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jueves, mayo 21, 2026

El mito del monorriel y la huaca perdida

Cada vez que ocurre un hallazgo arqueológico importante en el Perú, aparecen voces que piden construir un teleférico para atraer turismo.



Se suele citar el caso de Kuélap como un modelo exitoso.

Sin embargo, conviene detenernos un momento y preguntarnos qué deseamos para nuestro legado cultural, y si lo realizado en Kuélap, fortaleza construida por los chachapoyas, resultó realmente beneficioso frente a la enorme inversión destinada a su sistema de telecabinas.

El Perú posee una inmensa cantidad de sitios arqueológicos que, junto con la gastronomía, constituyen uno de los principales atractivos turísticos del país. Pero estos lugares requieren conservación permanente y el presupuesto estatal para ello sigue siendo limitado.

En 2016, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo informó que la inversión en el sistema de telecabinas ascendía a aproximadamente S/ 81 millones.

Uno de los aspectos más cuestionados del proyecto ha sido el esquema de subsidio operativo. El contrato contempla un Pago por Operación y Mantenimiento (RPMO), mediante el cual el Estado cubre parte importante de los costos cuando no se alcanza el flujo esperado de pasajeros.

Mientras se invertía en el teleférico, Kuélap arrastraba problemas críticos de drenaje y manejo de aguas pluviales. Diversos informes posteriores al colapso parcial de una de sus murallas señalaron que la humedad acumulada y las filtraciones fueron factores determinantes en el deterioro estructural del monumento.

El acuerdo firmado para operar el teleférico implicó además que el Estado continuara realizando pagos al concesionario incluso durante la pandemia y posteriormente durante los periodos de cierre del complejo arqueológico ocasionados por los derrumbes.

No está mal desarrollar infraestructura que pueda favorecer la llegada de turistas y generar divisas. Lo cuestionable es que esos acuerdos no necesariamente hayan resultado suficientemente favorables para el país ni para la protección del patrimonio.

Hoy se habla del sitio arqueológico María Fortaleza T’aqrachullo tras una publicación de National Geographic. Y nuevamente aparecen propuestas para replicar el modelo de Kuélap.

Lo mismo ocurre con Machu Picchu y Choquequirao, donde periódicamente resurgen iniciativas de teleféricos sin que siempre se discutan suficientemente sus posibles impactos paisajísticos, ambientales y patrimoniales.

Hace falta un Estado fuerte, antiimperialista, capaz de negociar condiciones favorables para el país y de administrar adecuadamente monumentos arqueológicos de enorme fragilidad e importancia histórica.

El recurrente entusiasmo por construir teleféricos recuerda inevitablemente aquel episodio de The Simpsons en el que un vendedor convence a Springfield de invertir en un innecesario monorriel.

No se trata de rechazar la inversión privada. El problema surge cuando ésta puede entrar en conflicto con un interés superior: conservar joyas arquitectónicas prehispánicas que constituyen parte esencial de la memoria histórica del Perú.

Incluso desde una perspectiva económica, resulta más rentable priorizar primero la adecuada conservación de sitios arqueológicos —sea T’aqrachullo, Machu Picchu, Choquequirao o cualquier otra huaca— antes que levantar infraestructura costosa que, sin el patrimonio que le da sentido, termina perdiendo valor por sí misma.

martes, julio 05, 2011

Zahi Hawass: Machu Picchu está al nivel de la tumba de Tutankamon

El sitio arqueológico de Machu Picchu es parte del patrimonio cultural de la humanidad. Así lo subrayó Zahi Hawass, ministro de antigüedades de Egipto, quien no dudó en comparar con los lugares más conocidos de su país. De acuerdo al célebre arqueólogo, conocido por su lucha por la repatriación del patrimonio cultural a sus lugares de origen, el descubrimiento del santuario inca representó para el mundo lo mismo que el hallazgo de la tumba de Tutankamon.
El estudioso mencionó, además, que el regreso de las piezas halladas por Hiram Bingham es un símbolo que es posible emprender batallas por la restauración de los tesoros culturales en sus países originarios. Estas breves declaraciones las dio a la salida de la inauguración de la Conferencia sobre cooperación internacional para la protección y repatriación del patrimonio cultural en la Cancillería, cita en la que brindó el discurso inaugural.
En su exposición se explayó sobre el valor del regreso de la colección de Machu Picchu indicando que ello honra a los peruanos. El funcionario egipcio comentó que el lugar de objetos así son los museos públicos, pues deben servir para educar a la gente sobre su pasado.
Aprovechó la oportunidad para mencionar un caso emblemático para su nación que es el del busto de Nefertiti. Este se encuentra en la actualidad en Berlín, pero el ministro egipcio confió en que pueda ser exhibido en el futuro en su país. Recalcó que esa famosa estatua “y otros objetos deben regresar donde pertenecen legalmente”.
Zahi Hawass comentó que es un deber proteger la herencia cultural para preservarlas para las futuras generaciones. Subrayó que es justo bregar por el retorno del material arqueológico y que es por ello que su país tiene más de 90 convenios suscritos con igual número de naciones – entre ellas el Perú – acordando ello. Asimismo, se mostró dispuesto a compartir su experiencia en este tema con los estados que lo requieran.

