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lunes, agosto 02, 2010

Corriendo detrás de monstruos

Madison, un pueblo típico de Estados Unidos, se ve sacudido por una seguidilla de muertes violentas. La mala racha parece cebarse en los más populares de la secundaria local: porristas y jugadores de fútbol americano. Accidentes de tránsito, suicidios y asesinatos producto de la frustración, rompen con la rutina local. Contada de forma coral, esta novela de Paz Soldán nos muestra el otro lado del sueño americano.

La trama gira alrededor de personajes que no se hallan satisfechos con su vida, como la porrista que desea trascender por su intelecto y estudiar una carrera; los gemelos Tim y Jem quienes juegan a ser el otro; el periodista atrapado en un pueblo chico o Webb, un fracasado expulsado del ejército. No importa que su frustración se maquille con Ipod, consumismo, algo de droga y sexo; les falta algo más para sentirse realizados.


El estilo ágil y claro del narrador boliviano no se resiente en esta su primera excursión de ficción en Norteamérica. Logra crear un cuadro verosímil e inquietante, el reverso de la medalla dorada que nos muestran tantas series y películas. Pero también aborda uno de sus temas recurrentes, las relaciones personales, en un contexto nuevo.


Como curiosidad, dos de los que logran sortear el temporal son los más cercanos a la escritura. Una observación menor es que tal vez el personaje del Enterrador, a pesar de no desentonar, tiene una transformación algo precipitada para lo que provoca en las últimas páginas del libro. En suma, es un buen inicio para los libros ambientados en Estados Unidos que ha prometido este autor.


Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán (Alfaguara)

Cenizas del poder

(Hace unos años publiqué este comentario en la revista Variedades a la novela Palacio Quemado de Edmundo Paz Soldán)
Óscar es historiador, sin embargo, no ejerce este oficio. Desde joven se ha dedicado a escribir discursos por encargo. No ha tenido estabilidad laboral hasta que se le ofrece trabajar para el presidente de su país. Para él es un regreso a Palacio Quemado – como se le conoce en Bolivia a su Palacio de Gobierno – pues allí pasó parte de su infancia mientras su padre fue ministro. Ese lugar también le recuerda el extraño suicidio de un hermano mayor. La nueva cercanía al poder le servirá al intelectual como una etapa de doloroso aprendizaje sobre su país y sobre las relaciones humanas.
Esta es en líneas generales la trama de la nueva novela de Paz Soldán. En ella los personajes parecen girar alrededor del Palacio Quemado, símbolo del poder en el país altiplánico y verdadero protagonista de la historia. Unos quieres entrar, otros quedarse, algún otro lo añora, pero para nadie le es indiferente. El ejemplo más claro es el del amigo y jefe directo de Óscar, Lucas, quien va adecuando su posición política a las conveniencias del momento sin muestra de arrepentimiento. No es gratuito que se haga constante mención de la precariedad histórica de los gobiernos bolivianos.
Palabras, palabras
Mientras que la clase más afortunada acomoda su comportamiento a estar o no entre el cogollo de quienes toman las decisiones, un policía lisiado pide limosna en la plaza frente a Palacio Quemado como recordando los pecados de sus ocupantes. El peso del interés propio dicta la conducta de casi todos. El sexo, los contactos, son sólo monedas para dominar a otros. Como dice Óscar en las primeras páginas “El Palacio era un laberinto”.
La cercanía al poder influye, cambia a quien se aproxime. Incluso Óscar, quien rehuye comprometerse, sueña que los discursos que escribe, cambien los destinos de su país. Este poner en duda el poder de las palabras es un tema que se puede encontrar en otras obras de Paz Soldán, pero que en el contexto de este libro adquiere un patetismo singular.
País en llamas
Un acierto de Paz Soldán es la manera que describe esa fractura que existe en su país entre los menos favorecidos y la clase dominante. Por ejemplo, en las ocasiones en que Óscar se aventura en los barrios pobres sale con marcas. Primero, son las rayaduras del automóvil de su hermana. Luego, son latigazos en su piel.
Otra virtud de la novela es la forma en que se ha introducido los temas históricos. No se trata de un farragoso recuento de los golpes de Estado bolivianos, sino de una constante referencia a la agitada vida política del vecino país introducida sin forzar la narración. Este continuo recordar se va convirtiendo en una metáfora de lo efímero del poder.
Pero nunca sale indemne. La culpa de unos, la rabia contenida de otros, son rasgos de la nación boliviana que también se pueden rastrear en estas páginas. Sin embargo, hay que señalar que Paz Soldán es más efectivo en describir la primera característica que la segunda.

martes, septiembre 25, 2007

“El arte no es profesión”

Mamani Mamani, pintor
Reivindica con su estilo las tradiciones del altiplano boliviano
Señala que los críticos no han sabido clasificar a su obra


Hace unas semanas se realizó en Lima dos exposiciones en simultáneo de Mamani Mamani, uno de los artistas plásticos bolivianos más conocidos del momento. Aprovechando su primera visita al Perú, aprovechamos para que nos hable de su obra.

Su estilo mezcla los temas rurales con símbolos prehispánicos. Cuéntenos al respecto.
- La inspiración de mi obra está en la cosmovisión andina y en la simbología tiawanacota. Mis orígenes son aymaras. Mi alimentación son los aguayos – mantas usadas en el altiplano. Soy heredero de esta gran cultura.

¿En qué se inspira? ¿En la vida cotidiana, en historias que le han contado?
- Mi aguicha, mi abuela, me enseñó el respeto hacia la Pachamama, la armonía con la naturaleza. Parte de mi formación y mis sentimientos han tenido que ver mi aguicha, mis hermanos mayores y los amautas de mi comunidad. De allí parte todo lo que yo pinto, porque no he tenido una formación académica. Más es una visión de vida.

