viernes, agosto 21, 2026

El derecho a debatir la memoria: Apuntes a una columna de Ronald Gamarra


En el reciente número de Hildebrandt en sus trece, el abogado Ronald Gamarra publica una columna sobre el Lugar de la Memoria. En ella escibe "Hay algo que los trogloditas nunca entienden: que la memoria no se administra, se venera; no se decreta, se hereda".

Te felicito, Ronald, por tu feroz autocrítica, pero yo no te calificaría de “troglodita”. Es cierto: la memoria no se decreta. Precisamente por eso, ni la propuesta museográfica del LUM ni el Informe Final de la Comisión de la Verdad son dogmas de fe que debamos aceptar a pie juntillas.

El propio presidente de la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación, Salomón Lerner Febres, señalaba que su trabajo podía ser puesto en debate. “Nuestro informe se ofreció al país como punto de partida, y perfeccionarlo será siempre legítimo; pero perfeccionar no es amputar ni desfigurar”, señaló textualmente en un artículo reciente.

Estamos de acuerdo. Ni el Estado ni ningún grupo en particular tienen el monopolio de la memoria.

Lo que chirría es ese “se hereda”. ¿Quién la hereda y, sobre todo, quién decide qué se hereda? Pero no solo eso. ¿“Se venera”? Si con “memoria” te refieres al respeto debido a las víctimas, estamos de acuerdo. Pero si te refieres a una determinada narrativa histórica, la cosa cambia. ¿De qué memoria estamos hablando, Ronald?

La memoria familiar puede transmitirse de generación en generación. Pero la memoria histórica también se investiga, se construye y se discute.

Podemos coincidir en que una víctima tiene autoridad moral sobre su propia experiencia, que nadie debería negar. Otra cosa es convertir esa experiencia en una interpretación general de la época del terrorismo que quede fuera del debate.

Dices que la memoria no se administra. Sin embargo, buena parte de tu columna está dedicada a discutir quién debe administrar la institución que conserva y transmite ciertas memorias. Son asuntos distintos, desde luego, aunque inevitablemente relacionados.

A mi juicio, es un debate secundario discutir si corresponde al Ministerio de Justicia o al Ministerio de Cultura encargarse del sitio. ¿Pero descalificar gratuitamente a quien piensa diferente? Como que te has pasado un par de pueblos.

Lo que más me perturba de tu columna son las sombras de intolerancia, seguramente involuntarias, que asoman entre líneas. Cuando una determinada memoria se presenta como algo que debe venerarse y se descalifica como ‘troglodita’ a quien la cuestiona, el debate empieza a enrarecerse peligrosamente.

Es pertinente recordar las palabras de Alan García al colocar la primera piedra del LUM: ‘Este lugar será una escuela de pensamiento para que todos los peruanos puedan reflexionar y desterrar la intolerancia que conduce siempre a la violencia y a la muerte’.

Harías bien, Ronald, en hacerle caso al presidente García: el LUM debía ser una escuela de pensamiento para desterrar la intolerancia. Eso incluye algo elemental: nadie tiene el monopolio de la memoria ni el derecho a establecer de antemano los límites del debate sobre nuestro pasado.

jueves, mayo 21, 2026

El mito del monorriel y la huaca perdida

Cada vez que ocurre un hallazgo arqueológico importante en el Perú, aparecen voces que piden construir un teleférico para atraer turismo.



Se suele citar el caso de Kuélap como un modelo exitoso.

Sin embargo, conviene detenernos un momento y preguntarnos qué deseamos para nuestro legado cultural, y si lo realizado en Kuélap, fortaleza construida por los chachapoyas, resultó realmente beneficioso frente a la enorme inversión destinada a su sistema de telecabinas.

El Perú posee una inmensa cantidad de sitios arqueológicos que, junto con la gastronomía, constituyen uno de los principales atractivos turísticos del país. Pero estos lugares requieren conservación permanente y el presupuesto estatal para ello sigue siendo limitado.

En 2016, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo informó que la inversión en el sistema de telecabinas ascendía a aproximadamente S/ 81 millones.

Uno de los aspectos más cuestionados del proyecto ha sido el esquema de subsidio operativo. El contrato contempla un Pago por Operación y Mantenimiento (RPMO), mediante el cual el Estado cubre parte importante de los costos cuando no se alcanza el flujo esperado de pasajeros.

Mientras se invertía en el teleférico, Kuélap arrastraba problemas críticos de drenaje y manejo de aguas pluviales. Diversos informes posteriores al colapso parcial de una de sus murallas señalaron que la humedad acumulada y las filtraciones fueron factores determinantes en el deterioro estructural del monumento.

El acuerdo firmado para operar el teleférico implicó además que el Estado continuara realizando pagos al concesionario incluso durante la pandemia y posteriormente durante los periodos de cierre del complejo arqueológico ocasionados por los derrumbes.

No está mal desarrollar infraestructura que pueda favorecer la llegada de turistas y generar divisas. Lo cuestionable es que esos acuerdos no necesariamente hayan resultado suficientemente favorables para el país ni para la protección del patrimonio.

Hoy se habla del sitio arqueológico María Fortaleza T’aqrachullo tras una publicación de National Geographic. Y nuevamente aparecen propuestas para replicar el modelo de Kuélap.

Lo mismo ocurre con Machu Picchu y Choquequirao, donde periódicamente resurgen iniciativas de teleféricos sin que siempre se discutan suficientemente sus posibles impactos paisajísticos, ambientales y patrimoniales.

Hace falta un Estado fuerte, antiimperialista, capaz de negociar condiciones favorables para el país y de administrar adecuadamente monumentos arqueológicos de enorme fragilidad e importancia histórica.

El recurrente entusiasmo por construir teleféricos recuerda inevitablemente aquel episodio de The Simpsons en el que un vendedor convence a Springfield de invertir en un innecesario monorriel.

No se trata de rechazar la inversión privada. El problema surge cuando ésta puede entrar en conflicto con un interés superior: conservar joyas arquitectónicas prehispánicas que constituyen parte esencial de la memoria histórica del Perú.

Incluso desde una perspectiva económica, resulta más rentable priorizar primero la adecuada conservación de sitios arqueológicos —sea T’aqrachullo, Machu Picchu, Choquequirao o cualquier otra huaca— antes que levantar infraestructura costosa que, sin el patrimonio que le da sentido, termina perdiendo valor por sí misma.

jueves, abril 30, 2026

Sobre la cueca futre siútica de "La viuda del conventillo"


De forma azarosa llegó a mis manos "La viuda del conventillo", novela del chileno Alberto Romero publicada en Buenos Aires en 1930.

Una grata sorpresa este libro de 200 y pico páginas.

La trama se ambienta en el Santiago de Chile de inicios del siglo XX, cuando esa ciudad, al igual que Lima y demás capitales latinoamericanas, crecían e intentaban emular a sus pares europeas.

Pero éste no es un canto al progreso. Tampoco a la nostalgia de un pasado más sosegado.

Es, más bien, la descripción de la periferia de la modernidad. Los bajos fondos. Las cités (variante de nuestros callejones) y conventillos hacinados. Proxenetas, alcohólicos, prostitutas, vividores.

Ese es el mundo que describe Romero en "La viuda del conventillo".

La protagonista es una mujer dedicada a la venta de comida en la calle. Un hombre que había perdido la vocación por trabajar la enamora y la vive. Pero el romance dura poco. El galán muere en una borrachera, mientras que ella daba a luz a la hija de él.

Allí empiezan los subes y bajas de la existencia de Eufrasia, cada vez más cerca de lo sórdido y amoral.

Un lector desprevenido podría tomar la novela como un cuadro costumbrista. Pero aunque algo de eso hay, la mirada de Romero va más allá, a las miserias detrás del mundo de las apariencias.

Difícil no recordar a "Duque" del peruano José Diez Canseco, publicado en 1935 en Santiago. Mientras la obra de nuestro connacional describe una espiral de corrupción y decadencia en la clase alta limeña, Romero hace lo propio pero con ese proletario incipiente que surgía en las ciudades.