jueves, junio 30, 2011

Luis Lumbreras: “Machu Picchu es nuestro equivalente a las pirámides”

El estudioso Luis Lumbreras, uno de los más reconocidos arqueólogos vigentes del Perú, explica el relieve de Machu Picchu.
¿Cuál es la razón de la importancia de este santuario para la historia peruana?
- Machu Picchu representa algo equivalente para el Perú a lo que son las pirámides para Egipto. Es el monumento, hasta donde las investigaciones han avanzado, mandado a construir por el primer emperador que tuvo el Tahuantinsuyo – Pachacuti – y dónde aparentemente él fue conservado después de muerto. Es un gran mausoleo como hay en el mundo asiático y africano. En el caso nuestro, nosotros no tenemos estos grandes monumentos. ¿Dónde estaban las momias de los incas? Sabemos que se exponían en el Koricancha pero nada más. Las investigaciones nos indican que Machu Picchu era un gran monasterio donde se le rendía culto.
¿Si era tan importante Machu Picchu por qué no se le dio importancia hasta la llegada de Bingham?
- Nosotros los peruanos escondimos todo cuando los españoles comenzaron a arrasar. En 1542 optaron por oponerse al invasor. Como resultado se fueron a Vilcabamba hasta 1572. Esta campaña quitó a los incas de los sitios donde estaban reposando sus restos. Las momias fueron escondidas. Los españoles perdieron las huellas de donde podían encontrarlas. Vaciaron los lugares donde había oro y riqueza, entre ellos Machu Picchu. El lugar que encuentra Binghan no es ni el retrato de lo que pudo ser en su momento. Hay evidencia que había instalaciones como el Koricancha con oro en las paredes que se perdieron a lo largo de dos o tres siglos. Incluso allí había una imagen en oro del inca de acuerdo a lo que narró su nieta. En Machu Picchu sólo quedaron las paredes.
¿La importancia de Hiram Bingham es haberlo puesto en relieve para la comunidad científica?
- Yo consideró que tiene alcances importantes Bingham, al que no sé por qué razón hay mucha gente no lo quiere. Fue un explorador de carácter científico. Venía de la cátedra de historia y venía tras la ruta de Bolívar. Pero le indujeron a buscar sobre los incas rebeldes. Pensó que Machu Picchu era la ciudad donde estos se encontraban. Por eso tituló uno de sus libros como la ciudad perdida de los incas y ha llevado a muchos a creer esto. Pero no es una ciudad.
¿En este marco de celebración, adquiere mayor relieve la devolución de las piezas?
- Hay que salir de la mezquindad de quitarle el mérito del descubrimiento a Hiram Bingham. Eso me parece una gran tontería. Él tiene dos aspectos del descubrimiento. Uno es el descubrimiento científico. Es decir entregó un elemento del conocimiento del mundo andino incaico a la comunidad científica mundial. Con Bingham trabaja un grupo de profesionales como geólogos, antropólogos, botánicos, etc. El otro es el descubrimiento mediático. Machu Picchu es conocido al mundo entero gracias a que estaba asociado a una de las revistas de mayor circulación del mundo, la National Geographic. Es uno de los primeros monumentos americanos que se difunden a nivel mundial. Es impresionante, un bombardeo mediático desde 1911. Es importante que se reconozca eso independientemente de todos los cuestionamientos que se puedan hacer a la figura de Bingham.

“Machu Picchu es un lugar espectacularmente vistoso. No es un simple lugar. Es un stio con una naturaleza y paisaje muy generoso. Pero al mismo tiempo es un lugar planificado. No está hecho al aire”.

lunes, junio 27, 2011

Maravilla Pop

(Esta nota lo publiqué en el 2007 en el diario El Peruano. Con motivo del centenario del descubrimiento mediático de Machu Picchu, creo que vale la pena postearla de nuevo)



Hace dos años Marcel Velaochaga se encontraba en las galerías de la avenida Wilson haciendo unas reproducciones. Mientras esperaba que le entregaran su pedido vio en el local una imagen que le llamó la atención. "Era la foto de unos gringos gritando en Machu Picchu", recuerda. A partir de ese momento empezó a rondarle la idea de hacer algo con la figura de nuestro sitio arqueológico más representativo.

