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lunes, junio 24, 2013

Atrapados en un hogar feliz

Nora (Jimena Lindo) es una ama de casa cuyo marido, Torvald (Paul Vega) está a punto de ser ascendido en el bando donde trabaja. Él se muestra serio y formal, mientras que ella parece más preocupada en detalles superfluos como la decoración para la noche de Navidad que se acerca. Pero cuando todo parece encaminado a que pasen unas felices fiestas, un hecho del pasado trastocarán los deseos de ella y la harán cuestionar su situación.

La obra, cuyo primer montaje fue hace más de un siglo y reflejaba las críticas que se empezaban a hacer en esa época contra los roles asignados a las mujeres en la sociedad, mantiene su vigencia a pesar del tiempo. La Casa de muñecas del título se revela como una cárcel dorada de la que es prohibido fugar. Conmueve ver cómo Nora - y con ella, el resto de personajes - se ve atrapado por la hipocresía de la moral imperante.

Pero para ello no basta con una esmerada recreación de época en vestuarios y decoración - que la hay, una marca del Teatro La Plaza - sino también apoyarse en buenas actuaciones, y es lo que tenemos.

Es el caso de Lindo, quien en esta puesta en escena construye con solvencia un personaje interesante, en apariencia casquivano, pero que se va revelando conforme avanza la acción como un ser sensible e interesado en algo más allá de las apariencias. Se registra en su interpretación la evolución que tiene esta mujer impetuosa, relegada por las costumbres de su tiempo a un papel secundario.

Pero otro papel también captura el interés y es un pilar de esta pieza. Es el del abogado Krogstad, interpretado por Miguel Iza, quien en gran medida develará con sus acciones el doble estándar de la moral burguesa. El tipo taimado y sibilino, que envuelve a los demás con su cháchara a pesar de su marginalidad, pero que es capaz de actos de sorprendente bondad, es la contraparte del marido de Nora, cuya corrección y apego a las formas parecen ser una manifestación de su egoísmo.
En suma, una obra recomendable, que no ha envejecido y que se potencia con un inteligente montaje e interpretaciones en verdad inspiradas.

Ficha técnica
Casa de muñecas de Henrik Ibsen
Dirige Jorge Villanueva
Actúan Jimena Lindo, Paul Vega, Miguel Iza, Norma Martínez, Carlos Victoria, y otros.

En el Teatro La Plaza Isil de Larcomar. De jueves a martes a las 20.00 horas, menos los domingo que es a las 19.00 horas.

jueves, mayo 23, 2013

La peor de las hijas


La obra Por qué cojea Candy puede ser vista como la historia de una mujer de algo más de cuarenta años, miembro de una familia de clase media, que confiesa a su esposo un periodo oscuro de su vida, cuando acabó el colegio y fugó a la selva a encontrarse con su padre. Su relato, ubicado justo en los últimos días de la década de 1980 y primeros de la de 1990, se ambienta en la sórdida realidad de Tingo María, Uchiza y sitios cercanos de esa época. Sin embargo, tiene más aristas que explotar.

A lo largo de la hora y media que dura la función se van soltando elementos que sugieren un secreto mayor y más inconfesable que la cercanía de la joven con narcotraficantes y el mundo de la prostitución. En cierta forma, es una metáfora de aquellos años difíciles para el país, época que no importa todo lo que se recuerde, siempre habrá algo peor en la memoria.

Una buena decisión del montaje es destinar a dos actrices para dar vida al papel protagónico – por ratos de forma alternada, por ratos las dos juntas a la vez – creando un ambiente ambiguo y sugerente. Solo las acompaña un músico y la proyección ocasional de videos.

Un reparo a la puesta en escena es que, una vez acabada la acción, se resuelva uno de los enigmas de la historia a través de la proyección de algunas imágenes. Sin embargo, este problema no opaca los aciertos de la obra como la extraña química que se crea entre las actrices y o lo denso de la historia. Por otro lado, imperdible la aparición fugaz del escritor de esta pieza.

Ficha técnica
Por qué cojea Candy. Dirige Marco Otoya. Escrita por Alfredo Bushby con la colaboración de Briscila Degregori. Actúan Sheillah Gutiérrez y Claudia Tasso. Acompañamiento musical de Pedro Schmitt. En el teatro Racional (avenida Balta 170,  Barranco), de jueves a sábado a las 20.00 horas.

miércoles, abril 10, 2013

Todos somos Humphrey Bogart alguna vez: Comentario a Sueños de un seductor

Allan (Manuel Gold), un hipocondríaco crítico de cine, se está divorciando de su esposa. Sus mejores amigos, Linda y Dick (Alina Ferrand y Joaquín de Orbegoso), tratan de animarlo presentándole chicas y, en especial ella, pasar tiempo con él.

El periodista también recibe la "ayuda" de Humphrey Bogart (Pietro Sibille), quien se le aparece para darle singulares consejos de conquista.

Esta obra ha sido escrita por Woody Allen, adaptada luego al cine con él de protagonista. En esta puesta en escena se ha rescatado mucho de esta cinta de los años setenta. La ropa de Linda recuerda mucho a la de Diane Keaton, actriz del filme, por ejemplo. Se ha respetado el texto original, al extremo que quedan algunos cabos sueltos que no encajan, como las bromas a la baja estatura del personaje principal, que no se entienden en el caso de Gold.

Pero más allá de estas observaciones puntuales, se trata de una correcta puesta en escena, como a las que nos tiene acostumbrados Plan 9. No es fácil interpretar un papel pensado para Woody Allen y sus manías, pero Manuel Gold lo hace convincentemente. 

Sibille también está notable en su rol del duro Bogart. Hay momentos en que esta puesta en escena explora rutas distintas a las que se vieron en el filme. Hubiera sido interesante que se explotara más esta veta, aunque no deja de ser una buena puesta en escena. 

Ficha técnica
Sueños de un seductor de Woody Allen
Dirige David Carrillo. Actúan Manuel Gold, Pietro Sibille, Alina Ferrand y otros.
En el teatro Larco de jueves a lunes a las 20:00 horas. Domingo a las 19.00 horas.

