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miércoles, julio 03, 2013

"¿Y esto viene con papas fritas?" Comentario a El chef


Jacky (Michaël Youn) es un entusiasta de la cocina que rueda de trabajo en trabajo sin conseguirse adaptar. Pero por situaciones fortuitas conoce a su ídolo, al famoso chef Alexandre Lagarde (Jean Reno), quien le ofrece tomarlo a prueba. Si se muestra apto, podrá ser el segundo a cargo de uno de los restaurantes más prestigiosos de Paris.

Sobre este eje giran otras tramas menores - la próxima paternidad de Jacky, los problemas con su hija de Lagarde - sin profundizarse más allá de un esbozo.La trama está narrada en clave de parodia. Para ello se sirven de las sorprendentes habilidades para la cocina de Jacky, quien se revela como un cocinero talentosísimo sin haber sido formado más allá de recetarios y programas de gastronomía. Su ingenuidad, unido a esta virtud, genera los momentos más chispeantes de esta comedia. 

Dicho sea de paso, un eco de Ratatouille se puede percibir con esa angustia por los críticos de restaurante y la innata habilidad de un cualquiera en hacer el platillo definitivo. Incluso alguna escena remite a esta película de dibujos animados.Pero algo no llega a cuajar del todo - por usar una metáfora culinaria - en esta película. La primera mitad, con su sátira al mundo de la alta cocina y sus pretensiones, es la que concentra los momentos más logrados e inteligentes. La acción, concentrada en los dos protagonistas, tan dispares uno del otro, genera escenas jocosas. Pero pasado cierto punto, cuando ambos dejan de ser en cierta forma antagonistas, el guión se vuelve complaciente.

Las situaciones planteadas son resueltas más a la ligera, resolviéndose los conflictos de forma algo improvisada. Un ejemplo es la aparición de Santiago Segura, que no incide en el desarrollo y que fácilmente se podría prescindir de ella. Hay que recordar que este actor es muy popular en España, país que coproduce con Francia este filme.Más allá de estos reparos, es una obra entretenida y ligera, hecha para burlarse de las ínfulas de la alta gastronomía, pero que cae en similares pretensiones.




Ficha técnica
El chef
Dirige Daniel Cohen
Actúan Jean Reno, Michaël Youn, Raphaëlle Agogué, Julien Boisselier, Salomé Stévenin, Serge Larivière, Issa Doumbia, Bun Hay Mean, Pierre Vernier y Santiago Segura.
Guión de Daniel Cohen.

Crítica publicada antes en el diario El Peruano y en la Agencia de Noticias Andina.

jueves, septiembre 22, 2011

Medianoche en París: "Me podrás engañar a mí, pero nunca a Hemingway"

Gil (Owen Wilson) es un guionista exitoso de Hollywood, pero dejaría todo por dedicarse a escribir en la ciudad de sus sueños: París. Pero su pasión por la capital francesa no la comparte su prometida (Rachel McAdams), con quien está de visita en esta urbe europea. Incomprendido, realiza caminatas al filo de la medianoche que lo transportan al París de 1920. Empieza una doble vida en la que, durante el día, verá su noviazgo irse a pique, mientras que en la madrugada será compañero de bohemia de Hemingway, Dalí y Cole Porter, entre otros.



Un argumento que recuerda a cintas dirigidas o escritas por Allen en que se juega con lo fantástico como La rosa púrpura del Cairo – en la que un galán escapa de la pantalla – o Sueños de seductor – en la que Humphrey Bogart se vuelve el guía del protagonista. Como en esas entregas, se presenta el conflicto entre un mundo idealizado con la convencional realidad.

Owen construye un personaje que emula al Woody Allen de tantas cintas, con tics y manías. No lo hace mal. Acierta el director en caricaturizar a los personajes “famosos” con los que se cruza su protagonista y evitar la reverencia hacia estos.