A lo largo de un año se puso hacer bocetos en los que reflejara su crítica al estereotipo de postal que se hace del Perú a partir de la imagen de Machu Picchu. El resultado final fue una serie de catorce cuadros, siete de los cuales se exponen actualmente en la galería Vértice.

Marcel Velaochaga señala que en parte su motivación fue quejarse por la apropiación que se ha hecho de Machu Picchu, haciendo que pierda todo sentido su imagen. Señala que el Perú es mucho más que la famosa ciudadela o los destinos turísticos promocionados.

El artista ha echado mano a elementos de la cultura popular colocándolos al lado de la llamada maravilla peruana. En estas pinturas se encontrará desde los Simpson, la familia norteamericana más popular de la televisión, posando como cualquier turista con las ruinas detrás, hasta a Indiana Jones haciendo de Hiram Bingham, supuesto descubridor de Machu Picchu, pasando por un astronauta alunando en la ciudadela o un collage de Fujimori en la embajada japonesa y el sitio arqueológico. La muestra va hasta el 17 de noviembre.


Datos
El cuadro con los Simpson en Machu Picchu lo inspiró un capítulo de la serie de dibujos animados en los que se cita a la ciudadela.
Marcel Velaochaga confiesa no haber visitado el sitio arqueológico desde que tenía diez años.
Asegura haber iniciado su trabajo en esta serie antes de la campaña por declarar a Machu Picchu una de las siete maravillas.
Una de las pinturas lleva el nombre de Himno aéreo, en referencia a una canción del grupo español Aviador Dro

miércoles, abril 20, 2011

La colección de Max Uhle


(Esta nota la publiqué en el diario El Peruano hace unos años cuando el tema de las piezas de Machu Picchu no había sido solucionado. Ahora que se ha llegado a buen puerto el problema con la universidad de Yale, sería bueno ver qué es del resto de patrimonio cultural extraviado)

La semana pasada un grupo de arqueólogos e intelectuales suscribió una carta abierta en la que se pronunció sobre la necesidad de reclamar la devolución incondicional de las piezas halladas en Machu Picchu por Hiram Bingham y que se encuentran en la Universidad de Yale. En uno de los acápites de la misiva recalcan que igual trato debe ser dado a otras piezas “como la vasta colección Max Uhle de la Universidad de California-Berkeley”.

Con ello se referían a las cerca de 10 mil piezas peruanas que Phoebe A. Hearst, madre del magnate de las comunicaciones William Randolph Hearst, donó a la universidad norteamericana a principios del siglo XX y que fueron encontradas en los trabajos de arqueología del estudioso alemán. En la actualidad, este importante lote arqueológico es administrado por el Museo de Antropología de dicha casa de estudios y que se conoce poco en el Perú.

Trabajo pendiente

Consultada sobre el tema, la historiadora Mariana Mould de Pease, una de las firmantes de la misiva, señaló que hace falta documentar el caso de Max Uhle. Hizo notar que a diferencia de las piezas de Machu Picchu que han tenido la atención de público y especialistas, los restos hallados por Uhle no han obtenido similar miramiento.

La intelectual recordó que la salida de material arqueológico está prohibida desde los primeros años de la República del Perú por decreto de José de San Martín. Aunque confesó no ser especialista en el caso de Uhle, destacó que la importancia de su colección es el poseer piezas de varias partes del Perú. Entre las culturas presentes en este material estarían Paracas, Chimú, Chiribaya, Nasca, entre otras.

Por su parte, Ruth Shady, otra firmante de la carta sobre el caso de las piezas en poder de Yale, pidió cautela a la hora de tratar sobre las demás colecciones. Sin embargo, se animó a comentar que el retorno del patrimonio cultural a los pueblos de origen “es una tendencia en el mundo”. Incluso, puso de ejemplo la decisión del Congreso de Estados Unidos de ordenar al Museo Smithsoniano la devolución de material.

Algo más

Por sus hallazgos y por sus teorías sobre la cronología de las culturas precolombinas, Max Uhle es considerado como el padre de la arqueología peruana.

El recorrido de Uhle

En la última década del siglo XIX, Max Uhle viajó a Sudamérica para reunir material para el Museo Etnográfico de Berlín. Aunque su primer destino fue el norte argentino y Bolivia, al poco tiempo se trasladó al Perú. En 1899 pasó a trabajar con el auspicio de la universidad de California, la cual tenía como filántropa a Phoebe A. Hearst. Uhle hizo sus excavaciones en diversos lugares del país como Pachacámac, Chan Chan y otros.

viernes, julio 28, 2006

Choquequirao: Ciudad en las nubes

Las visitas a Choquequirao han aumentado de 50 anuales a comienzos de década a casi siete mil en el año 2005

La ceja de selva del departamento de Cusco es una zona agreste que oculta varias riquezas arqueológicas. Choquequirao, una de las más representativas, es recuperada para el disfrute de las nuevas generaciones.