Yapa: Una escena de la pela

viernes, abril 05, 2013

La noche de los asesinos en el teatro Grecia de Comas

A mediados de los años 60 se estrenó en Cuba La noche de los asesinos, una obra de teatro de José Triana. Desde ese lejano día se ha puesto en escena en innumerables lugares esta pieza, siendo rápidamente considerada un clásico del teatro latinoamericano del siglo XX.

Un nuevo montaje se verá en Lima, esta vez a cargo del grupo Tablas Maestras que se presenta en la sala Grecia en Retablo, Comas. En esta obra se cuenta de forma ambigua cómo unos hijos buscan revelarse contra sus tiránicos padres, jugándose con la idea de si lo han hecho o no. Aunque en la época en que fue estrenada se interpretó esta pieza como una crítica al caído régimen de Fulgencio Batista o al recién formado de la Revolución Cubana. Sin embargo, Martín Medina, director del elenco, quieren enfocarse más en el lado humano más que en lo político o social.


"Queremos mostrar el maltrato y violencia que muchos padres ejercen contra sus hijos", indicó al diario oficial El Peruano. Manifestó que el teatro donde se presentan se presta para su propuesta, pues la distancia entre los actores y los espectadores es reducida y fuerza a estos últimos a involucrarse en la trama. Otra pista que adelanta es que el montaje es intencionadamente minimalista y que los actores, que cumplen distintos roles, no recurrirán a otras vestimentas para caracterizar distintos papeles. La meta es, en palabras del director, difundir el mensaje contra la violencia familiar.


Los actores encargados de representar la obra son Katia Castro, Martín Velásquez Atoche y María Inés Vargas. 
Hace cuatro años se realizó otro montaje de esta obra en el Perú. Fue en el teatro de El Olivar. Dirigió Gustavo López Infantas y actuó César Ritter.

(Nota publicada hoy en el diario El Peruano)

jueves, abril 04, 2013

"Qué harás tú sin nosotros" *


Tres hermanos, Cuca, Beba y Lalo, juegan ambiguamente a matar a sus padres. Ellos señalan tener entre veinte y treinta años y desear la muerte de sus progenitores para poder hacer con la casa lo que quisieran. Como parte de su extraña diversión, ellos representan a otros personajes como policías, sus padres o vecinos. El argumento hace recordar al de las tragedias griegas, pero con la diferencia que acá no se llega hasta el asesinato.

Se trata de una obra densa pero muy sugerente. Eso se nota en la puesta en escena en la que las buenas actuaciones deben lidiar con una trama en la que nada parece estar pasando. Los diálogos le dan una y mil vueltas sobre el asesinato o no de los padres y sus consecuencias, dando en cada giro un poco más de información sobre la familia. César Ritter destaca en la interpretación de diferentes personajes sin quedarle muy a la zaga sus dos compañeras.

Sin embargo, un reparo para hacerle a esta puesta en escena es la parte sonora. Resultan muy monótonos y predecibles los efectos sonoros empleados. Al final se apuesta por introducir un rock, rompiendo el repetitivo esquema, pero ya cuando está concluyendo la obra.

Ficha técnica
La noche de los asesinos de José Triana
Dirige Gustavo López Infantas
Actúan César Ritter, Vanessa Vizcarra y Leslie Guillén. 

*Comentario a montaje de La noche de los asesinos presentado en el Auditorio de la Biblioteca de la Municipalidad de San Isidro  en 2009.

miércoles, abril 03, 2013

Esperando a que se muera el sol (Comentario a Números reales)


Una familia peruana de clase media en medio de la crisis económica de fines de los 80 y comienzos de los 90. Solo trabaja la madre de enfermera. El padre vive encandilado con supuestos experimentos científicos. Uno de los dos hijos adolescentes mata al padre.

Ese es en líneas generales el argumento de Números reales de Rafael Dumett, un clásico del teatro de los noventa de nuestro país. La actual puesta en escena de Diego López ha respetado el momento en el que se ambientaba la obra originalmente, lo que es un acierto. Otras claves son la escenografía mínima y el uso contado e inteligente de recursos como las proyecciones y el juego de luces. Imperdible el fragmento de “telenovela” que se ve, en el que se dan pistas para entender el desenlace.

Es interesante ver la evolución de Rubén (Renato Rueda, una grata revelación), el hijo rebelde que poco a poco va involucrándose con las fantasías de su padre, interpretado por el solvente Leonardo Torres Vilar. Pero también lo es apreciar lo difícil que le es adaptarse también fuera de su hogar. Encuentra violencia en medio de juegos infantiles o en su torpe flirteo con su vecina Nadia (María Fernanda Valera). 

Muy gráfica es en ese sentido la escena en la que oculta a su amiga del acoso de un extraño teniendo que soportar una agresiva perorata machista. "Todo hombre viene con los polvos contados, y de ellos tendrá que dar cuenta a Dios",  sermonea el extraño ante el nerviosismo del inexperto muchacho.

El desarrollo de la obra muestra que los rasgos de locura del progenitor se pueden rastrear de una u otra forma en otros miembros de la familia intentando aparentar normalidad. Pero ser normal en una sociedad en crisis y violenta no es fácil. Siempre está abierta la posibilidad para, como se dice en uno de los mejores momentos de la obra, sentarse a ver por un telescopio cómo se muere el sol.

Ficha técnica
Números reales de Rafael Dumett
Dirige Diego López
Actúan Leonardo Torres Vilar, Andrea Fernández, Emanuel Soriano, Renato Rueda, María Fernanda Valera y otros
De viernes a lunes a las 20.00 horas, menos los domingos que es a las 19.00 horas, en el Auditorio Museo de Arte (paseo Colón 125, Parque de la Exposición – Lima).

