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jueves, marzo 24, 2011

Balas a ritmo de vals

Simón Weiss es un reconocido detective de la policía de métodos poco ortodoxos y que es de origen judío. Se le encomienda resolver dos asesinatos en medio de la ciudad de Lima afectada por el terremoto de 1970, uno es la muerte de un japonés y otro el ahorcamiento de un personaje relacionado a los campos de concentración nazis. Tiene de ayudante a Katón Kanashiro.

Estamos ante un argumento propio de la novela negra, con antihéroes que se mueven con sus propias reglas. Cocainómano e impulsivo, el protagonista no es exactamente un modelo a seguir. Los demás personajes se mueven con similares reglas éticas, asumiendo como normal los ajustes de cuentas y la impunidad. Héroes y villanos se comportan igual de violentos y arbitrarios, siendo la raya que los divide muy tenue.

Pero hay un añadido que la hace distinta a las típicas novelas de detectives, un sabor distinto. Y no porque la acción suceda en una Lima aún criolla, sino por cierto tono exagerado con el que se van presentando los hechos. Por ejemplo, Weiss no es sólo un hábil sabueso y eventual mujeriego, sino que también tiene talento para la música y anima jaranas cada cierto tramo. Letras de boleros y valses se incluyen en la narración. O, para seguir con el protagonista, su don profético que le permite presagiar el resultado de partidos de fútbol.

Es una novela desbordada no ajena a la reflexión sobre la identidad y la pertenencia. No por nada Weiss y su segundo son peruanos de primera generación. Significativo el momento en que el detective observa a la derruida ciudad y la encuentra familiar, mientras que, páginas más adelante, constate que la Lima señorial está dando paso a algo desconocido. Recomendable novela a pesar de tener algunos baches en el que la narración se torna forzada. Esperemos que la dupla tenga más aventuras en el futuro.

Ficha técnica
Acuérdate del escorpión. Isaac Goldemberg (Fondo editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega)

lunes, enero 10, 2011

Otro día para jubilarse

Frank Moses (Bruce Willis) es un recién jubilado agente de la CIA. Pasa sus anodinos días flirteando con una teleoperadora a la que no conoce en persona. Pero una noche van a matarlo y vuelve a las andadas huyendo de su propio gobierno convertido en un RED (retirado extremadamente peligroso).

Paseará con su – en un principio arisca – novia de teléfono por varios parajes de Estados Unidos reclutando a su equipo de viejas glorias del espionaje (John Malcovich, Morgan Freeman, Helen Mirren). Una línea menor es el contrapunto que vivirá con Willis con el joven espía norteamericano encargado de matarlo (Karl Urban), una suerte de alter ego de menor edad.

Como recordando que se inspira libremente en un comic, una postal indica cada vez que Moses se desplaza a una nueva ciudad. Otra característica que recuerda al origen de la historia es lo estereotipado y fantasioso de las situaciones, casi como héroes de historieta. Explosiones, tiroteos, persecuciones se suceden sin tregua, casi todas para mayor gloria de Bruce Willis quien construye un personaje que nos parece haberle visto varias veces antes.

Es una cinta entretenida y previsible, donde se conjuga la acción, la comedia y algo de romance. Frases como “hace años que no mato a nadie”, “hubiera preferido que no me raptaras y drogaras y que tuvieras pelo” o el mantra del personaje de Malcovich “¿ya lo puedo matar?” buscan arrancar al menos una sonrisa. Una película que cumple con los modestos objetivos que se trazó: parodiar por enésima vez las historias de espías sin arriesgar a nada nuevo.

Ficha técnica
RED
Dirige Robert Schwentke
Actúan Bruce Willis, Morgan Freeman, John Malkovich, Helen Mirren, Sarah Ross y Karl Urban, entre otros
Inspirado en un cómic de Warren Ellis


lunes, enero 03, 2011

Nuestro primer partido

Apropiadamente en plena época electoral acaba de aparecer un libro de interés para entender la historia de las agrupaciones políticas en nuestro país. Bajo el título de Política y burguesía en el Perú. El Partido Civil antes de la Guerra con Chile el estudioso alemán Ulrich Mücke describe en él cuáles fueron las condiciones que facilitaron la creación de esta organización, la primera que postuló exitosamente a un político no militar a la presidencia de la República.
La lectura de esta obra permite tener una idea de las similitudes y diferencias entre cómo se hacía política hace más de un siglo y la actualidad. Asimismo, reivindica de cierta forma el siglo XIX peruano, como una época en la que, a pesar de la catástrofe de la Guerra del Pacífico, se iniciaron procesos beneficiosos como la creación de partidos cuya vida iba más allá de ganar una elección.
El análisis apunta a señalar que la riqueza del guano no fue del todo desaprovechada y sirvió para crear una clase dirigente. Además, muestra cómo el sistema político fue incluyendo a más sectores sociales. El retrato de la lucha política en el Congreso también vale la pena revisar.

Un valor agregado de este trabajo es la comparación con otros procesos similares en otras latitudes como los demás países de la región o Europa, así como el uso como fuente de la correspondencia de personajes de diversos orígenes involucrados en el Partido Civil. En contra se debe señalar que hay algunos contados problemas en la traducción – es una obra originalmente escrita en alemán – y cierto desorden al exponer la información. Más allá de eso, una buena opción.

Ficha técnica
Política y burguesía en el Perú. El Partido Civil antes de la Guerra con Chile. Ulrich Mücke (Instituto Francés de Estudios Andinos / Instituto de Estudios Peruanos).

lunes, noviembre 22, 2010

Nostalgias inéditas

La chilena Claudia Apablaza nos presenta una obra singular. Un libro en el que parece no contarse grandes hechos, o al menos vistosas anécdotas. Pero sin embargo, las pistas que nos va dando página a página sirven para irnos armando un retrato de la protagonista: una chica que aspira con ser escritora, que circula entre Chile post Pinochet y Barcelona, buscando un amor elusivo.