Viajar a Choquequirao no es fácil. Cachora y Kiuñalla, los pueblos más cercanos, se hallan a unos cuantos días de caminata de distancia del complejo arqueológico. La otra alternativa, viajar por helicóptero, sólo está reservada para actos oficiales y emergencias. Sin embargo, hace veinte años era mucho más complicado, y lo que podía apreciarse era muy poco.

En 1986, el Plan Copesco, organismo estatal encargado de la inversión para el turismo, propone un proyecto de restauración y puesta en valor de esta ciudadela inca. Desde esa fecha, se ha avanzado mucho.

Para empezar, los viajeros a los que les provoca venir ya pueden apreciar los vestigios arqueológicos cuidados y restaurados, y no las piedras cubiertas de maleza que había antes.

Tras la maleza
El director ejecutivo de Copesco, Jorge Chávez, comenta que la refracción de Choquequirao tuvo mayor impulso desde 2002, fecha en que el Perú y Francia suscribieron un acuerdo de canje de deuda por inversión en desarrollo. Lo pactado fue emplear cinco millones de euros en este complejo arqueológico. De esta cifra se han gastado hasta el momento alrededor de once millones de nuevos soles.

Las tareas incluyen el desbroce del área monumental, la instalación de ciertos servicios básicos y la reparación de las construcciones incaicas. También se mejoraron los caminos rurales que comunican la ciudadela con los poblados de Cachora y Kiuñalla. Como consecuencia, las visitas a Choquequirao aumentaron de 60 personas al año a comienzos de esta década a casi siete mil en 2005.

Según estudios, la red vial del Tahuantinsuyo permitía viajar a pie de Choquequirao a Cusco en solo cinco días y a Machu Picchu, en dos. Sin embargo, el Capaq Ñan o Camino Inca entre el complejo y las otras urbes se encuentra derruido en su mayor parte. “No se sabe cuánto tiempo necesitemos para dejarlo operativo de nuevo”, se lamenta Miguel Yepes, arquitecto de Copesco.

A pesar de estos inconvenientes, algunos turistas que encontramos en nuestro paso por el complejo nos relataban que parte del atractivo era el reto que significaba llegar. Dan y Ariel, dos jóvenes israelíes, contaban que nunca habían tenido que hacer una caminata tan exigente como ésta. Ambos se mostraban felices de haber llegado y aseguraban que la travesía valía la pena.

De todas maneras, la puesta en valor impulsada por Copesco incluye que en un futuro cercano estos visitantes puedan tener acceso a espacios con unos cuantos servicios mínimos. Por ejemplo, áreas destinadas a campamento, sitios de venta de comida y hasta conexión con Internet.

Historia de altura

El arqueólogo cusqueño Zenobio Valencia, uno de los responsables del trabajo de puesta en valor del complejo, cuenta que en la zona circundante se hallaron hasta setenta sitios de interés. Las 28 mil hectáreas de zona reservada pertenecen a una agreste ceja de selva, lo que dificulta más las labores de conservación.
Valencia explica que Choquequirao formaba con Machu Picchu y Vilcabamba un triángulo de ciudades incas de avanzada en la Selva.

“La importancia estratégica que tenía este complejo es la minería que se desarrollaba en los alrededores. Dicho sea de paso, la extracción de metales se ha desarrollado en las cercanías hasta mediados de la década de 1990”.

Otro detalle que relata el arqueólogo es la influencia Chachapoyas en algunas de las construcciones. “Posiblemente, se trate de mitimaes que fueron trasladados para colonizar esta zona selvática”. Se tiene noticias de esta urbe, ubicada a más de tres mil metros de altura sobre el nivel del mar, desde al menos 1710. En ese año llegó por la zona el español Juan Arias Díaz Topete. Casi dos siglos después, el estadounidense Hiram Bingham también pasó por Choquequirao.

Esta ciudadela se encuentra en la provincia cusqueña de La Convención, a muy corta distancia de la frontera con la Región Apurímac. A pesar de las dificultades que puede acarrear venir a estos lares, el paisaje y las construcciones prehispánicas bien justifican un viaje. Sólo falta algo. Que usted, lector, se anime a darse una vuelta por aquí.



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Hospitalidad peruana

El cusqueño Manuel José Flores Pareja trabaja en Choquequirao desde el inicio de las obras de recuperación. Él es parte de los casi sesenta obreros que se dedican a cuidar e implementar el complejo arqueológico. A pesar de no estar entre sus responsabilidades, este grupo de trabajadores siempre está dispuesto a dar una mano a los turistas que se aventuren por acá. Más de un visitante en apuros da fe de ello.




(Publicado en Variedades, suplemento del diario El Peruano)