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martes, octubre 11, 2011

El Nobel sueco visto desde el Perú


Hace unos días, la Academia Sueca anunció a Tomas Tranströmer como el sucesor de Mario Vargas Llosa en el premio Nobel de Literatura. Aunque el nombre de este poeta sueco se veía en varias cábalas al galardón desde hacía un par de décadas, para muchos era un desconocido. Incluso, el autor de La ciudad y los perros reconoció a la prensa que aún no lo leía.Pero, a pesar de lo poco difundida que es su obra, algunos poetas peruanos, colegas de Tomas Tranströmer, sí lo conocen y han leído. Tal es el caso de Víctor Ruiz Velasco, quien también es el responsable de la editorial Lustra. Él comenta que desde hace unos años está tras la publicación de libros del autor sueco en el Perú.


Explica que hace un par de años estableció contacto en la feria de Fráncfort con los representantes de Tranströmer, el mayor poeta escandinavo vivo. Se había proyectado hacer una coedición con otro sello venezolano. Sin embargo, después del anuncio del premio, Ruiz Velasco manifiesta que tal vez varíen los planes. Asegura que están evaluando sacar una edición especial para el Perú antes de que acabe el año o, máximo, fin del verano de 2012. Aún no se ha decidido entre antología o un libro en especial con material a ser lanzado bajo su sello.

Tradición nórdica


Otro que conoce de la obra de Tranströmer es Jerónimo Pimentel. Una curiosidad es que su acercamiento a este autor se ha dado más por lo que circula en internet que en libros de papel. Para él es una gran noticia que una editorial peruana se anime a publicarlo por estos lares, y habla muy bien de su olfato que los tratos se hayan iniciado desde antes que le otorguen el Nobel.

Pimentel comenta que a él le atrae del escritor sueco lo ecléctico de su registro. Menciona que tiene ese tono reflexivo e intimista propio de los autores nórdicos, pero a la vez trasciende su tradición. "No se mira el ombligo", apunta el poeta peruano. Hace notar, por ejemplo, que ha adoptado géneros propios de otras culturas, como el haiku japonés.


Una observación similar nos da Roxana Crisólogo, quien también le encuentra las características de la poesía nórdica. Crisólogo, residente hace varios años en Finlandia, indica que su arraigo a la tradición de esta zona se percibe en "la forma de tratar temas como el silencio, la nieve, el frío".


Añade que "tiene un tono práctico, como son los nórdicos, breves, concisos, este clima y oscuridad los hace así". La poeta también señala que ha tenido oportunidad de constatar el respeto que se le tiene a Tranströmer en los países escandinavos.

Yapa

Unas horas después del cierre de esta nota, publicada en el diario El Peruano, me llegaron al correo unas líneas de Renato Sandoval, tal vez quien más sabe de literatura escandinava en el Perú. Las incluyo casi sin editar:

"Leí a Transtörmer hace muchos años; antes incluso de que lo empezaran a vocear con insistencia para el Nobel. Pero hace mucho que no lo he vuelto a leer, de manera que no te puedo decir mucho al respecto. Salvo que, en efecto, está en la onda de muchos poetas de su generación que en un primer momento (en los años 40-50) escribían influidos aún por el surrealismo francés y otras vanguardias, pero que poco a poco fueron retomando el tono intimista, irónico, reflexivo, de aparente sencillez pero de gran complejidad conceptual propia de la poesía nórdica. Esta se inició con lo que se conoce bajo el nombre de "modernismo escandinavo", y que, en lengua sueca, tiene como exponentes a Edith Södergran, Gunnar Björling, Elmer Diktonius, Raabe Enckell, Karin Boye, etc.


Sin embargo, de los que conozco personalmente, quisiera destacar la poesía del sueco Lasse Sôderberg (1931), coetáneo de Transtörmer y junto con él asiduo colaborador de la muy influyente revista Upptakt, y al finlandés de expresión sueca Gösta Agren (1936), de quien he tenido la gran experiencia de traducir al español tres libros y cuya poesía, debo confesar, me parce superior a la del más reciente Nobel."

Otros enlaces
Nosotros matamos menos
Mirko Lauer

lunes, noviembre 22, 2010

Poesía salvadora

Acaba de salir La muerte de un burgués, nuevo poemario de Jerónimo Pimentel. Su autor nos da pistas sobre esta reciente publicación.

Este poemario se siente bien miraflorino.
- Sí, pero no tanto. En realidad creo que es un poemario de clase media. Tiene algunos recorridos que pasan por Miraflores, por San Isidro. Yo he querido retratar la vida del trabajador de clase media limeño tradicional. No de la clase media emergente como la del Cono Norte, sino decadente.

Ese limeño que vive, como dice uno de sus versos, en las casas que no llegaron a quemar los chilenos ni Sendero Luminoso.
- Sí. Hay una fijación en las reliquias que van quedando. En la arquitectura que va rumbo a la arqueología. Un poco todo lo que ha quedado en el siglo XX horroroso que hemos tenido en el Perú: inflación, guerras, terrorismo, miseria, devaluación. Como castigo sobre castigo.

Una visión pesimista que se refleja en las líneas en las que hablas de los obreros construyendo las ruinas del futuro.
- Es que hay esa visión decadente. Esa visión de país, del escenario, de la ciudad, horizonte, que deja de ser transformándose en algo que no conocemos. Hago la salvedad que no es la visión que tengo del Perú, pero sí la que quería retratar. Es lo que va quedando del cambio, las reliquias. Yo recuerdo, antes de esta suerte de optimismo liberal, la ciudad (Lima) era otra. Nuestra generación ha entrado en una suerte de conformismo, no militante, cerca de la anomia. Va quedando la sensación que era verdad lo que dijo Fukuyama [autor del libro El fin de la historia].

Noto en su libro un gusto por referirse a su familia.
- Sí. La muerte de un burgués es sobre una muerte metafórica. Se refiere a una muerte espiritual, un síntoma de ello es la no necesidad de cambio. Uno de los refugios es ir a lo íntimo, en la niñez, etc. No hay mayor refugio burgués o pequeño burgués que el amor. ¿Qué es lo que yo siento que nos salva? Yo siento que me salva la poesía como ejercicio espiritual. La gente ya no tiene ejercicio espiritual. Miro con nostalgia a las personas que tienen una fe.