No es casual el subtítulo, la tristeza de la no historia, pues en él se alude a una de las claves del libro: la falta de una trama convencional. La historia avanza y retrocede, y vuelve a narrarse con ligeros cambios, creando en cada vuelta de tuerca una obra más rica.

Eme/a se divide en cuatro partes, y parece empezar de nuevo en cada sección para contar lo mismo pero de forma diferente. Una lectura apresurada puede hacer pensar que es sólo un cúmulo de artificios sin fondo, pero esta idea es errada, una ilusión. Hay una fuerte carga reflexiva y emotiva en sus líneas que requieren de un lector atento para descubrirla.

A pesar del tono melancólico, una de las claves para entender el libro es lo lúdico. La prosa juguetona, de frases cortas y giros ingeniosos, sirve del medio ideal para que la autora aborde temas complejos. El reto de la maternidad enlazado con el miedo a publicar, debates sobre la literatura y la creación, el amor y la soledad, son tocados de forma sugerente.

Respecto a la creación, es imperdible el capítulo dedicado a la búsqueda de un padre, figura que oscila entre Roberto Bolaño ó Nicanor Parra, dos patriarcas extremos en la literatura de su país. Un libro recomendable.
Ficha técnica
Eme/a La tristeza de la no historia
Claudia Apablaza (Altazor)

jueves, noviembre 18, 2010

Una biblioteca en llamas

Daniel, un relativamente joven coleccionista de libros, está internado en un manicomio por el asesinato de su esposa. Su amigo, Gustavo, después de tiempo y a insistencia del paciente, lo vuelve a frecuentar. La sombra de la sospecha de otro crimen vuelve a cubrirlo, y necesitará de la ayuda de su antiguo compañero de lecturas para sortearlas. Entre capítulo y capítulo se incluyen textos delirantes de Daniel que complementan la historia.

Existen dos temas importantes sobre los que gira esta trama en apariencia convencional: lo libresco y la violencia. Decimos libresco no sólo por la afición coleccionista de uno de los protagonistas, sino también porque las referencias literarias que abundan. Algunas en forma de citas textuales, otras moldeando episodios. Es difícil no ver a Daniel leyendo sus textos a los demás pacientes un reflejo de “El evangelio según san Marcos” de Borges, por ejemplo.

Los dos amigos son de un estrato social acomodado y poseen un perfil intelectual, características que no les salvan de darse de bruces con una realidad agresiva. Aunque hay un intento por referirse a hechos sangrientos más allá de nuestras fronteras, la que domina la acción es la violencia política que padecimos. Los rezagos de ésta van condicionando el comportamiento de Gustavo y Daniel y el de las personas que los rodean – la esposa, la paciente, el amigo marino, etc.

Hay que advertir que no se trata de un libro en clave realista. No hay una coincidencia milimétrica con los hechos de la guerra interna, por ejemplo, sin que eso impida describir la época de locura que sufrimos. La densidad sicológica de los personajes no es tampoco necesidad de esta ficción, sintiéndose cierta ambigüedad entre Daniel y Gustavo. Dicho sea de paso, se subraya esta ambigüedad teniendo un personaje tocayo del autor.

No obstante los aciertos de esta novela, también hay algunos reparos que hacerle. Ciertos episodios avanzan repitiendo información, haciendo lenta la lectura. Por ejemplo, la presentación de la hermana de Daniel y su gusto por singulares representaciones teatrales. Otro reparo mayor es el desenlace. Varias páginas antes del final, por los datos proporcionados, es muy sencillo responder el misterio que intriga a Gustavo, por lo que se prolonga innecesariamente. Detalles que no descalifican a El anticuario como un interesante debut en ficción.
Ficha técnica
El anticuario. Gustavo Faverón Patriau (Peisa).
Otros enlaces:

martes, noviembre 09, 2010

En el corazón de la codicia

El nuevo libro de nuestro Nobel es una obra curiosa. La trayectoria de su protagonista – Roger Casement – hace parecer que el Vargas Llosa novelista duda de algunas de las ideas que el Vargas Llosa ensayista y opinante defiende. Por un lado, se exalta una gesta nacionalista – la de Irlanda – y por otro, se hace un retrato crítico del impacto de Occidente en la Amazonía y el Congo.

El sueño del Celta describe los últimos días de Casement, un retirado diplomático de Gran Bretaña condenado por complotar con los nacionalistas irlandeses, esperando la horca. En los capítulos pares se hace un recuento de sus andanzas documentando los abusos de las caucherías africanas y sudamericanas y su actividad política por la independencia de su tierra natal.

Entre el sueño y la pesadilla
Como varios de los personajes de Vargas Llosa, Casement es un idealista. Parte muy joven al África con la ilusión – de acuerdo a la pluma de nuestro novelista – de participar de una cruzada por la mejora de ese continente. Pero lo que encuentra es todo lo contrario.

A diferencia de las tres “C” por las que se embarca lejos de Irlanda – civilización, cristianismo y comercio – descubre que el motor a la mayoría de europeos es otra “C”, la codicia. Palabra clave que se repetirá constantemente no sólo en las páginas dedicadas al Congo sino también a la selva peruana.

Al protagonista lo van afectando el ser testigo de las atrocidades a las que llega el ser humano por ambición. En un logrado pasaje, Vargas Llosa describe cómo Casement, aventurero de vocación, termina magullado al nadar en un caudaloso río africano, obvio símbolo de que no puede quedar indemne quien se sumerge en las aguas de la maldad.

Otro atractivo de este libro para los lectores del arequipeño es ver cómo vuelve a visitar un escenario de alguna de sus mejores historias: la Amazonía. Recordemos que ya en La Casa Verde abordó las pillerías de los caucheros.

Mientras que Pantaleón y las visitadoras y El hablador describen este territorio en una época posterior. Ahora el punto de vista es el del extranjero horrorizado por la explotación de los débiles. Pero también, sorprendido por el compromiso de quienes buscan cambiar la situación.

