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viernes, noviembre 18, 2011

En busca del camino

Hace veinte años se publicó La violencia del tiempo, la que para muchos es la mejor novela peruana de la década de 1990. Esa edición no estuvo exenta de problemas. Su autor, Miguel Gutiérrez, acaba de publicar Una pasión latina, entrega cuyo lanzamiento oficial se demoró un par de semanas más de lo planeado por algunos imprevistos. Conversamos con el narrador.



Curioso que tanto La violencia del tiempo, como este libro hayan tenido dificultades al salir.

- Fueron de otro tipo. Como yo no pude supervisar la edición por la situación que se vivía en el país en 1991, el editor se tomó algunas libertades. Lo interesante de la última edición es que se ha restablecido la versión original. Por ejemplo, la distribución de los capítulos. Menos mal que tenía los originales, que los guardaba el historiador Carlos Araníbar.


¿Cómo surge esta nueva novela que transita entre Estados Unidos y el Perú?

- La novela parte de un hecho real. Ese asesinato sucedió. El asunto era cómo escribir esa historia, que se vuelva turbulenta, atroz, desagradable. Había varias posibilidades. Cuando uno escribe una novela uno se pregunta cómo se va a escribir. A uno se le presentan varios caminos, pero sabe que sólo hay un camino definitivo. Por ejemplo, hay una novela muy buena del punto de vista formal que es Sostiene Pereira de Antonio Tabucci. Esa novela, sin esa frase que se repite como leit motiv, se cae. Yo no me imagino esa novela escrita de otra forma. En el caso mío era encontrar la forma de contar esta historia muy violenta y truculenta.


¿Cuánto se demoró para encontrar la forma de contar esta historia?
- Yo me enteré de este caso hace diez años. Desde entonces, está dando vueltas. Me imaginaba dos o tres maneras de hacerlo, pero ninguna me satisfacía. Pero hasta que el año pasado, mientras escribía otra novela, se me ocurrió. Siempre busco que cada libro sea una aventura de composición, de formas de tratar, de técnicas y de lenguaje. De cierta forma, La violencia del tiempo es una novela suma. Hay varias novelas dentro de ella. Pero esa novela responde a la tradición realista, de Balzac, Tolstoi, todos ellos. En cambio, Babel en el paraíso, responde a otra tradición, otra poética y estética. A la de la novela fantástica, la novela utópica. El lenguaje está determinado por esa forma.


¿Cómo plantea sus libros? ¿Anda a la caza de una historia? ¿De la forma?
- Una de mis preocupaciones ensayísticas es el tema del acto creativo novelesco. Surge de diversas maneras. De un personaje, de una historia, a veces de una imagen, que desencadena todo el imaginario que tiene un escritor. Cuando me cuentan una historia, puedo ver que son novelables, pero no me interesan. Pero otras sí, como esta historia de un hombre que descuartiza a su mujer luego de cuatro décadas juntos. Me conmovió porque vi que podía encajar con un tema que está en toda mi obra, que es la cuestión mestiza. Ahora bien, el otro asunto es cómo escribirla. Soy un autor que se demora mucho para empezar una novela, pero una vez que la inicio soy rápido.

Una pasión norteamericana

Noto, por el epígrafe de Don DeLillo y la charla previa a la entrevista, que es un atento lector de lo que se produce actualmente fuera de las fronteras.
- Siempre he sido un lector de la novela norteamericana. Desde los clásicos del siglo XX, la generación de Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, hasta los de la segunda post guerra como Philip Roth, Saul Bellow, Truman Capote, o los más recientes como Bret Easton Ellis. La novela norteamericana ha dejado una huella en mí. Por ejemplo, John Dos Passos es un autor casi olvidado, pero para mi generación es importantísimo.

¿Qué es lo que le atrae de esa tradición?
- La vitalidad de la novela norteamericana, aunque esto se ha ido perdiendo últimamente. Pero por lo menos, la novela de esa época tiene una gran vitalidad. Aún obras de autores que no son los mejores como El camino del tabaco de Erskine Caldwell o Viñas de ira de John Steinbeck. Una vitalidad que no encontrábamos en la novela europea, que se había vuelto muy intelectual. Sin embargo, para mí la gran novela del siglo XX es En busca del tiempo perdido. No obstante, la novela norteamericana era muy audaz experimentalmente, y también un lenguaje muy ligado a la vida. Hasta ahora la sigo leyendo.


La novela pendiente
La forma de escribir Una pasión latina se le presentó a Gutiérrez mientras escribía otra novela. Ese libro, que ya había sido pospuesto antes por Confesiones de Tamara Fiol, tiene el título temporal de Se busca a Kymper. El autor confiesa que piensa cambiar el nombre para no confundir con hechos noticiosos que no tiene relación. Dice ya tenerla avanzada y que en ella cuenta la historia de un sujeto, en 1992, perseguido por tres fuerzas: Sendero Luminoso, un grupo paramilitar y su mujer. “Esta última es la más letal”, bromea.

martes, julio 12, 2011

Roger Santiváñez: Fantasía verbal

En estos días nos visita Roger Santiváñez, quien aprovechará su estadía para presentar varias obras y participar en recitales.