Eufrasia se maneja en un entorno en el que la prostitución convive en los mismos espacios que los obreros, pequeños comerciantes, inmigrantes, vagos y eventuales jornaleros rurales perdidos en la ciudad.

A comienzos del siglo XX surgió en la literatura peruana - la que conozco mejor - el personaje de la huachafa, mujeres que - desde una mirada clasista - aparentan lo que no son y cubren sus necesidades con la costura. Siútica se diría en Chile.

Pionero en ese rubro fue "Las Cojinovas" de Cloamón de 1905, en donde la prostitución se sugiere como una caída probable. 

Estos personajes femeninos, sea Eufrasia o cualquiera de las huachafas peruanas de las primeras décadas del siglo XX, las eventuales siúticas que aún no leo, que se revelan contra el rol que les impone la sociedad, terminan empotradas contra la realidad: un mundo mediocre, sin espacio para superarse por su propio esfuerzo.

En palabras  de "La viuda del conventillo": "Vivir por vivir, nada más". 

PD: Es una delicia el uso de modismos chilenos de este libro. Algunos, incluso, lo compartimos los peruanos como llapa/yapa, chauchilla, picarones o chancaca. Romero recurre a ese léxico sin impostación, dando el aire de naturalidad. Un acierto previsor el incluir un glosario  en las últimas páginas. 

lunes, abril 06, 2026

Los 125 de Serafín Delmar: el vanguardista oculto

El 6 de abril de 1901, hace 125 años, nació Reynaldo Bolaños Díaz, conocido en el mundo de las letras como Serafín Delmar. 

Natural de Huancayo - aunque algunas fuentes sugieren que nació en Huancavelica - fue uno
de nuestros primeros autores vanguardistas y también pionero de lo que algunos llaman literatura social.

Sus hermanos Federico y Óscar - este último usaba el seudónimo de Julián Petrovick - también tuvieron vocación por la literatura.

Tuvo como pareja a la conocida poeta Magda Portal, y al igual que ella, militó en el Partido Aprista Peruano. 

Estuvo cerca de diez años preso, acusado de haber participado en una intentona por matar al tirano Luis Sánchez Cerro. 

Es poco lo que se ha estudiado sobre su obra. Es un olvido injusto.

Su faceta más conocida es la de poeta, habiendo dado a imprenta su primer libro en 1926, Los espejos envenenados. 

De este título diría años más tarde Luis Alberto Sánchez que en sus páginas se filtraba el dadaísmo, en boga en esos años en Europa.

Cuando dejó la cárcel, migró y publicó el grueso de sus textos conocidos en unos pocos años. Luego de ello, un silencio editorial que mantendría hasta su muerte en Santiago de Chile en 1980.

De ese desembalse literario es su poemario Tiempos de odio (Santiago de Chile, 1946), tal vez lo último que publicó en vida.

De ese libro, en particular, me gusta ese par de versos que dicen 

"No diré, no, sino cuando saquen de mis ojos
la lágrima conque Dios me creó."

Serafín Delmar no solo escribió poesía. También incursionó en el cuento y novela.

Pero es difícil encasillar en un género su libro Sol: Están destruyendo a tus hijos.

Algunos lo consideran novela, otros cuentos. Yo recomendaría olvidarse de categorías y dejarse atrapar por su pluma.

Sánchez, en el prólogo, escribió que en esa obra surgía el "poeta sin escuela, el poeta sin bandería literaria", y tiene toda la razón.

Este libro, que debería ser por su calidad considerado dentro de nuestros clásicos, ha tenido poca fortuna editorial.


Su primera edición fue en Buenos Aires en 1941. La segunda es de 1967, encargada a una imprenta de Lima por la Municipalidad de Huancayo. En ese entonces, el alcalde era el doctor Félix Ortega Arce* del Partido Aprista Peruano.

 Luego, la misma municipalidad lo reeditaría en 2017, siendo alcalde Alcides Chamorro, sin vínculo con el partido.

Es una lástima la circulación casi clandestina de esta obra. Tengo la sospecha que el silencio hacia Serafín Delmar y a su producción literaria se debe a su militancia aprista. 

En este libro inclasificable se combina el cuento, la novela, la prosa poética, la autobiografía y más. 

Esta joya está dividida en tres partes, que el autor bautiza como estancias.

La primera está dedicada a la Revolución de Trujillo. Son breves cuentos que capturan el sentir de los apristas de ese tiempo. 

Son pequeñas pinceladas que hablan de la madre que espera a su hijo mientras los soplones le queman su casa por tener un cuadro de Víctor Raúl, de prisioneros que levantan orgullosos el brazo izquierdo ante el pelotón de fusilamiento, de cadáveres que se consuelan entre sí.

Luego, la segunda, es la dedicada a los años de prisión. Los "presos sociales" - eufemismo que usaba la dictadura para no decir "presos políticos" - conviviendo con los presos comunes. 

Es una mirada al infierno del confinamiento y la decadencia. Al igual que en la primera estancia, son textos cortos, que se confunden con cuentos. 

Pero en esa miseria, encuentra poesía. Esos pasajes en que describe la relación de los presos con animales, unos cautivos de otros cautivos, son muy bellos y crudos. El sadismo de los carceleros y la pérdida progresiva de la cordura también tiene ese atractivo.

Pero es en la tercera estancia en el que el genio de Serafín Delmar se desata y rompe los barrotes de cualquier esquema.

Pudo publicar esa estancia sola y sería una joya por sí misma. Pero aparejada de las dos estancias previas la llena de mayor significado.

El arranque tranquilamente pudo ser el de un poemario o una obra de teatro. Un esclavo que habla con sus cadenas, y ellas le responden. En ese diálogo fluye de forma natural la doctrina aprista, esa que llama a luchar contra el mal y que promete la ansiada redención. 

Porque Serafín Delmar escribe con la mano izquierda con la que los compañeros saludamos al cantar la Marsellesa. Y lo hace tan bien que convierte ese sentimiento en universal.

Luego siguen pasajes que evaden el realismo y se vuelve un sueño o pesadilla. En ella recuerda a su hija, a su madre, a su pareja, al partido. Reflexiones varias.

Y termina tal como empezó: un diálogo entre el preso, la rosa, la mañana. Pura poesía. 

Serafín Delmar, quien sufriera destierros y prisión por su militancia partidaria, merece ser leído por los que amamos la literatura. Su legado trasciende la camiseta política. Rompamos la mezquindad con la que se ha ocultado su obra. 

______________

*Mártir aprista asesinado por Sendero Luminoso en 1987.


lunes, septiembre 15, 2025

El espejo empañado del caviar


Eduardo Dargent, con quien compartí aulas en la Pontificia Universidad Católica, plaza fuerte de aquello que llaman “caviar”, acaba de publicar un libro sobre ese inasible sujeto político al que se le ha puesto ese nombre.

 “Caviar: del pituco de izquierda al multiverso progre”, el título completo de su obra, es una versión de parte, como lo reconoce Dargent. Parafraseando el léxico que se usa en estos días, en el libro se habla de cómo se autoperciben los caviares, o al menos mi antiguo vecino de carpeta.

Y en ese planteamiento válido, quienes estamos en otra orilla también tenemos cosas qué decir. 

Honestos y “honestos”

Con todo el aprecio que le puedo tener a Eduardo, aceptar como realidad que una característica clave de lo caviar la “lucha contra la corrupción”, definición que aparece desde la primera página del primer capítulo y que repite cada tanto, como que no cuela.

En todas las corrientes políticas o ideológicas sospecho se suscribiría esa afirmación. Otro asunto es que, desde cierto pedestal, se quiera usar la “lucha contra la corrupción” para descalificar a los oponentes.

Solo basta mirar algunos hechos recientes alejándose de la narrativa dominante y machacado hasta el cansancio.

Ya son seis, casi siete, los años que han pasado de la muerte de Alan García y no se ha mostrado una sola prueba de los delitos por los que le querían dar prisión preventiva. Yo soy aprista, me cuestionarán que defienda al c. Presidente, pero no me rebatirán.