A pesar de los aciertos, no es una novela redonda. Resiente su lectura un comienzo un poco farragoso en el que se hace una repetitiva descripción de la vida familiar del niño y joven Roger Casement. La última parte, consagrada a sus andanzas nacionalistas, también adolece de ser reiterativa, aunque por lo dramático de la situación – sus últimos días – no estorba tanto al conjunto. Lo mejor son las páginas dedicadas a los informes del Congo y la Amazonía peruana, así como la humana relación que establece un condenado Casement con su carcelero.


Notas relacionadas:
El toque de Midas
Mario vuelve a la selva
Adiós al club de Borges

lunes, agosto 02, 2010

Cenizas del poder

(Hace unos años publiqué este comentario en la revista Variedades a la novela Palacio Quemado de Edmundo Paz Soldán)
Óscar es historiador, sin embargo, no ejerce este oficio. Desde joven se ha dedicado a escribir discursos por encargo. No ha tenido estabilidad laboral hasta que se le ofrece trabajar para el presidente de su país. Para él es un regreso a Palacio Quemado – como se le conoce en Bolivia a su Palacio de Gobierno – pues allí pasó parte de su infancia mientras su padre fue ministro. Ese lugar también le recuerda el extraño suicidio de un hermano mayor. La nueva cercanía al poder le servirá al intelectual como una etapa de doloroso aprendizaje sobre su país y sobre las relaciones humanas.
Esta es en líneas generales la trama de la nueva novela de Paz Soldán. En ella los personajes parecen girar alrededor del Palacio Quemado, símbolo del poder en el país altiplánico y verdadero protagonista de la historia. Unos quieres entrar, otros quedarse, algún otro lo añora, pero para nadie le es indiferente. El ejemplo más claro es el del amigo y jefe directo de Óscar, Lucas, quien va adecuando su posición política a las conveniencias del momento sin muestra de arrepentimiento. No es gratuito que se haga constante mención de la precariedad histórica de los gobiernos bolivianos.
Palabras, palabras
Mientras que la clase más afortunada acomoda su comportamiento a estar o no entre el cogollo de quienes toman las decisiones, un policía lisiado pide limosna en la plaza frente a Palacio Quemado como recordando los pecados de sus ocupantes. El peso del interés propio dicta la conducta de casi todos. El sexo, los contactos, son sólo monedas para dominar a otros. Como dice Óscar en las primeras páginas “El Palacio era un laberinto”.
La cercanía al poder influye, cambia a quien se aproxime. Incluso Óscar, quien rehuye comprometerse, sueña que los discursos que escribe, cambien los destinos de su país. Este poner en duda el poder de las palabras es un tema que se puede encontrar en otras obras de Paz Soldán, pero que en el contexto de este libro adquiere un patetismo singular.
País en llamas
Un acierto de Paz Soldán es la manera que describe esa fractura que existe en su país entre los menos favorecidos y la clase dominante. Por ejemplo, en las ocasiones en que Óscar se aventura en los barrios pobres sale con marcas. Primero, son las rayaduras del automóvil de su hermana. Luego, son latigazos en su piel.
Otra virtud de la novela es la forma en que se ha introducido los temas históricos. No se trata de un farragoso recuento de los golpes de Estado bolivianos, sino de una constante referencia a la agitada vida política del vecino país introducida sin forzar la narración. Este continuo recordar se va convirtiendo en una metáfora de lo efímero del poder.
Pero nunca sale indemne. La culpa de unos, la rabia contenida de otros, son rasgos de la nación boliviana que también se pueden rastrear en estas páginas. Sin embargo, hay que señalar que Paz Soldán es más efectivo en describir la primera característica que la segunda.

domingo, agosto 01, 2010

Juegos de guerra

Udo Berger, un joven alemán obsesionado con los juegos de guerra – en especial uno llamado Tercer Reich – llega con su novia a una de las playas del mediterráneo español. Un buen empleo, una pareja enamorada, destacando cada vez más en su hobby. En apariencia, todo marcha bien para él. Pero en el balneario conocen Charly y Hanna, otros alemanes de vacaciones, y a otros personajes marginales del lugar, y poco a poco el viaje de placer va adquiriendo otras direcciones.

Esta novela, escrita probablemente en 1989, no fue dada a imprenta por su autor. Se entiende esta decisión si se considera sólo el arranque algo anodino de la historia. En esas primeras páginas no se encuentran las características propias de Bolaño, pero conforme va desarrollándose la trama va aflorando sus virtudes.


El protagonista se sumerge en un mundo extraño, sórdido, siendo cada vez más difícil para él separar la realidad de la fantasía. Una simple partida de Tercer Reich con el Quemado, un indigente con el que entabla amistad, se transforma en una pesadilla, al igual que su vida. Para crear este ambiente de extrañamiento el autor recurre a pequeños detalles: un espejo que no “refleja” correctamente, cartas que no se recuerdan haber enviado, sueños obsesivos.


En parte, la propuesta recuerda al cuento “Últimos atardeceres en la tierra”, incluido en Putas asesinas, en el que se alude al submundo de otro balneario, Acapulco. Haciendo un balance, se trata de una obra menor en la bibliografía del escritor chileno. Sin embargo, hay que reconocer que tiene el suficiente valor como para interesar a un lector que no sea un fan de Bolaño.


El Tercer Reich de Roberto Bolaño.