Algunos críticos se apresuran en señalar esta obra como prueba de la decadencia del cineasta neoyorquino. Aunque la cinta no se encuentre entre sus mejores, esto no significa mucho para un director tan prolífico y que ha sabido mantener un buen nivel en su larga carrera.

Además, deja varias escenas memorables como las bravuconadas de Hemingway o el argumento de un clásico de Buñuel ideado por un mediocre guionista. Lo mejor: los consejos de tres surrealistas a un atribulado enamorado del siglo XXI.

Ficha técnica
Medianoche en París de Woody Allen

Actúan Owen Wilson, Rachel McAdams, Kathy Bates, Adrien Brody, Carla Bruni, Marion Cotillard y Michael Sheen.



jueves, febrero 03, 2011

Una peruana en Francia


Dentro de poco se llevará a cabo, en el Museo de la Escuela de Bellas Artes de París, la muestra con los trabajos de los mejores alumnos de la última promoción de egresados de esta institución. Entre este selecto grupo estará presente una peruana: Natalia Villanueva.
La obra de ella, una de las cinco elegidas por unanimidad por el jurado de la exposición colectiva, es una singular instalación. Se trata de una pared con varias repisas con los restos de su habitación de soltera. Todos los objetos de su cuarto fueron despedazados y embolsados. Un trabajo, según confiesa, de exploración sobre lo personal del lugar donde uno habita.
Villanueva comenta que ésta y otra instalación aún en proceso es lo que proyecta presentar en junio en el Museo de Bellas Artes parisina, ubicado al frente del famoso Museo del Louvre. Pero ya ha tenido oportunidad antes de mostrar su talento en otras vitrinas. Ha participado en exposiciones en Francia, Italia y Estados Unidos, pero aún no lo hace en el Perú.
Planes futuros
Villanueva indica que le gustaría presentar algunos de sus trabajos en nuestro país, pero aún no concreta esto. Sin embargo, está aprovechando su estadía en Lima para avanzar una compleja obra en la que el protagonista es un material que no consigue en Europa: el triplay.
La artista indica que su interés en la instalación radica en que este género le permite “crear momentos” en los espectadores. La instalación es una vertiente del arte contemporáneo que consiste en acondicionar un espacio determinado, siguiendo una propuesta conceptual, para crear ciertas sensaciones en el público. Uno de los trabajos más aplaudidos de Villanueva, por ejemplo, consiste en varias bolsas de plástico unidas creando un gran bolsón al que ingresan las personas. Dicha obra la ha presentado en Italia y Chicago, utilizando en cada localidad bolsas de los negocios de la zona. Uno de sus deseos es replicar la experiencia en el Perú. Pero mientras esa posibilidad se concrete, sigue trabajando para su cita parisina.

jueves, enero 28, 2010

París bien vale un corto

Varios de los mejores cineastas en activo del momento, bajo el influjo de París, crean historias de alrededor de cinco minutos. Los escenarios son las mil veces vistas calles de la Ciudad Luz y los temas recurrentes son el amor y la soledad.
Los resultados son dispares. Sin embargo, la principal virtud de este film colectivo es la variedad de registros. Desde la historia de los recientes ganadores del Óscar, los hermanos Coen, en la que un despistado Steve Buscemi sufre una paliza por no conocer las costumbres del lugar, hasta el corto del brasileño Walter Salles en el que narra la rutina de una niñera sudamericana que debe dejar a su bebe en una guardería para trabajar.
Esta cinta también es la oportunidad de ver el trabajo de algunos cineastas de los que no se ve mucho en estas latitudes, como el inglés de origen indio Gurinder Chadha o del alemán Tom Tykwer, director de Corre, Lola, corre.
Una característica que se le puede objetar a este largo es el que no se le haya buscado darle una unidad más allá de la ciudad en que se alojan las historias. Al final hay un guiño que busca enlazar algunos de los cortos, pero que queda en el aire. No obstante, esta cinta es una muy buena alternativa que mejora el nivel de la alicaída cartelera local.