¿Lamenta la falta de preparación académica o cree que no es necesaria para pintar?
- Yo creo que el arte no es una profesión, sino una vocación. Yo creo que el caminar en estos 25 años de artistas ha ido saliendo un arte particular y único. Esto es como una visión, un lenguaje más nuestro. Los críticos no saben en qué corriente ponerlo. Le han puesto naif primitivista, pero yo le digo mágico andino.

Usted maneja diversos formatos. ¿En cual se siente más cómodo?
- Considero que un artista debe manejar diversas disciplinas. Pero con la técnica que más disfruto es la que estoy exponiendo en Lima que es pintar sobre papel con pigmentos puros usando las manos y no pincel.

¿El haber vivido desde los 9 años en el altiplano le ha dado una sensibilidad distinta hacia los colores?
- Sí. En las comunidades cada color tiene su significado y su interpretación. Siempre ha sido caracterizado como gris u ocre. Pero alguien dijo que Mamani Mamani ha puesto color a los andes. Yo creo que si uno va a un pueblo, uno lo ve como un fuego de colores. De allí nace el color, de las fiestas, de los tejidos. Es una forma de vida.

5 claves sobre Mamani Mamani
Aunque nació en la zona tropical de Bolivia, vive desde los nueve años en el altiplano, tierra de sus padres
A pesar de su vocación por el arte estudió agronomía en La Paz. Es pintor autodidacta.
Su nombre de pila es Roberto, pero firma sus cuadros como Mamani Mamani – sus apellidos paterno y materno – para homenajear a su familia y representar la dualidad andina
En su visita al Japón hizo un cuadro del monte Fiji a su estilo
Esta es su primera visita al Perú

viernes, enero 06, 2006

Fugando del papel a la red

Edmundo Paz Soldan, un escritor metido de blogger

Para Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967), el mundo de las computadoras no es nuevo. Libros suyos como Sueños digitales o El delirio de Turing (Premio Nacional de Bolivia) así lo confirman. Hace cerca de un mes, mientras navegaba por Internet, encontró el blog -suerte de cuaderno de apuntes colgado de la red- de un crítico literario peruano. Le dio curiosidad por saber qué tan fácil era crear uno. El resultado es http://riofugitivo.blogspot.com/

¿Qué diferencias encuentras entre escribir para un formato de papel (llámese libro, revista, periódico) que para Internet?
Quizás la inmediatez. Al escribir para un formato de papel uno demora más en ver su texto publicado, con lo que tiene más posibilidad de reflexionar, cambiar cosas; y también demora más en recibir comentarios, opiniones... En Internet todo es inmediato. A veces pongo un texto en mi blog y me sorprendo revisando a cada rato si ya han llegado comentarios.¿Tienes mayor cercanía a tus lectores gracias a tu blog? ¿Tienes mayor contacto con tu público?No lo creo. Sí hay uno que otro lector fiel, pero por lo pronto tengo la sensación de que los lectores de blog son en general otros autores de blog. Nos leemos entre nosotros. Todavía no hemos llegado al gran público.

¿Te explayas con mayor libertad en tu blog que en una columna de opinión de un diario?
No. De hecho, por lo pronto, mi blog lo componen columnas de opinión publicadas primero en el periódico (La Tercera de Chile) que han sido actualizadas y revisadas.¿Crees que en algún momento el leer en un monitor textos literarios desplace a leer libros de papel? No lo creo. Pero sí sirve para géneros breves como el ensayo y el cuento, entre otros. No sé si llegará a reemplazar la lectura de novelas.

¿Son los blog el camino de los escritores que aún no tienen cabida en las editoriales? ¿Es posible, más allá de algunos casos anecdóticos, que los blog sean un trampolín para publicar en papel o son un fin en sí mismos?
Me parece que sí en ciertos casos. Hay algunos blogs de gran calidad literaria que pueden servir para que sus autores sean más conocidos. Hace poco descubrí el blog de un chico boliviano, Paul Tellería. Sus textos son como crónicas de la ciudad de La Paz y podrían muy bien ser recogidos en un libro.

¿Qué descubrimientos literarios has tenido gracias a la "blogósfera"?
Bueno, está el de Gustavo Faverón, un gran amigo que es un buen lector y observador del panorama cultural. El de Iván Thays, que te pone al día con lo que está pasando en el mundillo literario. En Chile, los de Francisco Ortega y Álvaro Bisama, grandes comentaristas de la cultura pop. En Bolivia, El Forastero, de Miguel Esquirol, un chico que vive en Barcelona, y el de Paul Tellería.

¿Cómo llegaste a crear tu propio blog?
Una noche, después de leer el de Faverón, decidí curiosear en Internet. Descubrí que armar un blog y mantenerlo era más fácil de lo que pensaba.

¿Qué proyectos editoriales tienes para el futuro? ¿Volverás a tocar temas relacionados con las computadoras y la informática?
Mi proyecto más inmediato es una novela sobre la guerra del gas (crisis que vivió Bolivia en 2003 y que acarreó la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada), sin computadoras y sin informática.

En el Perú hemos tenido recientemente un debate sobre qué vertiente literaria es más representativa del país: si la andina o la criolla. ¿Crees que exista un tipo de literatura que es la más representativa de nuestros países?
En Bolivia hay discusiones de ese tipo. Estoy cansado de ellas y trato de no seguirlas. Hubo un tiempo que me involucraba muy seriamente, luego descubrí que hay un cierto tipo de crítica muy programática que trata siempre de buscar esenciar, de etiquetar cuál es la correcta literatura nacional y cuál no. Lo mejor es no hacerle caso y seguir escribiendo.

(Publicado en el suplemento identidades #98)