Editorial Anagrama.

jueves, junio 11, 2009

Romance de entrecasa


Dan (Steve Carell) es un viudo, escribe en un diario una columna de consejos familiares que no aplica con las tres hijas que cría y sobreprotege. Evita relacionarse ni tomar riesgos. Pero esa actitud llegará a un límite cuando viaje a pasar un fin de semana con sus padres, hermanos y sobrinos en una cabaña de la montaña. Sin proponérselo, conoce a la novia de su don Juan hermano antes de ser presentada y establece un cierto vínculo con ella (una convincente Juliette Binoche) que, fácil es adivinarlo, desembocará en un culposo romance.
Así expuesta la trama se puede creer que es una más de esos romances predecibles sin mucho qué aportar. Es verdad que no es una cinta de grandes pretensiones, pero dentro de los límites de la poca originalidad se trata de una cumplidora comedia. Carell hace del papá tímido que va liberándose de sus complejos, variando su relación con sus hijas y a explorar sus sentimientos.
Es una película en tono menor en el que se encontrarán varios gags vistos hasta la saciedad pero realizados sin desentonar con la propuesta decididamente ingenua. Estereotipos como la familia feliz y numerosa, los padres metiches y el hermano superficial están presentes, sin forzar la situación. Algunos momentos para recordar son el ampay en el bowling y el novio de una de las hijas dando consejos al atribulado viudo diciendo “el amor no es un sentimiento, es una habilidad”.
Ficha técnica
Mi hermano, yo y nuestra novia
Dirige Peter Hedges.
Actúan Steve Carell, Juliette Binoche, Dane Cook, Dianne Wiest, John Mahoney u otros.

lunes, marzo 31, 2008

Machito bobo


Chispas Bellatín (Alberto Isola) es un exitoso hombre de negocios peruano de paso por Londres. Una misteriosa mujer, Raquel Saavedra (Bertha Pancorvo), pide conversar con él. Ella se identifica como hermana de Pirulo, un viejo amigo de infancia de su barrio miraflorino a quien Chispas no ve hace casi cuatro décadas.

En el encuentro empiezan a aflorar los secretos y recuerdos de ambos, fantaseando de tramo en tramo con haber vivido otras vidas. Los temas que afloran en la charla son la identidad sexual y los deseos reprimidos.

Al ser una pieza en la que sólo participan dos actores se corría el riesgo que resultara tan solo un largo diálogo. Por suerte, el inteligente montaje de Luis Peirano evita este peligro. Los actores se desplazan constantemente por una escenografía de varios niveles de piso(1). Pero este moverse no es gratuito, sino que apoya al desarrollo de la historia. Por ejemplo, cuando un personaje recuerda, avanza hacia el público mientras que el otro retrocede.

La obra – inspirada en una anécdota que escuchó Vargas Llosa a Cabrera Infante y que sería bueno no conocer hasta después de ver la puesta en escena – tiene como inconvenientes ser previsible y algo repetitiva a partir de cierto tramo. Sin embargo, es interesante ver el despliegue de distintos planos de ficción escenificados por dos actores y que recuerda el estilo narrativo del autor de Conversación en la Catedral.

Ficha técnica
Al pie del Támesis de Mario Vargas Llosa
Dirige
Luis Peirano
Actúan Alberto Isola y Bertha Pancorvo
En el teatro Británico (jirón Bellavista 527, Miraflores) de jueves a lunes. Entrada general a 35 nuevos soles.

(1) Una pequeña digresión. Los diferentes niveles de suelo me hacen recordar a la escenografía de la casa del protagonista de Él, la película de Buñuel. Supongo que este parecido se debe a que en ambos casos se busca mostrar cierta confusión entre los niveles de realidad.
Foto: Morgana Vargas Llosa

lunes, diciembre 24, 2007

“¿A quién le importa lo que pasó?”


La historia relativamente reciente de los movimientos alzados en armas ha servido de material para infinidad de libros en América Latina. En esta ocasión, el periodista Jorge Lanata aborda en clave de novela la historia del Ejército Guerrillero del Pueblo, grupúsculo que existió en la realidad inspirado por el Che Guevara que trató de iniciar la revolución en 1963 desde Salta, Argentina.
Planteado como un libro coral, combina en su narración los partes policiales y cartas de Jorge Ricardo Masetti, “Comandante Segundo”, líder de la guerrilla; con reflexiones y anécdotas de esta abortada gesta revolucionaria. El estilo es ágil y ameno.
Una de las intenciones que se descubren en el texto es el de reflexionar sobre el proceso por el cual varios militantes de izquierdas de América Latina abrazaron las armas en los años 60 y 70. Cuestiona el ideal de la revolución inspirada en Cuba, mostrando las contradicciones de un movimiento formado por burgueses citadinos peleando en la sierra argentina sin ningún apoyo de la población.
A pesar de algunos aciertos – frases agudas, por ejemplo – y de su corta dimensión – menos de 150 páginas – su principal defecto de la novela es el ser repetitiva. Lanata da vueltas sobre las dudas del grupo de aspirantes a guerrilleros y reincide una y otra vez en monólogos interiores que no siempre aportan material nuevo o algún punto de vista sugerente a la historia. Aunque en su país de origen se le criticó por no ser un riguroso compendio de los acontecimientos, visto con otra mirada se le puede objetar el haber dependido demasiado de la anécdota y no haber explorado más allá de ella.

Ficha técnica
Muertos de amor de Jorge Lanata (Editorial Alfaguara)

Enemigos íntimos

Un millón de soles, la reciente novela de Jorge Eduardo Benavides, retrata al Velascato en clave shakesperiana