Comentario ligeramente más amplio que el publicado en el diario El Peruano

sábado, junio 30, 2012

Algunos apuntes luego de una obra de teatro de Vargas Llosa


Acabo de ver el montaje que ha hecho  Teatro del Horizonte de Ojos bonitos, cuadros feos de Mario Vargas Llosa en la sala del Cafae-SE. Un montaje austero y correcto que este domingo deja Lima para ir a una gira por provincias. Su punto más alto es el cínico crítico de arte que interpreta Reynaldo Arenas. Pero no es la puesta en escena, con sus aciertos y fallos, de la que quiero hablar, sino la misma historia escrita por el Nobel que me ha dejado algunas interrogantes. (1)

La obra gira alrededor del encuentro del novio de una artista con un crítico de arte. El galán, marino de profesión, quiere vengar la afrenta que cometió el comentarista al publicar un artículo lapidario sobre la única muestra de su amada, nota periodística que, según el enamorado empujó a la chica al suicidio.

Yo no tuve la suerte de ver la primera puesta en escena de esta obra, a mediados de los noventa, por lo que no sé si en ese entonces también se cargaron las tintas en el reproche hacia el crítico despiadado. Pero por lo que recuerdo de mi lectura del texto, publicado hace unos años, era una de las opciones válidas que daba la obra.

Lo que me causó cierta intriga es lo que parece sugerir la obra sobre el papel del crítico. Me explico. El novio de la pintora suicida se siente con la suficiente autoridad de confrontar, e incluso humillar, al cruel guía del buen gusto limeño. Aunque al final se da a entender que ni uno ni el otro sale victorioso del encuentro, lo que se ve en escena es que el crítico es ridiculizado por la fuerza del vengador de la aspirante a artista. Sus ironías finales no limpian mucho la situación.

¿Qué es lo que se le reprocha al comentarista de arte? ¿El no haber considerado, como se dice en algún momento, todo el esfuerzo que le demandó a la joven preparar la exposición que demolió en unas cuantas líneas? El crítico no da la impresión de haber actuado particularmente severo con la chica. Más bien, confiesa actuar severo con todos los jóvenes. Digamos que no da pistas de medir con diferente vara a los artistas. Es, en cierta forma, ético, más allá de la antipatía que se le pueda tener y aunque peque algo de mala leche.

Sé que una obra puede terminar diciendo y defendiendo ideas totalmente distintas a las que el autor suscribe. En este caso en especial, me hizo recordar las varias veces que Vargas Llosa ha alabado el papel de los críticos. El Nobel ha recordado cómo más de uno le ha ayudado a entender mejor su obra. El trabajo del escritor termina cuando da su obra a imprenta, y que de interpretar el texto se encarguen los lectores, ha dicho de una u otra forma innumerables veces. Pero hago memoria y no recuerdo alguna crítica negativa de su obra que él diga que le sirvió o que le parece valiosa. Tal vez me equivoque, y algún memorioso me corrija.

Pero volviendo a la obra de teatro en cuestión, la sensación que me dejó es que postula que un crítico tiene que tener tacto a la hora de escribir sus reseñas, no vaya a herir las susceptibilidades del artista. Como rezaba esa canción de la Polla Record, “tuyo es el poder, tuyo es el espacio en el papel”. El crítico tiene una responsabilidad, estoy de acuerdo, pero no en el sentido en el que parece sugerir la obra de Vargas Llosa. Es cierto que, al final, se atempera la responsabilidad del crítico en el suicidio de la pintora – el miedo al matrimonio y a la vida burguesa, antes que la crítica, serían el motor de la decisión de quitarse la vida – pero sigue habiendo un reproche hacia el comentarista que no repara en los sentimientos de los creadores. Para mí, ese reproche está mal encaminado.

Guardando ciertas formas, un crítico puede y debe decir si una obra le parece mal, bien, regular, extraordinaria o simplemente no le provoca nada. Explicando por qué de su opinión, claro. Es lo que creo. Si no lo hace, está mintiendo. Y un artista debe saber que no todos le aplaudirán cuando haga algo. No es motivo para abandonar una vocación. Y si lo hace, es que tal vez no es su vocación. Imagínense lo que hubiera sido Chris Ofili y su caca de elefante de hacerle caso a cierto artículo lapidante de… Vargas Llosa.

(1) Si no conoce la trama y quiere mantener el misterio, le recomiendo dejar de leer acá. Pero si no tiene ese reparo, o ya conoce la historia, entonces, adelante.
(La segunda imagen corresponde a una muestra de Chris Ofili tomada de la web de The Guardian)

martes, abril 24, 2012

Una mirada al teatro de los conos


En los últimos años, debido al aumento del número de puestas en escenas en el circuito tradicional, se ha hablado de un boom del teatro peruano. En ese contexto, Malcolm Malca, docente de la especialidad de artes escénicas de la Pontificia Universidad Católica, se planteó investigar sobre el teatro que se hacía más allá de ese circuito para su tesis de licenciatura. El resultado se puede leer en el libro recién publicado La gente dice que somos teatro popular en el que constata características como el influjo de la herencia andina en su temática, la preocupación por temas ambientales y la integración con la comunidad que los acoge.
Malca comenta que lo primero que le llamó la atención al iniciar este estudio es la gran cantidad de personas involucradas en el quehacer teatral en los llamados conos de la ciudad. "Conocía del trabajo de algunos de ellos, Arenas y Esteras de Villa El Salvador, La Gran Marcha de los Muñecones de Comas, pero no me esperé encontrarme con tantos". Indica que en un primer muestreo llegó a contabilizar a 60 elencos de distintas partes de la capital dedicados a las artes escénicas. Buscando centrarse en casos más significativos, se concentró en tres experiencias por cono.

