos humanos y buscaron amedrentar a la ciudadanía que no compartía su forma de pensar.

Su Informe Final - del cual hay una versión abreviada y otra extendida - debía ayudarnos a reconciliarnos entre peruanos. Al menos esa era la propaganda que tenía.

Se acaban de celebrar 20 años de la entrega pública de ese documento, y lo que se constata es que no se lograron sus premisas.

Un miserable que trabajó para la CVR se ha permitido sugerir que una dolorosa muerte para el Partido Aprista, la del c. Rodrigo Franco, fue perpetrada por sus propios compañeros. 

Él sabe, como todos los que conocen el caso, que fue Sendero Luminoso, pero más réditos da repetir infamias. 

Que revise el informe en el que dice que trabajó - o al menos cobró por decir que trabajaba en él - y se dará cuenta cómo la Policía señaló y capturó a los aparentes culpables - todos relacionados con Sendero Luminoso - pero que fueron condenados por otros motivos, menos el del asesinato del joven dirigente aprista. Un crimen impune.

Pero no es la única persona que ha tomado la ocasión como oportunidad para descalificar al adversario, al que no toma a la CVR como Santa Palabra. Un funcionario estatal ha inventado la versión de que a los apristas nos mataron entre 1985 y 1990 como venganza por el develamiento del motín de los penales de 1986. 

Siendo historiador, olvida los incontables martirologios que sufrió el Partido del Pueblo en manos de los cobardes terroristas. Viene a mi mente los casos de los alcaldes de Tingo María y Aucayacu, producidas en 1984.

El fraseo que usa también se presta para la confusión. Algunos lo han interpretado como una justificación del sistemático aniquilamiento que padecieron los militantes y líderes del Partido Aprista. Yo en ese punto quiero darle el beneficio de la duda. No supo expresarse, espero.

Ataques y descalificaciones hacia quienes tienen reparos con la CVR hubo en estos días muchos más. Y la reconciliación no asomó para nada.

Yo quiero hacer el ejercicio inverso al de ellos, cerrados en su dogmatismo. Hay un texto de Rafael Salgado publicado en la semana al que quiero contestar.

Para quienes no lo conocen, él es hijo de un emerretista muerto en extrañas circunstancias en 1993. No lo digo para estigmatizarlo, él ya lo ha contado en varias ocasiones y tiene un libro testimonial al respecto.

Él habla sobre el terruqueo como una mancha que le ha perjudicado su vida. Solo puedo decir que el pecado de los padres no hace pecadores a los hijos y su descendencia. 

Sobre cómo relaciona los años del terrorismo con la fragilidad del actual gobierno y lo que él llama régimen neoliberal no me voy a pronunciar, pues creo que no ha hilado con claridad sus ideas.

Pero lo que sí quiero tomar de su texto es la idea de impunidad. Él se refiere al caso de su padre, pero el concepto va más allá.

En el documental 1214 No tememos a los cobardes, que dirigí con Hernán Hurtado y produjo Hernán Garrido Lecca, una constante de los entrevistados, deudos de apristas asesinados por Sendero, es que no se condenó a los actores materiales.

Eso se repite en la segunda parte que estoy dirigiendo en solitario y con la producción de Garrido Lecca. Más de 30 años y no saben quiénes fueron los que apretaron el gatillo. Sí, impunidad.

Un abogado dedicado a litigar este tipo de temas twitteo que gracias a la CVR se había condenado a los culpables de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta. 

Le respondo que igual empeño hubieran puesto en las matanzas de Soras, Lucanamarca o Las Gardenias, ejecutadas por Sendero Luminoso y MRTA. 

Salió por la tangente, que Abimael y su cúpula estaban condenados por Lucanamarca. 

No, así no. ¿Quiénes dispararon, degollaron, se ensañaron con esos crímenes? Eso queremos saber.

Sobre Barrios Altos y La Cantuta no se limitaron a Fujimori y Montesinos, se procesó a toda la cadena de mando, o lo que se pudo saber de ella.