Sin embargo, vayamos a otros ejemplos. ¿Cómo manejamos el tema Susana Villarán y los aportes que confesó haber recibido mientras era funcionaria, nada menos alcaldesa de Lima? El propio Dargent la nombra como un ejemplo de caviar, pero no ahonda en su gestión.

El autor, coetáneo mío en la PUCP, señala que una de las debilidades caviares su poco peso electoral. ¿Cómo no hablar de su máximo logro en este siglo del caviarismo, la alcaldía de Lima, y cómo la manejaron?

El silencio que ha caído sobre la muerte de José Miguel Castro, gerente de la Municipalidad durante esa gestión y también sindicado como cómplice en la recepción de dineros de constructoras brasileñas, es un tema que también echa sombras sobre esa “lucha contra la corrupción”. 

Pero dejemos esa idealización que tienen de si mismos los caviares como adalides de la legalidad, que no es exclusiva del libro de Eduardo. La autosuficiencia con la que hablan algunos de sus voceros es, para los que no comulgamos políticamente con este grupo, es suficiente prueba de su problema para criticarse.

Sudar Channell

Hay una definición de caviar o de sus variantes – el antiguo “cívico” o el más reciente “cojudigno” – que se repite con constancia tergiversando el sentido que se le daba al apodo.

De acuerdo a Dargent y otros, que se identifican o simpatizan con esta corriente, hacen referencia a una expresión tomada de Francia donde en plan de burla se le decía izquierda caviar a las personas acomodadas que no vivían acorde con su ideología progresista o similar. 

Esa explicación viene con trampa. Es decir, con otras palabras, que una persona con privilegios se preocupe por los menos afortunados.

En el primer ciclo de universidad, un profesor que dictaba un curso de introducción a las ciencias sociales, Oswaldo Medina si no me falla la memoria, describió el concepto antes que llegara el apodo. Para los cachimbos pelones que éramos, nos daba con bastante humor unas clases llenas de anécdotas y observaciones agudas. 

En una de ellas, tal vez escapándole el chisme, contó de algún colega de las ciencias sociales que era congresista por Izquierda Unida o su escisión posterior. Relató que lo estaba visitando en su oficina parlamentaria cuando llegó una delegación de mineros o agricultores. Su colega la atendió afable. Pero una vez que se fue el grupo, pidió a sus asistentes que echaran colonia para que se vaya el olor.

Lo de caviar no va por gente que tenga gustos exclusivos – Dargent bromea conque le gusta el café de grano seleccionado – sino con lo utilitario que resulta para personas con privilegios en épocas de elecciones o para ascender en el mundo académico hablar de las necesidades de personas que no las ven como iguales. 

En otras palabras, con personas con las que no comparten más que una relación vertical. En palabras de Hernán Garrido Lecca, "comunistas a tiempo parcial".

Cada cierto tiempo se habla de poner más requisitos – en especial, académicos – para acceder al Congreso. Y esa corriente de opinión viene de la derecha y de la llamada izquierda caviar. Un retroceso a derechos conseguidos poco a poco hasta lograr el voto para los analfabetos. Quedaríamos en la posición de ciudadanos que pueden elegir pero no ser elegidos. 

Mártires de la democracia

Otro punto es el de los derechos humanos y del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. No aceptar críticas a su “narrativa” los pone en la misma situación que cuando hablan de su exclusividad en el tema de la “lucha contra la corrupción”. En los 90, cuando compartí aulas con Eduardo, era constante en las clases de la PUCP repetir que la izquierda no aprista había sido la más perjudicada con el accionar de Sendero Luminoso y MRTA. 

Sin embargo, cuando se hizo el recuento de víctimas, era el Apra el partido más golpeado. Pero ese dato ya no se destacó en el Informe Final. Es más, víctimas apristas fueron dejadas de lado. En una reciente visita en Tarapoto, encontré a la familia de Julio Santa María cuyo patriarca, un militante puro y sincero del Partido del Pueblo, el Apra, falleció ejerciendo de subprefecto en Tocache en 1990, pero nadie de la CVR se contactó con ellos. Y como él, cuántos más habrá.

Claro que los familiares, compañeros, amigos de las víctimas de los terroristas quieren la verdad. Muchos casos se han archivado y nunca se llegó a saber quiénes fueron los responsables materiales e intelectuales. Solo rumores. Pero los autoproclamados defensores de los derechos humanos dejan estos casos de lado. 

Seguro Dargent objetará con algún argumento a esto último, pero para eso uno escribe, para debatir.

domingo, agosto 24, 2025

Hernán Garrido Lecca: Un candidato de unidad para el Apra


El Apra se presenta a las elecciones de este 2026 con un deber imperioso: salvar al Perú de tanto improvisado que ha frenado el crecimiento del país desde el 2011. 

El Partido del Pueblo, desde mi punto de vista de militante, debe evitar mostrar fricciones en su interna.

Hay un abanico de precandidatos a la presidencia de la República, lo que habla muy bien de la vida partidaria. ¿Qué otro partido, si no es el Partido Aprista Peruano, realiza una elección interna para elegir a su representante?

Todos son buenos cuadros, pero debemos elegir a uno. Basado en los datos que vienen circulando, el más indicado es el c. Hernán Garrido Lecca.

En primer lugar, de acuerdo a las encuestas que muchos compañeros han compartido y otras que se han publicado en medios, es uno de los rostros más conocidos del Apra. Esto se demuestra en las concurridas visitas a las bases que ha realizado por todo el Perú.

Otro fuerte de Hernán Garrido Lecca es el no haber estado involucrado en algunas discusiones administrativas internas que han generado complicadas asperezas cuando debería primar la fraternidad.

Es exitoso en el sector privado pero también mostró destreza cuando le tocó dirigir dos ministerios exigentes como son el de Vivienda y el de Salud.

No estamos, pues, ante un improvisado como los que, en otras tiendas políticas se están lanzando al ruedo.

Hernán Garrido Lecca es un hombre de partido, pero también de muchas facetas.

Los futboleros lo recordarán por ser uno de los artífices del último regreso de Deportivo Municipal a Primera División. Incluso el cuadro basurero jugó copas internacionales.

Asimismo, ha incursionado en áreas tan diversas como la literatura, el cine o la domesticación y cultivo de algas.

Su quehacer como inventor es otro plus que nos confirma que estamos ante una mente creativa.

Los demás precandidatos, desde mi percepción, se están desgastando por los problemas administrativos que hablamos líneas antes o no han tenido suerte de lograr mayor exposición y reconocimiento fuera del partido.


El c. Hernán Garrido Lecca, además, maneja un discurso de propuestas concretas y una visión geopolítica que, por las peleas coyunturales, otros no han logrado articular.

De todas formas, los apristas tenemos el deber que en estas elecciones internas debemos escoger al candidato que pueda conseguir los votos tanto de apristas como de no apristas. 

Vistas las cartas con las que contamos y han expresado su intención de postular, y sin desmerecer a nadie, me animo a pensar que Hernán Garrido Lecca es la opción que mejor tenemos.

lunes, junio 30, 2025

Plomo o votos_La muerte en la política

Este domingo 29 se informó del fallecimiento de José Miguel Castro, pieza clave en el caso de corrupción admitida por la ex alcaldesa Susana Villarán.

La semana pasada tuvo, según se informó, una enésima reunión con el equipo fiscal que ve el caso. El resultado: aparentemente, nada.

No lo aceptaban ni como colaborador eficaz o cualquiera de las figuras legales que manejan. Y así, ya estaba años.

Este deceso, que algunos se apuran a decir que es suicidio a pesar de que lo que se sabe es que Castro murió de un corte en el cuello de 14 centímetros hecho con un cuchillo para el pan, crea una oscura sospecha sobre cómo la violencia puede inmiscuirse en la política peruana, sino se ha colado ya.

Se han mencionado, como antecedentes a esta rara muerte, los casos de una trabajadora del Congreso y el de un proveedor del Estado.