Preocupación ambiental
Fruto de sus indagaciones llegó a algunas conclusiones de interés. Por ejemplo, que los cultores de artes escénicas en barrios periféricos, la gran mayoría autodidacta, reclaman su carácter profesional y tienen recelos al ser calificados como "teatro popular". Malca indica que sienten que con ese adjetivo los están discriminando, comparando su actividad con el folklore.
En ese sentido, el investigador hace notar que la discriminación es uno de los ejes principales de su temática. Otro, es la gran importancia que tiene la herencia andina, que se puede rastrear en hechos tan diversos como el discurso de superación que alaba la laboriosidad y critica la ociosidad. Malca explica estas características en que tanto los miembros de estos elencos como su público son en gran medida de familias de inmigrantes.
Un tema constante que registra el estudioso es el de la preocupación por el agua. Malcolm Malca hace notar que este tópico se aborda tanto como una necesidad que no es atendida, como un recurso que corre el riesgo de acabarse a nivel global. El estudioso percibe en ello una preocupación por el medio ambiente.
Experiencia colectiva
Una de las características que destaca Malcolm Malca del teatro hecho en barrios periféricos es que lo que predomina son los grupos teatrales sobre las experiencias individuales, a diferencia de lo que sucede en el circuito tradicional en el que es al revés.
Esta forma gregaria de realizar la actividad teatral también se percibe en su lazo con la comunidad que acoge a cada elenco. Por ejemplo, comenta el caso de La Marcha de los Muñecones, quienes organizan el Festival de Teatro de Calle en su barrio de La Balanza, Comas. Tal es el compromiso con los vecinos que estos apoyan dando alojamiento a elencos visitantes, e incluso los pandilleros del lugar apoyan con la vigilancia.

martes, marzo 20, 2012

“Yo solamente veo rojo”

El conocido pintor Mark Rothko (Alberto Isola) ha recibido una propuesta difícil de rechazar. Un restaurante de lujo le pagará una millonaria suma por una serie de cuadros. El artista, que posee un trato difícil con la gente, contrata a un ayudante (Rómulo Assereto), un inseguro aspirante a pintor que lo admira.


La pieza se centra en la compleja relación entre los dos protagonistas, quienes pasan largos ratos charlando en el taller neoyorquino de Rothko. En la primera escena, el consagrado artista advierte que él no será para el recién llegado ni un padre, ni un maestro, ni su sicólogo; que su vínculo es sólo laboral. Pero muy temprano uno se da cuenta que a pesar de la rudeza de estas palabras, el artista se convierte en cierta forma en los roles que empezó descartando.


Ambos van evolucionando en el par de años que demanda la creación de los cuadros encargados. Los dos actores son solventes y equilibrados interpretando sus papeles, Isola haciendo de genio déspota y engreído y Assereto del inexperto e inseguro aprendiz. Pero conforme avanza la obra uno va reemplazando los titubeos por aplomo, mientras que en el otro nace la duda sobre lo que está haciendo.

El director Juan Carlos Fisher ha optado por un montaje tradicional, con una decoración realista. Un acierto es el juego de luces con el que los cuadros de Rothko van transformándose ante nuestros ojos.

Un mérito del autor – John Logan – es que los diálogos, a pesar de reflexionar casi exclusivamente sobre la inspiración y la forma de asumir el rol del artista, van revelando las necesidades de afecto de los protagonistas. Escondida tras el lugar común de que cada generación de artistas debe enfrentarse a la anterior, está una vuelta de tuerca a la metáfora del hijo rebelándose al padre para alcanzar su destino.

El papel del ayudante es el que tiene el cambio más interesante, pues debe darse cuenta cuándo su proceso de aprendizaje ha concluido. Sólo él sabrá cuando el obsesivo color rojo de los cuadros de su maestro es algo más o algo menos que el simple color rojo que él percibe en un inicio. Una recomendable obra puesta en escena de forma eficiente.
Ficha técnica
Rojo de John Logan
Dirige Juan Carlos Fisher
Actúan Alberto Isola y Rómulo Assereto.
En La Plaza Isil de Larcomar. De jueves a martes a las 20.00 horas y domingo a las 19.00 horas. Entrada general a 35 nuevos soles.

miércoles, noviembre 30, 2011

Al rescate del Club de Teatro de Lima

Una de las instituciones más representativas de las artes escénicas nacionales es el Club de Teatro de Lima, institución dirigida por Reynaldo D'amore. Ubicado en el cruce de la calle Porta con la avenida 28 de julio, en sus instalaciones se han formado varias generaciones de artistas. Sin embargo, esta emblemática organización podría quedarse sin local en breve de prosperar la intención de los dueños del lugar.


D'amore informó que corren el riesgo de ser desalojados si se llega a vender el inmueble que ocupan y alquilan hace un buen tiempo. Manifestó que, por suerte, al estar instalados en el sótano de un edificio residencial, no ha habido interesados en poner un negocio en este lugar.

Sin embargo, advierte que la amenaza está latente. Por lo que está buscando el apoyo de alguna institución privada que se anime a ayudarle. Indicó que los dueños del local han aceptado hacerles un descuento del precio con el que se ofrece este local.


Importancia
El Club de Teatro de Lima está a un par de años de cumplir seis décadas de funcionamiento. En un inicio, empezó en el centro de Lima, dando funciones en el mítico Negro Negro de la plaza San Martín. Según recuerda D'amore, fueron los primeros en ofrecer funciones semanales y no esporádicas de piezas teatrales. Desde la década de 1980 funciona en esta sede miraflorina.


D'amore menciona que desde que empezaron a dictar clases de actuación y demás temas relacionados con las tablas, nunca han parado. En la actualidad sólo en ese rubro calcula que tendrán un centenar de alumnos. Otra clase que oferta el Club de Teatro de Lima y que tiene singular acogida es el de oratoria.


Algo más
Los dueños del local piden 260 mil dólares por la venta de este predio.

martes, noviembre 29, 2011

Para el honor nunca es demasiado temprano

Una buena novela no siempre es insumo suficiente para una buena adaptación, sea esta obra de teatro, película o lo que fuere. Los lenguajes son distintos, los retos que sortear son varios, y muchas veces se fracasa en el intento. Ese no es el caso de Crónicas de una muerte anunciada. Jorge Alí Triana, responsable de la también notable versión para las tablas de La fiesta del Chivo, vuelve a mostrar su ingenio para convertir un libro en un meritorio espectáculo escénico.


Como se recuerda, en esta obra se narra cómo los hermanos Vicario dieron muerte a Santiago Nasar para vengar una afrenta, mientras el pueblo no le da importancia al hecho. Una historia que, dicho sea de paso, nació de un hecho real propio de una crónica periodística, transformada años después como una variante de novela policial.