La nueva entrega de Jorge Eduardo Benavides cierra la trilogía acerca del poder en el Perú que empezó con Los años inútiles y continuó con El año que rompí contigo. Como se recordará, estas dos novelas estaban ambientadas en los últimos años de la década de 1980. En esta ocasión, la época escogida es el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado.
Con un estilo deudor del primer Vargas Llosa, pero con escasos juegos de planos temporales, Benavides narra las mil y un intrigas que surgen alrededor del hombre fuerte de Palacio. El epígrafe con el que empieza, tomado del drama Julio César de William Shakespeare en el que se advierte de la soledad del poder, no es en absoluto gratuito. Conforme avanzan las páginas de Un millón de soles se descubre que casi todos los personajes sólo les interesa su conveniencia y que su lealtad es un bien que se vende dependiendo de la ocasión. No tener presente las tragedias históricas de Shakespeare es imposible.
La novela muestra a una camarilla de intrigantes, encabezada por un oscuro y astuto doctor Támariz que recuerda mucho al Cayo Bermudez de Conversación en la Catedral o, incluso, a la imagen que se tiende de Vladimiro Montesinos. Incluso entre los personajes hay uno de apellido Montesinos que también recuerda al ex asesor. Pero hay más. Periodistas que se venden, incluso regalan, a la menor oportunidad; intelectuales dispuestos a sacrificar su integridad por poco; militares pendientes de lisonjear y complotar, y más.
Este libro está diseñado de forma coral, sin darle protagonismo más protagonismo a un hilo en especial. Una de las pocas constantes es que, al final de cada capítulo, se narra cómo terminan los disidentes del régimen.
Comparada con las anteriores novelas, Un millón de soles es una obra más cuajada y ambiciosa. Desde El año que rompí contigo se nota que la pluma de Benavides ha evolucionado para bien notándole más seguro en los diálogos y descripciones. Otro aspecto interesante es la amplia documentación que se percibe ha servido de insumo para esta trama. Detalles como los nombres de los restaurantes de moda en los años 70 o los precios de la época son introducidos de manera no forzada ambientando naturalmente la novela. No obstante hay unas cuantas pifias – calificar a la CTP de sindicato comunista y a la CGTP de aprista es una de ellas – pero que para nada afectan el resultado de una novela redonda.


Ficha técnica
Un millón de soles. Jorge Eduardo Benavides. (editorial Alfaguara)

(Foto: Jorge Paz Herbozo - Andina)

Crónica chismográfica


La reciente entrega de Pedro Salinas persigue dar una idea del ambiente periodístico peruano. Para ello ha escogido a su gusto a diez personajes de medios y les ha aplicado un modelo de entrevista y perfil. En todos los casos narra la manera en que se realiza el encuentro, realiza unas cuantas preguntas sobre el oficio de periodista y la relación del poder y los medios, hace una semblanza sobre la trayectoria de cada uno y, al final de cada capítulo, le pregunta a cada entrevistado la opinión sobre otros colegas.
El libro es ágil, aunque en ocasiones Salinas se exceda en los adjetivos y en otras sus analogías se vayan por las ramas. Desde el prólogo se advierte que la selección ha sido arbitraria y eso se nota. Siete de los diez entrevistados son de la misma generación, varios han trabajado juntos o tienen lazos de amistad con el autor y, por lo general, se pueden ubicar en el mismo espectro ideológico. A pesar de este detalle, el libro cumple con su cometido de mostrar aspectos no muy conocidos de los líderes de opinión y hombres de medios.
Por ejemplo, es muy lograda y sugestiva la descripción que hace de la entrevista que le hace a Álvaro Vargas Llosa, en el penthouse familiar, con un mozo al lado pendiente de si se acaba el whisky. También es interesante saber la opinión de este puñado de periodistas sobre diversos temas. Por ejemplo, curioso saber que Beto Ortiz y César Hildebrandt coincidan en el derecho del Estado en tener medios de comunicación, mientras que Aldo Mariátegui opina distinto aunque le gustaría convertir al canal estatal en educativo. El libro da bastante material para la polémica y el morbo – Jaime Bayly afirmando que es un problema neuronal ser comunista, por poner un caso. La sección más interesante de cada entrevista es la final, en la que el gremio periodístico intercambia besos volados y puyas entre sí.
Fichar técnica
Rajes del Oficio de Pedro Salinas. (editorial Planeta)

domingo, diciembre 23, 2007

Europa bien vale un trago


La amistad, los amores imposibles, la decadencia y el alcohol son algunos de los temas a los que Alfredo Bryce Echenique regresa con su reciente entrega Las obras infames de Pancho Marambio.

La nueva entrega de Alfredo Bryce Echenique trata de la caída en el alcoholismo y en el regodeo por la autodestrucción de Bienvenido Salvador Buenaventura, exitoso abogado limeño de 54 años que decide abandonar su trabajo para instalarse en Barcelona. Pero dejar el Perú y su vida laboral no es la única huída que protagoniza Buenaventura. Desde las primeras páginas se informa de otra fuga que el ejemplar abogado ha venido realizando desde que nació: el escape de la maldición familiar hacia la bebida.
Este personaje pasa de una existencia aparentemente modélica y abstemia en su natal Lima, a convertirse en casi un paria en la ciudad española. El empujón hacia el licor lo da el desengaño que tiene con un amigo – el Pancho Marambio del título – quien lo estafa con descaro.
Perdido en Barcelona
No estamos ante una de las mejores novelas de Bryce Echenique pero sí ante una que recopila varios de los temas que le gusta abordar. La amistad sincera, encarnada en el francés Gerard, primer anfitrión y principal ayuda de Buenaventura en Barcelona, es uno de ellos. También está la afición enfermiza del protagonista por la bebida, casi como una señal de fatalidad. En lo personal, este rasgo me hizo recordar a uno de sus cuentos tempranos, “¡Al agua patos!”, en el que el sucumbir a la tentación del alcohol era una muestra de decadencia.
Sin embargo, hay que decir que la novela tiene varios cabos sueltos. Por ejemplo, la melomanía, cinefilia y pasión por los libros de Buenaventura son rasgos mencionados insistentemente. Salvo por el gusto del protagonista por la literatura, el resto son detalles casi decorativos sin mucha relevancia en la trama.
Otro problema es lo poco logrado que está la crisis que desencadena el alcoholismo de Bienvenido. El problema que tienen con Pacho Marambio es algo disforzado y pueril. La estafa – consistente en decorar de forma cursi el nuevo departamento del abogado limeño – es artificial y delata no poca carga clasista.
Como bien lo ha señalado alguna crítica anterior, en este libro los personajes parecen dividirse en buenos, hermosos y ricos, con malos, pobres y feos, en una división algo maniquea. Marambio cae dentro de estos estereotipos, pero también “la tal Palmira”, novia utilizada de pantalla por Bienvenido en cierto momento de su vida y que, además, es presentada de forma negativa y desdeñosa en la novela. Por otra parte, la manera en que ella confiesa su amor al exitoso abogado es patética e inverosímil.
A pesar de estos inconvenientes hay que indicar que las mejores páginas del libro son las dedicadas al proceso de ruina en el que se embarca el protagonista. La prosa de Bryce Echenique logra transmitir ese ambiente decadente en el que se ve envuelto Buenaventura. Las líneas dedicadas a su amor imposible de Lima, Mariana, la viuda de su hermano, también son efectivas aunque le falte desarrollar un poco más el tema. Otro punto a favor es el humor – no siempre efectivo – al que apela el escritor cada cierto trecho.