Pero el de Castro, apodado Budian por los corruptos de Odebrecht, es particular por el clima de violencia que se está viviendo en el país.

Lastimosamente se ha normalizado el asesinato de choferes de buses por extorsionadores, y ya no le dan tanto espacio en las noticias.

Para empeorar, en la coyuntura regional tenemos ejemplos de homicidios o intentos de ello a políticos en carrera electoral.

El candidato a presidente electoral ecuatoriano Fernando Villavicencio murió a tiros el 9 de agosto de 2023. Más cerca en el tiempo, Miguel Uribe Turbay, precandidato presidencial de Colombia, se debate entre la vida y la muerte desde hace unas semanas por una bala en la cabeza.

De comprobarse que lo sucedido con Castro ha sido un asesinato, cuando estamos ya formalmente en campaña electoral, sería echar sal a la herida de la ineficiencia gubernamental respecto a la seguridad ciudadana.

Lo concreto, lo palpable, es que un caso como el de Susana Villarán se ha dilatado un lapso de tiempo exagerado.

Se dieron todas las ventajas posibles a las empresas involucradas para retirarse del país o seguir en él bajo otros nombres.

La Fiscalía no tomó las previsiones para un caso de éste perfil. No se aseguraron de ponerle en algún régimen de colaboración, como sí lo han hecho en otros casos.

El criterio que ha seguido el Ministerio Público, al menos el que percibimos muchos ciudadanos, es que ha manejado de forma politizada los beneficios penitenciarios.

Estamos ya calentando motores para elegir a las principales autoridades políticas del país y no se aprecia un plan para reducir la violencia ni para que los órganos del sistema de justicia actúen fuera del sesgo de grupo.

En las décadas de 1980 y 1990 muchos fueron los alcaldes, regidores y demás autoridades de representación popular que sufrieron atentados y asesinatos por parte de los cobardes terroristas de Sendero Luminoso y MRTA.

No queremos que otra vez, el plomo intente imponerse a los votos.

 



domingo, septiembre 29, 2024

Malas decisiones ponen en peligro nuestro patrimonio cultural


Esta semana, la noticia del traslado de material del Archivo General de la Nación a un espacio que los especialistas consideran no adecuado para su preservación es la que ha alertado a muchos intelectuales.

Pero este problema ya se viene arrastrando desde hace buen tiempo.

Se sabía de la necesidad de un lugar donde atesorar, con todos los cuidados necesarios, estos documentos que son nuestra memoria.

Pero observamos que de un tiempo a esta parte los recursos dados al ministerio de Cultura se han dispuestos a gastos no necesariamente urgentes como la conservación de documentación de siglos de antigüedad.

Pienso en concreto en el Museo Nacional del Perú, conocido coloquialmente como MUNA.

Este museo se gestó en el gobierno de Humala, el mismo que nos embarcó en la Refinería de Talara, lo que es más que una coincidencia. 

Es, según varios de los ministros de Cultura que estuvieron a cargo de su construcción, la obra hecha para este sector más ambiciosa y más cara que se haya realizado en el Perú.

Hubo algunos cambios en su ejecución. Se aumentó el presupuesto, se descartó un piso, y varios hechos más.

La idea era dotar al país de un, como su nombre lo indica, "Museo Nacional".

Lo interesante es que para crear este "Museo Nacional", se obvió la existencia del "Museo de la Nación" y se le pasó a mejor vida.

El Museo de la Nación fue una iniciativa del primer gobierno de Alan García para usar la faraónica sede del antiguo Ministerio de Pesquería. 

Es hasta la fecha el museo más grande que ha tenido el país, contando con cuatro plantas dedicadas a contar nuestra historia.

Pero se prefirió hacer otra obra faraónica en Lurín, frente al recién remozado Museo de Sitio de Pachacamac. 

Entre 400 y 600 millones de soles fue a parar al MUNA, dependiendo de la fuente que se consulte y la forma de hacer los cálculos.

Mientras, otros asuntos urgentes como la construcción de una sede para el Archivo de la Nación fue postergado.

Ahora vemos a las actuales autoridades tratar de solucionar un problema que se veía venir hace años, y para el que no se destinó por años el presupuesto requerido. 

Y el MUNA, como cruel broma del destino, aún no funciona al cien por ciento. No se han trasladado a su local el rico acervo de piezas arqueológicas e históricas que conserva el Ministerio de Cultura, por ejemplo.

Existía el Museo de la Nación pero quisieron Museo Nacional. Y en el camino, no hubo decisión o mirada de largo plazo para hacer un Archivo de la Nación.

Pero no es solo ese caso. Hay más.

Hace unas semanas varios incendios puso en jaque diversos sitios arqueológicos, sin saberse aún cuánto han sido dañados.

Uno de los sitios arqueológicos más emblemáticos es el de Kuélap. 

Se difundió la adquisición de un cortafuegos que pondría a salvo esta fortaleza de la época Chachapoyas.

La pregunta sería, ¿cuántos sitios arqueológicos tienen sistema cortafuegos y están operativos?

No olvidemos que Kuélap cuenta con un teleférico. Aunque esta obra la ejecutó el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, cabe cuestionarse si no era más conveniente invertir en cuidar la edificación prehispánica que el crear este servicio.

Al fin y al cabo, lo valioso es Kuélap, y no treparse en un teleférico, como el que algunos avispados ya están promoviendo para otros sitios arqueológicos de difícil acceso. Dicho sea de paso, el teleférico se inició a construir en el gobierno conyugal que nos endosó la Refinería de Talara y el MUNA. 

Y, otra broma más del destino, no invertir en prevención en Kuélap, o no hacerlo de forma efectiva, está significando su parcial colapso que


esperemos se solucione pronto.

El mal mantenimiento del sistema de drenaje de Kuélap ha hecho que parte de su muralla caiga y ponga en riesgo el resto de la estructura.

El problema del almacenamiento del Archivo General de la Nación es, lastimosamente, una continuación de malas decisiones y corta visión de los que han estado a cargo del Ministerio de Cultura. 

A ello le podemos sumar la falta de cinemateca, en donde almacenar el patrimonio fílmico de la Nación, por mencionar una tarea pendiente que no está en la coyuntura.

Más para leer en Tanque de Casma:

lunes, septiembre 02, 2024

El militar bueno: una reivindicación inesperada en la película Tatuajes en la memoria de Lucho Llosa

Tatuajes en la memoria es la versión cinematográfica de Memorias de un soldado desconocido de Lurgio Gavilán, dirigida por Lucho Llosa y que está en estos días en cartelera.

La historia, como muchos recordarán, es cómo un niño, el propio Gavilán, se enrola en Sendero Luminoso para seguir a su hermano. Y cómo, tiempo después, es salvado de ser ajusticiado por ronderos por un oficial del Ejército del Perú. 

Luego, ese niño ya adolescente sirve al país como soldado, y más tarde, se vuelve sacerdote. 

Me ha sorprendido - o tal vez no tanto - la reacción negativa que ha generado en algunos comentaristas habituales de cine.

Entiendo, y comparto, algunos reparos formales: detalles como el nudo inmóvil de una horca, una que otra actuación que no encaja con el tono de las demás, problemas con la cronología de la narración.

Incluso, las contadas veces que se usa la voz en off me parece innecesaria.

Pero lo que se aprecia en la sala de cine es una película de buena factura, que juega con los tiempos. 

El protagonista, mostrado como un joven, viaja a su pueblo natal y no puede dejar de recordar. El relato está sazonado de flashbacks que se repiten una y otra vez. Incluso, lo primero que sabemos del protagonista, es una pesadilla con imágenes cortas y sangrientas de su experiencia.

Pero no creo que sean estos detalles los que molesten a los habituales cinemeros, sino un motivo que casi no es cinematográfico, sino ideológico: la aparición del militar bueno.

Shogún, el héroe incómodo

Quienes han leído el libro o han visto la película recordarán al teniente Shogún, ese oficial anónimo que salvó la vida a un niño metido de terrorista.