De entrada, desde la escenografía – una plaza de toros – se introduce al público en el tema de la historia: la desgracia ajena vista como espectáculo distante. El numeroso elenco se ubicará la mayor parte del tiempo en las barreras, apreciando la mayor parte de las veces con indiferencia o distancia la tragedia de los protagonistas.

Otro acierto de Triana es la forma de narrar la trama. Uno tiene la sensación al inicio, cuando el espectador aún no se adapta a la propuesta del director, de que se repiten frases y escenas, pareciendo redundante. Sin embargo, pronto se descubre que es parte de una apuesta por mostrar diferentes ángulos de un mismo hecho. Cada repetición va añadiendo más información que el anterior y sin disminuir el interés en el desenlace.

El aprovechamiento del espacio por parte de tantos actores del elenco – casi siempre la mayoría en escena – es ingenioso, evitando el presentar un escenario abigarrado. Asimismo, es inteligente y funcional el uso de elementos como el humo o la lluvia. En especial, el empleo de una sábana enorme sin manchas de sangre para hablar de la deshonra de una familia, remite a un recurso similar que se empleó en La fiesta del Chivo. Se trata, en suma, de una inspirada adaptación de una novela al teatro, superior a la anterior puesta en escena de Triana en Lima. Hay que destacar, además, que no existen altibajos en las actuaciones a pesar de la juventud de los intérpretes.

Ficha técnica
Crónica de una muerte anunciada
Adaptación de la novela de Gabriel García Márquez hecha por Jorge Alí Triana
Actúan Nidia Bermejo, Claudia Dammert, Franklin Dávalos, Leslie Guillén, Oscar López Arias, Stephanie Orúe, Tommy Párraga, entre otros
De jueves a lunes a las 20.00 horas en el Teatro Británico (calle Bellavista 531, Miraflores). Entrada general a 45 nuevos soles.

domingo, noviembre 27, 2011

Bertolt Brecht baila festejo*

Un rufián de baja estofa conocido como Mackie Navaja (Luis Ramírez) engatusa a una joven ingenua, Polly (Margot Lozano), para que trabaje en su cabaret. Los padres de ella buscarán impedirlo. Ese es en líneas generales el argumento de Malandro Cabaret Gourmet, obra inspirada en la célebre Ópera de los tres centavos del alemán Bertolt Brecht.

Esta pieza teatral de Brecht causó revuelo en el momento de su estreno en 1928 por incluir ritmos populares como el jazz y por - en ese entonces - revolucionarias formas de puesta en escena. La adaptación actual persigue continuar esa línea de romper con lo habitual. Para empezar, la historia de prostitutas, alcahuetes y ladrones de poca monta se lleva a cabo en una cevichería mientras que el público cena.

Condicionados por esto, la trama se ha aligerado intentando mantener la esencia del original. El drama lumpenesco y las punzantes puyas sociales de Brecht se han reducido a lo principal para que los asistentes puedan degustar el menú. Se ha puesto mayor énfasis en las coreografías y a la música que en los parlamentos, desdibujándose en algo la historia. Sin embargo, es memorable ver al entrañable Mackie Navaja de Luis Durand zapateando festejo o escucharlo decir la recordada línea "primero la comida, después la moral" cuando están sirviendo el postre.

Ficha técnica
Malandro Cabaret Gourmet
Escrita y dirigida por Mario Sifuentes

*Esta columna se publicó en octubre de 2006 en el diario El Peruano, año en que esta adaptación de Brecht se montó en la Cevichería La Mar (avenida La Mar 770, Miraflores). La entrada costaba 30 dólares e incluía comida y pisco sour.

miércoles, noviembre 16, 2011

Traición de Harold Pinter en Lima*

Hace cinco años se montó en Lima Traición, una conocida obra de Harold Pinter. Al igual que en la actual obra en cartelera de este autor La fiesta en cumpleaños, uno de los protagonistas era Paul Vega y el espectáculo se realizaba en la misma sala, La Plaza Isil. Lo acompañaban en esa puesta en escena Vanessa Saba, Miguel Iza y Eduardo Cesti. El director en esa ocasión fue Jorge Castro, a quien le hice esta entrevista en el 2006.

¿Cómo llegaste a esta obra?
- La leí hace unos años. Es la primera que conocí de Harold Pinter y siempre me gustó muchísimo. Luego me acerqué a otras. A partir de la propuesta de Chela de Ferrari de que plantee un drama de un autor de peso para este año estuve revisando a distintos autores y textos. Pero después de la búsqueda regresé a Traición que fue mi idea original.

¿Qué te atrajo de esta historia?
- Me resultó muy interesante que contara una historia a lo largo de nueve años. Es como hablar de toda una vida. Eso me resultó muy atractivo pues nunca lo había hecho.

¿Qué es lo que te agrada del teatro de Harold Pinter?
- Me gusta el uso de la palabra que plantean sus textos. Los personajes nunca explicitan qué es lo que quieres. Detrás de las conversaciones cotidianas que realizan se esconden voluntades, intenciones, acciones, que nunca están del todo descubiertas. Esa forma de mostrar cómo transcurren en la intimidad los momentos fundamentales de las personas me resulta muy atractiva. Sus obras permiten al director y a los actores realizar un enorme proceso de elaboración propia. Con el mismo diálogo podrías contar cualquier otra historia.

El reto de Pinter
¿Qué fue lo difícil de esta adaptación?
- El gran reto fue el trabajo de descubrir e interpretar, debajo de esos textos tan poco explícitos, qué pasa realmente en la pieza. La ambigüedad es parte de su riqueza. He buscado interpretar la obra comprendiendo a los personajes sin juzgarlos. Me gustaría que esa sea la experiencia del espectador.

¿Cómo fue el proceso de puesta en escena?
- Hemos empezado a ensayar el 24 de abril. Es bastante tiempo. Para una obra de pocos personajes como ésta, normalmente es más corta la preparación. Sin embargo, había tantas cosas que descubrir que preferimos comenzar antes. La historia retrata nueve años, no tres días. Además, como se narra de atrás para adelante, los actores no pueden usar el estado emocional de una escena para la siguiente. Es un gran reto actoral.


*Entrevista publicada en el diario El Peruano el 27 de julio de 2006 con el título Un Nobel se estrena en Lima.