En su nuevo poemario Roberts Pool Crepúsculos se percibe la literatura como una forma de rescatar lo pasado, bastante nostálgico.
- Sí. En mi caso, la memoria, la nostalgia, cumplen rol importante. En Estados Unidos yo tengo imágenes recurrentes de mi vida en el pasado. Eso vuelve recurrentemente como visiones, imágenes. También hay temas que tienen que ver con lo que me está rodeando en ese momento. Como la piscina o el ambiente verde alrededor o las nubes.

Esa mezcla con el ambiente norteamericano con los recuerdos peruanos, como el verso dedicado a una Monalisa rimense.
- Claro. Ese poema tiene que ver con, efectivamente, una Monalisa rimense. Solo que está transformada y transrealizada a través del lenguaje.

En el poemario me llamó la atención la forma en que cortan las palabras entre estrofa y estrofa. ¿De dónde surge esta necesidad de violentar el lenguaje?
- Hay una concepción de violentar el lenguaje un poco. De fracturarlo como de romperlo. Además, a mí me gusta trabajar el poema de una forma clásica, como de estrofas. Si tengo que romper la palabra, lo hago por eso. Y también porque también puedo conseguir otro significado con la mitad de palabra. Lo que pretendo demostrar es la arbitrariedad del lenguaje. El lenguaje es una secuencia fónica que tú la puedes manipular como si fuera música. Antes mi poesía era más coloquial. Ahora estoy en una onda del trabajo del lenguaje, cerca, de cierta forma, al neobarroco. Yo trabajo por secuencias fónicas. Siento un fluido fonético en mi mente y no tengo una precisión sobre qué estoy hablando.

¿Si fuera música su poesía cuál ritmo sería?
- Algunos críticos dicen que el rock está muy presente en mi manera de trabajar. Puede ser. Toda la vida he escuchado rock y es mi música. Pero no me lo he planteado conscientemente. Simplemente trabajo las palabras como si fuera música. Más bien la semántica la voy encontrando después.

Pero a pesar de todo ese aparato teórico para crear su poesía, cada cierto tramo introduce elementos coloquiales.
- Yo integro de todas formas las cosas de la vida cotidiana. No sólo por el origen de mi poesía, sino porque en la coloquialidad hay una gran riqueza idiomática, verbal. La uso o la incrusto, si quieres. A veces trabajo una secuencia abstracta, y le incrusto algo muy cotidiano, porque es un hallazgo del lenguaje. Confío mucho en la sucesión de imágenes y en el desencadenamiento de una fantasía verbal al que yo me entrego cuando compongo un poema.

¿Cómo es para un poeta escribir en español y vivir en medio del mundo angloparlante?
- El inglés de todas maneras filtra un poco en una palabra, una frase, una construcción, porque uno está en ese mundo y habla esa lengua. Pero para mí, en mi interior lo que me sale como un fluido consistente es el español. Tu lengua o tu idioma es tu patria. Algunos teóricos han hablado de eso. Yo recupero mi vida, mi patria, en el sentido de tierra de tus padres. En el lenguaje recuperas la patria que perdiste. Dejas de estar, dejas de ser. Te conviertes en latino en Estados Unidos.

Desde los años rebeldes de Kloaka y antes hasta la actualidad radicado en Estados Unidos ha habido una evolución.
- Claro. Uno va evolucionando de alguna manera, no hay cómo evitarlo. Desde las células de uno van evolucionando, se va volviendo viejo. Uno se va pudriendo en vida. Kloaka fue un movimiento radical de jóvenes poetas radicales, que tuvo su momento de existencia, su rebelión como tú dices. Pero son sólo estados de ánimo en la vida. Después, cada uno de los que ha estado en ese movimiento, necesitan su propio camino, su propio tiempo. Deben escribir su obra personal, buscan su lenguaje propio.


El año pasado lo publicaron en España, en breve lo harán en provincia, y en Lima presentará dos obras. ¿Era tan activo en los 80 el mundo editorial?
- Es muy diferente. Ahora hay muchas editoriales jóvenes: Borrador, Revuelta, Altazor, Mesa Redonda. Hay muchas. En los 80 sólo había una: Lluvia. Además de Milla Batres y las de las universidades. Se ha implementado.

Datos

Mañana se realizará una reunión de Kloaka en el centro cultural El Averno (jirón Quilca 238, Lima)
El 14 se presentará Amarath, obra que saliera primero el año pasado en España. La cita será en Pisco Bar (calle Berlín 172, Miraflores).
El poemario Roberts Pool Crepúsculos se presentará junto a otros libros breves en la Feria del Libro el 21 de julio.
En Cajamarca se reeditará en breve El chico que se declaraba con la mirada de 1988.




(Foto tomada de su facebook)