No quiero spoilear más la película para que cada quién saque sus propias conclusiones.

Sin embargo, creo que la clave de la historia está en la primera charla que tiene Shogún con el menor levado por los senderistas.

En esa conversación, casi un monólogo, dice unas cuantas frases que nos dan otra perspectiva de la época de la violencia terrorista, que algunos se empecina en llamar "conflicto armado interno".

El oficial dice que ninguna de esas muertes violentas que vio el pequeño Lurgio hubieran sucedido si Sendero Luminoso no se levantaba, y que no habían conseguido nada.

En su casi monólogo, Shogún agrega que personas como el niño al que le está hablando son en realidad víctimas engañadas.

Esa descripción de los hechos, en las que se subraya la culpa de Sendero Luminoso en el baño de sangre al que nos empujó, es muy poco frecuente en la cinematografía peruana. 

Hago memoria y recuerdo Vidas paralelas de Rocío Lladó. También sufrió críticas feroces en su momento por dar una versión favorable a las Fuerzas Armadas. Y también es cierto que tenía algunas fallas en la puesta en escena, fallas que no tiene Tatuajes en la memoria.

Después, no recuerdo retratos de militares que se hayan comportado con rectitud en zonas de emergencia. Siempre tenían una mancha, por lo menos.

Sobre policías tenemos La hora final de Eduardo Mendoza, basada en el libro de Carlos Paredes sobre la captura de Abimael Guzmán o el documental Con el alma en vilo de Luis Enrique Cam sobre desactivadores de bombas.

Pero de militares, que hayan luchado dentro de la legalidad contra la subversión, no se me viene un nombre más de película que llegara a estreno comercial a la mente.

Tal vez se me ha pasado algún título. Pero igual, el "militar bueno" es el caso marginal de nuestra filmografía.

Y no porque no haya existido en la vida real - el caso de Shogún es un ejemplo - sino por otras motivaciones.

Vale recordar que esta película fue rechazada cuatro veces de recibir los estímulos económicos que concede el Estado para promocionar el cine nacional. Y con guion de Mario Vargas Llosa, en la que tal vez sea su última obra de ficción. 

Estímulos que sí se concedieron para hacer una apología, casi hagiografía, de un militar: el tirano Juan Velasco Alvarado. 

Habría que replantear cómo se conceden estos estímulos, rotar más a los jurados y que estos representen diferentes formas de pensar, para que las películas apoyadas no sean una cancina repetición de prejuicios.

Sea como fuere, allí nos dejó Lucho Llosa el retrato de Shogún, en recuerdo de aquellos militares correctos e idealistas que combatieron a esas hordas cobardes, fanáticas y sanguinarias de Sendero Luminoso y MRTA.





miércoles, agosto 07, 2024

Rechazan cuatro veces guion de Mario Vargas Llosa o no hay plata para tanta gente


Dentro de poco llegará a las salas de cine "Tatuajes en la memoria", proyecto personal de Lucho Llosa.

El largometraje es una adaptación libre de "Memorias de un soldado desconocido" de Lurgio Gavilán y cuenta con el guion de Mario Vargas Llosa.

En las entrevistas que ha dado el cineasta sobre la película ha mencionado un hecho que ha pasado desapercibido: su proyecto postuló a los incentivos que da el Estado en cuatro oportunidades y no fue aceptado.

El director lo ha tomado deportivamente y se preocupa de resaltar otros aspectos de la película. 

Sin embargo, llama la atención el rechazo de financiación a esta película.

Mucho se ha hablado sobre la ley de cine, asegurándose que sin los estímulos no habría posibilidad de conocer diferentes puntos de vista de la realidad nacional y otros argumentos similares.

Pero la realidad es que desde hace buen tiempo estos fondos han servido, cuando se trata de filmes de la época del terrorismo, a privilegiar una visión de cierta izquierda.

Se ha esgrimido que otros sectores no se han interesado en el tema, lo que no es exacto.

No importan los hechos, sino quien los cuente

La historia de Lurgio Gavilán es la de un niño de un pueblo de Ayacucho que, por seguir a su hermano, se enrola en Sendero Luminoso. Luego, un oficial del Ejército le salva la vida y termina de recluta.

La experiencia de Gavilán, actualmente catedrático universitario, es una fuente de primera mano sobre esos aciagos años. 

Es un lujo que Vargas Llosa adapte esas azarosas vivencias. Sin embargo, en cuatro ocasiones jurados diferentes le han dicho no a otorgar financiación del Estado a "Tatuajes en la memoria".


Lucho Llosa, por otra parte, no es un recién llegado al mundo del cine. Ha dirigido producciones de Hollywood y ha sido parte de varios proyectos audiovisuales. Más allá que a uno le guste o no lo que ha hecho, no se le puede negar experiencia.

Visto en frío, sin conocer al detalle el proyecto, parecería el tipo de película para la que se crearon los fondos públicos para el cine. Pero no, no es así.

Hay un detalle que no se puede obviar: Vargas Llosa es de derecha liberal. Yo no comparto su posición ideológica - soy de izquierda democrática, militante aprista para más señas - pero no puedo negar su talento.

Y creo que por allí va la razón de esta reiterada negativa. 

Hace unos meses hubo una polémica entre el periodista Francisco de Piérola y el cineasta Joel Calero por la subvención que recibió el segundo por su película "La piel más temida".

La trama del filme, resumida, es sobre una hija de un terrorista de Sendero Luminoso, criada en Suecia, que regresa al Perú y conoce a su familia paterna.

El debate que suscitó es una muestra de lo sensible que aún somos para hablar sobre esa época de violencia y lo difícil de escuchar posiciones contrarias.

En ese contexto, hasta le cae el veto al único premio Nobel que tenemos por no ser afín a esa izquierda que quiere monopolizar la "narrativa" sobre lo que llama el "conflicto armado interno". 

Por suerte, Lucho Llosa se las ha ingeniado para sacar adelante su película. Puede ser buena, mala o regular, pero no le ha costado un sol a los peruanos. 

domingo, junio 02, 2024

La censura al cine peruano o películas que generen divisas


Este lunes 3 de junio se ha convocado a un plantón frente al Ministerio de Cultura por parte de varios colectivos relacionados al audiovisual bajo el lema #NoALaCensuraNoALaDictadura y otros de ese tipo.
Luis Pardo, primer largometraje peruano que se conoce.
No voy a ir, no estoy de acuerdo con su planteamiento.

Pero para los que quieran, allí está la publicidad del evento.

La lógica de esta manifestación es que se están planteando cambios en la ley de cine, lo que significaría que se variarían las reglas de para acceder a los estímulos económicos que concede el ministerio de Cultura.

Según los convocantes, esto significaría una censura al cine peruano. ¿Pero es esto cierto?

Problemas de distribución
Se me vienen a la mente dos películas que han tenido dificultades para proyectarse. Una es El espacio entre las cosas  (2013) de Raúl del Busto, una formidable cinta experimental, tuvo un impasse con la cadena que le había aceptado proyectarla por poca asistencia. No querían cumplir el acuerdo de pasarla una semana. El lío que se generó en medios resultó paradójicamente beneficioso porque acogieron el título en otra cadena y tuvo más tiempo de exposición. 

Un par de años antes, Las malas intenciones (2011), de Rosario García-Montero, tuvo un problema parecido. Su ópera prima tuvo acogida, pero competía con filmes del extranjero que tenían más recepción. Así que le comenzaron a quitar salas. Otra vez, por el escándalo, se revirtió la situación.

En ambos casos podemos hablar de problemas con las cadenas de cine y su posición de poder. Pero no calzan con los postulados del plantón de mañana. 

La actual ley de cine, me parece, ya cumplió su ciclo. Si revisamos a los beneficiarios de los estímulos económicos que concede el Estado descubrimos que hay varios nombres que se repiten. 

El economista Hans Rothgiesser ha analizado el tema y relata que los más favorecidos son un grupo reducido que suele - o solía - acceder a estos fondos. No son malos directores, pero sí son los beneficiados frecuentes.