Jugando a la gallinita ciega

En un pueblo costero, dos ancianos dan pensión y tratan como a hijo a Stan (Paul Vega), quien para encerrado en casa torturando a sus caseros. A esto se suma una coqueta vecina (Gisela Ponce de León) que le envía indirectas sin recibir atención.
Pero la corrosiva rutina es rota al llegar dos amenazantes visitantes en busca de alojamiento. En este contexto se organiza la celebración que da nombre a la obra Casi una fiesta infantil con licor.
Es una de las obras más aplaudidas de Harold Pinter, que incluso ha sido llevada al cine. Sin embargo, su puesta en escena es exigente. El texto no proporciona muchas explicaciones de las acciones, siendo uno de sus atractivos la ambigüedad. El espectador debe armar por su cuenta la historia con los retazos que se le da.
Un problema con este montaje es que, a la ambigüedad existente, se agrega que las actuaciones no se acoplen del todo. Por ejemplo, tenemos a Ana Cecilia Natteri, tal vez la mejor del elenco, construyendo su papel de anfitriona moviéndose entre lo bufo y lo patético. Por otro, a Paul Vega, quien de ser el huésped majadero que domina la escena, desaparece sin motivo a pesar de estar en medio de la acción.
A pesar de un inicio algo lento, la obra va ganando en intensidad conforme avanza. La dupla conformada Rómulo Assereto y Mario Velásquez (¿maleantes, enfermeros, orates?) aporta la dosis de humor necesario. Otro acierto es la interpretación del esposo a cargo de Alfonso Santisteban, el único que parece una persona común y corriente pero que, curiosamente, no sintoniza con el resto.


Ficha técnica
La fiesta de cumpleaños
De Harold Pinter
Dirige Chela de Ferrari
En el teatro La Plaza Isil de Larcomar. Las funciones son de jueves a lunes a las 20.00 horas y los domingos a las 19.00 horas.

lunes, noviembre 14, 2011

Superpopper: Mantener a Dios lejos del alcance de los niños

En un manicomio para menores, los pacientes especulan sobre posibles fugas o liberaciones, mientras se hacen la vida imposible entre ellos. En ese ambiente, en que cada cual Brunella y Joe se conocerán y enamorarán. Ella ha llegado a ese lugar luego de confundir la realidad con la ficción de un cómic y asesinar a su familia. Él soporta las burlas y acoso de los demás, mientras se comporta como ayudante del doctor.

La escenografía recrea este ambiente caótico y delirante en el que los personajes se mueven. A través de estructuras de madera que permiten varios planos, un inteligente juego de luces y una banda sonora adecuada, introducen al espectador en este relato en que los niveles de realidad se vuelven borrosos. El que la obra empiece desde que se hace fila para entrar a la sala es un acierto.

El argumento recuerda, en su juego entre la locura y la realidad junto a la reflexión sobre el uso de las pastillas, a La mujer sin memoria del mismo autor, César de María, aunque con una más inspirada dramaturgia.


Los diálogos tienen cierto vuelo entre poético e irónico como la frase que titula esta columna. Como complemento, las coreografías entre los protagonistas, en especial en las escenas no habladas, sacan provecho de su despliegue físico. También hay que mencionar las referencias o citas a la cultura Pop como los cómic, al teatro clásico de Romeo y Julieta o al teatro latinoamericano reciente como La noche de los asesinos de José Triana.


Es una ingeniosa puesta en escena de una buena obra. Sólo una observación. En una escena el personaje del Doctor explica lo que, con un poco de atención, se podía sospechar sobre la identidad de uno de los protagonistas. Tal vez esas líneas explicativas sean una forma de hacer más fácil la apreciación de la obra por todo el público, aunque reduzcan la ambigüedad inicial. Más allá de eso, una buena opción de la cartelera muy recomendable.


Ficha técnica

Superpopper

Escrita por César de María
Dirigida por Guadalupe Vivanco
Actúan Luccia Méndez, Herberth Hurtado, André Silva, Smith Sarmiento, Max Yovera, Rodrigo Díaz, Eddy Martinez, Melina Bonifacio y Adriana Polack.
En el Cafae-SE José María Arguedas (avenida Arequipa 2985, San Isidro).

lunes, octubre 24, 2011

Cosecha: “Todos mis recuerdos han sucedido aquí”


Rick Childress es un granjero que sólo conoce dedicarse al cultivo de algodón. En tres momentos de su vida, esta vocación que es una tradición familiar, se pondrá en entredicho.

Francisco Lombardi apuesta por poner a tres actores distintos para las diferentes edades de Rick Childress. Una curiosidad: su hijo Diego Lombardi, que hace del protagonista de joven, argumenta sobre la herencia que se recibe de los padres.

El escenario no varía en estas tres escenas, a pesar de los años que las separan, lo que da una señal de lo inamovible de la obsesión del protagonista. Las diferentes crisis a las que se expone es ocasionada por algún personaje femenino – su esposa, alguna funcionaria, su hija – quienes le cuestionan en cierta forma sus manías.

Tal vez la segunda escena, con un protagonista más ermitaño e irónico interpretado por Javier Echevarría, sea la mejor. En ella hay mejores diálogos y la interpretación de granjero apasionado por su tierra es más convincente.

Un problema es que los tres distintos actores que dan vida al granjero lo hacen cada uno a su estilo. No le han dado alguna característica marcada en la actuación que se mantenga en las diferentes escenas. Falta unidad, lo que resta fuerza a la pieza para conmover, teniendo material para ello. Destacable el buen desempeño de jóvenes actrices como Natalia Cárdenas y Karina Jordan. A pesar de no ser de las mejores puestas de Lombardi, es un buen montaje.
Ficha técnica
Cosecha de Wright Crawford
Dirige Francisco Lombardi
Actúan Diego Lombardi, Javier Echevarría, Gustavo Bueno, Denisse Arregui, Karina Jordan, Ana María Jordán, Natalia Cárdenas y José Tejada
De jueves a lunes en la Alianza Francesa de Miraflores


viernes, octubre 21, 2011

Una mirada al boom del teatro

Mucho se habla del auge del teatro peruano. Sin embargo, es poco lo que se ha escrito sobre él. Una de las novedades de la Feria Ricardo Palma es la presentación de una obra que busca llenar ese vacío: Románticos y posmodernos de Alfredo Bushby. En ella, el también dramaturgo da cuenta de piezas de sus colegas César de María, Mariana de Althaus, Roberto Sánchez Piérola y Eduardo Adrianzén. Se presenta el martes a las 20.00 horas.