Ficha técnica
Las obras infames de Pancho Marambio de Alfredo Bryce Echenique
Editorial Planeta

martes, septiembre 25, 2007

Viéndonos al espejo

Nuevo libro de Gonzalo Portocarrero reúne ensayos en los que se plantea cómo se forja la identidad nacional en medio del racismo y el mestizaje

Mestizo y racista. Estos dos adjetivos con mucha frecuencia se utilizan para describir al Perú y sus habitantes. Pero, ¿cómo pueden convivir estos dos términos aparentemente antagónicos? Esta es la pregunta que intenta aclarar el sociólogo Gonzalo Portocarrero en los textos de la última publicación, Racismo y mestizaje y otros ensayos.
Se trata en la mayor parte de material que ya había sido publicado o que se incluía en otros libros, pero que sin embargo, ahora reunido, dan una visión más panorámica y de conjunto sobre el tema de la identidad nacional.
Sacaojos e invasiones
A pesar de lo dispar del origen de estos textos, una de las virtudes de su selección es el poder comparar fenómenos sociales equiparables. Los miedos que recorren a diferentes grupos sociales es una muestra de ello. Por ejemplo, dedica un interesante capítulo al pánico que surgió a fines de la década de 1980 en las clases populares relativo a los sacaojos.
Portocarrero, además de recordar al pishtaco andino como un antepasado de esta leyenda urbana, hace notar la descripción que se difunde de este enemigo imaginario: “doctores gringos con ayudantes negros recorrían los pueblos jóvenes buscando niños para sacarle los ojos”. El autor hace notar que las personas que se hicieron eco de la historia y sufrieron de esta histeria colectiva era gente humilde que no encajaban con esta descripción. De esto infiere que tras el pánico de los sacaojos había una referencia hacia el “otro”, lo diferente.
Asimismo, reflexiona sobre los temores de la clase media. En particular, el fantasma de las invasiones y saqueos a Lima es analizado usando encuestas a jóvenes universitarios. También hace un recuento de cómo ha ido evolucionando las diferentes clases sociales en la capital y cómo sus fronteras se han ido alterando con el tiempo.
Al respecto, es digno de atención las líneas dedicadas a la identificación racial. Recuerda, como ejemplo de lo variopinto de nuestra sociedad, que ya Manuel González Prada aseguraba que se encontraba “en cualquier salón limeño, por más aristocrático que fuera, a todas las razas del mundo”. Al respecto, comenta Portocarrero sobre ciertas pretensiones de legitimación mediante el color de la piel, que en el Perú “ser blanco es más un autoengaño o un anhelo que una realidad”.
Entre Arguedas y Clemente Palma
En este libro también tiene cabida el análisis a la obra de José María Arguedas y a las reflexiones sobre la raza hechas por Clemente Palma. En el caso de las palabras dedicadas al escritor indigenista se podría cuestionar si de un trabajo de ficción se pueda estudiar la sociedad peruana. Aunque es válido tomar a la descripción del país que hace Arguedas en sus novelas como indicio de la realidad, siempre es bueno tener en cuenta que la meta de la literatura no es ser un reflejo fiel.
En nuestra opinión, el análisis que se hace de la tesis de bachiller de Clemente Palma, El porvenir de las razas, es más sugerente por las contradicciones que muestra del pensamiento conservador y prejuicioso. Como se recordará, el hijo del tradicionalista Ricardo Palma, provenía de una familia que no era un dechado de pureza. Sin embargo, él defendía con argumentos aparentemente científicos las tesis racistas. Portocarrero recalca cómo Palma adapta a la conveniencia de los criollos peruanos ideas contrarias a la igualdad entre razas importadas de Europa y que, en su versión primera, también eran un ataque contra la clase dirigente nacional.

Sumilla
Gonzalo Portocarrero señala que en el Perú el dinero “blanquea”, y que por lo general el considerarse blanco es más un anhelo o un autoengaño que una realidad.

Ficha técnica
Racismo y mestizaje y otros ensayos de Gonzalo Portocarrero. (Fondo Editorial del Congreso del Perú).

Pensando desde el Perú


Augusto Castro, catedrático de la Universidad Católica, analiza la relación entre los discursos de Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui y Víctor Andrés Belaunde y las principales corrientes filosóficas del siglo XX.