 Cine sin apoyo
Lo que se reclama son los fondos estatales para la producción de películas. El andador para que aprenda a caminar una industria creativa. Pero... ¿son películas para el público de festivales, solo para el Perú, de exportación?

El puneño Flaviano Quispe estrenó en 2004 El Huerfanito. Cuando conversé con Emilio Bustamante sobre su libro Las miradas múltiples. El cine regional peruano - escrito junto a Jaime Luna Victoria - me contaba que era la primera película peruana de la que tenía noticias se haya hecho un remake en otro país (Bolivia).

Allí hay un filón que se debería explotar. Como ha sugerido varias veces Hernán Garrido Lecca, lo interesante es que el cine, así como los videojuegos, la literatura, las teleseries, sean en el Perú industrias que generen divisas, tal como sucedió en su momento con el clásico de Flaviano Quispe. 

Ahora que se debaten cambios en la ley de cine, se debería plantear metas medibles. Llevar los productos culturales a nuevos mercados y volver autosostenible la actividad de cineastas y productores. 

Sé la objeción que harán a lo que planteo. Que se debe premiar con ciertos criterios como la paridad de género o el uso de lenguas nativas. Curiosamente, es mujer la directora que ha logrado el máximo galardón en el cine para el Perú y también lo es la directora más exitosa comercialmente: Claudia Llosa con su triunfo en la Berlinale y Ani Alva Helfer con sus numerosas obras taquilleras. 

Es más, varias películas en aymara y quechua han tenido buen desempeño. Willaq Pirqa, el cine de mi pueblo, de César Galindo, fue toda una sorpresa en la lengua de los Incas entre fines de 2022 e inicios de 2023. O la corta y muy lograda cinematografía en aymara de Oscar Catacora, fallecido muy tempranamente.

Política y pantalla
Una crítica constante es el sesgo político de muchos de los ganadores de los estímulos. Lo ideal es que haya más variados criterios para escoger los proyectos ganadores. Largometrajes de ficción y documentales sobre personajes de cierto espectro ideológico izquierdista hay varias, y todas laudatorias: al dictador Velasco Alvarado, al guerrillero Hugo Blanco, al poeta metido a guerrillero Javier Heraud (por partida doble) y más.  

¿Cuántas películas dedicadas a la época del terrorismo - mal llamado conflicto armado interno - se han realizado con fondos del Estado? Y pregunto, ¿en cuantas han abordado la muerte de militantes apristas por parte de Sendero Luminoso y MRTA, el partido más golpeado por su violencia? ¿O las familias destrozadas por atentados a militares, policías u autoridades y funcionarios civiles?

Por allí encontrarán alguna, si es que hay, pero no es la norma.

Los documentales Desde el lado del corazón y Rojo Profundo, sobre personajes de izquierda legal contaron con apoyo del Estado. ¿Por qué no se le concedió el mismo trato al proyecto de documental sobre Pedro Beltrán, por ejemplo?.

Lo que entra por los ojos, se graba en la memoria. Podemos ser demócratas, pero no aspirar a una democracia boba, que deja que cambien nuestra historia, y además, con nuestros impuestos. Pedir que respeten los ideales democráticos para recibir dinero del Estado no es censura.

¿Saben por qué no es censura? Porque se puede hacer cine en el Perú exitosamente sin necesidad del dinero del Estado. ¿Quiere alabar a un dictador? Hazlo con tu dinero. ¿A un asesino de policías como Hugo Blanco? Hazlo con tu dinero. No hay censura en eso. El Estado no tiene porqué financiar propaganda de enemigos de la democracia.  

La discusión es larga, y no termina acá. Sería bueno bajar las tensiones y proponer ideas. 

(Pongo para graficar este post una imagen de Luis Pardo, el largometraje peruano más antiguo que se conoce. Me parece bien que se invierta en recuperar nuestro patrimonio fílmico. Es parte del deber del Estado. No el financiar propaganda política disfrazada de película)


domingo, enero 28, 2024

La seguridad para las élites: Refutando propuesta de privatizar a las Fuerzas Armadas

En estos días un texto y una video columna han abordado el tema de la seguridad, pública y exterior, desde diferentes ángulos.

Por un lado, está lo escrito por Hernán Garrido Lecca* contra la privatización de la seguridad y que compartí en un hilo en twitter (está publicado en su Linkedin y en la web Altavoz).


Casi en paralelo, el periodista Pedro Salinas proponía lo contrario. Se basaba en una conversación previa con la congresista Susel Paredes en la que dieron por hecho que las Fuerzas Armadas no se daban a basto para cuidar las fronteras del país. 

Creo que Salinas responde de forma ideologizada a un problema que es más grande que la fórmula neoliberal de decir "menos estado es mejor".

Diariamente vemos en los noticieros noticias de asesinatos por extorsión que afectan desde clases muy humildes - desde vendedores ambulantes - hasta emprendedores de clase media.

Planas cree que siguiendo la ruta que tomaron otros países, que replantearon o anularon sus ejércitos, se mejorará la seguridad ciudadana. 

Pone de ejemplo dos países sin fuerzas armadas propiamente dichas: Costa Rica y Panamá. Se olvida del espacio tiempo histórico en que se dieron. 

El primer país, Costa Rica vio debilitó a  su ejército cuando Panamá se independiza de Colombia, con apoyo de Estados Unidos interesados en construir el Canal del Coto, y realiza en 1921 la Guerra del Coto contra Costa Rica. Un par de décadas fue abolido el Ejército Costarricense. 

Panamá le sucedió similar. Luego de una intervención militar de Estados Unidos para capturar al mandatario de facto Juan Manuel Ortega, el país del istmo prescindió de sus fuerzas armadas.

Presupuestos

"Hay que evaluar si conviene mantener un Ejército que nos cuesta un reculo de plata", señala
Salinas.

La seguridad externa no se puede descuidar, a pesar de las creencias del periodista, quien cree que el libre comercio cuidará por la soberanía del país. 

No hay guerras en la región desde la década de 1990, pero nada impide que puedan volver a haberlas. El affair Venezuela Guyana es un ejemplo. Desarmarnos es ingenuo.

Para Pedro Salinas las actividades que deben ser subsidiados de Estado como Salud, Justicia y Educación, obviando la Seguridad por olvido o convicción. 

Al leer el texto de Garrido Lecca se percibe que ambos parten de umbrales ideológicos diferentes. 

El ex ministro de Salud y de Vivienda, se enfoca en el Contrato Social en el que el Estado da seguridad al ciudadano de a pie. 

Su análisis se centra en que los delincuentes prefieren abusar de los más desvalidos porque son víctimas fáciles y la probabilidad de impunidad es mayor.

Descuidarnos de la seguridad externa para ir hacia una privatización progresiva de la seguridad, como se puede colegir de la video columna de Salinas, no parece tener asidero en la realidad.

Los lamentables hechos, después del golpe de Estado fallido de Pedro Castillo, entre diciembre de 2022 y el verano de 2023, hicieron necesaria la participación de las fuerzas militares junto con las policiales.

Es más, costó la vida de soldados en el río Ilave por los manifestantes que acosaron a piedrones a los militares, imposibilitados de usar sus armas de reglamento.

Reducir la seguridad exterior al mínimo es absurdo. Se pueden hacer mejoras, pero no cegarnos con una ideología, cualquiera sea esta. Hay que rendirnos ante la supremacía de los hechos. Aplicar el espacio tiempo histórico. 

Quien cuida del mar recuperado en La Haya, por ejemplo, es la Marina de Guerra del Perú. Ninguna empresa tercercizada lo va a hacer mejor. 

Pedro Salinas plantea nacionalizar o vender todo material militar, lo que puede sonar bien pero no es realista.

Él pone el ejemplo del malecón de Iquitos. Cuenta que en él hay varios inmuebles de la Marina de Guerra, el Ejèrcito, la Policìa Nacional, que son hermosos y servirían mejor para hoteles de lujo.