Salvo este libro y el de Natalia Torres Vilar, La escena paterna, no recuerdo muchos ejemplos de obras que aborden el tema del teatro. ¿Cómo nace este proyecto?
- Casi precisamente por esa razón. Por el poco interés académico que hay por el teatro peruano, en especial el contemporáneo. También creo que salvo el libro de Natalia Torres y alguna tesis que no conozco, no he visto publicaciones de esta naturaleza. Y la principal razón es que el tema lo ameritaba. No se puede negar que estamos en un boom del teatro, y paralelamente un boom de dramaturgos. Ha habido desde los 90 una gran proliferación de cantidad y cantidad de dramaturgos peruanos contemporáneos. Que yo sepa, no ha habido esto antes.


¿Cómo es la recepción académica de este fenómeno?
- Antes ha habido grandes dramaturgos pero no en la misma cantidad que se da desde los noventa, pero no había nadie que hablara del asunto. Me corrijo, había artículos aquí y allá. Un ejemplo, para Latin American Theater Review y Gestos, que son las publicaciones sobre teatro latinoamericano más importante, ¿sabes quién es el dramaturgo peruano más importante? Vargas Llosa. Me animaría a decir que el 80 por ciento de artículos sobre dramaturgia peruana contemporánea es sobre La señorita de Tacna, Katty y el hipopótamo, La chunga.


¿A qué se debe eso?
- Esto se debe principalmente al prestigio que tiene Vargas Llosa. Es un poco fuerte decirlo, pero escribir sobre él vende. En segundo lugar, a un profundo desconocimiento. Estas son revistas internacionales, y los artículos en su gran mayoría no son escritos por peruanos. Han oído de Vargas Llosa, pero no de los demás. Mi primer impulso fue hacer casi un acto de justicia. Hay este fenómeno – el boom del teatro peruano – y hay muy poca gente que escribe sobre él. Hay textos de Gino Luque, Roberto Ángeles, Carlos Vargas, Percy Encinas, tal vez me estoy olvidando de alguno. Hay casos, no soy el primero. Pero son artículos muy enfocados, por eso decidí por hacer una panorámica. Si bien me he restringido a cuatro autores, la intención es abarcarlos a todos.


¿Cómo elegiste a estos cuatro? ¿Por gusto personal o por otro motivo?
- Fundamentalmente por lo que yo considero la representatividad. El marco de esta obra son los autores peruanos nacidos entre los 60 y 70, no antes ni después, que empiezan a montar sus obras en los 90. Escogí estos cuatro porque tenían estilos, temáticas y edades diferentes. Vi que con estos podía trabajar. No es gusto personal. No es una selección de los “mejores”. Otro factor es que son constantes, que han adquirido prestigio de crítica y público. He tenido que descartar a mi pesar a autores como Claudia Sacha, Jaime Nieto, Aldo Miyashiro, Gino Luque, la huancaína María Teresa Zúñiga.


¿Por qué sólo autores de Lima?
- En la investigación hay muy poca dramaturgia personal en provincia, con la excepción de María Teresa Zúñiga. No ha habido una consolidación a nivel crítico, público y artístico.


¿Por qué se da este boom de dramaturgos?
- Mi intención no es decir por qué está pasando este fenómeno, sino decir qué está sucediendo. Cito a algunas personas que han pensado en el tema. Una de ellas es que durante los años 60 y 70 el teatro peruano se fue al lado no dramatúrgico. El trabajo del cuerpo, del performace. El trabajo del dramaturgo no era lo principal. Puede ser, es una hipótesis. Otra razón es el desarrollo de la actividad teatral en Lima y provincias. Los muchachos vieron que se podía hacer. Desde los 80 teníamos grupos de teatro de autor como Telba y Ensayo, pero había otros. Normalmente los que comenzaban a escribir lo hacían con poesía y narrativa, pero se empieza a cambiar, tal vez, no me atrevo a afirmarlo, por estas razones que te doy.

martes, octubre 04, 2011

El teatro según Oswaldo Cattone

Un referente del teatro en el Perú desde los años 70, Oswaldo Cattone nos habla sobre sus anhelos y su manera de entender las artes escénicas.


Muchos de los jóvenes parte del boom teatral actual lo nombran a usted como su inspiración.
- Es que la mayoría de ellos se formaron acá. El otro día, me contaba Alberto Servat que para él es inolvidable la puesta de El diluvio que viene. Juan Carlos Fisher, David Carrillo, Ricardo Moran. Todos los directores nuevos que están sonando con justicia, porque son muy talentosos, se inspiraron un poco en mi trabajo. Cuando llegué a Lima en el año 73 teatralmente era un desierto árido con pocas posibilidades de fructificar. Marqué un tiempo, un espacio, un ritmo. En los años 80 yo sufría mucho porque la inteligencia barranquina, la que se reunía en un café a criticar, criticaba mi trabajo porque era frívolo pero no hacía nada. Pero si ves la cartelera ahora verás que prima la comedia. Han comprendido que para tener continuidad se necesita público.


¿Cómo lo encuentra al Marsano este boom del teatro?
- Igual. Cattone tiene un público todavía. No es que surgieron nuevos espectáculos y me olvidaron a mí. Yo creo que tener una trayectoria seria como la mía, también implica que se conquista un público. Hay gente que viene de lo que de, que consume Marsano. Hay un público que viene a ver qué hace Cattone, sin ser una estrella de televisión.