El quehacer político en el Perú, siempre agitado y pendiente del día a día, parece dejarle poco espacio a la reflexión. Sin embargo, el trabajo de Augusto Castro intenta demostrar lo conectado que han estado los líderes de las principales corrientes de pensamiento en el país con la filosofía del siglo XX.
Para ello, ha seleccionado algunos trabajos poco estudiados de estos pensadores. De Haya de la Torre ha tomado sus textos de juventud, en especial los relativos a la teoría del espacio tiempo histórico, de Mariátegui coge Defensa del marxismo y de Víctor Andrés Belaunde elige La síntesis viviente.
Lo interesante del libro de Castro es que inserta nuestro debate político como parte de las preocupaciones filosóficas modernas. Por ejemplo, al tratar de las posturas del fundador del aprismo, señala que éste se basa en las tesis de la dialéctica hegeliana para plantear una superación del marxismo.
Comenta que “pareciera que todo (su legado) ha quedado subsumido en el activismo o en la propaganda, y se ha descuidado la reflexión teórica”. También analiza el impacto que tuvo la teoría de la relatividad de Einstein en las ciencias sociales de su época, y cómo a su vez repercutió en los escritos del joven Haya.
Marxismo y cristianismo
En el caso del autor de 7 ensayos interpretación de la realidad peruana, su interés se basa en mostrar cómo refuta las críticas al marxismo que surgen en el Viejo Mundo y en Estados Unidos. Por ejemplo, Castro recalca la preocupación de Mariátegui por responder a quienes consideraban el legado de Karl Marx más una técnica que una filosofía.
También hace hincapié en las diferencias que encuentra el intelectual peruano entre pensamiento de la Iglesia y de los reaccionarios y en las contradicciones que señala dentro del capitalismo norteamericano. Sobre este último Mariátegui esboza una reflexiona sobre su origen y destino.
Por otra parte, en las páginas dedicadas a Belaunde – tal vez las más interesantes por lo poco difundido de su obra – explica cómo este pensador conservador combina la doctrina cristiana con la filosofía para dar una visión del país. En especial, es curioso constatar cómo Hegel – natural referente de Haya y Mariátegui – también ejerce influencia en el ala derecha del espectro político.
Adiós a la aldea
Como se aprecia en este apretado resumen, el libro de Castro muestra que nuestros pensadores políticos del siglo XX no se quedaban en la cosa menuda de la coyuntura y que miraban más allá de nuestras fronteras. En palabras del autor, no tenían “una mirada provinciana”, sino que abordaban sin complejos las preocupaciones de su época.

Ficha
Filosofía y política en el Perú
Autor
Augusto Castro
Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú (2006)

(Imagen tomada del suplemento Variedades de El Peruano, de autoría de Omar)

lunes, junio 18, 2007

Amores que matan

Un jesuita limeño – José María de la Trinidad y Paz – y un esclavista portugués – Álvaro de Alburquerque – se conocen fugazmente en los últimos años del siglo XVIII en un remoto rincón del África. Sin embargo, sus vidas tienen más en común que esa pequeña anécdota y sus rastros se entrecruzarán en más de una ocasión.
Este es en líneas generales el argumento de Ángeles quebrados, la primera incursión en la narrativa de Max Castillo. En sus páginas veremos desfilar desde rebeliones indígenas en la amazonía peruana acaecidas en paralelo con la toma de La Bastilla, hasta la India en años previos a la conquista británica, pasando por la decadencia de Portugal y el Imperio Otomano y guerras olvidadas en Eritrea.
Esta pátina histórica sirve a Castillo para narrar una historia erótica y tanática. Sus protagonistas, de tendencias homosexuales, sufrirán el rechazo de sus paisanos y se verán empujados a buscar la felicidad lejos de su tierra natal. Sus prohibidos romances tendrán en la mayor parte de las ocasiones fatales consecuencias.
Relatado en clave onírica el libro salta de épocas y perspectivas con total libertad y desparpajo, prescindiendo de explicaciones farragosas e innecesarias. En esta obra se nota un especial cuidado del lenguaje, tal vez heredado por el paso de su autor por la poesía. Por ejemplo, en momentos de cierta tensión se prescinde del uso de comas generando oraciones de singular belleza. La brevedad de Ángeles quebrados – menos de cien páginas – no es óbice para considerar a esta novela como un interesante debut.

Ángeles quebrados de Max Castillo
Hipocampo editores, Lima

miércoles, mayo 23, 2007

En Colombia plagian a crítico Javier Ágreda


Manzana de la discordia. Texto a cerca de Fernando Vallejo es reproducido sin su autorización



  • Comentario a La puta de Babilonia es utilizada sin mencionar su crédito

  • Reseñista resta importancia al hecho y lo toma más como halago

El escritor Fernando Vallejo despierta sentimientos encontrados en Colombia, su tierra natal a cuya nacionalidad renunció hace poco. Es de suponer que allí sus libros serán leídos con interés tanto por sus incondicionales como por sus detractores, para posteriormente comentarlos. Sin embargo, eso no fue exactamente lo que pasó con La puta de Babilonia, su último título dado a la imprenta.
Javier Ágreda, crítico literario peruano, publicó en abril una de las primeras reseñas a dicho libro en el diario La República. Grande fue su sorpresa cuando descubriría que varios medios y portales colombianos han usado su texto casi de manera literal y sin citarlo.
"Por curiosidad puse en un buscador una cita de Vallejo en la que hablaba del Opus Dei. Lo que encontré fue que varias reseñas hechas para medios digitales colombianos la utilizaban. Me intrigó saber cómo de un libro de más de 300 páginas justo les llamó la atención lo mismo que a mí. Pero resultó que en realidad habían usado mi reseña sin mencionar mi nombre".
"Lo tomo con humor"
Una rápida pesquisa en Internet permite dar con que la reseña de Ágreda - palabras más, palabras menos - ha sido utilizada sin darle crédito por los portales colombianos Cali Buena Nota, Lazarillo en América y Vanguardia, entre otros. También aparece de similar manera en la página web de la cadena de librerías mexicanas Ghandi.
Este nuevo caso de plagio ya ha sido denunciado por el blog Desde el tercer piso, sitio administrado por el peruano José Alejandro Godoy. Sin embargo, Ágreda resta importancia al asunto. Señala que él mismo no es muy creyente de los derechos de autor y considera esta apropiación de su texto más como un halago que como una ofensa.
Sin embargo, el panorama no sería tan sencillo. Diarios colombianos como El Universal y El País se han servido de un cable sin firma de la agencia de noticias Colprensa en el que se emplean párrafos reelaborados de la reseña de Ágreda.