Ficha técnica
París, yo te amo (Paris, je t’aime)
Dirigen Alfonso Cuarón, Gus Van Sant, Alexander Payne, Joel y Ethan Coe, Olivier Assayas y otros.
Actúan Catalina Sandino Moreno, Willem Dafoe, Juliette Binoche, Nick Nolte, y otros.


* Columna publicada hace un par de años en el diario El Peruano.

martes, enero 12, 2010

Buscando un rayo


La obra de Eric Rohmer la conocí de forma casual. Una noche de mis primeros años de universidad, junto con un par de amigos, fui a conocer la Filmoteca del Museo de Arte de Lima, más con la idea de hacer algo de tiempo que otra cosa. Ni había prestado atención qué película proyectaban.
Tuve la suerte que ésta fuera El rayo verde, cinta que Rohmer estrenara a mediados de la década de 1980. La historia era sencilla. Una joven con dificultad para relacionarse con los demás, Delphine (Marie Rivière), tiene problemas para encontrar a alguien con quien pasar sus vacaciones. Ella vive obsesionada con un libro de Julio Verne: El rayo verde. En esta novela se cuenta la leyenda de que, si dos personas ven a la caída del sol un rayo verde en el horizonte, ellas estarán unidas de por vida. Con esta premisa, la protagonista va dando tumbos de balneario en balneario tras el amor ideal.
Descubrir que se podían contar simples historias de amor lejos de las manidas fórmulas que poblaban los cines comerciales de aquellos años (y de ahora) fue una fortuna. Me aficioné a ir a la Filmoteca a ver cine tan variados como el decálogo de Krzysztof Kieslowski hasta las clásicas de Buñuel, pasando por cintas en ese tiempo nuevas como El día de la Bestia de Álex de la Iglesia. Obviamente, intenté seguir las películas de ese director tan intimista que me había causado tan grata impresión, casi como si quisiera ver algún rayo verde en pantalla.
Hoy, que los aficionados al sétimo arte lamentamos su partida, sólo nos queda regresar a su filmografía y recordarlo. Para quien aún no lo conoce, será la oportunidad de explorar en la decena de obras imprescindibles que nos dejó. Lamentablemente, ya no hay Filmoteca en el Museo de Arte de Lima donde ver sus películas.

jueves, febrero 12, 2009

La sombra del abuelo


Le Clézio publicó este breve libro después de su novela El buscador de oro, abordando en ambas obras a personajes tras un tesoro inasible. Dos personajes dominan esta obra. Por un lado, el abuelo, quien exploró con obsesión la pequeña isla de Rodrigues esperando encontrar la fortuna enterrada por un corsario. Por otro, el autor, quien en una visita a ese lugar intenta comprender las quimeras que dominaban a su predecesor. Sin embargo, como sentencia casi al final, “no se comparten los sueños”.
Mientras que el abuelo persigue entender las señales dejadas al azar por un – en todo sentido – impreciso bucanero, el nieto intenta repasar los pasos de su antepasado para ver igual que él el paisaje que lo subyugó. Pero al final, quien se impone es la naturaleza inhóspita que va borrando las huellas de unos y de otros.
No obstante este rasgo, Viaje a Rodrigues no es un libro totalmente pesimista. Es, más bien, una oda a la aventura por la aventura, la búsqueda sin importar el motivo. De un árbol familiar con figuras exitosas, prefiere el narrador hablar de quien ha fracasado como burgués, pero que no temió a perseguir su meta: un tesoro que sólo existía en su mente.
También es evidente la exaltación del individualismo y la libertad. No es gratuito que en un par de pasajes se hable de la insensata empresa del abuelo en esa isla perdida en oposición a la sangría de la primera Guerra Mundial que acontece al mismo tiempo. Entre la locura personal y la locura colectiva, el autor se decanta por la primera.
Ficha técnica
Viaje a Rodrigues (colección La otra orilla, editorial Norma)
J.M.G. Le Clézio.
* Porsiaca, la imagen corresponde a una edición distinta de la que yo leí.