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martes, febrero 08, 2011

Valcárcel inédito

Una de las figuras centrales que acompañó gran parte del siglo XX peruano fue Luis E. Valcárcel. El intelectual un día como hoy de 1891 en Moquegua, y falleció a una edad avanzada en 1987 dejando, según indican sus herederos, numeroso material inédito.

Fernando Brugué Valcárcel, el menor de sus nietos y entusiasta organizador de los festejos por los 120 años del natalicio del pensador, indica que se viene conversando con varias instituciones para dar a la luz estos escritos. Lo más llamativo es el archivo de su correspondencia.

De acuerdo al familiar, el archivo supera las seis mil misivas debidamente catalogadas. Entre las personalidades con las que Valcárcel intercambiaba cartas están José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, José María Arguedas y Julio C. Tello, entre otros intelectuales peruanos.

Pero también se pueden leer las misivas que se cursó entre personalidades del extranjero como el etnólogo francés Paul Rivet o los arqueólogos Max Uhle y Hiram Bingham. Los textos relacionados a este último revisten singular interés pues Valcárcel formó parte de las autoridades peruanas que supervisaron la expedición del norteamericano a Machu Picchu.

Todo este archivo se encuentra catalogado en posesión del Museo de la Nación. Este material fue donado por la familia a la muerte del historiador peruano. Dentro de este lote también se encuentra su colección fotográfica de más de ocho mil imágenes. En ellas se puede ver el estado de una gran cantidad de sitios arqueológicos en los años 40 y 50. Estas tomas permiten hacerse una idea de la conservación de estas edificaciones en la primera mitad del siglo XX.

Otra parte importante son sus libretas en las que tomó apuntes para sus obras.
Burgué Valcárcel adelantó que existen instituciones interesadas en hacer la edición crítica del legado de su abuelo. Sin embargo, aún no se concreta este proyecto. Lo que sí está definido es la reedición de algunas de sus obras más conocidas. Varios de esos lanzamientos se verán este año.

miércoles, enero 12, 2011

A diez años de su partida

El 23 de diciembre pasado se cumplió una década del fallecimiento de Josemári Recalde. Su muerte, producto de un incendio cuando apenas tenía 27 años, ocurrió a un mes de haber publicado su primer poemario: Libro del sol.

A pesar de lo poco que publicó, el tiempo no ha hecho más que acrecentar el interés en su obra. De esta opinión es Luis Fernando Chueca, quien apoyara a Josemári en la edición de su poemario y uno de los responsables de que a principios del año pasado viera la luz una segunda edición con otros poemas inéditos.

Para Chueca, la herencia que ha dejado va más allá de lo trágico de su muerte. Indica, por ejemplo, que el desaparecido autor siguió líneas poco exploradas por las letras peruanas, combinando de forma singular lo místico con lo callejero. Además, destaca sus indagaciones sobre lo amazónico y el diálogo con otros colegas, como José María Eguren.

Huella poética
Victoria Guerrero, la otra responsable de la reciente edición de Libro del sol y otros poemas, considera a Josemári como una persona que vivió intensamente, que tenía amigos en los sitios menos pensados.

Fruto de ello es que textos suyos se hallan desperdigados en diferentes manos. Por ejemplo, Chueca conserva una gran cantidad de hojas, algunas escritas a mano, con material no incluido en la primera edición. Una curiosidad es que allí se encuentran fragmentos de una novela corta desconocida.

Pero hay más. El editor Teófilo Gutiérrez tiene en su poder un disquete que le entregó Josemári. Allí se suponía que estaba un poemario llamado tentativamente Delante de los árboles.

Pero un virus hizo perder parte del material y solo se conservan tres poemas que los ha ido difundiendo en honor al amigo.

Sobre lo que se ha publicado considera que son versos deslumbrantes, en los que hay un excelente manejo del lenguaje. Lo recuerda como un joven inquieto que caminaba por muchos sitios.

Curiosamente, su gusto por desplazarse de un lugar a otro de la ciudad es un rasgo que muchos –me incluyo– tienen presente al momento de pensar en Josemári. Por ejemplo, el poeta Miguel Ildefonso escribió hace poco en su recuento de los 90 que recuerda al poeta "caminando en la madrugada por Tacora, siguiendo al grupo Neón, que nos íbamos a La Victoria, a continuar la juerga".

Ildefonso añade que "era urbano, de Magdalena, amante de la poesía de Eguren, que conoció el ayahuasca de la selva, y a través de aquel brebaje chamánico se internó a otra dimensión más pura".

Por mi parte, también tengo de Josemári Recalde la imagen de un amante de la ciudad, capaz de saber el nombre de las plantas con las que se cruzaba.

También contaba anécdotas –reales o inventadas con ingenio– sobre diversos rincones de Lima. Para este artículo busqué unas fotos suyas con –decía– "el pino más antiguo de la capital", ubicado en una antigua hacienda en Surco. Esa imagen se ha extraviado en alguna mudanza. Lo que permanece son versos, como los que aquí rescatamos.


Inédito*

calles más tristes
en las que me siento más solo que nada y que la nada
yo solía producir una música transfigurada unas veces y otras
[estridente
hoy intento disfrutar de la tarde que el cuerpo mira con la mirada
[larga entre sus refracciones
que el cuerpo mira en la esquina que fue de efluvios
que el cuerpo mira traspasado de corrientes


*Fragmento conservado por Luis Fernando Chueca


Otros enlaces
Testimonio de Fernando Cataño
Testimonio de Ofelia Huamanchumo
Inédito difundido por Teófilo Gutiérrez

Foto: Cortesía de Ofelia Huamanchumo