Algo más
El portal de la cadena de librerías chilenas Antártica también usa la reseña de Agreda pero dándole el crédito correspondiente

En la reseña de Ágreda se dice:
"Con su conocida irreverencia, ácido sentido del humor y abundante apoyo documental, Vallejo rememora los grandes errores de la iglesia Católica y sus consecuencias: los miles de torturados y asesinados por la Inquisición, el exterminio de los albigenses en el siglo XIII, los saqueos y matanzas durante las cruzadas, las persecuciones a judíos y protestantes, y muchos otros más."
En el cable de Colprensa se dice:
"Con su conocida irreverencia, ácido sentido del humor y abundante apoyo documental, rememora los grandes errores de la iglesia Católica y sus consecuencias.
Habla de los miles de torturados y asesinados por la Inquisición, el exterminio de los albigenses en el siglo XIII, los saqueos y matanzas durante las cruzadas, las persecuciones a judíos y protestantes, y muchos otros más."

Foto: Norman Córdova del diario El Peruano

jueves, agosto 03, 2006

Espejismos recurrentes



Reseña a La ilusión del progreso (Fondo editorial de la Pontificia Universidad Católica, Lima, 2005), de Juan Luis Orrego Penagos

Es un tópico decir que un país que no conoce su historia está condenado a repetirla. Sin embargo, poco se reflexiona sobre la verdad o no de esta afirmación. El historiador Juan Luis Orrego analiza en esta obra un tema de actualidad, como es el de la modernización del Estado, pero en los labores de la vida republicana.

Lo interesante en este libro es que no se limita a estudiar el caso peruano sin más referencia, sino que también expone la situación en otros cuatro países de América Latina. Amplía nuestra perspectiva al ver el desarrollo del Perú en su primer medio siglo de vida independiente a la luz de lo que sucedió con México, Argentina, Chile y Ecuador.

En la primera mitad de esta obra se explica también las reformas liberales que se persiguió introducir en las ex colonias españolas en América. Curiosamente, las mismas medidas o muy parecidas son fuente de debate aún en los días actuales.

El Perú bisoño
Los capítulos dedicados a nuestra historia se concentra en tres personajes particulares: Manuel I. de Vivanco, Domingo Elías y Ramón Castilla. El mariscal debe ser el presidente peruano más estudiado y alabado, sin embargo, los otros dos no han recibido mucha atención de los libros de historia.

Orrego estudia cómo los ideales liberales tuvieron la posibilidad de cristalizarse con el gobierno del militar ilustrado que era Vivanco y con el Partido Progresista que encabezó Elías, pero naufragaron en el intento. De particular interés son las páginas dedicadas a éste último, pues se trata del primer intento civil de participar en política. Otro aporte del historiador es presentar una visión desmitificadora del mariscal Ramón Castilla.

(Publicado en el suplemento Variedades del diario El Peruano el 30 de junio de 2006)

jueves, febrero 02, 2006

Yo soy la muerte

Reseña de Las intermitencias de la muerte de José Saramago

Un comentario frecuente a los últimos libros de José Saramago es que está repitiendo la misma fórmula de novela en novela. A saber, ésta consiste en proponer un tema, exagerar alguno de sus aspectos hasta el absurdo y desprender de esto algunas moralejas e historias. En Las intermitencias de la muerte, el Nobel vuelve a plantear el mismo esquema, agregándole, tal vez para diferenciarla de anteriores entregas, una mayor dosis de humor que el habitual.

En este nuevo título, Saramago utiliza los mismos recursos que se le conocen desde sus inicios: historia ambientada en un lugar indefinido, los personajes son llamados por sus ocupaciones o cargos, uso particular de la gramática, entre otros. En esta ocasión, en un país sin nombre se da que al comenzar un año las personas dejan de morir. Con esta excusa muy propia del autor de La balsa de piedra se construye un relato que podríamos dividir en dos partes. La primera, en la que se elucubra a partir del supuesto problema de “dejar de morir”; y la segunda, en la que la muerte, con m minúscula, deja de ser una abstracción para convertirse en personaje.

La parte inicial explora, como si fuera una fábula, las supuestas complicaciones de dejar de morir. Quién pagará las pensiones cuando haya más jubilados que trabajadores, a dónde mandar a los ancianos cuando estén llenos los asilos, cómo mantener la fe en Dios sin el miedo a fallecer (entre otras reflexiones fáciles de relacionar con la realidad) llenan las primeras páginas. Se describe de una forma simple los vericuetos del poder político y económico, recalcando en cada línea un par de ideas en apariencias contestatarias. Por ejemplo, relatar los coqueteos de un gobierno con la mafia –o maphia como prefiere llamarla Saramago– es ese tipo de descubrimientos que sorprendería a muy pocos.

La trama va discurriendo de mostrar un amplio paneo a un país y sus alrededores con un “peculiar” problema hasta centrarse en, digámoslo así, la experiencia vital de la muerte. Ella, protagonista principal de la novela, adquiere conforme pasan las páginas más características humanas hasta terminar en una bella mujer. La razón de dicho cambio es una persona, un violonchelista al que no puede matar. En la segunda mitad, Las intermitencias de la muerte se centra en narrar la obsesión de la muerte con este músico, un artista segundón con pocas posibilidades de destacar de entre la masa.

Un dato extraliterario que se rumorea con insistencia es que Las intermitencias de la muerte sería su último libro. Más allá de ser cierto o no, se nota en esta entrega la intención del portugués de ir cerrando etapas para ir preparando el adiós. Hay algunos guiños al lector que abonan en esta línea. La descripción sobre la forma de escribir de la muerte calza perfectamente para el estilo del Nobel. En ese sentido, es difícil no ver en el violonchelista que la muerte no puede despachar al otro mundo no sólo una alegoría de la humanidad y de la vida, sino incluso de la literatura. Esta novela podría verse como el manifiesto de un escritor que no quiere dejar de escribir, de un autor que se resiste a despedirse.

Publicado en el suplemento identidades de 23 de enero de 2006