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sábado, agosto 06, 2011

Postales de Leningrado: Guerrilla kitsch

(Este comentario lo publiqué en el año 2008 en el diario El Peruano durante el Festival de Cine de Lima)



Una niña y su primo Teo intentan explicarse lo que pasa a su alrededor desde su óptica infantil. El contexto familiar no es de los mejores, pues sus padres se han enrolado en la guerrilla. La acción se desarrolla en el campo venezolano a mediados de los sesenta, en donde se debe convivir en medio de desapariciones y torturas.

Contrario a lo que este resumen podría sugerir, la visión que se nos ofrece es casi festiva. Con la excusa de la imaginación de los niños, se van tejiendo historias con bastante estética pop y sesentera. En la hora y media de la cinta vemos a guerrilleros imitando al che Guevara hasta un grupo de chicas asaltando tiendas en una onda bien a gogó, pasando por animaciones con aire retro y una banda sonora acorde. Esta propuesta que recuerda al Tarantino más nostálgico no impide algunos retratos costumbristas de la campiña venezolana, con su guaracha de telón musical y plato típico servido a la mesa.

El resultado de este singular menjunje es dispar. Por el lado visual y sonoro no se le puede regatear cierta gracia y originalidad. Tampoco hay que negar que presentar una situación complicada desde la mirada ingenua de los niños es una estrategia válida. Sin embargo, algo no cuaja entre el fondo y la forma. No hay comunión entre la historia y la estética elegida para contarla. La pirotecnia visual no ha sido administrada de manera acorde con lo narrado, terminando por banalizar el drama de una familia que vive en constante peligro.



Ficha técnica
Postales de Leningrado
Dirige: Mariana Rondón
Actúan: Laureano Olivares, Greisy Mena, William Cifu, entre otros.

jueves, julio 14, 2011

La importancia de apellidarse Piglia

En América Latina, uno de los premios más longevos y de mayor prestigio es el Rómulo Gallegos. Este año lo recibió el argentino Ricardo Piglia por su novela Blanco Nocturno. Un galardón esperado, tratándose de un narrador muy influyente en la literatura en lengua española, pero que tuvo que lidiar curiosamente con la fama del escritor.

Así lo reveló Roberto Hernández, presidente de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, institución responsable del galardón. Como se sabe, una de las características de este premio es que participan en él obras ya publicadas en los últimos dos años.

Pero a pesar de conocerse el nombre de los participantes se ha dado el caso que autores poco difundidos se impongan a consagrados y catapulten su carrera. El caso más recordado es el del chileno Roberto Bolaño con Los detectives salvajes, quien se convirtió en autor de culto recién con ese título.

Sin embargo, con Ricardo Piglia su trayectoria iba a jugar en contra. Hernández revela que el jurado, al recibir los libros en competencia, hizo a un lado Blanco Nocturno, publicado en la editorial española Anagrama. “No queremos dejarnos llevar por su fama”, fue el motivo esgrimido.
No obstante, al momento de debatir, terminaron decantándose por el título del argentino. “No había más vuelta que hacer, porque la novela es buena”, manifestó Hernández.

El jurado estuvo conformado por el escritor venezolano Freddy Castillo, el ganador de la edición pasada del galardón, el colombiano William Ospina, anterior ganador de la distinción, y la autora mexicana Carmen Boullosa.