Una anécdota que tal vez no conozca el periodista. Si recorre con atención ese malecón, encontrará una placa que dice que allí se estableció la primera ladrillera de la Amazonía peruana. 

El dato no es menor. A raíz de esa ladrillera, emprendimiento de la Marina de Guerra, Iquitos creció de una pequeña caleta a la gran metrópolis de la selva nacional y consolidó nuestra presencia en ese amplio sector de nuestro territorio.

Privatizar a locas y tontas como en el fujimorato no es la mejor opción. Las Fuerzas Armadas militares y policiales llegan muchas veces donde nadie más del Estado lo ha hecho, y para llevar bienestar. He sido testigo de ello.


La seguridad no puede ser solo para una élite que puede vivir en condominios, casas de playa o zonas exclusivas. 

Como dice Garrido Lecca, es más fácil extorsionar a unas pequeñas mypes en una cuadra que secuestrar a un socio del Club Nacional. 

*Disclaimer Compañero mío en el Partido Aprista Peruano

domingo, septiembre 24, 2023

El mito del terrorista bueno o la importancia del musical Annie en la vida de Lori Berenson


"La casa de La Molina estaba alquilada a nombre de Lori Berenson, una neoyorquina de 26 años con un don para las artes, Ya de pequeña había interpretado el papel principal en la obra Annie"

Ha salido hace poco 'Con las masas y las armas. Auge y caída del MRTA' (IEP) de Miguel La Serna, un texto que, a mi juicio, es condescendiente con ese grupo terrorista.

Dudé en escribir este texto, pensando en que más iba a ser la publicidad a una obra que considero fallida y con una ideología que no comparto, pero ante tantas imprecisiones, sentí la necesidad de hacerlo.

Para ser una obra académica, La Serna ha tomado muchas licencias y conjeturas.

Por ejemplo, para mencionar una casi pueril equivocación, asegura que el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) se levantó en armas por la política económica neoliberal de Fernando Belaunde (presidente entre 1980-1985).

El gobierno de Belaunde, siendo de derecha, no fue neoliberal. No buscó en ningún momento reducir el Estado o dejar de controlar los precios.

Ese mote de neoliberal se usa en ciertos espacios para descalificar al adversario político. Es como decir facho o terruco. 

Si no explica el uso del adjetivo, más parece una justificación al alzamiento del MRTA.

Pero demos el beneficio de la duda, que el autor o su traductor - la obra fue escrita originalmente en inglés - tomó neoliberal como sinónimo de derecha sin esa intención.

No obstante, a lo largo de las páginas vemos que idealiza varios pasajes de la historia del MRTA y da por ciertos los testimonios de quienes militaron en este grupo terrorista.

El epígrafe que encabeza estas líneas es una muestra de ello.

Lori Berenson, la norteamericana que ayudó activamente en el plan fallido de tomar el Congreso de la República, es retratada recordando su gusto por el arte. 

No hay un defecto de Lori Berenson que mencione La Serna en su descripción.

Y así es con casi todos los emerretistas mencionados en su libro, unos idealistas que torturaban, extorsionaban, mataban, mientras buscaban un mundo mejor. 

¿Y las cárceles del pueblo dónde están?

No se le pide al investigador que describa a los subversivos deshumanizándolos, pero algo de equilibrio
debe haber.

Ese equilibrio se ve resquebrajado desde que La Serna omite hablar de los secuestros a los que se dedicaba el MRTA.

Hay material al respecto. Por ejemplo en el libro Las Chekas de Lima de Víctor de la Torre, que cuenta el secuestro de su padre.

Muchos de esos raptos, que tenían como fin recaudar dinero, ponían en riesgo la vida de las víctimas. Se les confinaba a estar en situaciones humillantes y lesivas con sus derechos humanos.

Pero La Serna se queda con la explicación que dan los del MRTA: eran empresarios enemigos, de la revolución, no eran 'población civil'. 

De acuerdo al Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, esta práctica empezó en 1984 con el banquero piurano José Onrubia Romero. 

"Durante su cautiverio, los empresarios permanecían ocultos en las llamadas "cárceles del pueblo"- espacios de reducidas dimensiones e insalubres- siendo vigilados constantemente", se lee en ese documento.

 La pelea por la imagen

La Serna hace énfasis que el MRTA se preocupaba por diferenciarse de Sendero Luminoso. Se sentían, como su nombre lo hace notar, herederos de Tupac Amaru. 

Para ello, mostraban un rostro más afable hacia la prensa, obsesionándose en detalles como el robo de la primera bandera del Perú. 

Pero La Serna casi no menciona las víctimas que tiene en su haber el MRTA desde muy temprano en su actuar. 

Según La Serna, un hecho que hizo tambalear la imagen, según él positiva, del MRTA fue el asesinato del general Enrique López Albújar, hijo del escritor del mismo nombre.

Sobre el militar, La Serna escribe "La contrainsurgencia (contra el MRTA) fue en gran parte obra de Enrique López Albújar, ministro de Defensa, cuyo padre había sido un famoso escritor indigenista, autor de famosos relatos y poemas sobre la vida andina que inspiraban empatía y compasión. Enrique hijo tenía una vocación muy diferente. (...) Tenía el rostro severo de un hombre que daba órdenes y esperaba que se cumplieran".

Si de Lori Berenson nos enteramos que actuó de niña en el musical Annie, La Serna nos priva de saber de qué actuó López Albújar en el nido. Más importante para él es señalar el semblante severo del general.

También esa comparación entre padre e hijo es gratuita. El escritor también ejerció de juez - es más, muchos de sus obras se inspiran en casos legales que observó desde esa posición -, por lo que sería más justo hablar de qué seño tenía éste al dictar sentencia que en hablar de la empatía que generaban sus cuentos.

Es válido preguntar a qué viene esa comparación. Pareciere una forma de deshumanizar al militar que supo combatir al MRTA y ponerle paños fríos a su asesinato.

Este acto terrorista fue realizado en enero de 1990 cuando ya López Albújar era un militar en


retiro y la población conocía de sobra los atentados, secuestros y extorsiones que cometían los emerretistas. 

Para contrarrestar la mala prensa que le provocó al MRTA este hecho sangriento, en el relato de La Serna, es que se produjo la fuga por el túnel unos meses después.

El investigador se contradice, pues también señala que este proyecto había empezado en 1987. 

Es más, hace un minucioso recuento de cómo se las ingeniaron los terroristas para construir el túnel.

 Pero en el último penúltima línea del capítulo dedicado a él desliza la idea de que pudo haber habido permisibilidad de parte del gobierno saliente del Apra.

Es una especulación forzada que no sustenta, a la que añade algún adjetivo descalificador hacia ese gobierno democrático. Digamos que esas líneas las escribió su antipatía hacia el partido de la estrella. 

Asimismo, una romantización antojadiza es cuando achaca a la santa popular Sarita Colonia el éxito de la fuga. Ello linda con la propaganda. Una licencia literaria que, supongo inconscientemente, muestra una simpatía hacia los terroristas.

Homófobos, pero no tanto

Un tema que le interesa a La Serna es el de la lucha por la igualdad de género dentro del MRTA. 

Critica cómo los miembros varones de este grupo terrorista querían aprovecharse de sus cómplices mujeres.

Pero lo que más destaca el autor es cómo las mujeres buscaban la igualdad frente a sus secuaces: pidiendo participar en más atentados o en los frentes guerrilleros y en el uso de más armas.

También habla de su desconexión respecto a los pueblos amazónicos originarios y su poco respeto con sus tradiciones. Es un aporte válido ya transitado por otros investigadores.

No obstante, es algo vago su relato sobre los crímenes de odio contra la comunidad LGTB que cometió el MRTA.

Se la achaca a jefes locales como Sístero García Torres, quienes no cumplían las directivas de los altos mandos como Víctor Polay, Peter Cárdenas o Néstor Cerpa, y que ejercían con prepotencia su poder en la selva.

El caso más emblemático es el del Bar Las Gardenias de la ciudad de Tarapoto.