¿En todos estos años no han podido dar con los asesinos de Marcial Capelletti, padre de mi amigo Andrés? Los asesinos lo ajusticiaron a plena luz del día, en una clase en la Universidad Nacional San Cristobal de Huamanga, y salieron caminando. 


Todos los casos que he entrevistado me han dicho, palabras más, palabras menos, que no saben quién lo hizo o mandó a hacer. Solo hay una excepción que tiene la certeza del actor intelectual. El resto, sus casos están archivados o no tienen pista alguna.

Y así hay varios casos más. No solo de victimas apristas, sino de diferentes tiendas políticas.

Contra esa impunidad debemos luchar. Que tengan un poco de paz los familiares que les sobrevivieron y que sepan que la justicia de su país los escuchó.

Salgado dice que sin conocer historias como la suya no se comprenderá lo que sucedió en aquellos años. Con ese afán, leí su libro.

Lo invito a que también conozca esas otras historias que han ido cubriéndose en un manto de olvido para la ciudadanía y también para la academia. Ese lado casi no mencionado, la de los familiares de víctimas del terrorismo. 

Repito, él no es el culpable de lo que haya hecho su padre. Pero si no ve el otro lado de la moneda, no entenderá, usando palabras suyas, "toda la complejidad de lo ocurrido".

viernes, octubre 08, 2021

Terrorismo y memoria: el juego de las narrativas


 Hace unos días se realizó un conversatorio sobre memorias entre Rocío Silva Santisteban, Eduardo González Cueva y Eduardo Cáceres auspiciado por un membrete de izquierda.

Los tres coincidían en mayor o menor medida que la época del terrorismo - que ellos califican de 'conflicto armado interno' - es el centro de una pelea por la hegemonía de quién impone su versión de los hechos.

Cáceres, tal vez el más alturado del trío, dice que habría que buscar que estos relatos dialoguen y se resistía a llamarlos memoria.

Puedo darles la razón en parte en estos postulados. Lo que creo que se equivocan es cuando aseguran que toda memoria, relato o como quieran llamarlo, no es el que ellos tienen es de derecha, y además es hegemónico.

González Cueva llega a caricaturizar las posiciones contrarias a la suya como de hispanistas que añoran la Colonia.

Silva Santisteban pone en el mismo saco los penosos casos de las esterilizaciones forzadas y la reforma agraria del tirano Juan Velasco Alvarado con la época en que la sociedad peruana fue atacada por los cobardes asesinos de Sendero Luminoso y MRTA.

Opino que están errando en sus apreciaciones. Están invisibilizando a una parte importante de la izquierda que sufrió los embates de Sendero Luminoso y MRTA: el Partido Aprista Peruano.

Y no solo al PAP, sino a los demás agrupaciones políticas.

Muertes invisibles

Me llamó la atención, por ejemplo, que la ex congresista Silva Santisteban resalta que deudos de las víctimas de la violencia como Indira Huillca o de Vladimir Cerrón, que son, de acuerdo a la poeta, insultados por sus tragedias familiares. 

Sin embargo, pasa por algo las críticas, muchas veces malintencionadas, que le hacen a la congresista fujimorista Martha Moyano, para dar un caso que no tiene relación con el Apra.

Otro caso, este sí del PAP, es el de Andrés Capelletti, quien quedó huérfano de su padre Marcial Capelletti, dirigente aprista de Ayacucho. 

Él está realizando una fuerte actividad política en los últimos meses. Consecuencia de ello, ha sido amenazado de muerte. 

Rocío Silva Santisteban subraya que ella opina desde su propia experiencia, que ha sido terruqueada e insultada.

Le respondo desde mi experiencia también. Yo he sido insultado, he perdido amigos, acosado en redes, sido censurado, solo por rescatar la memoria aprista en el documental 1214 No tememos a los cobardes, película que dirigí con Hernán Hurtado y produjo Hernán Garrido Lecca.

Ella se queja de la muestra de Karen Bernedo, que se presentaba en el Lugar de la Memoria, la Tolerancia e Inclusión Social (LUM).

Esta exposición, sobre la que escribí un artículo, fue censurada por el entonces ministro de Cultura Salvador del Solar y provocó la salida de Guillermo Nugent de este museo. 