¿Qué obra le hubiera gustado montar? Supongo que la responsabilidad económica de un teatro lo limita
- Ese es el problema. Es que yo, lo que me sostiene es el público. No tengo un banco detrás. Yo me financio mis propias obras. Me compré con Annie dos departamentos y los he tenido que vender para hacer Art, porque el público no la quiso ver. El costo del teatro cuando no viene gente es el mismo. Tengo a 36 personas de planta, aparte de los actores de turno. Para mantener este barco, hay que hacer ciertas obras que tenga cierta resonancia pública.


¿Por qué ya no continúa esa experiencia del teatro paralelo al Marsano, con otro tipo de teatro?

- No me resultó. Hubiera funcionado si separaba las salas. Las voces se filtraban. No me rindió económicamente como para mantener otra sala.




Deseos y contratiempos
¿Qué tiene pendiente hacer?
- Yo ya voy a cumplir 80 años, un hombre mayor. No tengo muchas ilusiones. Yo he hecho mucho en el teatro, no sólo en el Perú sino también en Italia y Argentina. Una obra que me encantaría hacer es La tempestad de Shakespeare. Pero le tengo mucho miedo a que la gente no me acompañe. Si no lo hace, no tengo dinero para enfrentar el agujero que eso significaría. No sé si algún día consiga un millonario o un banco que me apoye. Pero arriesgar mi plata en el umbral de mi vejez. No tengo esa valentía que se tiene a los 20 años.
Coménteme de sus fracasos
- Yo cuando he hecho una obra ha sido porque me ha encantado al verla. A veces me he enamorado al verla en Buenos Aires o Nueva York al verla con otros actores. Pero de pronto, no interesaba al público limeño. Hay un slogan en el teatro que me parece que es injusto pero hay que respetar: la vida es demasiado triste como para ir a ver una tragedia. Yo no creo que sea triste, es un regalo de la naturaleza. Conlleva momentos buenos y malos. Cuando lo he intentado en mi teatro, no me ha ido bien.
¿De sus fracasos cuál es el que le tiene más cariño?
- Yo hice una vez una obra sobre el sida que se llama Algo en común de Harvey Fierstein. Tocaba un tema muy curioso, la historia de una pareja homosexual. La mujer del muerto – el personaje había tenido una vida heterosexual – venía a recriminarle. En Nueva York fue un éxito. En Buenos Aires la hizo Ricardo Darín. En Lima no vino nadie.

lunes, octubre 03, 2011

Buscando visa para un sueño


(Publicado en el diario El Peruano en febrero de 2007)
Shirley Valentine (Ofelia Lazo) es una ama de casa entrada en años viviendo una crisis matrimonial. Luego de una vida consagrada a su familia, descubre que pasa los días hablando con la pared y sin haber realizado ninguno de sus sueños. En particular, le obsesiona conocer Grecia, lugar que ella describe como "sitio de antiguo gran esplendor que ahora está en ruinas" en clara analogía con su propia realidad. Pero en medio de su rutinaria existencia, Shirley es sorprendida con la posibilidad de viajar al destino deseado. Y todo cambia.

Para ambientar esta pieza se ha echado mano de una decoración simple y efectiva. Detalles como el tipo de sillas dan la idea del lugar donde la acción transcurre. Por otro lado, la música acompaña acertadamente cada escena.

Aunque la historia pueda ser previsible, el desempeño de Ofelia Lazo hace de la hora y media de duración una experiencia agradable. Ella construye de forma muy creíble la metamorfosis que experimenta su personaje. Gracias a la habilidad de la actriz es que esta trama algo manida logra arrancar buenas carcajadas cómplices del respetable.

Ficha técnica
Yo amo a Shirley
Dirige: Oswaldo Cattone
Actúa: Ofelia Lazo
De jueves a domingo en el ICPNA de Miraflores (avenida Angamos oeste 120) a las 19.30 horas
Entradas desde 10 nuevos soles

martes, septiembre 27, 2011

Madres de hoy, modelo para armar

La dramaturga Mariana de Althaus vuelve a abordar la maternidad. Pero lejos de mostrar el tema agotamiento luego de otras tantas obras con similar premisa, la autora entrega quizás su obra más creativa.


Se plantea como el testimonio real de tres artistas sobre su rol de madres y, de paso, sus experiencias como hijas. Curiosamente, el estar atada a hechos – o al menos una versión de ellos – no es impedimento para hacer una obra más libre y experimental que la pieza netamente de ficción Entonces Alicia cayó, también de de Althaus.

Alejandra Guerra, parte de una familia de artistas, narra los vaivenes de su vida entre varias ciudades. Mientras, en paralelo, Lita Baluarte revela los desencuentros con sus padres y parte de su historia personal. Matiza el espectáculo la intervención de Sandra Requena, conocida vocalista de grupos de rock, quien da algunas pistas de su intimidad y aporta la banda sonora a la pieza. Su versión de I’ll be your mirror de Velvet Underground es precisa. También se da, en voz de Requena, información complementaria a lo sucedido en escena como estadísticas y demás. Incluso se cita a Efímero, otra pieza de la dramaturga.


En Criadero se echa mano de distintas estrategias para narrar de forma ágil estas personales cuitas, desde danza hasta pintas en las paredes y video, pasando por las apropiadas canciones escogidas. De Althaus conjuga estas diferentes artes, sin que sean sólo juegos de artificio. Muy atinadas las coreografías, las cuales se cumplen a pesar de estar Baluarte enyesada. Tal vez por ese motivo se da la intervención de un personaje encapuchado en varias partes de la obra.


La autora ha sabido escoger de cada testimonio lo más relevante, sorteando el riesgo de hacer una obra expositiva con poca trama o interés dramático. Además, trascendiendo el tema de la maternidad, da cuenta sobre la generación que se crió entre apagones e hiperinflación. Un fresco de época que recuerda a otra buena obra de de Althaus, Ruido. Buen teatro que invita reflexionar sobre nuestra sociedad.


Ficha técnica
Criadero, instrucciones para (NO) crecer
Escrita y dirigida por Mariana de Althaus
Actúan Alejandra Guerra, Lita Baluarte y Sandra Requena.
En el centro cultural de la Universidad Católica (avenida Camino Real 1075, San Isidro). De jueves a lunes a las 20.00 horas. Entrada general 25 nuevos soles.