La lógica detrás era eliminar a personas que la sociedad marginaba como los homosexuales para así ganarse a la población. No parece contradecir a la obsesión del MRTA por los golpes de efecto para conseguir adeptos y granjearse simpatías.

Pero La Serna, buscando dar contexto al asesinato de homosexuales por parte de las huestes del MRTA, habla de la "hipermasculinidad producto de la Guerra Fría".  

"Sin duda, la izquierda no estaba sola, ya que los crímenes de los grupos de derecha y de las fuerzas de seguridad del Estado contra la comunidad LGTBQ fueron también atroces y a menudo más sistemático en este periodo", aduce.

Recuerda esa garrafal metida de pata de Jorge Trelles, vocero fujimorista, cuando dijo "nosotros matamos menos", pero con más palabras rimbombantes. 

Lo concreto, para el Perú, es que durante la época del terrorismo, tanto Sendero Luminoso como el MRTA mataron a miembros de esa comunidad LGTBQ por su identidad sexual. 

Deslizar la idea que las Fuerzas Armadas o la Policía haya tenido un comportamiento similar es gratuito. No menciona fuente, al menos. Ni el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación consigna nada en el sentido que le da La Serna.  

El repechaje

"A ninguno de los grandes enemigos del MRTA le fue bien después de la guerra" escribe La Serna en el último capítulo.

En sus últimas páginas hace un recuento caprichoso sobre el destino los gobernantes que combatieron a estos terroristas.

Es otra vez una justificación que quiere equiparar el actuar del Estado defendiendo a la sociedad con las acciones de un grupo alzado en armas.

Lo peor es usar el suicidio de Alan García para volver La Serna a regodearse en su antiaprismo. Hay límites hasta para la rivalidad política. 

Entre esos "grandes enemigos" se olvidó mencionar a López Albújar, quien de acuerdo al libro de La Serna fue responsable de que el MRTA no creciera como lo llegó a hacer Sendero Luminoso.

El general, asesinado cobardemente por los emerretistas, es recordado como un mártir de la democracia. Mientras, los subversivos que le dieron muerte, nunca alcanzaron su objetivo de tomar el poder.

No importa cómo cuenten la historia. El MRTA fracasó. 

Colofón

Las líneas que acabo de escribir van a tener una respuesta fácil: es terruqueo.

No, no lo es. No estoy llamando terrorista o terruco a nadie que no lo sea.

Mi intención es rebatir un relato que, considero, distorsiona la historia y es complaciente con los subversivos. 

miércoles, agosto 30, 2023

La impunidad de los cobardes


Entierro de víctimas de Sendero en comunidad de Soras

Hace algo más de 20 años se formó la Comisión de la Verdad (CVR), a la que después se le añadió el apellido de "y Reconciliación".

La idea era, como entendió un grueso de la población, dar luces sobre los años del terrorismo, en las que Sendero Luminoso y el MRTA cometieron atroces violaciones de los derechos humanos y buscaron amedrentar a la ciudadanía que no compartía su forma de pensar.

Su Informe Final - del cual hay una versión abreviada y otra extendida - debía ayudarnos a reconciliarnos entre peruanos. Al menos esa era la propaganda que tenía.

Se acaban de celebrar 20 años de la entrega pública de ese documento, y lo que se constata es que no se lograron sus premisas.

Un miserable que trabajó para la CVR se ha permitido sugerir que una dolorosa muerte para el Partido Aprista, la del c. Rodrigo Franco, fue perpetrada por sus propios compañeros. 

Él sabe, como todos los que conocen el caso, que fue Sendero Luminoso, pero más réditos da repetir infamias. 

Que revise el informe en el que dice que trabajó - o al menos cobró por decir que trabajaba en él - y se dará cuenta cómo la Policía señaló y capturó a los aparentes culpables - todos relacionados con Sendero Luminoso - pero que fueron condenados por otros motivos, menos el del asesinato del joven dirigente aprista. Un crimen impune.

Pero no es la única persona que ha tomado la ocasión como oportunidad para descalificar al adversario, al que no toma a la CVR como Santa Palabra. Un funcionario estatal ha inventado la versión de que a los apristas nos mataron entre 1985 y 1990 como venganza por el develamiento del motín de los penales de 1986. 

Siendo historiador, olvida los incontables martirologios que sufrió el Partido del Pueblo en manos de los cobardes terroristas. Viene a mi mente los casos de los alcaldes de Tingo María y Aucayacu, producidas en 1984.

El fraseo que usa también se presta para la confusión. Algunos lo han interpretado como una justificación del sistemático aniquilamiento que padecieron los militantes y líderes del Partido Aprista. Yo en ese punto quiero darle el beneficio de la duda. No supo expresarse, espero.

Ataques y descalificaciones hacia quienes tienen reparos con la CVR hubo en estos días muchos más. Y la reconciliación no asomó para nada.

Yo quiero hacer el ejercicio inverso al de ellos, cerrados en su dogmatismo. Hay un texto de Rafael Salgado publicado en la semana al que quiero contestar.

Para quienes no lo conocen, él es hijo de un emerretista muerto en extrañas circunstancias en 1993. No lo digo para estigmatizarlo, él ya lo ha contado en varias ocasiones y tiene un libro testimonial al respecto.

Él habla sobre el terruqueo como una mancha que le ha perjudicado su vida. Solo puedo decir que el pecado de los padres no hace pecadores a los hijos y su descendencia. 

Sobre cómo relaciona los años del terrorismo con la fragilidad del actual gobierno y lo que él llama régimen neoliberal no me voy a pronunciar, pues creo que no ha hilado con claridad sus ideas.

Pero lo que sí quiero tomar de su texto es la idea de impunidad. Él se refiere al caso de su padre, pero el concepto va más allá.

En el documental 1214 No tememos a los cobardes, que dirigí con Hernán Hurtado y produjo Hernán Garrido Lecca, una constante de los entrevistados, deudos de apristas asesinados por Sendero, es que no se condenó a los actores materiales.

Eso se repite en la segunda parte que estoy dirigiendo en solitario y con la producción de Garrido Lecca. Más de 30 años y no saben quiénes fueron los que apretaron el gatillo. Sí, impunidad.

Un abogado dedicado a litigar este tipo de temas twitteo que gracias a la CVR se había condenado a los culpables de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta. 

Le respondo que igual empeño hubieran puesto en las matanzas de Soras, Lucanamarca o Las Gardenias, ejecutadas por Sendero Luminoso y MRTA. 

Salió por la tangente, que Abimael y su cúpula estaban condenados por Lucanamarca. 

No, así no. ¿Quiénes dispararon, degollaron, se ensañaron con esos crímenes? Eso queremos saber.

Sobre Barrios Altos y La Cantuta no se limitaron a Fujimori y Montesinos, se procesó a toda la cadena de mando, o lo que se pudo saber de ella.

¿En todos estos años no han podido dar con los asesinos de Marcial Capelletti, padre de mi amigo Andrés? Los asesinos lo ajusticiaron a plena luz del día, en una clase en la Universidad Nacional San Cristobal de Huamanga, y salieron caminando. 


Todos los casos que he entrevistado me han dicho, palabras más, palabras menos, que no saben quién lo hizo o mandó a hacer. Solo hay una excepción que tiene la certeza del actor intelectual. El resto, sus casos están archivados o no tienen pista alguna.

Y así hay varios casos más. No solo de victimas apristas, sino de diferentes tiendas políticas.

Contra esa impunidad debemos luchar. Que tengan un poco de paz los familiares que les sobrevivieron y que sepan que la justicia de su país los escuchó.

Salgado dice que sin conocer historias como la suya no se comprenderá lo que sucedió en aquellos años. Con ese afán, leí su libro.

Lo invito a que también conozca esas otras historias que han ido cubriéndose en un manto de olvido para la ciudadanía y también para la academia. Ese lado casi no mencionado, la de los familiares de víctimas del terrorismo. 

Repito, él no es el culpable de lo que haya hecho su padre. Pero si no ve el otro lado de la moneda, no entenderá, usando palabras suyas, "toda la complejidad de lo ocurrido".