Durante este período, en varias partes de Asia es tradicional armar faroles hechos de cañas y papel y colocarlos en las vías públicas. En Taiwán, este festejo ha ido evolucionando. Cada vez, los faroles, auspiciados por diversas instituciones y empresas, han ido ganando tamaño y refinamiento.
Para tener una idea, en la inauguración, hecha hace una semana, esta localidad acogió entre 600 mil y un millón de personas, según cálculos oficiales.
Recorrido
Durante este período, las principales calles del pueblo se convierten en una especie de populosa feria en donde se puede comer en puestos ambulantes desde stinky tofu (literalmente tofu apestoso, uno de los platillos más curiosos de este lado del Asia) hasta diversos tipos de bocadillos tradicionales, pasando por familiares –a nosotros– helados y gaseosas.
Una multitudinaria fiesta que no obstante la cantidad de público, por lo que pudimos apreciar, no genera caos ni destrozos en la propiedad privada. Más bien, es una fuente generosa de recursos para los lugareños. Como si fuera poco, cada noche se corona la velada con impresionantes fuegos artificiales.