Mi opinión es que del Solar mostró su entraña autoritaria en este caso, la cual se evidenció más en su apoyo al cierre del Congreso del 30 de abril de 2019. 

Pero Silva Santisteban no dedica ni una palabra al impasse que tuvo el documental sobre víctimas apristas en el mismo Lugar de la Memoria. Eso sucedió hace poco, el 8 de julio de este año.

Es cierto que luego de frustrado el estreno a través de esta institución llamada a recordar a las víctimas, recibimos disculpas de los funcionarios y se reprogramó un par de meses después. 

Pero ese caso para ella no existió. No hubo solidaridad ni de Eduardo González Cueva ni de ella. No sé sobre Eduardo Cáceres, a quién no sigo en redes. 

Silva Santisteban indica que que sobre los "asesinos" (término usado por ella para los terroristas y con el que estoy de acuerdo) falta que se incluya su versión en el LUM. 

De acuerdo a ella, es un pendiente para que la gente no olvide lo que sucedió y sepa quién es Abimael Guzmán. No estoy seguro que sea el lugar ideal para ello. 

No recuerdo que en el Museo de la Memoria y Derechos Humanos de Santiago de Chile recojan la versión de los pinochetistas.

Lo que sí es claro que para ella la versión que puedan tener los apristas no merece estar en el LUM (curiosamente hecho durante el exitoso segundo gobierno de Alan García e inaugurado en los primeros meses del gobierno de Ollanta Humala).

Los vencedores fueron los vencidos

 Un dato que no quiero dejar pasar es la explicación que da Eduardo González Cueva sobre el motivo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Según su versión, se trataba de desmontar la versión de que el terrorismo había sido derrotado por las Fuerzas Armadas, que esa "narrativa" era la impuesta por el fujimorismo por justificar el autogolpe del 5 de abril.

No voy a justificar al régimen de Fujimori, el cual persiguió al Apra y a Alan García, pero no puedo dejar de reconocer el logro de la Policía y las Fuerzas Armadas por reducir a una mínima expresión al terrorismo del MRTA y Sendero Luminoso.

Eduardo Cáceres dice en su participación que los hechos están allí, que no se pueden obviar. 

El MRTA, hasta la toma de la embajada en 1996 y algo después estuvo militarmente activo. 

Una facción de Sendero Luminoso leal a Abimael Guzmán también estaba alzada en armas en el Huallaga hasta la caída de Artemio en 2012 en el gobierno de Ollanta Humala, pero ya languidecía desde fines de los años 90.

Lo que existe en el Vraem ya no guarda lealtad con lo que fue Sendero Luminoso y tiene incluso otro nombre, Militarizado Partido Comunista del Perú. 

Aún hubo un cochebomba en junio del 2002, en El Polo, en el gobierno de Alejandro Toledo, donde falleciera el padre de una amiga mía. 

Se pueden precisar algunas cosas, pero lo cierto es que el esfuerzo de Policía, Fuerzas Armadas y los comités de autodefensas lograron que la violencia que sufrió la sociedad peruana por parte de Sendero Luminoso y el MRTA entre 1980 e inicios de la década de 1990 se redujera a su mínima expresión.

Parafraseando a Cáceres, los hechos están allí. El Apra fue el partido con más mártires entregados a la democracia. Pero los demás partidos democráticos también los tuvieron.

Rescatemos esa historia que nos une. No distorsionemos lo sucedido. Y como escribiera en una pizarra María Elías de Huapaya, una vez que atentaran contra su casa: "NO TEMEMOS A LOS COBARDES".

¿Quieren hechos? Dentro de dos días se cumple un aniversario más en que cobardes terroristas de Sendero Luminoso la asesinaran delante de su esposo. 




jueves, diciembre 26, 2019

Apuntes a Metamemorias de Alan García

"Nuestra política es un cementerio de juramentos traicionados" (pg 472)


En estos días de recuentos sobre lo publicado en el 2019 y aún semanas antes, he leído burlas y desprecio a este libro, Metamemorias de Alan García. Muchas veces de personas que, se notaba, solo habían leído un par de páginas, y a veces ni eso. 

Otros sí se dieron el trabajo y criticaron lo que creían justo criticar. Por ejemplo, César Hildebrandt con una puntillosa lista de desacuerdos en el punto de vista de lo narrado.

Por otra parte, analistas políticos tuvieron una lectura más calma y objetiva. Recuerdo una columna de Mirko Lauer que narraba lo raro de las memorias de nuestros gobernantes.

Siendo Alan García actor político gravitante en nuestro país por cuatro décadas, es tarea difícil para muchos poder evitar denostar de la persona antes de leer su última entrega.

Pero su libro es muy distinto a como en el imaginario de sus detractores se ha concebido. 

Empecemos por lo obvio. Estas memorias - como todas - es un esfuerzo para grabar la imagen con la que quiere se le recuerde. Para sorpresa de sus opositores, no es una auto hagiografía. Son numerosas las autocríticas - estatización de la banca, última candidatura, generación de colas en el primer gobierno, etc. Tampoco es una auto flagelación, pero de haber autocrítica, la hay.

Pero hay dos características que el autor reclama para sí: ser "hombre de partido" y su condición de intelectual.

Sobre esto último, me parece mezquino que se le nieguen méritos a quien manejó tantas referencias bien articuladas para este libro. Sus análisis políticos de diferentes épocas y lugares, para un lego como yo, me parecieron didácticas y apropiadas.

No me voy a explayar sobre sus gobiernos, de los que le hemos oído hablar y defenderlos durante años. Cada uno ya tendrá su opinión formada.

Pero sí quiero hablar de la otra característica que reclama para sí: ser "hombre de partido", incluso desde la cuna.

El Apra es el único partido casi centenario que tenemos en el Perú. Aún si uno es contrario a él, es valioso para entender el país intentar comprenderlo. Las explicaciones que da sobre la suerte aciaga de Haya de la Torre en conseguir el poder, la mecánica del partido, la personalidad de la colectividad aprista desde los tiempos de la revuelta de Trujillo, son parte de nuestro bagaje como nación. Deben ser pocas las familias peruanas sin algún aprista o simpatizante aprista en su genealogía.

Negarnos a explorar ese lado de la peruanidad, a comprenderlo, es perder parte de nuestra identidad. La escena en que narra sobre el recibimiento del automovilista Arnaldo Alvarado, participante en una carrera y a la sazón compañero, en Camaná, por parte de la militancia aprista, es parte de esa historia que se ha ido escamoteando de los libros y que bien se haría en recordar.

No quiero cerrar estos apuntes sin comentar unas páginas que me llamaron la atención. Son las dedicadas a la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Aparte de criticar sus cifras - números que cuestionó antes en tiempo real y con bastante sistematicidad Silvio Rendón, quien dudo sea aprista - García hizo un apunte con el que coincido. Siendo un partido que sufrió más de 1200 víctimas en el periodo de violencia, pudo merecer un lugar entre los comisionados o tener algún representante.

PD: Vargas Llosa y Alan García
Las memorias son, en muchas ocasiones, ajustes de cuentas entre rivales o competidores. Hace poco se publicaron las de Fernando de Szyszlo, generando polémica entre algunos de sus colegas, por ejemplo. Esta obra del presidente aprista no se queda a la saga.

Tiene buenas puyas para sus eventuales contendores, aunque es ciertamente cortés con algunos adversarios: Belaunde, la dirigencia de Patria Roja, Alfonso Barrantes. Sin embargo, su técnica repetida es la del ninguneo. Hay una excepción: Mario Vargas Llosa.

Recordemos que el Nobel escribió en El pez en el agua su fallida aventura electoral. Su Bestia Negra en aquella ocasión fue el líder aprista, a quien le dedicó párrafos no muy halagadores. 

En Metamemorias relata el interés de Belaunde por usar de delfín al narrador, así como varias anécdotas más. Las puyas no son ajenas a ese trato con el novelista. Pero tal vez la mejor es cuando García hace un recuento de los mejores conversadores con los que se había topado. Incluye a Mario Vargas Llosa, "cuando no habla de política".